SE COMUNICA A TRAVÉS DE REDES CIFRADAS

Artur Mas se siente “muy solo” y confía sólo en un sanedrín de cuatro personas

Llama la atención, sin embargo, el hecho de que no haya ningún político en su entorno para apoyarle en estos momentos: ni dirigentes del partido ni hombres del Gobierno

Foto: El presidente catalán, Artur Mas, posa en el Parlament de Cataluña. (EFE)
El presidente catalán, Artur Mas, posa en el Parlament de Cataluña. (EFE)

Más solo que la una. Ésa es la frase que mejor ilustra la situación del presidente de Generalitat de Cataluña, Artur Mas, que mañana afronta una jornada especial porque será propuesto para ser investido nuevo ‘president’ pero sabe que muy posiblemente no lo consiga, ya que se espera que voten en contra todos los grupos parlamentarios excepto el suyo propio. Es la soledad del líder, expuesto al público en su pedestal pero sin nadie que le arrope. Y es una sensación que no se cansa de repetir a sus interlocutores en cuanto puede. [Siga en directo la votación de la propuesta de independencia en el Parlament]

Fuentes cercanas al dirigente catalán señalan a El Confidencial que “Artur Mas se siente muy solo a pesar de lo mediático de su figura; cada día está más aislado. En estos momentos, sólo confía ciegamente en tres o cuatro personas, que son amigos íntimos”. A esta pequeña ‘corte’, aseguran las fuentes, le consulta algunas de sus preocupaciones -no todas- y en muy determinadas ocasiones les pide consejo.

Lo curioso es que, del ámbito político, sólo hay una persona en la que se apoya: Jordi Vilajoana, que oficia como secretario general de Presidencia. Mas llamó a Vilajoana a su lado en el año 2012, consciente de que la fecunda trayectoria de éste le podía abrir un poco las puertas en Madrid, aunque su galopada hacia el independentismo no le dio opción alguna con el Gobierno central. Las otras personas, a las que convoca periódicamente en el Palau de la Generalitat, son David Madí, antiguo asesor y exresponsable de Comunicación de Convergència, Sixte Cambra, presidente del Puerto de Barcelona, quien es amigo personal desde hace muchos años, y un empresario leridano.

Francesc Homs (2d), acompañado por Jordi Vilajoana (d), junto con Jaume Sobreques (i) y Joan Domènec (2i). (EFE)
Francesc Homs (2d), acompañado por Jordi Vilajoana (d), junto con Jaume Sobreques (i) y Joan Domènec (2i). (EFE)

Madí se había distanciado un tanto en los últimos años, pero ha vuelto a mantener un roce frecuente con él. “No es que le consulte todo. Eso podía pasar hace años, pero Artur Mas ha cambiado en este sentido. Asume él solo muchos más riesgos y no se fía tanto de los otros”, aduce una persona que le conoce bien. Por otro lado, tanto Cambra como el empresario son personas de su entera confianza, tanto que los matrimonios han compartido muchas cenas y de vez en cuando organizan veladas juntos.

Una de las costumbres que ha desarrollado últimamente es mantenerse en contacto con este pequeño sanedrín a través de las redes sociales. En realidad, Artur Mas tiene pánico a que le espíen y huye de las redes más masificadas. En cambio, ha optado por comunicarse con sus allegados a través de dos de estas redes: Viber y Redphone.

Comunicaciones cifradas

Curiosamente, Viber fue criticada por la poca seguridad ofrecida en materia de compartir los datos personales. En cambio, Redphone es un servicio que ofrece llamadas cifradas: utiliza un sistema para cifrar la conversación y otro para negociar la clave privada. Eso sí, la conexión ha de ser a través de una red 3G o Wi-Fi y funciona de manera similar a otras aplicaciones, como WhatsApp o Line, pero con el añadido de la seguridad. Esta red exige el paso previo de envío de un SMS para validar el número de teléfono y luego es similar a Viber, solo que blinda la conversación gracias a que antes de iniciarse los dos interlocutores se cambian una contraseña para garantizar que no hay nadie interfiriendo la comunicación. La misma compañía tiene también la aplicación TextSecure para enviar mensajes de texto de forma totalmente segura, con un código cifrado.

Mas se siente perseguido y está convencido de que es la diana de la Policía, afirmación, por otro lado, que también suelta a menudo a sus interlocutores

Estas medidas de seguridad no sorprenden a los que le rodean. Mas se siente perseguido y está convencido de que es la diana de la Policía, afirmación, por otro lado, que también suelta a menudo. Y repite hasta la saciedad que tiene todos los números “para acabar en la cárcel”, pero quiere dejar claro que es por “motivaciones políticas”.

Llama la atención sin embargo el hecho de que no haya ningún político más en su entorno para apoyarle: ni dirigentes del partido ni hombres del Gobierno. Los últimos cuatro años, uno de sus principales aliados fue Francesc Homs, consejero de Presidencia. En estos momentos, todas las fuentes consultadas coinciden en afirmar que la influencia de Homs está, hoy, “bajo mínimos”. Y todos los cargos de CDC que le auparon orbitan cada vez más lejos de su figura.

El plan de ruptura con el pasado

“No se fía de nadie del partido y ha preferido blindarse ante su círculo de mayor confianza”, explica una fuente que le conoce. En los últimos meses, Artur Mas se ha ido alejando paulatinamente de Convergència. Su estrategia pasa ahora por negociar personalmente el apoyo de la CUP a su investidura y evitar que el escándalo del 3% le salpique”, admiten las fuentes consultadas. De hecho, su plan desde hace más de un año era muy simple: “Romper con todo lo que oliera a Pujol porque sabía que eso lastraría al partido. Ya desde hace más de un año, tenía la intención de vender la sede y cambiar el nombre de CDC. Se trataba de una refundación de Convergència. Pero los acontecimientos modificaron su plan inicial”.

De momento, la sede de Convergència ya se ha vendido, con los Pujol se han partido peras y el partido ya no se ha presentado en las últimas elecciones con las siglas de CDC: el 27S concurrió bajo Junts pel Sí (JxS) y el 20 de diciembre se presentará Convergència en solitario, pero bajo las siglas Democràcia i Llibertat. Según los dirigentes del partido, no es por “esconder las siglas”, sino “para reafirmar nuestra apuesta por el independentismo”.

Registro a la sede de CDC en Barcelona. (EFE)
Registro a la sede de CDC en Barcelona. (EFE)

Ya veremos, en cambio, qué pasa con el histórico nombre de CDC: un grupo de dirigentes está dispuesto a todo para asumir el poder el próximo mes de marzo y barrer todo lo que huela a Artur Mas con el objetivo de volver a encauzar a Convergència por la senda del nacionalismo moderado. “Su alineación con el independentismo ha dinamitado el partido. Ni los estatutos ni la trayectoria de CDC avalan el rumbo impreso al partido en los últimos tres años, que ha supuesto su descalabro. Y en ese descalabro tiene una responsabilidad grandísima el señor Artur Mas”, explica una fuente interna de Convergència radicalmente crítica con el ‘president’.

“Hay que reconocer que hemos dejado de ser el partido hegemónico y centrado que hemos sido durante décadas. Es un desastre. Y el responsable es únicamente él y un puñado de acólitos que le han bailado el agua estos años. Mas lleva quince años controlando el partido y nos ha llevado a un callejón sin salida, con acusaciones y escándalos de corrupción por todos los lados. No puede decir que no sabe nada de la corrupción si ha controlado todos los resortes del partido y ha tenido el poder total de Convergència. Es indigno que ahora trate de mirar hacia otro lado para buscar culpables y salga diciendo que no sabía nada. ¡Pero si hasta el día que registraron la sede de Convergència estaba reunido con Jordi Pujol!”, añade la misma fuente. La pugna interna, pues, también está en marcha y Mas aparece cada día más solo, afianzándose progresivamente como un personaje de Jorge Luis Borges: está solo… y no hay nadie en el espejo.

Cataluña

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