cdc exige la comparecencia del expresident

El hundimiento de CiU: la relación entre Jordi Pujol y Artur Mas entra en barrena

La relación de Pujol con CDC se va tensionando. Ambos se aproximan al abismo en un momento en el que deben afrontar su calendario más crítico

Foto: El presidente fundador de CiU, Jordi Pujol (i), y el presidente de la Federación y de la Generalitat, Artur Mas (EFE)
El presidente fundador de CiU, Jordi Pujol (i), y el presidente de la Federación y de la Generalitat, Artur Mas (EFE)

Durante mucho tiempo, Jordi Pujol fue CDC y CDC, Jordi Pujol y su familia. En el partido, Artur Mas era poco más que un regente a la espera de que el verdadero príncipe, Oriol Pujol, se hiciese cargo del trono. Pero desde su confesión, la relación de Pujol con la formación que fundó se va tensionando por momentos. CDC tiene su propia idea de lo que tiene que hacer Jordi Pujol después del escándalo del dinero negro de su familia en Andorra. En esencia: que renuncie a su papel público, que no presente su ‘querella’ y que se dé de baja como militante de base de Convergència.

Lo último ha sido pedirle que se sacrifique en una comparecencia pública en el Parlament, que busca calmar a ERC como socio estratégico e impedir la comisión de investigación en la cámara catalana. Y según publica el diario El País este viernes, Jordi Pujol dará la cara a partir del próximo 2 de septiembre, cuando la Comisión de Asuntos Institucionales apruebe la comparecencia.

Durante los últimos días, muchos miembros de Convergència han intensificado las presiones para lograr esta explicación pública del fundador del partido, presiones que parecen haber dado resultado. Eso sí, el miembro de la dirección de Unió y secretario de Universidades de la Generalitat, Antoni Castellà, ha pedido a Pujol que acuda después del 9 de noviembre para que no afecte a la consulta, que presumiblemente no se llevará a cabo por imposibilidad legal.

El problema es que Pujol y los suyos tienen agenda propia y no es la del partido ni la del presidente catalán, Artur Mas. Pujol ni siquiera se ha comprometido a acudir al Parlament, prueba de la enorme distancia que separa a CDC y su fundador en este momento.

El alcalde de Barcelona, Xavier trias, y Jordi Pujol. (EFE)
El alcalde de Barcelona, Xavier trias, y Jordi Pujol. (EFE)

En Cataluña se ven cosas que hace unos meses habrían sido impensables, como que el alcalde de Barcelona, Xavier Trias, exija a Jordi Pujol que devuelva la Medalla de Oro de la ciudad, cosa que el expresidente ha hecho. No hace tanto, Trias fue el número dos de los Ejecutivos pujolistas. Exconsejero de Sanidad, exsecretario de Presidencia, era la persona a la que enviaban a apaciguar a Javier de la Rosa cuando el exfinanciero caído en desgracia amenazaba con tirar de la manta.

Pujol se siente traicionado por los suyos y lamenta la hipocresía de su formación política, según aseguran fuentes del entorno del expresidente. A Artur Mas lo puso a dedo, incluso desafiando los designios de los suyos, como Felip Puig. Y con Josep Antoni Duran i Lleida jugando a la contra. Para Jordi Pujol, todo es ingratitud.

Formación desestabilizada

CDC se encuentra desestabilizada y afronta un calendario satánico. El 30 de agosto habrá una conferencia nacional de la formación en la que se prevé que los discursos de Duran y Mas vayan en la misma dirección: una lenta descompresión del pujolismo, que durante más de veinte años ha sido una auténtica referencia para las bases de la coalición.

El 6 de septiembre, CDC celebrará su primer consejo nacional, en el que seguirá el mismo proceso: intentar marcar distancias sin que la formación se desintegre. En ambos actos el dilema será el mismo: el intento conservacionista al mismo tiempo que cinco días después se tendrá que hacer seguidismo, de ERC y la Asamblea Nacional de Cataluña en la gran manifestación de la V en Barcelona, que impulsan los sectores independentistas.

El exsecretario general de CDC Oriol Pujol, junto a su madre y al 'expresident'. (EFE)
El exsecretario general de CDC Oriol Pujol, junto a su madre y al 'expresident'. (EFE)

Se prevé que el primer pleno del Parlament tenga lugar la semana del 15 de septiembre. Y lo primero que hará será aprobar la Ley de Consultas. A partir de ahí, en medios políticos de CiU se espera que Mas firme el decreto de convocatoria de consulta secesionista el 20 o el 21 de septiembre y que la suspensión cautelar del mismo por parte del Tribunal Constitucional resulte prácticamente inmediata.

El peor momento

Por tanto, si bien CiU preferiría tener más tiempo, la crisis de Pujol le pilla con el pie cambiado y a un mes de la mayor incertidumbre política que ha vivido Cataluña. Para colmo, tras la marcha de Oriol Pujol de la secretaría general, ni siquiera hay un recambio para un Artur Mas que se quemará en la consulta, tanto si la lleva a cabo, sacando las urnas a la calle como quiere ERC, como si se mantiene dentro de la legalidad.

El compromiso de Mas de convocar unas plebiscitarias se ha convertido en la práctica en una trampa que sólo servirá para dar a ERC la mayoría absoluta en Cataluña. A medida que el escándalo Pujol vaya arrojando una sombra de sospecha sobre las actuaciones de los convergentes, las perspectivas electorales de CiU se debilitarán. Y, en este sentido, una comisión de investigación en el Parlament sería lo peor que podría ocurrirle en términos demoscópicos. 

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