EXCULPA A SUS HIJOS Y ESPOSA DE TRANSFERENCIAS EN PARAÍSOS FISCALES

Jordi Pujol admite, por fin, que tenía dinero negro en el extranjero y pide perdón

El expresidente de la Generalitat Jordi Pujol ha admitido que desde el año 1980 dispuso de varias cuentas en el extranjero con dinero sin regularizar

Foto: El expresidente de la Generalitat Jordi. Pujol (EFE)
El expresidente de la Generalitat Jordi. Pujol (EFE)

El expresidente catalán Jordi Pujol ha reconocido, por fin, que tiene dinero en el extranjero y que su familia ha movido dinero en paraísos fiscales. Pujol pide perdón y afirma que la situación ya está regularizada. En una declaración pública, que más parece una confesión de sacristía; el que fuera el indiscutible número uno de Cataluña exculpa a los suyos. “De los hechos descritos y de todas sus consecuencias, soy el único responsable y quiero manifestarlo de forma pública, con mi compromiso absoluto de comparecer ante las autoridades tributarias o, si es preciso, ante instancias judiciales, para acreditar estos hechos y de esta manera acabar con las insinuaciones y los comentarios”.

La historia no tiene desperdicio: el exmandatario asegura que su padre, Florenci Pujol, dejó como herencia “unos dineros ubicados en el extranjero, diferentes a los comprendidos en su testamento”. No dice cuánto ni dónde. Pero la respuesta es un buen puñado de millones en un banco de Andorra, que luego se transfirió a otras entidades. Ese capital no se encontraba regularizado en 1980, año de su muerte. Además, dejó escrito que debía repartirse entre los siete hijos de Jordi Pujol y su esposa, Marta Ferrusola, “ya que él consideraba errónea y de incierto futuro mi opción por la política en vez de seguir en el mundo de la actividad económica”.

En el momento de la muerte de Florenci Pujol, los siete hijos de Jordi, asegura el expresidente, eran prácticamente menores de edad. En realidad, al menos tres de ellos ya habían cumplido los 18 años. Pero considera que el legado le convertía a él, elegido presidente de la Generalitat cinco meses antes, en “responsable legal de cualquier situación”. Cuenta en el comunicado que “aunque mi conciencia y mi cargo me empujaban a rechazar esta herencia, la última voluntad de mi padre,  juntamente con su opinión y dudas sobre mi opción vital por la política, pesaban aún más y finalmente decidí encargar su gestión y regularización a una persona de la máxima confianza de mi padre y de la mía, gestión de la que no quise saber nunca el más mínimo detalle hasta que, llegados a la mayoría de edad de todos mis hijos, se decidió que esta persona cediese esta gestión a uno de mis hijos. Es en este momento en el que mi error original contaminó directamente a mis siete hijos y a mi esposa”.

Jordi Pujol asegura que nunca pudo encontrar el momento adecuado para regularizar la situación a pesar de tener tres grandes oportunidades en 30 años para hacerlo: durante sendas amnistías fiscales de Hacienda.

“Finalmente, tuvo que ser en estos últimos días que los miembros de mi familia regularizaron esta herencia, con las consecuencias del nuevo marco legal aprobado para incentivar la última regularización excepcional de noviembre del 2012 y para penalizar extremadamente las regularizaciones posteriores”.

El exmandatario catalán termina diciendo que expone todas estas cuestiones “con mucho dolor, por lo que significa para mi familia y para mí mismo, pero sobre todo por lo que puede significar para tanta gente de buena voluntad que pueden sentirse defraudados en su confianza, a la cual pido perdón. Y también les pido que sepan discernir los fallos de una persona –por muy significativa que haya sido- y que esta declaración sea reparadora en lo posible del mal y de expiación para mí mismo”.

¿A qué se debe este repentino arrepentimiento del expresident? Nadie lo sabe contestar con certeza. Fuentes cercanas a Pujol aseguran que hace tiempo que quería comunicarlo públicamente, pero otras fuentes que nada tienen que ver con la política apuntan a un intento de contrarrestar informaciones más concretas sobre millones de euros movidos en paraísos fiscales al margen de toda legislación, que podría afectar a varios miembros de la familia. Incluso algunas fuentes apuntan a fuertes tensiones personales dentro del clan Pujol.

Con la confesión pública, el patriarca querría, así, quitar presión a sus hijos arrogándose toda la culpa. Y, al mismo tiempo, dar un aviso “a quien corresponda” de que el único chivo expiatorio en el caso Pujol será él. En los próximos días, se esperan nuevas revelaciones sobre el funcionamiento y los avatares del clan Pujol durante los últimos años. La historia no ha hecho más que empezar.

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