Luis Conde sienta a Mas con hombres de rajoy

CiU y PP son incapaces de hablar sobre Cataluña... pero sí pueden comer juntos

Miembros de ambos partidos se juntan poco después del discurso de Rajoy en Barcelona para compartir el ágape anual que convoca el head hunter Luis Conde

Foto: Alicia Sánchez-Camacho y Artur Mas, en una foto de archivo. (Efe)
Alicia Sánchez-Camacho y Artur Mas, en una foto de archivo. (Efe)

CiU y PP están enviando a sus votantes el mensaje de que todos los puentes están rotos en la cuestión de Cataluña. Ambas partes parecen bunkerizadas en sus respectivas posiciones: los convergentes, a favor de la consulta, y el PP, en contra. Pero eso no ha sido óbice para que destacados miembros de ambos partidos se reunieran ayer y comieran juntos en el ágape que cada año convoca el head hunter Luis Conde.

La comida tuvo lugar en la masía privada de Conde, en La Fonteta de l’Ampurdà, en Girona. Según fuentes empresariales que han asistido al acto, se reunieron alrededor del mismo mantel el presidente de la Generalitat, Artur Mas, con pesos pesados del Gobierno de Mariano Rajoy, como el ministro de Industria, José Manuel Soria, y la ministra de Fomento, Ana Pastor, a menudo la cara amable con Cataluña del Ejecutivo español.

Además estuvo presente Esperanza Aguirre, presidenta del PP de Madrid y el más reciente fichaje de la firma Seeliger y Conde, presidida por el anfitrión del evento. Otro invitado destacado fue el jefe de gabinete del propio Rajoy, el catalán Jorge Moragas.

Pero Mas no estuvo solo en el almuerzo. Le escudaron hasta cuatro consellers de la misma Generalitat que impulsa el proceso soberanista que se ha convertido en la mayor piedra en el zapato de Rajoy: el de Empresa y Ocupación, Felip Puig, conocido por sus posiciones independentistas; el de Cultura, Ferran Mascarell, ex socialista; y el de Agricultura, Josep María Pelegrí, la cuota de Unió. Además, se contó con la presencia del conseller de Justicia, Germà Gordó.

También estaba Xavier Trias, el alcalde de Barcelona que ha dicho que cederá el censo para que se pueda llevar a cabo la consulta; o el ex presidente catalán Jordi Pujol, convertido al independentismo coincidiendo con su jubilación.

Esperanza Aguirre con Luis Conde, a la derecha, en una imagen de archivo.
Esperanza Aguirre con Luis Conde, a la derecha, en una imagen de archivo.
El discurso de Rajoy, la comidilla del encuentro

La comidilla fue el discurso de Rajoy de ayer por la mañana en la convención del PP, en la que se comentó su dureza y su postura de “ni un paso atrás” con el independentismo. Ayudó a ello que la presidenta del PP en Cataluña, Alicia Sánchez-Camacho, llegase tarde y comentase con unos y con otros la intervención del presidente español, que a su juicio refuerza la postura de la diputada y senadora catalana.

Conde da siempre el único discurso, en el que se reivindicó el “espíritu de La Fonteta”, el que inspira el encuentro que sirve para reunir fondos para la fundación Trampolí, en la Bisbal de l’Ampordà y que da apoyo a niños con síndrome de Down. El propio Conde es padre de dos hijos con esta enfermedad.

Más allá de la intención benéfica sorprende el contraste entre la escenificación pública de posturas enfrentadas este mismo fin de semana, con la Convención del PP en Barcelona diciendo que no a la independencia, no a la consulta y no incluso hasta a las balanzas fiscales; y con Artur Mas, por otro lado, asegurando ayer mismo que “habrá consulta y será legal”; mientras que al mismo tiempo, cuando se alejan los focos, las dos partes se juntan en cordialidad privada en la misma mesa bajo la invitación del mundo del dinero.

También socialistas

De hecho, la virtud que tiene Luis Conde es que en un momento de máxima tensión política ha sido capaz de reunir en el mismo acto tanto a la línea más dura, como la delegada del Gobierno en Cataluña, María Llanos de Luna, con incluso representantes del socialismo catalán.

Así, también acudió Pere Navarro, primer secretario del PSC; y Narcís Serra, ex vicepresidente español cuando gobernaba el PSOE. En total asistieron 260 personas, un centenar más que el año pasado.

En el discurso de Luis Conde no hubo alusiones políticas, en línea con muchos de los invitados, que representaban a la Cataluña moderada. Pero sí en las conversaciones privadas entre los numerosos invitados, que eran tanto de Madrid como de Barcelona, siguiendo el espíritu de la asociación Puente Aéreo, el grupo de empresarios de ambas ciudades que lleva tiempo intentando tender lazos más allá de la tensión política.

La síntesis perfecta de esta Cataluña de terceras vías también compartió ayer mesa y mantel en La Fonteta: el presidente de la CEOE, Joan Rosell; el nuevo director de La Vanguardia, Marius Carol; o el ex delegado del Consorcio de la Zona Franca, Enrique Lacalle. Pese a la cordialidad con la que se vivió el encuentro, los empresarios y comensales sólo sacaron una conclusión: que este año 2014 no habrá diálogo sobre el problema catalán porque ambas partes se encuentran muy alejadas. Alejados en lo político, porque en los gastronómico todos superaron las diferencias partidistas y coincidieron en elogiar el jabalí, el plato principal, estofado de caza denominado civet, que da nombre al encuentro y que se cocinó al vino.

Mundo del dinero y viejas glorias

A la reunión también asistieron importantes personalidades de la banca y el dinero. Entre otros estaban Juan María Nin (CaixaBank), Alfredo Sáenz (ex Banco Santander), Óscar Fanjul (Omega Capital), Ángel Simón (Agbar), Ignacio Garralda (Mútua Madrileña) Jaume Guardiola (Banco Sabadell), Antoni Brufau (Repsol), Ignacio Gutiérrez-Orrantía (Citi) o Javier Monzón (Indra).

También había representación de lo que podríamos llamar viejas glorias, como la ex ministra de Economía, Elena Salgado; el ex presidente de Bankia, Rodrigo Rato o el ex conseller de Economía de la Generalitat, Macià Alavedra.

¿Ha sido el civet el primer paso para una negociación? ¿Derecho a decidir? Todo apunta a que los protagonistas sólo han decidido comer juntos. Del resto, la política como representación pública parece que irá por un lado y los negocios privados por otro, a costa de que el clima político y social en Cataluña se vaya tensionando cada día más y más.

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