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Así dijo adiós Churriana a las pesetas: 20 años del euro en España

La barriada de Málaga, de 19.000 habitantes, fue elegida en 1998 como cobaya de la moneda. ¿Ventajas? Aislada dentro de una gran ciudad y junto a un aeropuerto internacional

Foto: Rosa Mari Vilches, enseñando una moneda de un euro y otra de dos euros que se acuñaron en 1998 para la prueba de la moneda europea en Churriana (Málaga). (Agustín Rivera)
Rosa Mari Vilches, enseñando una moneda de un euro y otra de dos euros que se acuñaron en 1998 para la prueba de la moneda europea en Churriana (Málaga). (Agustín Rivera)

—¿El euro? ¿Quieres que te hable del euro? El euro fue lo peor.

Maribel tiene un hijo de 22 años y es empleada de una farmacia de Churriana.

—Mira, yo antes iba con 5.000 pesetas y me traía mi bolsa de 'mandaítos' para toda la semana: mi carne, mi pescado, mi fruta... Y ahora salgo con 50 euros y no traigo nada, pero nada de nada.

Maribel trabaja en la botica que regentaba Jesús Fernández, fallecido hace cinco años. La farmacia está en la calle Teresa Blasco, la principal de este pueblo de Málaga que no es pueblo. El local se reformó, pero hace 20 años todavía conservaba los muebles y botes antiguos de mitad del siglo XX.

En aquel septiembre de 1998, Churriana, una barriada de Málaga en la que ahora viven 19.000 habitantes (12.000 hace dos décadas), se convirtió en el primer escenario del euro en toda España. El territorio cobaya que jubiló las pesetas en tres días de prueba gracias a una calculadora que convertía directamente las pesetas en euros y viceversa.

Celia Villalobos sabía desde su etapa de eurodiputada que la Unión Europea buscaba lugares para ensayar cómo los ciudadanos podrían convivir con el euro, la moneda llamada antes 'eccu', que permitiría viajar por casi toda Europa sin necesidad de ir a una oficina de cambio. Euro sonaba a insultante modernidad.

"Mi amistad con Rato funcionó"

Ya al frente de la alcaldía de Málaga, Villalobos pensó que la ubicación idónea sería Churriana, un sitio aislado, pero que formaba parte de una de las grandes ciudades españolas, y cuyo casco urbano, lindando con las pistas del aeropuerto, se asemeja más al de un pueblo mediano que al de la ciudad dormitorio que es.

“Mi amistad con Rodrigo Rato funcionó. Antes se desplazaron técnicos del Ministerio de Economía para ver cómo había que hacerlo”, relata Villalobos a El Confidencial. Fruterías, farmacias, estancos, bancos… Ningún comercio se ‘desenchufó’ de la prueba del euro del 30 de septiembre al 3 de octubre.

Colección de monedas del euro de 1998 en Churriana.
Colección de monedas del euro de 1998 en Churriana.

“Fue absolutamente voluntario, todo el mundo quiso hacerlo”. En realidad, se dio por hecho que los comercios se prestarían a manejarse con euros, pero la experiencia, que contó incluso con la amenidad musical de la canción ‘Americanos’, de la película ‘Bienvenido Míster Marshall’, se convirtió casi en obligatoria. No había otra opción.

Aún quedaban más de tres años para que las monedas y billetes transeuropeos entraran en vigor. Los vecinos podrían comprar dos tipos de paquetes: uno de 1.600 pesetas (9,51 euros) y otro de 3.000 pesetas (17,8 euros). Las tiendas de 20 duros (100 pesetas) que proliferaban en la España de finales de la década de los noventa poco a poco se convirtieron de la noche a la mañana en las tiendas de todo a un euro. España se convertía en un lugar caro.

Rato soportaba como podía un leve resfriado tras aprobar los Presupuestos Generales de 1999. Compró Couldina. Le costó 2,82 euros

Rodrigo Rato, en ese otoño caliente de 1998 con nubarrones financieros (el FMI temía una recesión mundial pero salvaba a la zona euro, tituló ‘El Mundo’), soportaba como podía un leve resfriado tras aprobar los Presupuestos Generales de 1999. En la farmacia de Fernández el superministro de Aznar compró Couldina. Le costó 2,82 euros. En la frutería Cristina, Rato adquirió una chirimoya de un kilo de peso (2,40 euros).

Las oficinas de Unicaja (entonces caja de ahorros) y la Caja Rural de Málaga disponían de euros. La principal sucursal de la entidad malagueña (ya hoy cerrada), se situaba al final de la calle Teresa Blasco, ya casi cuando la vía se convierte en Camino Nuevo (al principio de la barriada se denomina Torremolinos y ahí también estaba la casa donde vivió Gerald Brenan, rehabilitada como dinámico centro cultural. En la extinta oficina hay pintadas, anuncios de '¿necesita dinero?’ y de partidos de fútbol sala.

La farmacia de Churriana que fue ensayo del euro. (Agustín Rivera)
La farmacia de Churriana que fue ensayo del euro. (Agustín Rivera)

Para esta experiencia piloto, Unicaja aportó tres oficinas (dos físicas y una móvil), abiertas al público de forma ininterrumpida desde las 9:00 a las 20:30. En ellas se ponían en circulación paquetes de euros, emitidos por la Fábrica de Moneda y Timbre, aunque sin consideración de curso legal.

“Fue una experiencia muy positiva y constructiva —señalan a este diario fuentes de la entidad—, ya que permitía familiarizarse con la nueva moneda y, al mismo tiempo, detectar posibles dificultades derivadas de la introducción del euro. Pero sobre todo fue satisfactoria por la respuesta de la población de Churriana, muy ilusionada”.

Rosa Mari Vilches es una de las personas más populares de la barriada. La etapa de La Vuelta Ciclista acaba de terminar y ella y su marido, José Leal, recuerdan la experiencia en la sobremesa del jueves. “Nos vimos sorprendidos y desbordados cuando decidieron hacerlo aquí. Siempre nos hemos sentido una barriada más olvidada que abandonada, a pesar de que aquí vivieron Hemingway, Brenan, los Caro Baroja, tenemos jardines históricos, playa, el parador de golf y el aeropuerto”.

El problema del redondeo

Las calles churrianeras, ahora solo bien animadas por las mañanas, y muy tranquilas, apenas sin gente cuando la tarde se apaga, eran una fiesta. Y a Rosa Mari le salieron amigos y compromisos por todas partes. “Niña, cómprame una colección”, le decían. Lo de los céntimos le recordó a la gente mayor las monedas de dos reales. “El problema vino cuando empezó el redondeo. El café valía 100 pesetas y de repente empezó a valer un euro, o sea, 166 pesetas”.

Había monedas de dos euros, de un euro, de 20 céntimos, de 10, cinco y dos. El diseño es diferente al actual. No había billetes de ensayo. El objetivo era ver cómo se podían desenvolver con el menudeo. Rosa Mari regentaba debajo de su casa un negocio de regalos y joyería. El local lo alquiló hace años a una óptica, la primera que hubo en Churriana. Hoy han llegado nuevos tiempos y es una tienda de tatuajes. Lo moderno se traduce para Churriana ahora en el pago a través del móvil. Se llama Bizum. Otra vez pioneros.

Rosa Mari y José cuentan que en el sillón del salón estuvo un día, en los setenta, José María Escrivá de Balaguer, el fundador del Opus Dei, para recoger fondos para los nuevos colegios de la Obra en Málaga (El Romeral, masculino, y Sierra Blanca, femenino). “Pusimos acciones por un valor de 120.000 pesetas”. Hablan de la marquesa de Larios, del estío en el que veraneó Isabel II en Churriana, de lo antipático que era Brenan en contraste con su esposa, Gamel Woolsey —“no hablaba, pero se reía mucho”—, de aquel El Camino de los Ingleses, la plaza de la Higuereta, donde Antonio Banderas rodó el final de la película que dirigió en 2006. Historias no relacionadas con el euro, pero que sitúan el contexto de este enclave.

María Rodríguez enseña su colección de euros y el regalo del viaje a París. (Agustín Rivera).
María Rodríguez enseña su colección de euros y el regalo del viaje a París. (Agustín Rivera).

María Auxiliadora López tiene 44 años y hace dos décadas ya estaba trabajando en la farmacia. “Rato no me gustaba ya, no me gusta hablar de él por eso mismo, por lo que pasó después. Él ya sabía lo que hacía con los dineros”, asegura. Su compañera de botica, la del hijo de 22 años, dice que cuando este le pide 15 euros cada que vez que sale. “¡Por Dios, si yo con tu edad tenía 500 pesetas; se lleva tres veces más de lo que a mí me daban!”.

A María Rodríguez, empleada de óptica, de 43 años, le tocó en un sorteo entre todos los comercios del lugar un viaje a París. “¿A París? ¿Qué, te lo regaló Rodrigo Rato? ¡A mí no me tocó nada!”, le dice Auxi al otro lado del teléfono. María está de vacaciones y atiende a este diario en una cafetería de Torremolinos, el municipio donde vive. “Fue emocionante. En Churriana nunca había pasado algo importante. Recuerdo que los mayores se manejaban mejor que los jóvenes con los centimillos. Pues fíjate una cosa: yo hasta echo de menos las pesetas. Era una identidad del país. España era más barata. Y ahora con el euro no te llega para nada”.

"Tuvimos que empezar de cero"

Rodríguez, mientras enseña el álbum de fotos de París, plantea un problema de la experiencia. ¿Por qué solo duró un par de días y luego se dejó? Pasaron más de tres años desde la prueba hasta que entró en vigor la moneda el 1 de enero de 2002. “Otra vez tuvimos que empezar de cero y ya ni nos acordábamos de los euros”.

En el bar El Mirador de Churriana, Rafael bebe whisky Dick de cinco años. Fuma LM. Tiene 62 años y se queja de la moneda. “Esta copa vale dos euros y antes con una moneda de 100 pesetas te daba para tomarte algo. El euro no nos ha beneficiado”. En un banco de la plaza, un jubilado asocia otra vez el nombre del euro con Rato. “¿Rato? ¿Ese que…?”, se pregunta. “¿Cuándo se ha visto aquí más gente en Churriana?”, recuerda algo melancólico. Para él, el euro sí fue lo mejor, aunque aún cuente en pesetas.

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