en la primera etapa de la vuelta a españa

La emoción de vivir una contrarreloj de la Vuelta en el coche del director de un equipo

El Confidencial pasa la primera jornada de la Vuelta a España junto al modesto equipo Burgos BH, que se estrena en la competición. Así fue la contrarreloj inicial desde dentro

18.32 horas. Y ahí va, como un coyote, Jordi Simón. “Vale, bien, bien”, le dice su director, José Cabedo. Simón ya ha dejado atrás el Pompidou y el Muelle Uno de Málaga. Cuidado, que a la altura de la Casa de Botes, el viento en contra se nota. Y tanto que sí. La radio del coche no para de anunciar tiempos intermedios de otros corredores. En francés, en inglés, en italiano… también en español, pero no con tanta frecuencia.

“Muy bien, Jordi, muy bien”. La terminal de cruceros queda a la derecha y pasada La Marina del Real Club Mediterráneo, uno de los náuticos más antiguos de España (1873), hay una rotonda y un badén enorme. “Nos acoplamos, ahora tenemos viento a favor”. Ya se ve al fondo La Farola y el Mediterráneo húmedo que acoge la Vuelta.

Es la primera temporada de Jordi Simón en el Burgos BH. También se estrena el equipo castellano en la ronda española. Y lo hace con intención de conseguir rascar ‘bola’ en alguna fuga, quién sabe si ganar alguna etapa, hacer ruido, que se le note que está compitiendo. Algún podio sería casi un sueño. Pero el deporte se construye justo así, con este tipo de sueños.

A casi 90 km/h

No hay mucha gente en el Paseo Marítimo Ciudad de Melilla. La playa de La Malagueta está llena. Y en el Paseo Marítimo Pablo Ruiz Picasso hay más público, pero tampoco para lanzar fanfarrias ni confetis, desde luego. “Brevemente llegará un repecho”. La curva de la calle Rafael Pérez Estrada es fuerte. La subida del Paseo Salvador Rueda (también conocido como Camino Nuevo), mucho más.

Jordi Simón, en plena Contrarreloj (Toñi Guerrero).
Jordi Simón, en plena Contrarreloj (Toñi Guerrero).

La intención es preparar este kilómetro de un modo progresivo, no cansarse al principio. Se levanta del sillín y ve al público: bastante, incluso. “Salta un poco a la derecha”, le indica José. Empieza la bajada rápida. Llega a casi 90 kilómetros por hora. Es fácil, pero hay que ir con precaución.

El tiempo de un corredor que ya ha llegado a la meta de la calle Larios es de 10:33. La radio está un pelín fuerte. Al fondo está el túnel de la Alcazaba, horrible para los tímpanos cuando circulan coches a un lado y otro de la calzada. Ahora solo se ve el sol que aparece al final. Todopoderoso.

“Dale veloz aquí”. “¡Ya la tenemos!”. Pero cuidado (de nuevo). El pavimento está resbaladizo en la calle Larios

“Ahora a la derecha. Apenas te queda un kilómetro”. Siete veces “dale”. Así le animó a que Simón pedaleara con fuerza, con decisión a la mitad del Paseo del Parque. “¡Dale, dale, dale, dale, dale, dale, dale!”. Más: “Dale veloz aquí”. “¡Ya la tenemos!”. Pero cuidado (de nuevo). El pavimento está resbaladizo.

El ciclista pedalea con fuerza y el vehículo Skoda que conduce el director del equipo con una mano y con la otra da instrucciones pulsando la radio del coche se dirige hacia la izquierda y no llega a la meta. El tiempo de Simón es el esperado. En diez minutos ya está otra vez, como lo hizo durante un buen rato antes de la salida, en el rodillo, sentado en la bicicleta, sudándolo todo.

Jordi Simón, a punto de salir en la Contrarreloj (Toñi Guerrero).
Jordi Simón, a punto de salir en la Contrarreloj (Toñi Guerrero).

Jordi Simón (Navás, 1990) mide 1,77 y pesa 64 kilos. Se define como rápido, llegador. Luchará por alguna victoria. Tiene puestos unos algodones en los dos orificios de su nariz para poder respirar mejor. “Sí, la humedad es fuerte, pero sabíamos a lo que veníamos. No tengo ninguna etapa favorita. Hay que disfrutar del día a día de la carrera”.

El autobús del Burgos BH y los coches del equipo están situados en un extremo del puerto de Málaga, junto a la noria. En el rodillo se prepara ya Jesús Ezquerra, natural de Santander, de 27 años. Unos 30 minutos para calentar y poner el cuerpo en marcha. Aún le quedan más de dos horas para rodar. Su día empezó a las 8.30 horas. El cuartel general de las etapas de Málaga lo tienen en Antequera, en el centro de Andalucía. El menú del sábado para el almuerzo se ha basado en arroz, huevos rotos y jamón dulce. En la cena, “ellos eligen”. “Que lo disfruten”, apunta el médico.

Bicicletas de 8.000 euros

En el autobús, que no para de expulsar monóxido de carbono, se pueden duchar los corredores. Se nota ese runrún de las vísperas, de intentar hacerlo bien en el estreno. De un equipo que intenta acoplarse. Papo, de 56 años, es de los más veteranos. Papo es el mecánico. Lleva diez años en España y confía en estar al menos otros diez. “Esperemos que los muchachos rindan al 100 %”.

Jordi Simón,en la subida del Camino Nuevo de Málaga (Toñi Guerrero).
Jordi Simón,en la subida del Camino Nuevo de Málaga (Toñi Guerrero).

Papo se encarga de que no falten bicicletas (cada una cuesta unos 8.000 euros) y utilizan las ultralight y las G7 de BH. Hay 60 de repuesto. Y 20 manillares y 20 violas por si hicieran falta.

—¿Pasa algo? —pregunta el mecánico, que no ha perdido su acento caribeño.

—Sí, Papo, que no sube el plato del rodillo.

El helicóptero de la Guardia Civil de Tráfico vuela cada vez más bajo. Y la temperatura y la humedad siguen subiendo. Jorge Cubero es el único andaluz del equipo. El otro andaluz de la Vuelta es malagueño, se llama Luis Ángel Maté, y corre en el Cofidis. Cubero, natural de Baena (Córdoba), ya ha terminado la contrarreloj. Ha sido el primero en salir, a las 17.26 horas. “La subida era dura y, sobre todo, había que tener cuidado con las caídas. Llego en buenas condiciones físicas”. Su labor es estar a las órdenes del jefe de equipo, José Mendes, que es el último en tomar la salida: a las 20 horas.

Jordi Simón, con Esteher, su madre (Toñi Guerrero).
Jordi Simón, con Esteher, su madre (Toñi Guerrero).

Su tío, Isidoro Cubero, es abogado y el representante del ciclista de Baena. Está pendiente de todo. Un amigo del letrado le acompaña y quiere saber el nombre del medio que está preguntado. “Ah, pues a mí me gustaba ‘El Caso’ con los crímenes y eso”, bromea. O quizá no.

Los padres de Jordi Simón han venido desde Navás para ver a su hijo en las etapas de la provincia de Málaga. También se desplazarán “a Andorra y Lérida”, apunta Esther, su madre. “Y luego lo que podamos”, sonríe. Ramón, el padre, lleva colgada una cámara Nikon y explica que en su familia no hay precedentes de ningún profesional del ciclismo.

Curva peligrosa

Antes de entrar en el autobús rumbo al hotel, Simón atiende un último momento a El Confidencial: “El recorrido ha sido duro, sobre todo, la curva para entrar en meta es peligrosa con el mármol. Era importante no tomar riesgos y pensar en la siguiente etapa. Esperaba el calor, claro, y quizá un poco más de público, concentrado en la salida, la meta y la subida, pero la gente ha animado, por supuesto”.

La noria del puerto sigue dando vueltas. Y La Vuelta apenas ha escrito su primer capítulo de la edición 2018. También el Burgos BH. "¡Dale, dale, dale, dale, dale, dale, dale!”.

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