SE CUMPLEN 30 AÑOS DE SU MUERTE

Gerald Brenan: así era el 'andaluz' británico que mejor relató la España del siglo XX

El autor de ‘El Laberinto Español’ adelantó en esta recién reeditada obra de 1943 la necesidad de “una monarquía parlamentaria y un PSOE moderado” para modernizar el país

Foto: Un retrato de Gerald Brenan en su casa de Churriana. Foto: Agustín Rivera
Un retrato de Gerald Brenan en su casa de Churriana. Foto: Agustín Rivera

En la calle Torremolinos espera Carlos Pranger. Pranger en realidad se llama Carlos Gerald y es el ahijado y albacea del legado de Gerald Brenan, el hispanista británico, acaso el mejor escritor extranjero que relató la España del siglo XX. En la calle Torremolinos está la casa de Gerald Brenan. Estamos en Churriana, una barriada de Málaga capital donde Hemingway escribió ‘El verano peligroso’, retiro de Julio Caro Baroja y epicentro de la felicidad de artistas foráneos en un cruce de caminos agitado con amistad, alcohol, versos libres y sol de fiesta culta.

Se acaban de cumplir 30 años de la muerte de Brenan. Fue en Alhaurín El Grande (Málaga) donde vivió sus últimas décadas de vida, a excepción de un par de años en una residencia de Londres desde donde fue rescatado para volver a su lugar (andaluz) en el mundo. Él quiso que su cuerpo fuese donado a la ciencia. Ningún profesor de la Facultad de Medicina de la Universidad de Málaga se atrevió a diseccionarlo como lección de anatomía para futuros galenos. Finalmente fue enterrado junto a su esposa, Gamel Woolsey, la autora de 'Málaga en llamas', en el coqueto Cementerio Inglés de Málaga, fonda mortuoria también del poeta Jorge Guillén.

“Queremos que este sea el año Brenan. Vamos a poner más énfasis en su figura”, explica Silvia Grijalba, directora de la casa del hispanista en Churriana, propiedad ahora del Ayuntamiento de Málaga y que estuvo abandonada más de 20 años. Aquí vivió entre 1935 y 1969. Es el hogar donde escribía de 9.30 a 14.30 horas, cada día, y que se le había hecho demasiado grande tras la muerte de Gasel. Se trata de un caserón gigantesco de 500 metros cuadrados) sin contar el inmenso jardín, ya desaparecido, lleno de palmeras, aguacates y limoneros.

'Al sur de Granada' y 'Memoria personal'

En esta morada escribió ‘Al sur de Granada’ la novela llevada al cine por Fernando Colomo en 2002. En realidad el guion de la película se basa mucho más en su obra autobiográfica ‘Memoria personal’. A Yegen (La Alpujarra granadina) llegó en 1919 un joven de 1,90 metros que había sido soldado en la I Guerra Mundial, esa generación conocida como la del último verano maravilloso, borracha de momentos lúdicos, siempre con buen tiempo, nadando en ríos, de picnic y que concebían la guerra con una visión romántica, en las antípodas de la realidad; aquella mezcla furibunda, loca, y sin ataduras morales, de ametralladoras, alambres de espino y trincheras con sinfonía de balas.

Aquí está el primer poema que se conserva de Brenan. Es de 1912, lo escribe desde Niza y lo dedica al Mediterráneo. Estos versos se encuentran recopilados en una antología que se extiende hasta 1977 y que Pranger editó en Confluencias en 2014. La obra reúne poemas escritos en Churriana y Yegen, un lugar donde el hispanista se volcó en la lectura. “Lo que hacía era tomar muchas notas y escribir muchas cartas. Para los intelectuales de esa época la correspondencia era sagrada. Le dedicaban dos o tres horas al día; tenían vocación de posteridad y muy claro que aquello que escribían a amigos y familiares algún día se publicaría”.

Cartas que eran pequeñas autobiografías

Se conservan cartas de Brenan de 50 páginas a Ralph Partridge, su íntimo amigo. Le conoció durante la Gran Guerra. También eran rivales, unas rencillas menos intensas, “más enrevesadas”, cuenta Pranger, que las mantenidas entre Hemingway y Scott Fitzgerald y que afloraban en su intensa correspondencia. “Algunas de ellas son en realidad pequeñas autobiografías de Brenan”, señala el albacea, nacido en 1978.

Grijalba y Pranger siguen enseñando la casa, que también acoge la Fundación del “mago” (como lo retrata Antonio Soler en todas sus novelas) Rafael Pérez Estrada, creador de un íntimo universo onírico, repleto de metáforas y luminosidad y que conoció a Brenan, como aporta Pranger sobre el autor británico. Lo dice justo antes de posar con Grijalba delante de una de las máquinas de escribir donde Gamel escribía y transcribía los trabajos de Brenan (él escribía a pluma).

Paul Bowles también estuvo en el refugio de Brenan de Churriana. Publicó un artículo para la revista ‘Holiday’ sobre la Costa del Sol de 1958, recogido en ‘Desafío a la identidad. Viajes 1950-1993’ (Galaxia Gutenberg). "Cualquier decorador de cierto gusto debería venir a esta casa”, escribió Bowles. La casa mezclaba tapices indios, alfombras persas, lámparas marroquíes, muebles castellanos del siglo XVIII, azulejos hidráulicos… era un sitio absolutamente mágico que respiraba literatura.

'Brenan íntimo (s) fue el fascinante cruce de culturas y vivencias que supuso la época dorada de la Costa del Sol”

La muestra ‘Brenan íntimo (s)’ se puede observar en la segunda planta, repleta de frases del autor, teñidas de rojo, que abrigan las paredes como “la vejez nos arrebata lo que hemos heredado y nos da lo que hemos merecido” o “los poetas y los pintores están fuera del sistema social o, al menos, forman una clase social propia, como la gente del circo o los gitanos”. El comisario de la exposición, José Luis Cabrera, autor de la web Torremolinos chic, narra el “fascinante cruce de culturas y vivencias que supuso la época dorada de la Costa del Sol”, territorio de jóvenes creadores, ‘beatniks’ y bohemios.

“Son jóvenes que gravitaban alrededor del sol Brenan. Muchas veces no nos acordamos que nació en el siglo XIX y que en los 50 era ya sexagenario. Siempre se mantuvo en muy buena forma y quería cerca a gente creativa, del mundo del arte, para captar y usar su energía”, cuenta Carlos Pranger. Su padre, Lars, y Lynda Nicholson-Price, su madre, fallecida hace ocho años, figuran en esta muestra de fotografías en blanco y negro.

Carlos Pranger, junto a una reproducción de Brenan; y Silvia Grijlaba, junto a otra de Wollsey. / A. Rivera
Carlos Pranger, junto a una reproducción de Brenan; y Silvia Grijlaba, junto a otra de Wollsey. / A. Rivera

Carlos Gerald Pranger se sienta en la mitad del salón de actos, donde se organizan charlas sobre las relaciones de los Davies, dueños de la finca de La Cónsula, encuentros de corresponsales, talleres literarios y presentaciones de libros y poesía. Habla de Lynda. “Es difícil todavía no sentirse huérfano”. Dice que aún no ha llegado el momento -le falta distancia temporal y emocional-, para editar obra inédita de su madre, la mayor especialista británica en la obra de San Juan de la Cruz y colaboradora esencial de Brenan. Los Pranger vivieron en la casa de Alhaurín El Grande. Los recuerdos de Carlos son de enseñanzas del hispanista a un niño de las plantas que tenían en el jardín. Aquel abuelo postizo que mostraba con fascinación el universo de los dinosaurios.

50 años para superar la Guerra Civil

Brenan es inabarcable. Fue un creador completo. Ningún género ni registro creativo le fue ajeno, si bien es cierto que existe una obra capital, que marcó un rumbo diferente en otros estudiados del país. ‘El Laberinto español’, que acaba de reeditar Austral, le confirmó como un escritor imprescindible. ¿Qué atrae aún de ese libro? Viajes y memoria. Estudio de la Historia entremezclado con opiniones políticas. “Para que España se convierta en un país moderno necesita un PSOE moderado y una monarquía constitucional”, adelantó. También dejó escrito que para superar el trauma de la Guerra Civil se necesitarían 50 años.

No fue en esta obra (ni en ninguna otra) un autor dogmático; ni sectario. Carga contra todos y la censura lo consideró un libro prohibido hasta la llegada de la Democracia. Aquí exhibe sus simpatías por un concepto anarquista dentro un mundo ideal que él mismo admite que no se hará realidad. Historiográficamente tampoco resulta de lo más riguroso. No era partidario de la concepción de la Historia como Ciencia, como plantea la tradición germánica. Para él se trataba de tratar los hechos con el tamiz de la narrativa, “para que el lector se forme sus opiniones”. “La verdad absoluta no existe. Yo creo que es una actitud muy sana para afrontar la vida”, apunta Prager, que ha traducido la edición facsímil de ‘La escena española’, editada por la Casa Gerald Brenan.

Austero, nada amante de los lujos, quería una vida real, que no todo fuera 100% cómodo. Y se emocionaba escuchando en su tocadiscos que se conserva en Churriana, ubicado junto a la máquina de escribir de su mujer, a José Alfredo Jiménez, Brahms, Mahler… y la copla ”lo que más le gustaba”, además de la geología y la botánica. Y pasear, la conversación, los amigos epistolares y los cercanos. Un laberinto de vida aún sin descifrar. Siempre fascinante.

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