Hemingway y el ‘verano peligroso’ en Málaga
  1. España

Hemingway y el ‘verano peligroso’ en Málaga

Valerie era una jovencísima reportera irlandesa de 19 años que enviaba  notas, desde Madrid, a una modesta agencia de noticias belga. Su aspiración era regresar un

placeholder Foto: Hemingway y el ‘verano peligroso’ en Málaga
Hemingway y el ‘verano peligroso’ en Málaga

Valerie era una jovencísima reportera irlandesa de 19 años que enviaba  notas, desde Madrid, a una modesta agencia de noticias belga. Su aspiración era regresar un año después a su Dublín natal para entrar en la nómina del prestigioso The Irish Times. El día que consiguió entrevistar a Ernest Hemingway, en el hotel Suecia, su vida cambió por completo. Papa, como le gustaba que le llamaran, o Don Ernesto (aborrecía su nombre en inglés), le ofreció trasladarse con él a una finca malagueña (La Cónsula), en Churriana. Hemingway la fichó como secretaria personal.

Fue así como Valerie Hemingway, casada después con Gregory Hemingway, hijo del escritor, se convirtió en testigo directo de los dos últimos años de vida de uno de los autores más sobresalientes del siglo XX, acaso el más influyente y famoso escritor estadounidense de la historia. Corría la primavera de 1959 y la revista Life le había encargado un reportaje sobre el duelo taurino del momento: Antonio Ordóñez y Luis Miguel Dominguín, cuñados y grandes rivales en el toreo. Hemingway estaba a punto de escribir El verano peligroso

Valerie Hemingway habla 20 minutos un texto en castellano no fluido, pero sí rico en matices y detallismo, salpicado de notas de humor y una sinfonía de anécdotas nutritivas, literarias y muy periodísticas. Relata estas vivencias en la clausura de las jornadas internacionales que ha organizado esta semana en Málaga el Instituto Municipal del Libro y la Fundación Manuel Alcántara. La reportera ha aterrizado en la ciudad andaluza directamente de Medellín, Colombia. A sus 68 años mantiene intactas las ganas de hablar de su maestro.

“Cuando le conocí no sabía nada de su vida. Sólo había leído Fiesta, porque en Irlanda la mayoría de sus libros estaban prohibidos. Me dijo que aprendería más periodismo si le acompañaba que si me quedaba en Madrid. Le hice caso y ahora recuerdos aquellos tiempos como los más interesantes y emocionantes de mi vida”, recuerda Valerie, delante de una fotografía de Hemingway, embutido en una camiseta blanca con rayas horizontales, en La Cónsula, transformada ahora en una reputada Escuela de Hostelería, donde se han formado cocineros como Dani García.

Teodoro León Gross, vicepresidente de la Fundación Alcántara, recuerda que en el capítulo III de El verano peligroso Hemingway se retrata así mismo saliendo al balcón que recorre la fachada de la segunda planta del edificio principal de la finca y proclama: “Nunca había estado en un lugar tan hermoso. Era ideal para trabajar y comencé a escribir enseguida”.

Intentado emular el extraordinario éxito de El Viejo y el Mar, también publicado en Life, y galardonado con el Premio Pulitzer y esencial para lograr el Premio Nobel, la revista le encarga un texto de 10.000 palabras, pero Hemingway cree que el gran reportaje da más juego y estira la historia, con dudas, por primera vez en su trayectoria, hasta alcanzar 120.000 palabras. Fue incapaz de abreviar el manuscrito. Es, deja claro León Gross, “un Hemingway crepuscular y muy desgastado físicamente”.

El verano peligroso no tuvo el éxito editorial esperado por Life y en La Cónsula, según asegura su biógrafo Andrés Arenas, sufre algunos días depresivos. “Fue el principio de su locura y posterior suicidio", asegura Arenas.

Valerie Hemingway prefiere quedarse en la parte más luminosa y deslumbrante del artista. Continúa desgranando vivencias, como aquella fiesta para celebrar el 60 cumpleaños del autor de Adiós a las armas (“su mejor novela”, según el criterio del propio “Don Ernesto”) y los 30 de Carmen Dominguín, la esposa de Ordóñez. “Fue una locura”, asegura la nuera de Papa. Fuegos artificiales, marajás, un médico de Idaho, prácticas de tiro, piscina, alcohol... Todo podía pasar en La Cónsula, el refugio de Hemingway en aquella temporada taurina de 1959. Y también en 1960. De este año hay escasos datos de su estancia.

Hemingway y su troupé se desplazó a los Sanfermines, vivió, comió y bebió y disfrutó a rabiar de la amistad, pero jamás olvidando que el deber y el placer “son dos ramas de un mismo árbol”. “Lo primero para él era siempre hacer las tareas”. Por eso, Valerie aprendió de su suegro que había que escribir de “lo que se conoce” y “no inventar el tema”. El 2 de julio de 1961 Papa Hemingway se pega un tiro. Atrás quedaron los días de toros en La Malagueta y fiestas en La Cónsula. Valerie mira el balcón de la finca y atrapa aquel tiempo, aquellos veranos. Peligrosos.

Congreso de los Diputados Vida