cerro amate, los pajaritos, sevilla

El truco de la botella: así se 'salva' un colegio en el barrio más pobre de España

El centro público Paulo Orosio de Sevilla es uno de los siete de la capital con peores indicadores socioeconómicos, un programa de Save The Children logra elevar las notas

Foto: Imagen del Programa de Lucha contra la Pobreza Infantil. (Foto: Juan Bezos)
Imagen del Programa de Lucha contra la Pobreza Infantil. (Foto: Juan Bezos)

Rocío y Silvia comparten como un tesoro el “truco de la botella”. Es una de las herramientas que les han dado en el Programa de Lucha contra la Pobreza Infantil que Save The Children desarrolla en el colegio de sus hijos. Es una simple botella de plástico llena de líquido y purpurina. Cuando las cosas llegan al límite, cogen la botella, la agitan y ven caer las partículas al fondo. Ese momento sirve para relajarse, para coger aire. No es magia para sus familias, pero casi.

Ambas tienen diagnosticado un trastorno de hiperactividad. Ellas no tenían ninguna herramienta para afrontar la situación. Ahora tienen recursos ante situaciones límites. Sandra, una de las psicólogas del programa contra la pobreza, les da estas herramientas.

Sus niños están escolarizados en el colegio público Paulo Orosio. Está situado en la barriada de Cerro Amate, muy cerca de Los Pajaritos, de donde procede más de la mitad del alumnado, clasificado en el último informe del Instituto Nacional de Estadística como el barrio más pobre de España. Es un "centro de difícil desempeño" según la Consejería de Educación, lo que se tiene en cuenta para la movilidad del profesorado. En Sevilla capital hay siete colegios con esta etiqueta. Según la agencia de evaluación de la Junta, si el peor índice socioeconómico que se puede tener es el –2, este colegio está en el –1,51.

Imagen del Programa de Lucha contra la Pobreza Infantil. (Foto: Juan Bezos)
Imagen del Programa de Lucha contra la Pobreza Infantil. (Foto: Juan Bezos)

Por encima de la media

Aquí Save The Children en colaboración con el Centro Matices, un gabinete psicopedagógico y de orientación familiar, ejecutan su programa contra la pobreza infantil. Según los datos de esta asociación, la pobreza infantil empeora de forma progresiva en Andalucía desde el año 2008. En 2016, último dato disponible según esta organización, el porcentaje de menores en situación de pobreza relativa era del 44,3%, mientras la media del Estado estaba en el 29,7%. En tasas de pobreza infantil severa sitúa al 22,6% de los niños andaluces, frente al 15,9% nacional.

En el colegio Paulo Orosio el perfil de los alumnos es muy diverso, atendiendo tanto al origen de las familias como a los recursos. “Hay quien tiene lo imprescindible y otros que no lo tienen”, explica su director, Miguel Polonio. "Aquí un lujo se considera que si en la familia hay dos progenitores, ambos estén trabajando", añade. Las familias son muy diversas, hay muchas monoparentales, niños a cargo de los abuelos, de familiares directos, muchos padres que no están presente. Con todo, el absentismo se ha reducido de forma importante, gracias al programa Cima, también en convenio con entidades sociales, y no sobrepasa el 3%.

El centro alberga 194 niños, de Infantil y Primaria. Unos 40 se benefician de este programa dotado con 40.000 euros para este curso. Gran parte del trabajo se realiza con las familias, que en su mayoría no tienen finalizados estudios de Secundaria. La clave es la escuela de padres, que ha permitido implicar a los responsables de los menores en la escuela. "Hemos conseguido que, ante un problema, vean el centro como un aliado y no como un enemigo que van a mandar a sus niños a los servicios sociales. Hemos logrado que nos cuenten y nos pidan ayuda”, explican las responsables de Matices. Esta comunicación les ha permitido durante el curso detectar posibles malos tratos, abusos y otras situaciones de vulnerabilidad de los niños o de sus progenitores.

Imagen del Programa de Lucha contra la Pobreza Infantil. (Foto: Juan Bezos)
Imagen del Programa de Lucha contra la Pobreza Infantil. (Foto: Juan Bezos)

Horas de refuerzo

Dos días a la semana hay unas clases de refuerzo que da la Junta, a través del llamado programa Proa, y todos los días de la semana de cuatro a seis "toca Save The Children". La primera hora se dedica a hacer deberes. La segunda a jugar, trabajar la autoestima, enseñar a los niños sus derechos. Ocio y tiempo libre, pero cargado de mensajes e intenciones, se les enseña a resolver los conflictos entre ellos, en sus relaciones con sus familias.

Javier Cuenca, responsable de Save The Children en Andalucía, explica que "los servicios sociales antes hacían un trabajo parecido, pero llegó la crisis y se ha desmontado. Ahora no hay más que capacidad para dar ayuda asistencial, poco más. Para apagar fuegos". Se hacen contratos eventuales y la mayoría del tiempo no hay recursos. "No hay un trabajo integral para que tengan las mismas oportunidades que otros niños”, lamenta. En el rendimiento académico, los colegios que entran en estos programas "tienen mejoras en un 80% de los casos". "El principal objetivo es que promocionen y no se queden atrás en una comunidad donde el índice de abandono escolar hay que recordar que está en el 30%", apunta.

Los colegios que participan en programas contra la pobreza infantil tienen mejoras en el rendimiento académico en un 80% de los casos

El éxito del programa en este colegio reside en que hay muy buena coordinación. "Desde que estas dos familias llegaron vimos que no lo podíamos dejar pasar y que era una muy buena oportunidad”, dice el director. En otros, los han visto como una amenaza, los profesores no se implican y los servicios sociales creen que les están quitando el trabajo, así que el programa directamente no funciona.

Imagen del Programa de Lucha contra la Pobreza Infantil. (Foto: Juan Bezos)
Imagen del Programa de Lucha contra la Pobreza Infantil. (Foto: Juan Bezos)

Eva está trabajando con ocho niños. Ella es "la 'seño' de Save The Children". 'El Monstruo de los Colores' les ha permitido saber que la alegría es el amarillo, el rojo la rabia y la tristeza el azul. Israel, con ocho años, explica que van a dibujar a la cebra Camila, el personaje de otro cuento, en un gran papel donde ya trabajan en grupo, algo que meses atrás hubiera sido impensable. Un planta más arriba, con Adrián, los niños están jugando a las cartas y al ‘Quién es Quién’. Son algo más mayores, entre nueve y diez años. Adrián prepara oposiciones a maestro de Educación Física. Esto es temporal pero le entusiasma, cuenta. La profesora de los niños le escribe en un cuaderno sus apreciaciones. Le dice quién necesita reforzar qué, por dónde van en clase, cómo ha ido el día, qué niño necesita apretar y qué otro que se le reconozca su esfuerzo. Esa libreta de rayas que nos muestra y aparentemente no tiene ningún valor se ha convertido en otro tesoro, permite a los alumnos avanzar y comunica directamente al monitor con la maestra.

Durante las dos horas de refuerzo hacen deberes y trabajan en mejorar la autoestima o para resolver los conflictos familiares

En la clase de Estefanía los niños ya tienen entre 11 y 12 años. Juegan a decir cosas bonitas de algún compañero y el reconocimiento va acompañado de una pequeña pegatina de una estrella dorada que se pegan en las orejas como si fueran pendientes o en la camiseta como si se tratara de galones.

Rocío tiene un niño de 11 años y según dice "mucho que agradecer". Su hijo tiene "hiperactividad con agresividad", pero no lo sabía. Fue el director del colegio quien le ofreció participar en el programa de Save The Children. "A mí personalmente me han ayudado mucho psicológicamente y a mi hijo a concentrarse, a trabajar, a estarse quieto". A la madre la han invitado a acudir a un taller donde le ayuda una psicóloga y hace terapias para saber gestionar la educación de un hijo con ese trastorno de hiperactividad. "Llevamos unos pastelitos, nos desahogamos, charlamos y aprendo", explica. Su hijo llegó al centro tras un traslado porque en el anterior colegio era víctima de acoso. Cuando le dijeron que iría a Pablo Orosio la gente le contaba de todo y empezó a asustarse. De eso hace ya cuatro años y lejos de arrepentirse dice que ha mejorado mucho. "Aquí tiene amigos de todos los colores y no ha tenido problemas con ninguno", asegura.

Miembros del Programa de Lucha contra la Pobreza Infantil posan frente al colegio sevillano. (Foto: Juan Bezos)
Miembros del Programa de Lucha contra la Pobreza Infantil posan frente al colegio sevillano. (Foto: Juan Bezos)

Una gran ayuda

Juan Diego tiene en el programa a su hijo de 8 años y es el tercer curso que participa. "Son profesionales que no se rinden". Es el presidente del Ampa del colegio. Su hijo ha ganado en independencia, dice, antes era más 'cortadillo' y ahora se desenvuelve solo. "Todo esto que ocurre en el colegio influye mucho en casa", asegura.

Silvia tiene un pequeño con 9 años que "siempre ha sido un niño complicado de llevar porque es hiperactivo", cuenta. "Siempre que puedo vengo a todas las reuniones posibles", explica. "Es un niño muy estresante que te pone al límite y eso hay que saber llevarlo. Ahora lo hace todo y antes no hacía ninguna tarea y es gracias al apoyo que nos han dado aquí. He notado un cambio grandísimo. Antes aguantaba haciendo algo un minuto, ahora ya se concentra siete, ocho... Ella me ha dado un abanico lleno de fórmulas", explica sonriendo a Sandra. Como la de la botella que hace magia.

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