ayer fue el día mundial de la alimentación

Desayunos y clases especiales en uno de los barrios más pobres de España

El colegio Doctor Gálvez Moll de La Palmilla (Málaga), que acoge a hijos de gitanos, inmigrantes marroquíes, rumanos y nigerianos, lucha por vencer la exclusión social infantil

Foto: Niños del colegio Doctor Gálvez Moll de Málaga, en el desayuno. (Toñi Guerrero)
Niños del colegio Doctor Gálvez Moll de Málaga, en el desayuno. (Toñi Guerrero)

El maestro acarició al niño. Y al niño se le saltaron las lágrimas.

—¿Qué te pasa? ¿Por qué lloras?

— A mí nunca me ha acariciado nadie.

El maestro enseña a leer a estos niños faltos de cariño.

— Ellos mismos te cogen del brazo para que se lo eches encima del hombro.

Necesitan afecto. Sentirse queridos.

Josué enseña idioma y cultura en el colegio Doctor Gálvez Moll de Málaga. Es uno de los tres profesores hombres (de una plantilla de 20 docentes mujeres). Estamos en la barriada de La Palmilla, una de las más pobres de España. La población alcanza las 30.000 personas. El desempleo, con la crisis, llegó al 80%. Un niño nigeriano de cuatro años que habla inglés y apenas chapurrea español corretea por el patio antes de entrar en clase. Juega con un menor de etnia gitana y otro marroquí.

Este colegio (con alumnos de Infantil a 6º de Primaria) es un ejemplo. Muchos ejemplos. El trabajo entregado, vocacional, de Josué, o el de Pepe López, el que fue su director y profesor durante 36 años hasta que se jubiló, o el de las ‘Virginias’ (Arjona, la directora, y Ojeda, profesora de Infantil). También el de Carolina, la profesora de música de 5º de Primaria. Trabajar de maestros, de 'seños', en colegios de exclusión social “engancha”, apunta el antiguo responsable de este centro de educación compensatoria.

“La educación es la llave”

Algunos alumnos han llegado en patera con sus madres embarazadas. Niños desfavorecidos con el único anclaje vital de superarse para tener una oportunidad. El emblema del colegio: 'La educación es la llave'. “Así lo entendemos, porque es lo único que te abre puertas a un mundo mejor. Y no se trata solo de conocimientos y de sacar buenas notas, sino de la educación de los buenos modales, llegar a un sitio y que vean a una persona”, subraya Virginia Arjona.

La directora del colegio, Virginia Arjona, con alumnos del centro. (Toñi Guerrero)
La directora del colegio, Virginia Arjona, con alumnos del centro. (Toñi Guerrero)

El aula matinal ya lleva funcionando un buen rato. Seis niños ven la película infantil ‘Los Croods’. Tienen cara de sueño, pero no apartan los ojos del televisor. Se ríen, se distraen de su cotidianidad de casa muy difícil, en muchos casos conflictiva. Son niños de padres vendedores ambulantes, que trapichean con drogas (muchos de ellos en la cárcel o con antecedentes penales), inmigrantes que ansían un futuro. En La Palmilla, el pasado fin de semana hubo un tiroteo. Hay dos clanes (los Charros y los Romualdos). También esperanzas nada ficticias: una radio comunitaria (Onda Color), ubicada en el cercano centro ciudadano Jorge Macías, y comedores sociales como ‘Er banco güeno’.

Hay casi un 30% más de riesgo de pobreza en los menores de 16 años

Los niños luchan contra la exclusión social y superan barreras. Una de ellas, la más palpable, es la de los desayunos de media hora de duración que sufraga la compañía Kellogg’s en varios colegios de España. En este centro de Málaga, la necesidad es más acuciante que en cualquier otro. Hay exigencias para estar en el programa, creado en 2011, en colaboración con Cooperación Internacional: regularidad (la asistencia es obligatoria todos los días del curso escolar), participación del centro (aquí todo el claustro se implica de una manera directa), evaluación de su grado de cumplimiento, y que no se exhiba publicidad de los productos en los desayunos. No se ve por ningún lado la marca Kellog’s. “Hay casi un 30% más de riesgo de pobreza en los menores de 16 años, un 6% más que los adultos”, apunta Amparo Lobato, directora de comunicación corporativa y de relaciones públicas de Kellogg’s en España.

Niños de Infantil lavándose los dientes. (Toñi Guerrero)
Niños de Infantil lavándose los dientes. (Toñi Guerrero)

El hambre produce estrés y el estrés afecta al comportamiento. Desde que los niños ya desayunan bien, están más relajados en clase, más receptivos. Un estudio de la Fundación española de Pediatría remarca cómo el desayuno mejora la atención, la concentración y la memoria. El colegio Doctor Gálvez Moll, que funciona desde 1970, en realidad es como una suerte de asistencia social en la comunidad del distrito Palma-Palmilla, el número 5 de la ciudad. El programa no selecciona a los niños, sino al centro. Así, no se les estigmatiza. No se valora la renta de las familias. Está abierto a todos los alumnos.

El colegio tiene comedor (es de los pocos de la provincia que cuentan con el suyo propio, con una gestión directa)

Suena Little Pepe, artista malagueño que ha compuesto la canción que suena por la megafonía mientras los cereales ya están en los cuencos de colores. Aparte de cereales, hay leche, pan con aceite, manzana y plátano. La leche y los cereales son fijos. Otros días hay más variedad de fruta: mandarina, pera, naranja, kiwi y manzana. Los viernes hay queso y el martes, pan con mantequilla. El colegio tiene comedor (es de los pocos de la provincia que cuentan con el suyo propio, con una gestión directa, y no una empresa de 'catering') y hay dos cocineras y dos pinches. El pasado miércoles hubo un problemilla. Se rompió una pieza del lavavajillas y había que pedirla de modo urgente. Todos los alumnos están bonificados al 100% en la gratuidad del comedor.

Niños en el recreo. (Toñi Guerrero)
Niños en el recreo. (Toñi Guerrero)

Muchos niños sufren caries o vienen con los dientes muy manchados, con esmaltes más débiles. Y la alimentación que ahora tienen les ayuda a mejorar sus encías. Cuando acaban el desayuno, todos se lavan los dientes. Ahora se plantean un plan para mejorar la boca de los niños. Casi ninguno ha visitado jamás el dentista.

La Junta de Andalucía aún no ha puesto en marcha este curso en el colegio el Plan SYGA (Solidaridad y Garantías Alimentarias). “Lo que dan es insuficiente. Y cuando esté en funcionamiento, al menos nos servirá para que sea su cena”, relata la responsable del centro, que no permite que ningún niño traiga ningún tipo de alimentos, bebidas o chucherías.

Dos niñas de origen africano, en el comedor. (Toñi Guerrero)
Dos niñas de origen africano, en el comedor. (Toñi Guerrero)

Todos vienen a desayunar, pero que sean puntuales es otro reto. Poco a poco se consigue. El problema del absentismo no es generalizado, aunque existe. Desde hace tres años, una comisión formada por la Fiscalía de Menores, la policía y los colegios está coordinada para avisar a los padres que no cumplen con la obligación de la escolaridad. Evitan ir a la comisaría para que el niño no se tope con una situación desagradable. Se va en busca de la familia. Por qué ha faltado a clase o no lo han recogido en el colegio.

Rencillas familiares

En edificios como el del número 27 de la calle Cabriel (13 plantas sin ascensor) se nota que estamos en un lugar sin medios. Ahora el ayuntamiento ha anunciado que lo reformará. “El barrio no es tan inseguro como antes. Alguna vez ha habido alguna agresión, pero delinquen entre ellos, como el tiroteo del fin de semana. Hay rencillas familiares, de los clanes, por drogas, pero nosotros formamos parte del barrio y ellos saben que queremos a sus niños, con nosotros no se meten”.

Una chica marroquí, con coleta, es de las más aplicadas. Valora hasta el último trozo de pan que se le da. Hay padres analfabetos que se esfuerzan para que su hijo tenga un lápiz. No quieren que su historia se repita. “Los magrebíes que lleguen van a pisar fuerte. Sus padres han luchado mucho y se lo recuerdan todos los días. He tenido alumnas de Sudamérica hijas de madres solteras que trabajan de internas y las ven solo los fines de semana“. Un pequeño tiene un marcapasos, apunta la directora. “Es de una familia que vivía en Marruecos. Son trabajadores y se vinieron aquí para que su hijo tuviera una mejor atención hospitalaria”.

Dos niños echan un pulso después de desayunar. (Toñi Guerrero)
Dos niños echan un pulso después de desayunar. (Toñi Guerrero)

Dos chicos echan un pulso distendido. No lo hacen por fuerza, sino para divertirse. Otros intercambian las primeras risas de la mañana. Rostros de ilusión y camaradería antes de empezar la jornada escolar. Suena el timbre del colegio. Es Dolores Gómez, de 42 años, ama de casa, la madre de Bartolomé, de cuatro años. Tiene una hija de 17 (que estudió en el Gálvez Moll y ahora está en el instituto). “Lo que yo no he podido hacer, que lo que hagan ellos. Me gustaría que estudiaran. Estoy contenta. Sacan buenas notas”. Su niño padece fibrosis quística, una afección de pulmones y estómago. Tiene que estar muy pendiente de él.

En su piso, de cuatro dormitorios, herencia de sus suegros, viven 14 personas. Tres familias

El marido de Dolores vende macetas a domicilio para particulares y empresas entre Torremolinos y Marbella. “Gracias a Dios, vamos tirando”. En su piso, de cuatro dormitorios, herencia de sus suegros, viven 14 personas. Tres familias. En su brazo derecho lleva un tatuaje con el nombre de Nazaret. “Era mi hija… Murió con cuatro años, de la misma enfermedad que su hermano. Yo estaba muy mal, me acuerdo de ella mucho, pero gracias a Dios he tenido otro niño”.

Niños jugando antes de entrar en clase. (Toñi Guerrero)
Niños jugando antes de entrar en clase. (Toñi Guerrero)

“Los niños tienen en su familia muchos problemas y carencias. Aquí también somos familia y hacemos de todo”, señala Paqui, una de las ‘seños’. La continuidad del profesorado es clave para garantizar el éxito. El centro intenta que los alumnos no cambien de docente en todo el ciclo de Primaria. Así se puede trabajar de una manera más personalizada en el estudiante.

Pepe López, el antiguo director: “En la mayoría de los centros se juega ‘a las casitas’. Aquí manejamos muchos problemas. Algunos maestros que pasan por nuestro colegio acuden con miedo, pero cuando toman confianza compensa lo que puedes enseñar. Es muy gratificante”.

“Maestra, yo soy 'honrá”

Las actividades extraescolares también son garantía de la formación integradora para los alumnos. Se trata de que estén el mayor tiempo posible vinculados al colegio, lejos de su carne cruda diaria. Ahí ayuda la Fundación Secretariado Gitano, que beca a los mejores alumnos. Niñas que son gitanas, se quieren sentir gitanas, pero que quieren cambios. Y dan testimonio, como Mayra.

Cartel contra los malos tratos. (Toñi Guerrero)
Cartel contra los malos tratos. (Toñi Guerrero)

—Maestra, yo cuando me case no quiero sacarme el pañuelo. Yo soy ‘honrá’. Yo soy una gitana ‘honrá’. Con el que yo me case tiene que confiar en mí. A mí no me puede vejar —explicó Mayra.

—Fíjate, utilizó la palabra vejar. Es la compensación a mucho esfuerzo —dice, orgullosa, la directora.

Las paredes del colegio están salpicadas de frases, como la de esta semana: “Reconocer los errores es el primer paso para solucionar las cosas”. O también: “Un niño que lee será un adulto que piensa”. Y esta dedicada a los más pequeños: “Portarse mal es una lata”. Del desayuno a la clases, pero antes, todos juntos, cantan: “¡Pachín, pachán! ¡La ‘seño’ va delante y los niños van detrás!”.

Un emocionario para todos los cursos

Virginia Ojeda, profesora de Infantil, con un grupo de alumnos y alumnas en el comedor. (Toñi Guerrero)
Virginia Ojeda, profesora de Infantil, con un grupo de alumnos y alumnas en el comedor. (Toñi Guerrero)

En la clase de la 'seño' Virginia, profesora de Infantil, varios niños se están lavando los dientes tras el desayuno. Algunos han visto el cepillo por primera vez en el colegio. Lo enjuagan y sueltan la mochila en su percha, cada una con su nombre: Oussama, Cristiano, Maryam, Sulamita o Janet. La mayoría de ellos, como sus padres, son impulsivos. Por eso han creado para todos los cursos un emocionario tipo ‘e-mojis’ que expresan alegría, tristeza, furia o sorpresa para que reconozcan sus emociones. Algunos padres llegan al colegio gritando. No controlan. Y justo eso se puede enseñar desde pequeños, que no repitan esos modelos.

Hay niños que salen muy poco del barrio. “No conocen otra realidad. Algunos, como mucho, habrán ido un día a la playa este verano”, señala Virginia. El curso pasado, un grupo de Primaria fue a una piscina. Era la primera vez que algunos habían estado en una piscina. Las niñas marroquíes fueron las que lo pasaron peor por aquello de la indumentaria. También en los desayunos los padres musulmanes desconfían en principio. Cuando comprueban que el menú no tiene cerdo, se quedan tranquilos.

En la suave megafonía del colegio suena ‘Hoy puede ser un gran día’, de Joan Manuel Serrat

El aula de pedagogía terapéutica atiende a los alumnos que sufren algún hándicap que les haga más difícil su progresión académica. El perfil de los niños, con falta de estímulo en el hogar, sin un sitio fijo para estudiar o hacer los deberes. En hogares sin muebles en algunos casos, conviviendo tres generaciones en una misma casa, con horarios desorganizados fuera del colegio, resulta más complicado el aprendizaje académico. Los grupos son muy pequeños (nunca más de siete) y rotan durante toda la semana. Pobreza de léxico y errores gramaticales se corrigen en esta aula. En la suave megafonía del colegio suena ‘Hoy puede ser un gran día’, de Joan Manuel Serrat.

Grupo de chicos de Primaria, tras el desayuno. (Agustín Rivera)
Grupo de chicos de Primaria, tras el desayuno. (Agustín Rivera)

El colegio no solo enseña religión católica. También la religión evangélica (por la mayoría de etnia gitana). Clase de árabe ahora mismo no la imparten, pero sí se ha hecho durante varios años. Una profesora las impartía por las tardes y ejercía de mediadora. La Junta cuenta con un programa pionero para los niños rumanos, y una tarde a la semana los alumnos que proceden de Rumanía reciben enseñanza de la lengua y cultura rumanas. Y es que asimilar la cultura dominante no tiene que suponer la pérdida de sus raíces. La riqueza del sincretismo social y cultural.

Faltan otros referentes gitanos

Haría falta un profesor gitano o inmigrante. En cursos pasados lo han tenido en las clases de apoyo de las tardes, pero no era un funcionario que formara parte del claustro. Faltan docentes procedentes del mundo gitano, que los hay, de gente que haya logrado salir adelante, que haya medrado, en su acepción positiva del diccionario. “Tenemos a referentes gitanos que se han dedicado al cante o al baile, pero no tantos de otros mundos. Está muy bien que en Bachillerato se incluya como material el flamenco como patrimonio artístico y cultural, pero es insuficiente. Se demandan otros referentes”.

El profesor explica el origen del pueblo calé. “Entras en Wikipedia y aparecen imágenes de Farruquito”. Es lo que hay. La directora busca la figura de Johann Trollman, el boxeador alemán que era gitano y murió en un campo de concentración. También artistas que han sido actores y su origen pasó desapercibido. “Los modelos a seguir son fundamentales” en una etnia por la que ya han pasado hasta tres generaciones (abuela, madre e hija) por el colegio.

A las familias les pedimos que compren material, y si no pueden, lo pagan poco a poco, cuando puedan

Cuando el ayuntamiento abre el plazo para solicitar las plazas de actividades de cada colegio, hay una profesora que cuando empieza la inscripción, a las 12 de la noche, está delante de su ordenador para que el Doctor Gálvez Moll sea el primero en apuntarse en la visita a los museos de la ciudad. La granja-escuela, una de las excursiones que más gustan a los niños, no la consiguen siempre que quieren. Es de las más caras. También participan en un programa nacional de escuela viajera al que acceden cada tres o cuatro años. Ahora impulsan un huerto escolar.

Un niño de origen nigeriano, en el comedor. (Toñi Guerrero)
Un niño de origen nigeriano, en el comedor. (Toñi Guerrero)

Para garantizar la homogeneidad, la Consejería de Educación no permite pedir materiales caros para los alumnos. “Somos una escuela pública y se trata de garantizar este derecho para todos. Queremos que se implique toda la familia, les pedimos que compren material, y si no pueden, lo pagan poco a poco. Si lo damos todo gratis no es bueno. No valoran el esfuerzo. Aun así, hay familias que no es que no lo valoren, sino que no tienen nada. Literalmente es que no tienen para comer”.

Organizando el AMPA

El barrio está cambiando. El AMPA (Asociación de Madres y Padres de Alumnos) da ya los primeros pasos para crearse. Hay madres muy colaboradoras. “Los padres y madres se están dando cuenta del cambio, están agradecidos y responden al esfuerzo que estamos haciendo. No en todos los colegios te vas a encontrar a profesores dispuestos a dar el desayuno a los niños”.

Queda mucho por hacer. En el plano institucional, eliminar de una vez la quinta acepción de 'gitano' (trapacero) en el diccionario de la Real Academia Española de la Lengua. Más: aún muchos niños son los que toman la iniciativa de levantarse, vestirse e irse solos al colegio. Los padres no los despiertan. Detrás de cada niño hay una historia. Josué ha tenido a varios alumnos que estaban siempre en la calle y jamás habían estado escolarizados.

Los niños de Infantil, en fila, en dirección a la clase. (Toñi Guerrero)
Los niños de Infantil, en fila, en dirección a la clase. (Toñi Guerrero)

Aquí se sabe el origen, pero no importa. Un cartel en el colegio, con este diálogo entre un niño y una niña, también insiste en la idea:

—¿En tu colegio hay inmigrantes y gitanos?

—No, en mi colegio sólo hay niños.

La directora entra en una clase y todos los alumnos al verla (es la profesora de Educación Física) piensan que hay clase de la antiguamente denominada Gimnasia. Se levantan rápido y ya tienen ganas de salir al patio a practicar el pilla-pilla, el escondite o la caballería. “No, luego, si os portáis bien, tendréis clase conmigo. Ya os dije que hoy tenía visita”, calma la ‘profe’, mientras en 6º de Primaria los alumnos aprenden cómo funcionan las células y los genes.

El trabajo del profesor se asemeja al agricultor que cultiva bambú japonés. Las hojas no salen hasta siete años después de haberse sembrado

Lo que quiere un profesor es que sus antiguos alumnos, 'sus' niños, prosperen. Uno es médico. Otra chica estudió Químicas. Hay un funcionario de Correos y un policía nacional en Barcelona. La recompensa a la buena enseñanza. Pepe, el antiguo director, asemeja el trabajo del profesor en el Doctor Gálvez Moll con el del agricultor que cultiva bambú japonés. Las hojas no salen hasta siete años después de haberse sembrado. “Eso es lo que da sentido a los que hemos pasado por allí”.

Madre e hija, a la entrada del colegio. (Toñi Guerrero)
Madre e hija, a la entrada del colegio. (Toñi Guerrero)

Es la hora del recreo. De fondo suena ‘Catch & Release’, de Matt Simons. En un momento de la canción, Simons habla de que “todo el mundo tiene su camino”. Un camino duro y que puede acabar bien para estos alumnos de La Palmilla gracias a estos educadores con luz.

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