diferentes perfiles de un fenómeno social

Los otros rostros de la Semana Santa: una mujer, un ‘guiri’, el jubilado y el novato

Una mujer de trono ingeniera de 31 años, un médico de la Armada alemana, un teniente coronel que trabaja en París y un joven de 16 años que se estrenó este Jueves Santo

Foto: Noelia Jiménez, mujer de trono del Cristo del Amor, entre los tronos de la cofradía, el pasado Viernes de Dolores (Toñi Guerrero).
Noelia Jiménez, mujer de trono del Cristo del Amor, entre los tronos de la cofradía, el pasado Viernes de Dolores (Toñi Guerrero).

A los 18 años recién cumplidos sacó por primera vez un trono. El del Cristo del Amor. Noelia Jiménez tiene ahora 31, es ingeniera informática, trabaja en una multinacional del Parque Tecnológico de Andalucía, con sede en Málaga, y desde que era pequeña quería ser mujer de trono. “Siempre lo tuve claro, así que cuando iba a cumplir la mayoría de edad lo planteé en la cofradía. Se lo pensaron y al final me dijeron que sí. Había cumplido mi sueño”, cuenta Noelia el pasado Viernes de Dolores, una semana antes de volver a portar el trono de su amor cofrade, vinculado al colegio de los Hermanos Maristas de Málaga. Antiguos alumnos del colegio Los Olivos (padres Agustinos) portan el trono del Virgen de la Caridad, el otro titular de la hermandad.

“Para mí portar el Cristo del Amor es muy natural. Por el colegio, por ser del barrio [el de la Victoria] y por haber sido antes nazarena. Fue muy fácil dar el paso y siempre me sentí arropada por mis compañeros de varal”, dice. Ahora hay otras mujeres de trono, como Adela Utrera, pionera como Noelia, que llevan toneladas de fe bajo sus hombros. En su primera estación de penitencia como portadora, también ahora, quería, y lo consiguió, pasar desapercibida, no ser el centro de la atención mediática. “No quiero que se me conozca. Para mí es algo muy personal y no era una lucha feminista por conseguir algo que no había pasado antes, ni nada parecido”. Noelia sólo accedió al encuentro con El Confidencial tras el visto bueno de la cofradía que procesiona el Viernes Santo.

Noelia Jiménez, este Viernes Santo, portando el Cristo del Amor a su paso por la calle Álamos de Málaga (Toñi Guerrero).
Noelia Jiménez, este Viernes Santo, portando el Cristo del Amor a su paso por la calle Álamos de Málaga (Toñi Guerrero).

Noelia mide 1,64 metros y pesa 66 kilos. Asegura que llevar un trono “es duro”. Y duele, “claro que duele, pero se puede soportar”. Aunque también admite que es vital que cada persona se conozca así misma, saber los límites. Ahora va regularmente al gimnasio, hace pesas y algo de boxeo. Hace años no tenía tanto fondo físico. “Es una mezcla entre fuerza física y mental. Se trata de concentrarte y marcarse un objetivo. La preparación es básica. También la fe”. No sabe hasta cuándo seguirá bajo el varal. “Hasta que me vea capaz. Lo que está claro es que no voy a estar por estar”. El momento que más le gusta es el encierro, cuando acaba la procesión, “los dos tronos se mecen, nos damos las manos los portadores del Cristo y la Virgen”.

Javier Trillo tiene 16 años, cursa Bachillerato y quiere estudiar Derecho. Este Jueves Santo se estrenó como hombre de trono de la Hermandad de la Santa Cruz. Lo compagina saliendo de nazareno en la cofradía de Nuestro Padre Jesús ‘El Rico’, el trono que su padre (Carlos Trillo, médico pediatra, de 51 años) lleva portando desde hace 33.

Se exige mayoría de edad

El ‘novato’ portador intentó meter el hombro en ‘El Rico’, pero exigen mayoría de edad. Ni en Crucifixión ni en Monte Calvario había hueco. El padre de un amigo suyo fundó la cofradía de Santa Cruz y allá fue a “tallarse”, como se dice en Málaga a la medición del hombro de los hombres de trono para que todos los portadores vayan coordinados en altura y trabajen bien en el varal.

El trono que lleva Trillo no es de los que más pesa (2.100 kilos), que son escasos si se compara con las cinco toneladas de la Virgen de la Esperanza, Dolores Coronada, la Paloma o la Soledad de Mena, pero tiene menos varales que los grandes (seis frente a los ocho de los que cuentan con más dimensiones) y lo portan 109 hombres frente a los al menos 200 (incluso hasta 250) de los tronos de mayor peso.

Javier Trillo, delante de la puerta de la Iglesia de San Felipe de Neri, de donde salió el pasado Jueves Santo el Cristo de la Santa Cruz (Agustín Rivera).
Javier Trillo, delante de la puerta de la Iglesia de San Felipe de Neri, de donde salió el pasado Jueves Santo el Cristo de la Santa Cruz (Agustín Rivera).

Trillo mide de hombro 1,46 y de altura 1,76 metros. Lleva el trono portando una faraona que le impide toda visibilidad del exterior. Salió a las 3.10 de la tarde y a las 22.10 horas encerró el trono. El padre habla de sus hijos, de la tradición: “Ellos, cuando han querido, han salido de nazareno o de portador. No les he querido influir, ni les he obligado, aunque es verdad que saben que a mí me encanta”. Carlos hijo, de 18 años, y Alejandro de 13 son sus otros dos hijos. Carlos ya no es tan cofrade y Alejandro sí tiene el gusanillo de la Semana Santa metido dentro. “En el trono no hay que darlo todo al principio. Hay que acabar bien más que empezar bien y acabar mal y de puntillas”, recomienda el experimentado portador. Su hijo Javier ha estado “fijándose en cómo se lleva el trono, en los toques de campana y lo que dicen los capataces”, comenta. La cara de Alejandro es de admiración a su hermano mediano.

Javi no para de recordar momentos, está emocionado. Creo que hay hombre de trono para años

“Javi no para de recordar momentos, está emocionado. Le impresionó la curva de Arco de la Cabeza, la entrada a la Catedral y la última subida a la calle Madre de Dios. Lo llevaron muy bien. Dice que le decían los capataces: ‘muy bien esa cola, sois unos máquinas’, y ellos se venían muy arriba. Creo que hay hombre de trono para años”, cuenta Carlos Trillo en la mañana del Viernes Santo.

Stefan J. Albig trabaja en Colonia. Es médico militar de la Armada alemana desde hace tres años, tiene 51 y residió en Málaga más de un cuarto de siglo. Tiene claro que quiere volver a Andalucía. Mantiene casa en el centro de Málaga. “Claro que me gustaría vivir aquí”. La Semana Santa la tiene señalada en rojo como intocable. Siempre regresa para portar bajo sus hombros a la Virgen de Gracia y Esperanza de la Cofradía de los Estudiantes, la que tradicionalmente va acompañada a los sones del ‘Gaudeaumus Igitur’ cada Lunes Santo.

Su primera experiencia con la Semana Santa de Málaga fue en 1993. Era estudiante de Medicina y le impactó “de una forma brutal, como nunca antes lo había visto”. “En Alemania las procesiones son muy pequeñas”, relata. Tres años después se apuntó a la cofradía, fundada por antiguos alumnos del Colegio San Agustín de Málaga.

Albig: "Cuando empecé estaba completamente nervioso, pero una vez que sales se lleva el trono de forma automática. No hace falta ensayar"

-¿A ti te gustaría sacar un trono?- le preguntó un amigo de Stefan.

- ¡No estás ‘chalao’! ¡Yo soy un 'guiri'! ¿Cómo voy a sacar un trono? Sería fantástico, pero no será posible- contestó el médico alemán.

- Tú déjalo en mis manos.

Al principio pensó que llevar un trono quizá no sería lo suyo, que no le iba a gustar ni sentir nada especial. “Le dije a mi amigo Paco que después del Lunes Santo me dejara tres días para pensar si lo haría otro año o no. Si no me gustaba, pues ya está. Habría sido una experiencia completamente nueva. Ahora quiero seguir hasta que pueda. Todavía me siento con fuerzas”, explica. La primera vez salió debajo del manto. Tenía alergia y se puso a estornudar “como un loco”. “Me encantó el crujido de los varales, el compañerismo… todo”. “Cuando empecé estaba completamente nervioso, no sabía lo que era un trono, lo había observado con detalle, porque soy muy meticuloso, pero una vez que sales se lleva de forma automática. No hace falta ensayar”.

Stefan J. Albig, el pasado Lunes Santo, en el centro de la imagen, portando el trono de la Virgen de Gracia y Esperanza (Toñi Guerrero).
Stefan J. Albig, el pasado Lunes Santo, en el centro de la imagen, portando el trono de la Virgen de Gracia y Esperanza (Toñi Guerrero).

En 1997, por mediación de Miguel, un amigo médico, decidió portar también el Cristo de Mena. Ese año no había hueco en el trono del Señor y portó la Virgen de la Soledad. Entre 1998 y 2015 ha llevado bajo sus hombros el Cristo de la Buena Muerte (Mena). Se ha retirado por edad, como el siguiente protagonista. Stefan va ahora de nazareno portando una hacheta. En Mena hay que jubilarse como portador al cumplir el medio siglo. En otras cofradías es a los 55. En otras no hay límite. Hasta que el físico aguante o te ‘inviten’ a jubilarte.

“En mi caso fue muy duro irme del trono de Mena. Yo soy responsable de decir que no puedo seguir, entiendo lo de renovación y es una cosa que te duele. Tampoco sería bueno hacer una prueba física a ver quién puede seguir o no. Y en mi caso particular fue decepcionante tener que dejarlo”, afirma Stefan, que ha pedido –sin respuesta positiva– participar en el desfile junto a la Marina, que acompaña a la Virgen de la Soledad, como capitán de corbeta de la Armada alemana. “Sería algo único en la Semana Santa de Málaga”, asegura. La capilla de la Congregación de Mena se encuentra frente al Puente de los Alemanes y las cenizas de su padre reposan en el columbario de la cofradía. “Es un círculo que se cierra”, remarca.

¿Cómo se cuenta en Alemania a alguien que no la conoce cómo es la Semana Santa de Málaga? No es fácil. “Hace falta gente con mentalidad abierta. Y los hay que no entienden y toman interés y otros a los que no se lo puedo explicar y no pueden explicarse cómo en Málaga se juntan las Fuerzas Armadas y la religión. Lo que sí es verdad es que nosotros, los cristianos, hacemos una demostración de nuestra fe pública. Hoy en día, en países como Alemania, la fe cristiana tiende a pasar a un segundo o tercer plano. Con la emigración masiva de musulmanes el Islam está muy presente y viven la fe de manera muy abierta. Para mí la Semana Santa no sólo tiene un componente religioso, sino musical, artístico y folclórico”.

Cuando Stefan porta el trono de la Virgen de Gracia y Esperanza o va con la hacheta en Mena ("una vela de gran grosor que llevan los tronos de algunos crucificados en las esquinas", según precisa el diccionario cofrade malagueño) piensa en sus padres y se fija en la gente. En cómo reaccionan al ver una imagen. Personas que lloran, que se emocionan. Y lo fotografía para lo más íntimo de su memoria.

Fernando Melero acaba de cumplir 50 años y 2016 fue su último Jueves Santo como hombre de trono del Cristo de Mena. La primera vez que lo portó fue en 2008. Es teniente coronel y está destinado en París como agregado militar en la Embajada de España en Francia. Quería haberse despedido este año como portador, pero no pudo ser. La edad. Imperativo legal. “Es una decisión de la cofradía y así hay que aceptarla, pero me encuentro muy en forma para poder llevar el trono. Yo podría seguir llevándolo perfectamente. Me encuentro mejor que hace años, con más madurez y mejor forma física. También es verdad que hay que dar el paso a gente joven en las cofradías; si no, las cofradías se mueren”.

El teniente coronel Fernando Melero recuerda que el 'Novio de la muerte' lo ha visto cantar "con muertos de verdad"

La difícil retirada. “Una vez que sacas el trono no hay otro mejor sitio en la procesión. Es un lugar privilegiado y agotas el tiempo que te queda”, asegura. Este Jueves Santo estuvo en el traslado del Cristo, en la salida, vio la procesión en varios puntos y también en el encierro. Su rostro denotaba melancolía, incluso nostalgia, la de aquel niño criado en Ceuta, que salió de extra en la película 'Novio de la muerte”, estrenada en 1972, y donde aparecen imágenes del paso de Mena por calle Larios.

“El primer toque de campana es un escalofrío. No es lo mismo cuando salimos con el himno nacional que con el primer ‘Novio de la muerte’, que he cantado con muertos de verdad. Lo he recordado en el trono cuando murió mi padre, cuando falleció en Bosnia el teniente Muñoz-Castellanos. Para mí tiene un significado especial, no es una canción más. No me gusta que se cante alegremente. Es una mezcla de sensaciones muy fuertes llevar al Crucificado a quien hizo el máximo sacrificio por nosotros”.

Fernando Melero, el pasado Jueves Santo, en la salida del Cristo de Mena (Toñi Guerrero)
Fernando Melero, el pasado Jueves Santo, en la salida del Cristo de Mena (Toñi Guerrero)

Melero recuerda la devoción por el Cristo de los legionarios, algunos incluso musulmanes. “Alá es mi Dios y el Cristo de Mena es mi Cristo”, decía un legionario musulmán. “Estos músicos que van todos los años y llevan 30 años sin vacaciones un Jueves Santo. El Cristo de la Buena Muerte es alguien que te protege. Ves la imagen en los vehículos blindados y cuando sientes la muerte cerca la gente se agarra donde puede. Los legionarios lo vemos como nuestro protector”.

Aunque estuviera de misión internacional en Bosnia o el Líbano, el teniente coronel siempre ha venido a la Semana Santa de Málaga. Ya no volverá al trono, pero siempre acompañará a su Cristo, aunque sea en otro punto de la procesión. “Mi devoción sigue intacta”, remata.

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