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La fuerza del Ebro, vista desde el espacio: por qué 'limpiar' el río no parará las inundaciones
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"Las avenidas en sí son algo bueno"

La fuerza del Ebro, vista desde el espacio: por qué 'limpiar' el río no parará las inundaciones

Algunas asociaciones y políticas piden la vuelta de dragados y limpieza del cauce, pero los expertos llevan años avisando de que esa práctica solo agrava aún más la situación

Foto: Foto: EFE/Javier Cebollada.
Foto: EFE/Javier Cebollada.
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Es una de las imágenes que han marcado la actualidad de estas últimas semanas. Día tras día, sin falta, los ciudadanos de los diferentes puntos por los que pasa el río Ebro, desde su nacimiento en Cantabria hasta, por ahora, Zaragoza, han ido viendo cómo sus terrenos recibían la fuerza de su preciado vecino o alguno de sus afluentes. A su paso, el agua ya ha dejado cuantiosos daños materiales que esta vez incluso se están monitorizando con imágenes satelitales, y ha provocado la muerte de dos personas en su camino por Navarra, La Rioja y Aragón. Por todo ello, y pese a que es un evento típico que se repite cada cierto tiempo con características similares, la pregunta renace: ¿se puede hacer algo para evitar los daños? Y con ella, el debate.

Las crecidas del Ebro han sido una constante en la historia, sin embargo, la llegada de esta última, tras la borrasca Barra y el deshielo, y la fuerza con que ha anegado algunos pueblos y campos, ha vuelto a poner el foco en un debate que lleva años en un tira y afloja. Expertos y naturalistas contra dueños de explotaciones de la zona y políticos. Unos apuestan por devolver espacio al río y una nueva organización territorial, y los otros siguen con la idea arraigada de que la mejor solución es limpiar y dragar el cauce. Un choque que en este caso incluso ha llegado a las altas esferas de la política regional, con el presidente del Partido Popular de Aragón pidiendo a Pedro Sánchez que apueste por la limpieza mientras políticos contrarios como María Chivite, del PSOE y presidenta de Navarra, han defendido el plan centrado en actuaciones cercanas a la otra postura con el plan Ebro Resilience asegurando que solo limpiar no es la solución.

Foto: El Ebro, a su paso por Tudela. (EFE/Juan Antonio Martínez)

Esta vez, gracias a las imágenes tomadas por el satélite europeo Copernicus a petición de la Confederación Hidrográfica del Ebro (CHE), es más fácil divisar la crecida del río al estilo de lo ya realizado en el volcán de La Palma y que está ayudando a monitorizar el fenómeno e incluso analizarlo para futuras actuaciones. Así, se puede ver el alcance de una avenida que casi desborda el cauce en todos los puntos del trayecto. Además, por ejemplo, se pueden cruzar estas imágenes con los mapas de peligrosidad y riesgo de inundación ejecutados por el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico para las consideraciones de zonas inundables y otras actuaciones.

Eso es justo lo que se muestra en el mapa bajo este párrafo, en el cual se puede ir mirando palmo a palmo el transcurso del río y el impacto en cada zona. En diferentes colores, se puede ver que la riada de estas semanas (a día 13 de diciembre, última actualización del sistema Copernicus) entra dentro de lo calculado por el ministerio como una avenida de "alta frecuencia de aparición", aunque en algunos puntos llega a la aparición "media" (menos probable) y supera el cálculo más excepcional.

Comparando los datos de los modelos del ministerio con la crecida vivida estos días se entiende cómo la actuación sobre el terreno para mitigar los daños se vuelve cada vez más acuciante. Sobre todo por lo que apuntan algunos estudios, como el de la Universidad de Zaragoza, que asegura que aunque las últimas décadas no son los momentos de más crecidas de la historia, sí están siendo en las que el impacto socioeconómico de estas crecidas está siendo más importante. ¿Por qué? Algunos sectores apuntan a la falta de limpieza, pero los firmantes del estudio y otros expertos señalan otra razón: se ha ido ganando cada vez más terreno al río con "una mayor exposición, a veces no exenta de imprudencia y osadía".

"Se perdió el miedo al río"

Uno de esos expertos, y de los investigadores que más han trabajado el cauce del Ebro y las posibles actuaciones sobre esta cuenca y otras, es Alfredo Ollero Ojeda. Este profesor de Geografía Física de la Universidad de Zaragoza lleva décadas investigando sistemas fluviales y el Ebro en particular, e insiste en que hay que dejar de considerar las crecidas como algo malo o un problema a solucionar, si no que se deben ver como un proceso natural del río que es hasta bueno para el ecosistema. "Se ha instaurado la idea de que las crecidas son malas y no es así. Es la forma que tiene el río de regularse y de mantener el ecosistema, no hay nada que solucionar, lo que sí hay que hacer es estudiar cómo mitigar el impacto social y económico derivado de las riadas", comenta el profesor en conversación con El Confidencial.

El pico de la crecida en Zaragoza supera los 5 metros y medio de altura

Él, que ha firmado varios estudios sobre las inundaciones y la evolución de estos fenómenos, data en los años sesenta y setenta el inicio de los mayores problemas económicos y sociales en la ribera por las avenidas, pues fue en esos años cuando se empezó a edificar y ganar terreno al río. "Se perdió el miedo al río y se fue ganando más y más terreno a la cuenca con medidas que, en mi opinión, no se deberían haber permitido por parte de las autoridades sabiéndose que son zonas inundables. O al menos se tenía que haber hecho de otra manera, pero se permitió e incluso se consolidó".

Ollero es de los que creen que la única forma de mitigar daños y reducir riesgos es dejar más espacio al río y olvidarse de medidas que, según explica, solo dañan el entorno, como el dragado o las supuestas "limpiezas". "Es un debate del que ya estamos muy cansados, porque siempre aparece cuando ocurre una avenida. Es una de esas propuestas que se ven como soluciones a corto plazo, pero que se ha demostrado que no sirven para nada, son muy caras y además impactan gravemente en el ecosistema. Muchos dicen que en los pueblos siempre se han hecho esas limpiezas, no obstante eso es el ejemplo perfecto de que no funciona, porque las inundaciones han seguido ocurriendo y encima traen otros problemas. Creo que es un debate que ya debería estar superado", añade.

Como alternativa, el profesor apuesta por medidas como la compra e indemnización de los terrenos en zonas inundables para reconvertirlos, el retranqueo de las motas (barreras artificiales con las que se intenta controlar el camino del agua) para ensanchar los cauces y otras medidas complementarias como la promoción de los seguros para los terrenos agrícolas que se pueden inundar, pero que pueden explotarse de forma habitual sin riesgo. Aunque en lo que más considera que hay que incidir es en redefinir el modelo de ordenación del territorio. "Si no repensamos la manera de explotar los terrenos y convivir con el río todo lo demás no sirve. Yo pienso que la idea ya está cambiando y el último plan para el río es un ejemplo de ello, pero hay que seguir con ello".

Este profesor es el padre de un término que se ha empezado a utilizar en los distintos procesos de recuperación de los ríos en distintas ciudades como Madrid o Pamplona: el 'territorio fluvial'. Un concepto que se podría definir como el terreno, espacio o paisaje dominado por un sistema fluvial, que incluye el cauce, el corredor ribereño y, total o parcialmente, la llanura de inundación y que cuadra a la perfección con el caso del Ebro. Su apuesta se basa en poner en valor todo ese espacio en muchos casos olvidado por las ciudades en su ordenación y apostar por su recuperación como la mejor forma de mitigar problemas, y conservar el entorno. Y, aunque destaca los problemas que ponen muchas instituciones y gobernantes ante estas propuestas, sus alternativas empiezan a aparecer en muchas regiones, incluso en su tierra.

El plan Ebro Resilience y las resistencias

El último plan elaborado por la CHE y el ministerio en colaboración con varias instituciones regionales y nacionales como parte del Plan de Gestión del Riesgo de Inundación de la cuenca del Ebro., sigue poco a poco sus recomendaciones aunque para el profesor le falta "alguna vuelta de tuerca". Este proyecto busca reducir el impacto de las inundaciones y contribuir a mejorar el estado del río en un territorio que abarca 325 kilómetros y que discurre por 62 términos municipales de La Rioja, Navarra y Aragón. Para ello contempla medidas de prevención, protección, preparación y recuperación ante inundaciones, así como de mejora de los ecosistemas fluviales. Y todo ello siguiendo muchas de las medidas pedidas por expertos como la marcha atrás de las motas o la recuperación del territorio del río.

placeholder Foto: EFE.
Foto: EFE.

La idea ha recibido el respaldo incluso de la Comisión Europea y la CHE asegura que ya se ha notado sus actuaciones en este caso con una reducción del caudal en zonas como El Ortigoso y Estajao por la ampliación del espacio ofrecido al río, aunque las obras en la zona no estaban terminadas. "El plan busca varias soluciones diferentes y combinarlas y ninguna es especialmente dañino para el río ni demasiado traumática para la población. Aunque hasta que no se aborde de verdad una ordenación real del territorio no se podrá mejorar del todo la situación. Hay edificaciones y urbanizaciones que se han puesto demasiado cerca del río que nunca deberían haberse permitido y que quizá ya es hora de quitarlas de ahí", comenta Ollero.

Todas estas medidas, eso sí, encuentran el choque con asociaciones y grupos como la Asociación de Afectados por las Riadas del Ebro (Asafre) que ya en septiembre expresó su rechazo al borrador del Plan de Gestión de Riesgo de Inundación de la Demarcación del Ebro (PGRIEbro) porque no se prioriza la limpieza del río. Para Asafre, según recogía 'El Periódico de Aragón', la limpieza del Ebro es fundamental para adecuar el cauce y evitar "las islas salvajes de sedimentos que se crean a lo largo de él", además de la necesidad "de realizar tareas de mantenimiento constantemente y no dragados puntuales que no solucionan nada a largo plazo", señalan en una nota de prensa.

Es una de las imágenes que han marcado la actualidad de estas últimas semanas. Día tras día, sin falta, los ciudadanos de los diferentes puntos por los que pasa el río Ebro, desde su nacimiento en Cantabria hasta, por ahora, Zaragoza, han ido viendo cómo sus terrenos recibían la fuerza de su preciado vecino o alguno de sus afluentes. A su paso, el agua ya ha dejado cuantiosos daños materiales que esta vez incluso se están monitorizando con imágenes satelitales, y ha provocado la muerte de dos personas en su camino por Navarra, La Rioja y Aragón. Por todo ello, y pese a que es un evento típico que se repite cada cierto tiempo con características similares, la pregunta renace: ¿se puede hacer algo para evitar los daños? Y con ella, el debate.

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