Mitad Marbella, mitad Marinaleda: dentro de Alburquerque, el pueblo sin ley
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su deuda triplica su presupuesto anual

Mitad Marbella, mitad Marinaleda: dentro de Alburquerque, el pueblo sin ley

El pueblo de Alburquerque está en quiebra y su deuda triplica su presupuesto anual hasta los 15 millones de euros. Y el Gobierno de Pedro Sánchez podría tener que activar un nuevo 'caso Marbella'

Foto:  Getty/Europa Press/Jorge Armestar.
Getty/Europa Press/Jorge Armestar.

—¿Quiere la alcaldesa que lea mis 16 preguntas seguidas o de una en una?

Seguidas. Léalas seguidas.

El pleno de Alburquerque está adquiriendo tintes surrealistas, pero a ningún asistente le sorprende porque en este pueblo todo sucede al revés. Los policías hacen huelga de hambre, los carteles de "alcaldesa dimisión" se pegan dentro del ayuntamiento y nadie considera que la regidora sea la verdadera alcaldesa de Alburquerque. Ni siquiera ella misma.

"Nosotros lo hemos tenido todo… ¡y ahora no tenemos nada!", se lamenta una alburquerqueña de 50 años que habla con los cámaras que se agolpan en la puerta del ayuntamiento. Han venido varios guardias civiles a controlar la situación, porque alrededor de 30 personas esperan a gritos a la alcaldesa en el primer pleno que se celebra desde julio. Y en cualquier momento se puede ir de madre.

Alrededor de 30 personas esperan a gritos a la alcaldesa en el primer pleno desde julio. Y en cualquier momento se puede ir de madre

El pueblo de Alburquerque, de 5.300 habitantes, está en quiebra y su deuda triplica su presupuesto anual hasta los 15 millones de euros. Más de 200 empleados temporales del ayuntamiento llevan meses sin cobrar, la policía local está desmantelada y se producen cortes intermitentes de Internet y luz en los edificios públicos. "La situación es muy dramática", afirma Paco Toro, representante sindical de administración local del CSIF. "El servicio público se está cayendo a pedazos y hay gente a la que se le deben 11 mensualidades".

Es jueves y en el ayuntamiento los ánimos están un poco caldeados. El único policía local que queda de los nueve —y a punto de jubilarse— observa con media sonrisa el sinsentido del pleno. "¿A quién han traído?", pregunta en susurros a un guardia de seguridad, en referencia a los dos nuevos concejales que se han sumado al barco de la alcaldesa, María Luisa Murillo. Ella se presentó a las elecciones de 2019 con el PSOE, pero el partido la echó por el desmadre de Alburquerque y ahora está como independiente en un barco que cada vez se hunde más rápido.

Foto: Foto: Reuters.

"¿Te subimos un táper, alcaldesa?", grita un vecino a las ventanas del ayuntamiento. "¡Tenéis secuestrada la democracia de Alburquerque!", vocifera otro. Dentro, la oposición da la bienvenida a los nuevos concejales, pero les insiste en que están ante un callejón sin salida. "Alburquerque está en boca de toda España, todo va a ir a peor", dice Manuel Gutiérrez, portavoz del Partido Independientes por Alburquerque (Ipal). "Tenemos que dar un cambio radical [...] para terminar con este régimen que está acabando con la vida de nuestro pueblo".

La oposición exige que la alcaldesa y su equipo dimitan, pero ella se aferra al puesto y dice que todo discurre con "normalidad" en el pueblo. No se puede hacer una moción de censura porque la oposición, pese a ser más numerosa que el ejecutivo, no suma la mayoría necesaria. Su último plan es esperar a que la alcaldesa no consiga tres nuevos concejales tras la desbandada de su equipo. Si ocurre eso dimitirán en masa para disolver la cámara y que una gestora tome las riendas.

placeholder Vecinos de Alburquerque protestando a las puertas del ayuntamiento por los impagos. (C. B.)
Vecinos de Alburquerque protestando a las puertas del ayuntamiento por los impagos. (C. B.)

Si no lo logran, explica el concejal Juan Carlos Prieto, que abandonó este año el equipo de la alcaldesa para pasarse a la oposición y es el único concejal del PSOE, vendrán los "hombres de negro" a Alburquerque. O, como expresaba irónicamente un usuario en el grupo de Facebook Alburquerque Today, tendrá lugar "un golpe de Estado".

En las últimas semanas hay una palabra que atemoriza a medio pueblo: "Marbella". El presidente de la Junta de Extremadura, Guillermo Fernández Vara, ha asegurado que su Ejecutivo habla "todos los días" con el Gobierno sobre la situación de Alburquerque, pero se escuda en que ellos no tienen competencias para intervenir en las entidades locales. De momento, el Ministerio de Hacienda ya ejerce el control presupuestario sobre las cuentas locales, pero el PP le pide al PSOE que vaya a más e intervenga el ayuntamiento, algo que solo se ha hecho una vez en toda la historia de España: en en Marbella en 2006 por el caso Malaya.

"Todo el pueblo vive directa o indirectamente del ayuntamiento, esto es como Marinaleda", afirma Víctor Píriz, diputado del PP por Badajoz en el Congreso de los Diputados, refiriéndose al alcalde de la población andaluza Juan Manuel Sánchez Gordillo, que prometía casas gratis a quien le apoyara y "tinieblas" a quien estuviera contra él. "La mayor vergüenza para el PSOE es que esto se sepa. Yo he pedido cinco veces a la Secretaría de Estado de Hacienda la intervención, ahora existe la posibilidad de disolver un ayuntamiento y tenemos más herramientas que con el caso de Marbella".

"Yo no siento vergüenza del pueblo, sino del desgobierno local que ha llevado a retroceder a la época de los 'Santos Inocentes'"

En este pueblo situado en la provincia de Badajoz, cuna de conquistadores extremeños, los relojes también funcionan al revés. "Yo no siento vergüenza del pueblo", decía un ciudadano alburquerqueño en las redes sociales, "siento vergüenza del desgobierno local, que han llevado al pueblo a retroceder a la época de los 'Santos Inocentes'".

Varios entrevistados para este reportaje también comparan la situación con la célebre película rodada en Alburquerque y basada en la novela homónima de Miguel Delibes. "Me duele mucho decirlo, pero hemos vuelto a los Santos Inocentes, el servilismo al señorito pero ahora con otros ropajes. Y lo peor es que hay mucha gente en el pueblo que sigue pensando que el exalcalde puede volver a ganar", afirma un vecino, en referencia a Ángel Vadillo, regidor del pueblo desde 1996 hasta 2019 y verdadero líder en la sombra. "Él es el alcalde aunque yo haya sido la candidata", dijo sin tapujos la alcaldesa Murillo tras obtener la mayoría absoluta en 2019, después de que Vadillo quedara inhabilitado en el último segundo.

Porque si todos los caminos conducen a Roma, todas las preguntas en Alburquerque acaban en Ángel Vadillo.

Vadillo, el populista perfecto

Durante años, Vadillo ha sido el Alcalde. Pero ahora muchos en Alburquerque usan palabras despectivas como "mesías", "líder populista" o "bolivariano" para describir a un hombre que durante años ha logrado mayorías asombrosas. ¿Cómo? Teniendo a todo el mundo contento. O, como argumentan sus rivales políticos, regando de favores y trabajos a medio Alburquerque.

En 2011, por ejemplo, Vadillo consiguió 11 de los 13 concejales del ayuntamiento (casi 3.000 votos frente a los 776 del PP), pese a que ya llevaba 15 años al frente del consistorio. Por entonces se había sumado al PSOE, pero él siempre ha ido por libre. "En sus primeros años" -explica una vecina- "la gente no le identificaba con ningún partido, le llamaba el Alcalde del Pueblo".

placeholder Ángel Vadillo, en su marcha contra las eléctricas en 2012. (EFE)
Ángel Vadillo, en su marcha contra las eléctricas en 2012. (EFE)

Vadillo reunía a mil personas en la plaza y todos aplaudían entusiasmados tras sus discursos. Sindicalista desde los 14 años, empezó a trabajar de adolescente en el ayuntamiento. Todos los que le han tratado destacan su capacidad de oratoria, su manipulación y sus ansias de poder. "El tío era un crack a la hora de manejar al pueblo que estaban abducidas por el mesías", afirma un crítico del vallidismo.

Ni siquiera una condena en firme le granjearía muchas enemistades. Ese mismo año, en el discurso de Navidad, Vadillo cargó contra una vecina que había denunciado al alcalde y a su propia hermana —presidenta local del PSOE— por construir una casa de forma ilegal.

"Si esta señora no viene a hablar conmigo y corrige su conducta de inmediato", aseguró Vadillo en horario de máxima audiencia, "haré llegar un folleto, que me encargaré de hacer expresamente donde vea la gente qué tipo de persona es Antonia Matador y qué tipo de relación había con el expresidente del PP. Estos van a tener que sufrir".

Matador denunció a Vadillo, quien fue expulsado del PSOE y condenado a 2 años y medio de prisión por obstrucción a la justicia y amenazas

Antonia Matador denunció por estas palabras a Vadillo, quien fue expulsado del PSOE en 2012 y condenado a cumplir dos años y medio de prisión por obstrucción a la justicia y amenazas. Vadillo recurrió y perdió dos veces, pero pidió el indulto y la ejecución de su condena quedó suspendida. En 2015 volvió a ganar la alcaldía con la Organización del Pueblo Obrero (ORPO) y Pedro Sánchez le indultó en 2019, rebajando su pena de dos años y medio a dos años, esquivando la entrada en prisión, pero impidiendo que fuera el alcalde.

Matador, la primera víctima del vallidismo, tuvo que abandonar el pueblo. Se fue a vivir a Bilbao porque todo el mundo le había retirado la palabra por enfrentarse al alcalde. "Me llamaban las 'cuatro letras' todo el rato por haber tenido relaciones sexuales con un hombre del PP. Nadie me apoyó, ni siquiera mi propia familia, que tenía trabajo gracias al alcalde", explica en conversación con El Confidencial.

Pese a la condena, todo el pueblo seguía aplaudiendo a Vadillo. Su momento culmen llegó en abril de 2012, cuando salió en la prensa nacional por su huelga de hambre en la puerta del Ministerio de Industria en Madrid para protestar contra el decreto del Gobierno que suspendía las primas a los nuevos proyectos de energías renovables y que mataba un proyecto que podía dar empleos en la región. Cuando volvió a Alburquerque fue recibido como un héroe (pese a que no logró resucitar el proyecto).

"El hombre quería agarrar a todo el mundo, pero mientras su popularidad crecía estaba levantando un infierno de deudas"

Pero amigos suyos de toda la vida aseguran que, a la vuelta de su viaje, Vadillo ya no era el mismo. "El hombre quería que todo el mundo le quisiera, pero mientras su popularidad crecía estaba levantando un infierno de deudas", afirma un trabajador cercano al exregidor. "Se desayunaba la cena, entraba una subvención para una cosa y la usaba para otra", afirma otro. "En los momentos más boyantes del pueblo, la plantilla del ayuntamiento ha tenido una media de 270-300 empleados", explica Pepa, una antigua empleada del consistorio.

Cualquier alburquerqueño podía ver en un día entre semana colas de 10 o 20 personas en la puerta del despacho de Vadillo para pedir trabajo. Lo normal era recibir un empleo temporal de tres meses y renovarlo hasta que se pudieran pedir ayudas o el paro. En 2016, por ejemplo, el ayuntamiento firmó más de 900 contratos eventuales. "Extremadura sigue siendo Extremadura", afirma el sindicalista Paco Toro. "Si no vigilas, en cualquier pueblito pequeño se van creando redes clientelares que son muy difíciles de romper porque no hay industria y hay economía de subsistencia". Y eso ha llevado a que Alburquerque acumule deudas estratosféricas. Incluso con sus propios vecinos.

"El ayuntamiento me debe más de 100.000 euros", afirma Agustín Fuentes, creador del festival ContemPOPránea, uno de los grandes eventos en el pueblo hasta 2019. Cuando fue a preguntarle al alcalde dónde estaba el dinero que le había mandado la Junta para su festival, Vadillo le contestó: "Te había contado una mentira piadosa". "Me dijo que el dinero lo tuvieron que usar para otros temas, pese a que las subvenciones venían tanto de la Junta de Extremadura como de la Diputación".

"Antes daba discursos como si fuera Fidel Castro, pero ahora no hay nadie que escriba a Vadillo"

"Lo que está ocurriendo en Alburquerque no es un tema de ideología, sino de construir una red clientelar y surtirla con favores", recalca Juan Carlos Prieto, el único concejal del PSOE. "Alburquerque es una población envejecida y los más mayores no son partidarios de ninguna clase de cambio. Hay una bolsa de votos muy grande con el tema de residencias", afirma, en referencia a las cuatro residencias que tiene el pueblo, uno de los mayores símbolos del derroche municipal.

Ahora, en la semana clave para salvar la alcaldía, no hay ni rastro de Vadillo, pese a que los vecinos le siguen definiendo como el "alcalde en la sombra" del "régimen" de Alburquerque. El grupo de apoyo de Ángel Vadillo de Facebook lleva sin publicar nada desde el 6 de septiembre, pese a que el 8 de septiembre en 2019 publicó una carta que parecía escrita hacia un líder espiritual (sus enemigos políticos aseguran que ese grupo estaba gestionado por él mismo y los concejales de su grupo).

"Hablar de Ángel Vadillo es hablar con mayúsculas de COOPERACIÓN y capacidad de gestión [...] Él lo hace fácil, tan fácil que a veces no le damos importancia que tiene; es su talento. Ángel Vadillo es un cooperador y facilitador nato, lo ha demostrado con creces y con todos, hombres, mujeres, jóvenes, niñ@s, empresas, colectivos, asociaciones, hermandades, instituciones, cooperativas, etc. En todo lo bueno de Alburquerque está grabada su impronta".

placeholder Imagen del pueblo de Alburquerque. (C. B.)
Imagen del pueblo de Alburquerque. (C. B.)

"Antes daba discursos como si fuera Fidel Castro, pero ahora no hay nadie que escriba a Vadillo", afirma Francis Negrete, cronista del pueblo, antiguo mano derecha del exalcalde y actual enemigo acérrimo. "La gente tiene miedo de hablar contra Vadillo porque durante años ha sido un auténtico cacique repartiendo favores".

La espita contra Vadillo y la actual alcaldesa la abrió el policía Juan Pedro Pulido, que a principios de año emprendió una huelga de hambre porque no le pagaban su salario. Estuvo seis días, varios de ellos en la puerta del ayuntamiento pasando frío en pleno temporal de Filomena, pero la alcaldesa, dice, no se dignó a dirigirle ni un día la palabra. Dejó de hacer la huelga cuando le abonaron lo que le debían.

"Alburquerque es una ciudad sin ley, porque ahora solo hay un policía local por las mañanas y los fines de semana nadie, nos hemos ido todos los compañeros”, afirma Pulido. "Si tienes mala suerte, puede ser que un fin de semana necesites a la policía y la Guardia Civil esté a 100 kilómetros".

A partir de esa huelga el resto de trabajadores empezaron a protestar y el declive político de Murillo y Vadillo se aceleró. Sin embargo, el pueblo sigue sumergido en una parálisis de la que parece difícil salir. Ahora el próximo paso es esperar al pleno extraordinario de diciembre, donde la alcaldesa podrá presentar a tres nuevos concejales y frenar el último ataque de la oposición para quitarle el salario o dimitir en masa. Si la alcaldesa y Vadillo resisten, la única solución a largo plazo podría ser la intervención del Gobierno de Pedro Sánchez.

"Lo que está ocurriendo en Alburquerque no es un tema de ideología, sino de construir una red clientelar y surtirla con favores"

El análisis de Toni Matador, quien pese a ser defenestrada por el pueblo decidió volver hace unos años, no deja títere con cabeza. "Alburquerque está pagando las consecuencias", asegura. "Somos un pueblo triste, oscuro, que ha endiosado a Vadillo, él se sigue creyendo un dios que puede manejar al pueblo. Con Vadillo estás contra él o con él".

En el fresco que cuelga en la sala principal del Ayuntamiento se puede leer una frase enigmática: "Si un pueblo no valora lo que tiene es que no tiene nada". Durante años, muchos en Alburquerque pensaban que tenía el mejor alcalde de España. Un alcalde que se preocupaba por los suyos. Un alcalde que convirtió al ayuntamiento en la mayor empresa de la comarca. Y los ciudadanos de Alburquerque valoraron lo que tenían y lo votaron. Pero ahora, sin embargo, solo tienen deudas.

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