Los últimos sin vacunar en España: quiénes son y por qué se resisten
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Más de cuatro millones de españoles

Los últimos sin vacunar en España: quiénes son y por qué se resisten

Aunque el éxito de la campaña de vacunación española es innegable, un 10% de la población que se puede inmunizar todavía no lo ha hecho. ¿Cuáles son los motivos?

Foto: Imagen: Irene Gamella.
Imagen: Irene Gamella.

"Antes que nada, tengo que decir que no soy negacionista, creo en la ciencia y en las vacunas", advierte Sara González. En un primer momento, Sara consideró vacunarse, como el resto, "por solidaridad". Su percepción cambió por las restricciones impuestas para frenar el virus, que en su opinión fueron "radicales, desmedidas e injustas". En ese estado de ánimo, se aferró a la no obligatoriedad ("sorprendente" y "liberadora") de la vacuna para replantearse qué es lo que quería hacer realmente. Y aún no se ha vacunado.

Lucía* tiene 20 años y es estudiante. A pesar de que podía vacunarse desde hace meses, no recibió su primera dosis hasta hace pocos días. "En principio mis dudas me las causaron los comentarios en redes sociales sobre muertes por efectos secundarios de la vacuna. Pensé ¿y si eso me pasa a mí? Eso me creó un miedo", comenta.

Hasta hace escasos días, Lucía formaba parte del grupo de 4,5 millones de personas que, pudiendo haberse vacunado ya en España, no lo ha hecho. Los motivos son muy variados, pero el miedo es uno de los más recurrentes. "Mucha gente cree que ha sido poco tiempo y las investigaciones no las ven claras", explica Alba Navalón, enfermera del hospital de Elche y doctora en Sociología. Y entre la población más joven, según su experiencia, entra en juego la percepción de poco riesgo, "aunque no siempre es así", lamenta.

Pedro* pertenece a una familia de sanitarios. “Lo que tiene que ver con salud y sanidad lo conozco. No tengo especial aversión a las vacunas”, zanja. Sus hijos, afirma, están vacunados, aunque no contra el coronavirus. Sus reticencias vienen por “el modo en que se ha desarrollado el proceso de la vacuna”. “Creo que hay una disensión médica histórica que no se está escuchando sobre el procedimiento y la celeridad con el que se están haciendo las cosas”, opina.

El éxito de la campaña de vacunación española es innegable. Casi el 80% de la población ha recibido al menos una dosis, porcentaje que sube al 90% si solo se tiene en cuenta las personas de 12 años o más, que son las que conforman la población diana. El resto, una de cada 10, todavía no se ha vacunado. Entre ese 10% hay de todo: desde quien ya no ve el peligro a quien tiene miedo, pasando por quien ha aplazado el momento de vacunarse, pero lo hará, o los antivacunas. Además, también hay personas en situación irregular fuera del radar de los servicios sanitarios, muchas de las cuales ni siquiera cuentan en los registros de personas que vacunar.

Según el último barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas, solo el 2% de la población mayor de edad asegura que no se va a vacunar. Entre los que no lo han hecho todavía, un 34,6% indica que no lo hará. Los principales motivos que explican en respuesta espontánea para no recibir el pinchazo son dos: no se fía de estas vacunas o tienen miedo a que tengan riesgos para la salud o efectos secundarios.

"Mis dudas me las causaron los comentarios en redes sociales sobre muertes por efectos secundarios de la vacuna"

A sus 50 años, Inés es otra de las que ha decidido no hacerlo, al menos en 2021. “Creo que 2022 será un buen momento para planteármelo”. En su caso, no es una cuestión de miedo a efectos secundarios, sino de no querer “entrar en el juego” que, a su juicio, se ha orquestado. A ello se añade su forma personal de entender la medicina. “Soy naturista, creo que el cuerpo se regula solo y que hay que tomar las menos medicinas posibles”, indica. No se considera antivacunas porque sí confía en el resto, "que están testadas". Incluso cree que esta es eficaz para rebajar la gravedad de la enfermedad. Solo si estar vacunado comienza a ser una exigencia para trabajar, ir al cine o salir a cenar valorará si le compensa o no.

Más tajante se muestra Pedro, que es profesor, cuando se le pregunta qué haría si le obligasen a vacunarse para trabajar: “Seguramente acudiría a los tribunales. Me arrancaría al combate contra el Estado, porque significaría que ya no defiende mis derechos”.

Foto: Alberto Núñez Feijóo. (EFE)

Para el vicepresidente de la Asociación Española de Vacunología, Fernando Moraga-Llop, exigir el certificado de vacunación para cada vez más actividades sociales es la solución para llegar a esta población. "Es una forma directa o indirecta de favorecer la vacunación, no hay otra". Moraga-Llop cree que también la fatiga pandémica y la apatía están jugando un papel en el hecho de que haya tantas personas que, pudiendo, todavía no se hayan vacunado. "No es porque sean antivacunas, ni siquiera por reticencia, sino por dejadez", opina.

Por su parte, Carlos Enrique Falces, profesor de Psicología Social en la Universidad Miguel Hernández, apunta distintos factores que explican cómo cada persona configura su opinión en torno al tema de la vacunación. El primero es la identidad. "No entiendo el problema, pero sí sé con qué grupo me identifico. Y puedo utilizar ese grupo para decidir si me vacuno o no. El mejor ejemplo es EEUU, donde ha habido una alineación entre posicionamiento político y posición hacia las vacunas”, explica.

Soy naturista, creo que el cuerpo se regula solo y que hay que tomar las menos medicinas posibles

Otro factor es la autoridad. "Cuando yo no sé cómo actuar, si no tengo una manera de formarme una opinión, recurro a quien sabe. Si reconozco a la ciencia como una autoridad incuestionable, le haré caso. Si reconozco a las instituciones, pues haré caso a las instituciones", dice Falces. "Pero, si no lo tengo claro, al final recurro a alguien que no es competente en ese tema, alguien a quien respeto o admiro. Si alguien así se declara en contra de las vacunas, pues ya me ha dado una solución".

Por último está el consenso, que el psicólogo define como la "percepción que tiene la persona del grado de aceptación sobre un tema dentro del grupo en el que se ubica". Eso condiciona mucho el desarrollo de las actitudes. Falces pone como ejemplo el consumo de tabaco en espacios públicos. "Si comparamos con hace 15 o 20 años la situación del consumo de tabaco en público, no lo podríamos creer. Y en ese momento no se podría creer la situación actual. Y no ha pasado nada. Cada vez más gente está de acuerdo con que no se pueda fumar en esos espacios".

En el caso de España y la vacunación, ese consenso ha sido mayoritariamente a favor. "Todo el mundo percibía que la posición mayoritaria era querer vacunarse. Lo que había era cierta inquietud porque la gente no se podía vacunar lo suficientemente rápido".

La estrategia de vacunación priorizó a las personas mayores e inmunodeprimidas. Cada grupo de edad fue incrementando el porcentaje de vacunados, pero desde el verano se ha visto cómo los últimos en poder acceder a las vacunas, aquellos que tienen entre 12 y 19 años, han acudido a su cita en mayor medida que la población de 20 a 40 años. Aunque precisamente los más jóvenes ya han superado a sus mayores inmediatos, para Falces la identidad de los jóvenes y el énfasis casi siempre negativo que se ha hecho en este grupo de edad puede estar jugando un papel en las reticencias ante la vacunación. El psicólogo propone fomentar la vacunación por impulso. "Facilitar las condiciones para vacunar. Habrá gente que, al estar en un lugar con los amigos, se vacunará si el resto lo hace. Simplemente porque no tiene un rechazo".

Otro colectivo que puede influir en los datos de menor cobertura según la edad es el de las embarazadas. Aunque en los últimos meses y después de los casos graves vistos en la última oleada del virus la recomendación de vacunarse es clara, al principio no fue así. “Los protocolos en un primer momento fueron un poco confusos. Te decían que a partir de 20 semanas, luego a partir de las 12, luego que en cualquier momento... ¿Cuándo era mejor?”, recuerda Navalón.

Foto: La vacuna de AstraZeneca no entró con buen pie en Europa. (Reuters)

Desde un punto de vista sociológico, Navalón sitúa la llegada de la pandemia en un contexto de individualismo creciente. “Se ha perdido esa conciencia social de comunidad, de estar en conjunto. Y al final, la decisión [de vacunarse] es muy individual”, valora. Inés, en cambio, niega que su postura sea egoísta. “Creo que soy responsable. Por la calle, si no hay gente, voy sin mascarilla, pero en metro o transporte público llevo doble. Si voy a un restaurante, estoy en la terraza siempre, en sitios cerrados no he entrado”. De hecho, su sensación es ahora de mayor inseguridad: “La gente vacunada va con más libertad y tiene menos cuidado que yo”, valora.

Otro de los problemas que apunta la socióloga y enfermera del hospital de Elche es que la campaña de vacunación se ha vivido como un espectáculo: “Hemos seguido el proceso minuto a minuto, por lo que cada vez que se publicaba información sobre efectos secundarios, como las trombosis, podía dar la sensación de que era algo habitual, pero, cuando haces un recuento global, ves que es muy poco”, aclara. Sobre la importancia de la comunicación habla también el epidemiólogo y exdirector de la Escuela Andaluza de Salud Pública, Joan Carles March. Para él, “centrar el foco comunicativo en el riesgo muy extremo de desarrollar un efecto secundario muy poco probable lleva en muchos casos a sobrerreaccionar y tener un miedo irracional a algo”.

Hay un porcentaje que será reticente, pero hay otro 3% o 5% que, hagamos lo que hagamos, no se va a vacunar

Begoña Reyero es enfermera y coordina del equipo de la vacunación contra el covid-19 en Canarias. Desde hace varios meses, se dedican a repescar a todas las personas que no han acudido a su cita llamando a cada una de ellas. “Algunos te insultan, dicen que quiénes somos nosotros, que no creen en las vacunas”, cuenta. Pero la mayor parte de las veces el argumento es el miedo. “No es tanto la eficacia, la gente sabe que está ayudando a proteger, pero tienen sus miedos particulares. Incluso hay gente que te dice que toda su familia está vacunada, pero que tienen miedo personal”.

Reyero cuenta que no sucede siempre, pero a veces sí consiguen que la persona que está al otro lado del teléfono cambie de opinión y tome la decisión de vacunarse. Para ello han elaborado un argumentario que ayuda a quien les atiende, que suele ser un sanitario, a hacer frente a los motivos más habituales para no vacunarse. En concreto, son trece los principales argumentos que exponen quienes declinan la inmunización y las respuestas están siempre basadas en la evidencia científica disponible, sin descuidar la comprensión y el trato cercano.

Los motivos de quienes no se han vacunado

1. No creo que sean eficaces.
2. Tengo miedo a que tengan riesgos para la salud/efectos secundarios-colaterales.
3. Tengo pocas probabilidades de contagio.
4. He pasado la COVID-19, no me hace falta.
5. Prefiere esperar para ver cómo funcionan.
6. No me fío de ninguna vacuna en general.
7. No soy vulnerable ni de alto riesgo.
8. No me he vacunado nunca de nada.
9. No son seguras, pocos ensayos, ser una vacuna prematura o falta de análisis.
10. Tengo muchas alergias.
11. Tengo X enfermedades.
12. Estoy embarazada o quiero quedarme embarazada.
13. Soy madre lactante.

Fuente: Servicio Canario de Salud.

“Tomamos una actitud persuasiva, pero no confrontativa”, indica Reyero. “Hay un porcentaje que será reticente, pero hay otro 3% o 5% que, hagamos lo que hagamos, no se va a vacunar”. Cuando el rechazo es incluso agresivo, “lo que hacemos es simplemente, como se hace con otras intervenciones, dar las gracias, hacemos un consejo de vacunación, pero se le indica que se respeta su decisión y que en cualquier momento puede acudir. No se cierra la puerta”.

Los repescadores saben bien que preguntarle a alguien que por qué no se vacuna e intentar convencerle conduce a veces a una situación tensa. Y esto también sucede en los entornos familiares o de cercanía. “Ha servido tanto para estrechar más vínculos con unas personas como para romper con otras. No es que haya rechazado a alguien porque haya dicho que hay que hacer las cosas, sino porque mi negativa a vacunarme ha provocado presión, descalificación, insultos, evitarme o dejar de hablarme alguna persona”, cuenta Pedro. “Cuando veo que va a salir el tema en la mesa, ya lo evito. Es como la religión y la política”.

Cuando veo que va a salir el tema en la mesa, ya lo evito. Es como la religión y la política

Reyero explica que la mayor parte de las personas a las que intentan repescar en Canarias no están localizables. "Tenemos casi 73.000 personas no vacunados extranjeros", lo que según sus cálculos supone que el 48% de este colectivo no ha acudido a su cita. "Tienen aquí su residencia, pero no están, creemos que por la pandemia. No cogen teléfono", insiste.

Para Moraga-Llop ahora es casi igual de importante insistir en la vacunación de la gripe que de la del coronavirus. "Ojo, que este año no sabemos ni cuándo va a aparecer, si va a adelantarse, si va a aparecer con más intensidad, ya que el año pasado no apareció y por tanto las vacunas se han fabricado con una experiencia pobre de las cepas que circularon el año pasado. Todo esto hace que enfaticemos la vacunación de la gripe en personas mayores y personas de riesgo. Y con una recomendación: que el que pueda se vacune”.

*Nombre ficticio.

Ministerio de Sanidad Virus
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