Crónica de una guerra inesperada o por qué Madrid puede enemistar a Casado y Ayuso
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LUCHA DE PODER EN EL PP MADRILEÑO

Crónica de una guerra inesperada o por qué Madrid puede enemistar a Casado y Ayuso

La batalla por el PP de Madrid es una lucha de poder. Están en juego dos visiones de partido y el control de la "joya de la corona". Pero también una vieja amistad, la de Casado y Ayuso. El desenlace puede alterar la formación completamente

placeholder Foto: Diseño: Irene de Pablo.
Diseño: Irene de Pablo.

Apenas unas horas después de convocar el adelanto electoral, Isabel Díaz Ayuso es citada a una reunión con Pablo Casado en su despacho de la sede de la calle Génova, en la séptima planta. La presidenta acude con su jefe de gabinete. Mientras los líderes departen, Miguel Ángel Rodríguez y el secretario general, Teodoro García Egea, se ven en otro despacho contiguo. Una reunión termina bien. La otra, mal. La batalla por el poder en el Partido Popular de la Comunidad de Madrid ha comenzado.

Una fiesta electoral, tres conversaciones Casado-Ayuso y seis meses después, el final de la batalla no se atisba. Las consecuencias son imprevisibles porque no solo se trata de una colisión entre dos modelos de partido o de una disputa por "la joya de la corona". Se trata, también, de un duelo entre dos amigos. Pablo e Isabel se conocen desde que eran unos veinteañeros. Para los dirigentes del PP que saben de este vínculo personal, estamos ante un asunto sumamente extraño. Piensan en la influencia de terceras personas, cuyos nombres ya se han mencionado en el texto.

Foto: Isabel Díaz Ayuso, delante de José Luis Martínez-Almeida (i) y Pablo Casado (d). (EFE)

Esta es una crónica sobre una lucha de poder con varias fechas relevantes: el 10 de marzo, el 4 de mayo y el 7 de septiembre. Son los días en los que García Egea y Rodríguez estallan, el día en que lo que debería ser alegría y brindis por el triunfo electoral se convierte en ánimo de venganza y el día en que el líder nacional, en vez de apagar el fuego, coge un bidón de gasolina y da aire a la guerra interna con su guiño a José Luis Martínez-Almeida. Nadie en el PP entiende nada.

Convocar el 4-M

La jugada política más importante en España desde la moción de censura de Pedro Sánchez es ya una realidad. El 4 de mayo habrá urnas en los colegios. Ayuso informó el día antes a Casado. Hubo dudas. Al final, se pusieron de acuerdo, pista libre para las estrategias y las campañas. Los viejos amigos firman la paz. Sus lugartenientes no. Por petición expresa de las fuentes consultadas para esta crónica, ciertos entrecomillados quedarán omitidos.

Ayuso está convencida de que va a ganar las elecciones. Cree que va a arrasar, de hecho. El plan no se detiene a pesar de las reticencias del número dos de Casado. Así, el 11 de marzo, después de los actos de conmemoración de los atentados de 2004, la presidenta pide al portavoz del PP en la Asamblea, Alfonso Serrano, viejo amigo de máxima confianza, que suba con ella al despacho. Le encomienda que sea el jefe de campaña y el enlace con Génova. Serrano conoce perfectamente la sede del PP porque lleva trabajando allí toda la vida. Es la persona adecuada. También es amigo de Pablo Casado. También de Ana Camins, la secretaria general del partido en Madrid. Así se configura un cuadrado en el que los vértices son cuatro amigos que han compartido una vida en la política y la otra, la personal, entre celebraciones familiares, cumpleaños y "quedadas".

Ayuso está convencida de que va a ganar las elecciones. Cree que va a arrasar, de hecho

La lucha afecta especialmente a Pablo e Isabel. Aquellos veinteañeros que habían agitado el PP del distrito de Moncloa con un estilo y un lenguaje desacomplejados son hoy los dos referentes del partido a escala nacional, con permisos de Alberto Núñez Feijóo y Juanma Moreno. La amistad está a prueba por culpa de una aspiración y una fecha. La aspiración: liderar la formación en Madrid, "la joya" por volumen de militantes y nivel de influencia. La fecha: la del congreso que permita dicha aspiración. Génova quiere que sea a finales del primer semestre de 2022. Sol, antes.

Así leído, la solución parece sencilla: Ayuso líder, pero en los plazos que marque la dirección nacional. No es tan fácil, sin embargo. El control del PP madrileño esconde una discrepancia total sobre el modelo orgánico y la sinergia. La cúpula de Casado pretende una estructura orientada hacia el líder nacional, todo debe converger en él. La cúpula de Ayuso pretende una estructura orientada al territorio. Es como una carretera de dos carriles en sentido contrario: unos quieren empoderar al líder para, desde ahí, empoderar a los territorios; otros prefieren reforzar el territorio para, a partir de ahí, catapultar al líder.

El relato de esta batalla con la que nadie contaba comienza, por tanto, en marzo. La segunda quincena de septiembre servirá para apaciguar el ambiente, al rojo vivo desde hace dos semanas. Nadie en el PP descarta que después del cónclave de Valencia en el que Casado ha puesto toda su energía, pues de la cita quiere emerger como el futuro presidente del Gobierno, vuelvan las dagas voladoras, los mensajes beligerantes y los titulares intencionados.

El terremoto de Murcia

2021 empieza fatal para el Partido Popular. La demoscopia no es que haya ralentizado el objetivo de Casado; sencillamente lo ha puesto en cuarentena. El líder del PSOE y presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, parece que ha salido ileso de la pandemia. Ni siquiera el repunte de covid que trajeron consigo las navidades le afecta. La gestión es bastante cuestionable, pero el traje de favorito en las encuestas lo tiene impecable.

Por si fuera poco, habrá elecciones en Cataluña el 14 de febrero. Las previsiones son funestas porque la posibilidad de 'sorpasso' de Vox es cada vez más plausible y porque hay quienes ven en peligro la presencia en el Parlamento catalán. El resultado no evita lo primero y salva a duras penas lo segundo.

Por entonces, García Egea se ha embarcado en un proyecto de renovación integral del PP en toda España. "El partido estaba hecho unos zorros; los cuadros estaban desmotivados y todo estaba anticuado", decían en Génova. El plan consiste en reactivar las provincias, primero, y las autonomías después. En el congreso para la renovación de la dirección en Sevilla se produce un choque muy desagradable. Se une el episodio a la investigación interna al presidente de Castilla y León, Alfonso Fernández Mañueco, por la contratación de un asesor y a las interferencias en direcciones provinciales del PP gallego. Un murmullo de malestar empieza a circular más rápido.

Foto: Alberto Núñez Feijóo, Pablo Casado y Juanma Moreno. (EFE)

Pablo Casado solía quedar con Inés Arrimadas para compartir diagnósticos y repasar las alianzas en todos los territorios. Ambos sabían perfectamente que mientras en Andalucía la pinza funciona muy bien, en Castilla y León hay rencillas y en Madrid, un follón de cuidado. Ayuso y su vicepresidente, Ignacio Aguado, tienen una relación penosa. La lectura compartida consiste en mantener las coaliciones costara lo que costara, aunque en Murcia...

La moción de censura de Cs y PSOE contra el presidente murciano, Fernando López Miras, produce un movimiento telúrico que cambia todas las piezas de lugar. El 9 de marzo, Ayuso se reúne con su equipo. Ven clarísima la salida: disolver la Asamblea y convocar elecciones anticipadas. Llama a Casado para informarle de la decisión. El líder había hablado con Arrimadas, quien le pidió tranquilidad porque la operación murciana solo se iba a circunscribir a la Región. El presidente está muy molesto con la noticia, pero de ahí a trastocar otras fichas... Ayuso explica a su amigo que lo mejor es convocar en Madrid; está convencida de que saldrá mucho más fortalecida. Será al día siguiente cuando Casado, más que borrarlas, silencia las dudas. Pero entre García Egea y Miguel Ángel Rodríguez no hay entendimiento.

La campaña electoral y la noche en el balcón

El jefe de gabinete de Ayuso, estratega electoral consumado desde 1996, cuando fue clave en la escalada hasta el poder de José María Aznar, decide ausentarse de la suerte de comités estratégicos que montan el equipo de campaña de la presidenta, capitaneado por Serrano, y la estructura del PP de Madrid, que dirige una gestora desde que Cristina Cifuentes dimitió en 2018. Tres años de gestora son muchos para una gestora. Luego volveremos a ello.

Rodríguez sabe que si es visto en Génova, saltarán las suspicaciones, los recelos, los resquemores. Puede, incluso, que ni le dejen pasar. Mejor mantenerse en la sombra. Coordina todo con Serrano y con la propia Ayuso, pero sin salir de Sol.

La intención es obvia desde el minuto uno: la campaña debe ser Ayuso, Ayuso y Ayuso. La imagen, el mensaje, ha de girar a su alrededor. "Socialismo o libertad", "comunismo o libertad", "vivir a la madrileña" son expresiones que más o menos sintetizan la estrategia. Se trata de enmarcar las elecciones en Madrid, pero como bastión de resistencia a Sánchez y a Iglesias. Esto, más la asociación con emociones como alegría o ilusión, genera un efecto letal. Tras la conmoción de la pandemia, la presidenta madrileña encarna una esperanza. La izquierda, empezando por el PSOE, se ve desarbolada. El otro gurú electoral del momento, Iván Redondo, abandona los consejos en el ecuador de campaña. Ayuso arrasa el 4 de mayo.

Foto: El ex director del Gabinete del Presidente del Gobierno, Iván Redondo. (EFE)

Pablo Casado intervino poco en los actos de campaña; García Egea nunca fue visto con la presidenta y candidata. Los barones, debido a las restricciones de movilidad, tampoco se dejaron ver. El protagonismo total de Ayuso, como era de esperar, motivó preguntas de más en Génova. Su equipo enumeró los porqués de su presencia abrumadora y lanzó el siguiente argumento: a diferencia de otras campañas en otros lugares, en los que desapareció la marca PP de los actos públicos, la candidata sí se deja ver con las dos "pés". De hecho, el tamaño del logotipo en los carteles es el mismo que en los de la campaña de 2019. Otro episodio que revela el nivel de susceptibilidad entre las partes lo produce la inclusión de Toni Cantó en la lista electoral.

La noche de la celebración, a pesar de la incontestable victoria, deja ver que algo no va bien. Testigos presenciales notan la hostilidad entre los equipos de Casado y Ayuso, en concreto entre García Egea y Rodríguez. La puesta en escena de la victoria causa una tensión enorme, que solo se diluye hasta unos minutos antes. La idea inicial es que la presidenta bajara directamente a la calle con los miles de personas congregadas a las puertas de la sede, pero eso no gusta nada a Génova. Las llamadas son constantes, el cruce de reproches no cesa. Camins tiene que mediar. Habla con Ayuso según entra por el parking de Génova. "Pablo tiene que estar contigo", le dice. La convence. Habrá foto conjunta. Por el balcón desfilan Casado, Ayuso, Almeida, Egea, Camins... Pero los vítores fueron a una persona. Al nuevo ídolo. A la ganadora.

La entrevista de Teo

¿Y qué pasa en el PP de Madrid? Pues una paradoja llamativa: la presidenta ha conseguido levantar la moral de una estructura que había caído en la inapetencia y en la apatía por un cúmulo de circunstancias. Para empezar, está dirigida por una gestora desde hace tres años. El diario 'ABC' publicó en enero una información que, si se lee ahora, permite entender muchas cosas. Basada en las declaraciones de militantes de base, la información recoge el enfado y el desánimo que se ha instalado con el paso del tiempo porque la gestora, a pesar de estar mandatada por estatutos para una coordinación interina, de seis meses como mínimo, se ha aposentado y adquirido un dominio considerable del partido en la Comunidad de Madrid. Se preguntaban algunos testimonios hasta cuándo.

La sensación de abandono no ha decaído a pesar de la victoria electoral de mayo. Son una excepción las reuniones con alcaldes, cargos locales o diputados autonómicos en las que no se trata la situación interna del partido. Los militantes y los cargos de escalones intermedios quieren saber cuándo será el congreso a pesar de que la Junta Directiva Nacional aprobó en marzo de este año un calendario. Calendario, por cierto, del que trascendió que los congresos de las comunidades autónomas uniprovinciales tendrían lugar durante el primer semestre de 2022.

placeholder Martínez-Almeida (i), Ayuso y Casado durante un acto del PP en Móstoles, Madrid. (Getty)
Martínez-Almeida (i), Ayuso y Casado durante un acto del PP en Móstoles, Madrid. (Getty)

En el entorno de Ayuso no pusieron objeción. Cuando algunos militantes de base o dirigentes municipales protestaban en cónclaves internos por la tardanza, la respuesta solía ser una apelación a la confianza en la dirección nacional y al aparente nuevo clima de sintonía que había creado el 4-M. El calendario depara, además, otras prioridades, la más importante la convención de Valencia. Y la gestora, por cierto, tampoco ha funcionado mal, en opinión de la inmensa mayoría.

Sin embargo, Génova filtró en julio que el congreso para la composición del liderazgo del PP de Madrid sería el último de ese semestre y la contrariedad en el entorno de Ayuso ya no se disimuló. Dónde estaba escrito ese orden. Quién lo había pactado. Por qué. Se comunicó a Génova la impaciencia de numerosas esferas del partido en la comunidad y se transmitió la conveniencia de celebrar el congreso durante esos seis meses de 2022, sí, pero no en junio o incluso en julio, sino en febrero o marzo.

Foto: Isabel Díaz Ayuso.(EFE)

Ayuso conoce la situación. Casado también. Egea también. Todo el mundo en Sol y en Génova son conscientes de que la gestora no puede durar mucho más. La demora hace previsible la disputa por el liderazgo y por el modelo con el que sujetar ese liderazgo. Hay dos. Uno es el que impuso Aznar: una dirección ajena a los cargos institucionales dirige el partido en Madrid. El otro es el que recuperó Esperanza Aguirre: la misma persona para la comunidad y para la formación. Ambos tienen sus defensores y sus detractores. El secretario general apuesta por la separación de poderes; Ayuso, por la unificación. Las dos visiones de partido señaladas antes.

La razón que esgrimen en Génova apela a la elusión de interferencias, injerencias y tentaciones: una cosa es la institución, otra el partido, no sea que el partido se convierta en el medio para un fin distinto. Escuece mucho en la dirección actual la sombra de corrupción de la etapa anterior, como el propio Egea dijo sin miramientos el lunes pasado al criticar a Aguirre por sus insultos a los vicesecretarios. La razón que esgrimen en el entorno de Ayuso mira a dos lados: al acoplamiento de los argumentarios del PP a la defensa de las políticas públicas de la comunidad y de los ayuntamientos, y al agravio que supondría que en Madrid no se usara el modelo que tienen Moreno y Feijóo en Andalucía y Galicia, respectivamente. Ambos presiden sus autonomías y las direcciones orgánicas territoriales.

La presidenta madrileña ha hablado sobre esto al menos tres veces con Casado desde que ganó las elecciones, la primera, de hecho, poco después del 4-M. En las tres le ha dicho que entre sus intenciones está dirigir el partido. El líder nacional, por tanto, conoce las aspiraciones de su amiga. Cuando García Egea, el 2 de junio, respalda a Ayuso en RTVE, muchos creen que el hacha de guerra ha quedado enterrada. "Si yo fuera afiliado, lógicamente mi total apoyo a la presidenta Isabel Díaz Ayuso, que ha demostrado que trabajar con firmeza y trabajar por las personas es su santo y seña", afirmó.

El desayuno que reactivó la hostilidad

A finales de agosto trascendió una frase de Ayuso en la que confirmaba lo que Casado sabía: que quería aspirar a ser la presidenta del PP de Madrid. No hablaba de plazos, simplemente expresaba su deseo. En un principio, nadie alteró el gesto al enterarse de la información. Pero en Génova sí.

El líder nacional, en un desayuno informativo, unos días más tarde, el pasado día 7, se vio obligado a pronunciarse sobre el asunto. En otra época no muy lejana, por ejemplo la de Mariano Rajoy, estos asuntos se dirimían con la intrascendencia. El expresidente sabía, sabe, que nada alimenta más el ruido interno que disputas entre compañeros/as de partido, algo que detestaba. Públicamente, el gallego se salía por la tangente cuando le preguntaban por duelos orgánicos o peleas fratricidas, o bien deslizaba una afirmación de apoyo inquebrantable y santas pascuas.

A finales de agosto trascendió una frase de Ayuso en la que confirmaba lo que Casado sabía: que quería aspirar a ser la líder del PP de Madrid

Pero Casado no hizo eso. Dijo que en la misma sala había "dos militantes cualificados" que tendrían mucho peso en la decisión sobre el futuro liderazgo del PP de Madrid. La frase es ambigua, sin duda, pero no cierra puertas, las deja abiertas todas. El alcalde madrileño, José Luis Martínez-Almeida, lleva días hablando sobre ello, ni siquiera esquiva la tensión con respuestas cortantes como "no toca".

La agresividad de Génova ha airado al entorno de la presidenta de la Comunidad de Madrid. Ha habido informaciones que han molestado en exceso, como la de El Mundo que indica que una serie de consejeros de su Gobierno se han alineado con Casado. Pero, por encima de todas, la que más ha enfadado es la del viaje a Estados Unidos en las mismas fechas de la convención, expuesta como una maniobra de Ayuso y Rodríguez para deslegitimar al líder nacional en su día grande y para contraprogramarle. En el equipo de Sol explican que Génova sabía las fechas del periplo estadounidense antes de que fueran informados de la fecha exacta del cónclave de Valencia, el primer fin de semana de octubre.

Tregua ahora; luego...

En la dirección nacional dicen que Isabel, con su viaje internacional, ha arruinado a Pablo los dos días más importantes desde que llegó a la presidencia. El conflicto desatado por el control del PP de Madrid no se entiende sin las referencias personales que rodean a los protagonistas del nuevo PP. Por eso, lo que ha pasado estas semanas trasciende las fronteras de una pugna interna. Se entremezclan el poder con la decepción, el malestar con la desconfianza y el liderazgo con las amistades del pasado.

Pablo Casado lidera desde hace varios meses las encuestas. Pero antes pasó por una travesía en el desierto que no tantos dirigentes conocen dentro del partido. La primera gran alegría electoral llegó de la mano de Isabel Díaz Ayuso y desde entonces la madrileña se ha convertido en el personaje político del momento. La dirección nacional lidia a diario con el segundo plano, asumiendo que competir con ese protagonismo es casi imposible. La verdadera puesta de largo de Casado como candidato a la presidencia del gobierno está prevista para ese primer fin de semana de octubre.

Foto: Pablo Casado y José Luis Martínez-Almeida. (EFE)

Todos en el PP saben que ha sido él quien más esfuerzo ha dedicado a la convención, ocupándose incluso de detalles que no le corresponden. El arranque del curso en septiembre debía mirar a la convención y la obsesión de la dirección es que nada opaque esa cita. Que estallara la bomba del PP de Madrid no ayuda. "Se ha cargado la convención”, dicen en Génova. La dureza de las palabras no son exclusivas del núcleo duro de Casado. También se extienden a dirigentes de otros puntos de España y a alcaldes de la propia Comunidad de Madrid. En fin, choque de trenes. Cruce de órdagos.

La petición generalizada ahora es la de una tregua, al menos hasta que pase la convención. Luego... Pues no hay optimismo. Ayuso irá “hasta el final”, como explican sus colaboradores; Génova, también.

El pulso durará lo que tenga que durar. La dirección nacional no adelantará el congreso regional (en este caso tienen la sartén por el mango porque la dirección es la competente para convocar y ya hay un calendario fijado) y no se celebrará antes de la primavera de 2022. En los próximos meses se producirá la verdadera negociación y está por ver si la relación entre Casado y Ayuso se reconduce o las costuras, que ya no pueden estar más tensas, terminan de romperse. Si eso fuera así, las cosas en el PP cambiarían por completo y dos amigos quizá dejen de serlo.

Apenas unas horas después de convocar el adelanto electoral, Isabel Díaz Ayuso es citada a una reunión con Pablo Casado en su despacho de la sede de la calle Génova, en la séptima planta. La presidenta acude con su jefe de gabinete. Mientras los líderes departen, Miguel Ángel Rodríguez y el secretario general, Teodoro García Egea, se ven en otro despacho contiguo. Una reunión termina bien. La otra, mal. La batalla por el poder en el Partido Popular de la Comunidad de Madrid ha comenzado.

Partido Popular (PP) PP de Madrid Pablo Casado Isabel Díaz Ayuso