Dos mentiras del récord de la luz: ni la eólica ha pinchado ni la demanda se ha disparado
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EL GAS Y EL CO2, CLAVES DE LA SUBIDA

Dos mentiras del récord de la luz: ni la eólica ha pinchado ni la demanda se ha disparado

Autoridades y empresas las señalan por los récords de la electricidad, pero los culpables son otros: la demanda eléctrica nacional solo aumentó en agosto un 0,9% y la energía eólica batió su récord de producción

Foto: Parque eólico. (EFE)
Parque eólico. (EFE)

El precio mayorista de la luz ha batido todos los récords este agosto, cuando España vivió una de las mayores olas de calor que se recuerdan. La gente se refugió en casas y comercios con los aires acondicionados a tope, mientras fuera no se movía ni una ligera brisa de aire para aliviar el bochorno. En boca de las autoridades, o de las eléctricas, seguro que ha escuchado unas cuantas veces esta explicación: la elevada demanda y el descenso en la producción de energía eólica —una de las más baratas— han sido los responsables de la subida de la luz. Todo parece cuadrar, menos los datos. Son las dos mentiras más repetidas sobre un mercado que nadie quiere entender.

Durante las últimas semanas, la escasez de datos definitivos y la polémica política, que lo enfanga todo, han dado pábulo a dos bulos que las cifras oficiales de Red Eléctrica Española (REE), conocidas este viernes, desmontan de principio a fin. Pese a la ola de calor, la demanda eléctrica nacional solo aumentó en agosto un 0,9% respecto al mismo mes del año anterior, hasta alcanzar los 22.250,4 gigavatios hora (GWh), mientras el precio de la luz en el mercado mayorista se multiplicaba por tres, con una media de 105,94 euros/GWh. Es decir: la posible incidencia del incremento de la demanda en la subida del precio no llega al 0,5%.

En el caso de la eólica, señalada como otra de las culpables, la mentira es, si cabe, más lacerante. Según REE, esta fuente de energía aumentó su producción un 1,2% en agosto con respecto al mismo mes de 2020, hasta alcanzar los 3.719 GWh. Se trata de un 17,1% de la producción total, lo que representa el tercer componente del 'mix', solo por detrás de la energía nuclear (23,7%) y las centrales de ciclo combinado (18,8%), que emplean gas natural.

Foto: La vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz (i), y la vicepresidenta tercera y ministra de Transición Ecológica, Teresa Ribera. (EFE)

La Asociación Empresarial Eólica (AEE) ha ofrecido este viernes sus propios datos, que no distan demasiado de los de Red Eléctrica. Según la patronal del sector, este tipo de energía batió el pasado mes su récord de producción en agosto, al generar 3.565 GWh, el 17,5% del total. Se trata de un 1,6% más que en el mismo periodo de 2020 y un 39% que en 2019, cuando la electricidad era mucho más barata.

Sin embargo, el peculiar modelo de fijación de los precios ha desatado todo tipo de especulaciones durante las últimas semanas. Vigente desde finales de los años noventa y en sintonía con las directivas europeas, el sistema marginalista garantiza que la última energía —y por tanto, la más cara— de las que van entrando en el 'mix' sea la que fije los precios, independientemente de los costes de producción de cada fuente. Es decir: las más baratas reciben los mismos ingresos que las más ineficientes, en lo que se conoce como 'beneficios caídos del cielo', que ahora el Gobierno quiere limitar a través de un proyecto de ley presentado el pasado 3 de agosto.

Este procedimiento se introdujo con la intención de favorecer la competencia entre las diferentes fuentes de energía, de manera que las más económicas fuesen desplazando progresivamente a las más caras, en un momento en el que las renovables no eran tan rentables como en la actualidad. Sin embargo, se ha acabado convirtiendo en una forma de especulación, según denuncia Jorge Morales de Labra, patrono de la Fundación Renovables y experto en el mercado eléctrico. Y son, precisamente, las renovables, las que están bajo sospecha.

La lógica del mercado marginalista indica que serían las renovables, más baratas, las que marcarían el precio. Este no se dispararía

El Grupo Ase, una compañía especializada en asesoramiento energético, denunció este viernes que el mercado tuvo un comportamiento "anómalo" en agosto, cuando se batieron ocho récords seguidos y la luz llegó a superar los 140 euros el megavatio hora. Para sus analistas, la eólica es la culpable, ya que redujo un 50% su aportación en las horas diurnas respecto a las nocturnas, algo que no tendría sentido desde un punto de vista meteorológico: cuando hay más viento es, precisamente, durante el día.

El 7 de agosto fue una excepción, ya que presentó un pico de producción eólica junto al de energía solar, que, lógicamente, se produce durante las horas diurnas. Como resultado, el precio en el mercado mayorista se desplomó durante ese tramo, a diferencia de lo ocurrido durante las demás jornadas del mes. ¿Qué hubiese acontecido si la producción no quedase menguada el resto de los días? La lógica del mercado marginalista indica que serían estas energías renovables, más baratas, las que marcarían el precio. Este no se dispararía, ya que colmarían la demanda por sí mismas y evitarían que otras más caras, como el gas, entrasen en el 'mix'.

El grupo ha pedido una investigación al respecto. "El hecho de que lo ocurrido el 7 de agosto sea una excepción, en lugar de la tónica habitual, resulta sorprendente", denuncian, según recoge el diario 'El Economista'. Morales de Labra considera que esto es solo una hipótesis, ya que "no hay pruebas" de un comportamiento anómalo.

Foto: Las ministras de Trabajo y Economía Social, Yolanda Díaz (c); Igualdad, Irene Montero (i); y de Derechos Sociales y Agenda 2030, Ione Belarra. (EFE) Opinión

En cambio, las irregularidades sí abundan en otra fuente de energía. Desde que estalló la polémica, a mediados de verano, las centrales hidroeléctricas han protagonizado las críticas por manipular la producción para su beneficio. El propio Gobierno ha comprado esta teoría, al abrir un expediente a Iberdrola por vaciar la presa zamorana de Ricobayo, una práctica de gran impacto ambiental para los pueblos de la zona. Y los datos la avalan: a diferencia de la eólica, que es incluso más barata y rara vez llega a colmar la demanda, la hidráulica ha fijado el precio en el 65% de las ocasiones durante junio, el 64% en julio y el 59% en agosto, según desveló el pasado lunes en el Congreso la ministra de Transición Ecológica, Teresa Ribera. Unidas Podemos ha pedido nacionalizar las centrales para acabar con estas prácticas.

¿Casualidad, efecto dominó de las actuaciones de la eólica o estrategia premeditada? Los hechos, que se han reportado en otras centrales del noroeste de España explotadas por diversas empresas, llevan a Labra a pensar que existe intencionalidad. El experto señala el almacenamiento como la clave del comportamiento de estas compañías: les permite jugar a su antojo con la escasez o la abundancia y, por tanto, con el precio, como ocurre con cualquier otro tipo de bien que existe en el mercado.

Esta ventaja de las hidroeléctricas respecto a otras renovables explicaría, según Labra, un comportamiento opuesto al que Ase atribuye a la eólica: han vaciado —y, por tanto, producido— todo lo que han podido —lo que explica que hayan colmado la demanda dos de cada tres veces— para generar energía barata cuando los precios estaban caros. La clave, sin embargo, tiene que ver con la política regulatoria, ya que lo han hecho antes de que entre en vigor la limitación de los 'beneficios caídos del cielo', que ahora les permiten ingresar más cuando no son ellas quienes marcan el precio. Todo ello no sería posible, señala Labra, sin un complejo sistema de negociación por tramos horarios que manejan con maestría.

Los motivos principales de la subida

Pese al ruido político, las especulaciones, por muy argumentadas que parezcan, no sirven para explicar el motivo central de la subida de los precios de la energía. La lógica dice que con una demanda estable y un mayor peso de las energías más baratas, como ocurre en la actualidad, los precios bajan. Pero existen otros factores que los han hecho subir. La explicación está muy relacionada con las externalidades negativas de la transición energética. Sin ir más lejos, un informe de Bank of America conocido este viernes apunta a las renovables y el gas como culpables del encarecimiento y lamenta que otras fuentes, como los combustibles fósiles, hayan sido desechados.

La espectacular revalorización de los derechos de carbono, pensados para desincentivar las emisiones de CO₂ —pero que han acabado generando un mercado secundario altamente especulativo—, explicó el 20% del encarecimiento de la electricidad entre diciembre de 2020 y junio de 2021. Así se desprende de un estudio de Matías Pacce, Isabel Sánchez y Marta Suárez-Varela que ha publicado recientemente el Banco de España. Durante ese período, la tonelada de CO₂ pasó de los 30 a los 52 euros. Actualmente, supera los 60, y el Banco de Inglaterra prevé que para 2030 rebase los 250.

La principal causa de la situación actual es el encarecimiento del gas, en un contexto de carestía de las materias primas

Sin embargo, la principal causa de la situación actual, destaca el estudio, es el encarecimiento del gas, en un contexto de carestía de las materias primas derivado de la crisis del coronavirus. Esta 'commodity' se usa en las centrales de ciclo combinado, que habitualmente marcan los precios, al tratarse de la energía más cara. En solo tres meses, el gas ha duplicado su valor, hasta rozar los 50 euros/MWh. Es casi cinco veces más que hace un año.

Según el estudio del Banco de España, la mitad del encarecimiento de la luz en el primer semestre se explicó por este factor. En agosto, la demanda incidió 100 veces menos en la fijación del precio. En la política y en la economía, como en la vida, cada uno se queda con la explicación que más satisface sus intereses.

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