Del yonqui al paramilitar del este: "Cada día hay una agresión grave en las prisiones"
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FALTAN MÁS DE 3.000 PROFESIONALES

Del yonqui al paramilitar del este: "Cada día hay una agresión grave en las prisiones"

Funcionarios de 50 años, solos y desmotivados, contra reclusos con formación militar. El cuerpo de prisiones exige recursos y personal para hacer frente al polvorín en las cárceles

Foto: Vista general del Centro Penitenciario de Picassent (Comunidad Valenciana). (EFE)
Vista general del Centro Penitenciario de Picassent (Comunidad Valenciana). (EFE)

Cada día se produce al menos una agresión contra un funcionario en las 84 prisiones españolas. No todas las agresiones quedan registradas por Instituciones Penitenciarias, ya que para ello deben ser directas y evidentes, como un puñetazo en la nariz o un corte con un objeto punzante. Si solo contamos las agresiones oficiales, el dato sigue siendo serio: una cada tres días en lo que llevamos de siglo, según datos publicados por la Asociación Profesional de Funcionarios de Prisiones (APFP).

"Un preso da una brutal paliza y rompe la nariz a un funcionario en la cárcel de Sangonera", "Un preso peligroso agrede y envía al hospital a tres funcionarios de la cárcel de Villena", "Nueva y brutal agresión de un preso a una funcionaria en la prisión de Sevilla II en Morón de la Frontera", "Dos graves incidentes en la prisión de Albocasser". Son solo cuatro titulares de incidentes ocurridos este año. La lista podría continuar hasta completar por sí sola este artículo.

Los funcionarios ya no saben cómo llamar la atención del Ministerio del Interior para que rebaje el clima de alta tensión que se vive en las prisiones. El 29 de julio, funcionarios extremeños se concentraron en Cáceres para protestar por los episodios de violencia debidos a la falta de personal. Según los sindicatos mayoritarios, "el 90% de las agresiones que se registran en la Administración General del Estado es de prisiones". De los 24.346 puestos de trabajo oficiales (RPT) en toda España, hay 3.287 vacantes, un 13,5% de la plantilla.

Foto: Centro penitenciario de Quatre Camins. (Google Maps)

"En las prisiones españolas hay una agresión grave al día, al menos. No se denuncia, no salen fuera del entorno de la cárcel por el oscurantismo propio de la institución y eso hace que la opinión pública no se entere de la realidad que vivimos en las cárceles", explica José Manuel Rey, funcionario de Zuera (Zaragoza) y responsable de USO-Prisiones en Aragón. "Tenemos que tratar con personas que padecen enfermedades mentales y no están en instituciones especializadas, tratamos con bandas del crimen organizado, con yihadistas y terroristas, con criminales muy peligrosos de Europa del este que tienen formación militar. Y eso lo hacemos funcionarios con una edad media de 50 años, sin protección ni medios para defendernos y sin formación específica. Entrar a una celda a reducir a ciertos reclusos es ir a exponer tu vida".

"Entrar a una celda a reducir a ciertos reclusos es ir a exponer tu vida"

El panorama en las distintas cárceles españolas es parecido. Cada módulo se compone de 100 a 140 reclusos con dos funcionarios vigilando. Es normal que al menos una vez al día haya algún jaleo, generalmente algo de fácil solución, pero no siempre hay esa suerte. Los funcionarios supervisan el módulo sin ningún tipo de protección, su única arma es un 'walkie' con el que pedirán refuerzos si la cosa se desmadra. Y si se desmadra, es probable que el funcionario que da el aviso haya sufrido algún trompazo.

"Un ejemplo típico", expone Rey: "Un interno se amotina en su celda, dice que no quiere salir. Cuando el funcionario llega a la celda, el recluso le trata de agredir con un punzón, o ha echado jabón en el suelo para que resbale y caiga para luego poder agredirlo. Otro caso: el recluso quema el colchón y se refugia junto a la ventana. Cuando el funcionario llega para sacarlo de allí, le agrede. Lo suelen hacer para llamar la atención, para protestar contra su encierro, y lo hacen cuando más desprotegidos estamos". En el 90% de los casos, aseguran, no hay capacidad de reacción.

Foto: Centro penitenciario de Picassent. (EFE)
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Olaya Argüeso – Correctiv Timo Stukenberg (Correctiv)

Máquinas de matar

La falta de recursos en los centros penitenciarios se agrava con el nuevo perfil de los internos. Lo cuenta Manuel Galisteo, presidente de la asociación Tu Abandono me puede Matar: "En los años ochenta y noventa, predominaba el perfil del yonqui que revolucionaba el patio, daba muchos chillidos porque había mucha droga en las cárceles y armaba jaleo. Pero ahora nos exponemos a bandas del este, un ucraniano con experiencia de combate al que le da igual enfrentarse a ti solo o a más, es una máquina de matar. Antes tenían que soliviantar un poco más a la galería a ver si alguien más se unía, ahora ya da igual. Y encima contra funcionarios con una edad media de 51 años. A ver cómo le dices tú a alguien que se revuelque por el patio con chavales de 25".

El penúltimo incidente grave se produjo este lunes y es un caso clásico: una pelea entre bandas en la prisión de Villena que termina salpicando a los funcionarios. Así lo narró la asociación Tu Abandono en redes sociales: "Un interno de origen magrebí se abalanzó por sorpresa contra un interno de etnia gitana, golpeándole en la cabeza y provocándole una brecha que motivó su posterior salida del hospital. Dicha actuación desencadenó una pelea tumultuaria entre gitanos y magrebíes en la que ambos bandos se armaron con patas de mesa, palos de escoba, muletas, etc., para golpearse con la mayor violencia posible. Los funcionarios de servicio en el módulo que se personaron para intentar atajar la situación fueron acorralados por un grupo de internos que les insultaron y amenazaron para que no interviniesen en la misma, indicándoles que allí mandaban ellos. Solo la posterior llegada del jefe de Servicios con refuerzos consiguió, no sin esfuerzo, apaciguar la tensión existente".

Horas más tarde, se produjo un intento de homicidio contra un funcionario en el Puerto de Santa María (Cádiz), según la asociación Tu Abandono:

"El problema es que vamos a cualquier altercado sin defensa ni grilletes, que están guardados en jefatura. Solo cuando damos aviso por el 'walkie' para que vengan refuerzos podemos hacer uso de ellos, pero para eso antes un funcionario tiene que haberse comido el marrón, con amenazas e insultos, escupitajos y a veces agresiones", cuenta Galisteo.

Las prisiones con más violencia son las de Córdoba, Valencia y Soto del Real, según datos recabados por APFP. Los datos de incidentes y agresiones en las cárceles españolas no son públicos y los sindicatos aseguran que están muy cocinados.

placeholder Protesta de funcionarios de prisiones. (EFE)
Protesta de funcionarios de prisiones. (EFE)

No parece pues que un cuerpo de funcionarios envejecido y desmotivado esté en condiciones de mantener bajo control módulos de 100 reclusos que tienen la mitad de su edad y se pasan el día en el gimnasio de la prisión. Los profesionales llevan años reclamando al Ministerio del Interior la creación de un cuerpo especial de intervención para altercados, como tienen Policía Nacional y Guardia Civil. Equipos formados y pertrechados con chalecos, defensas y grilletes. También exigen el acceso a pistolas eléctricas 'taser'.

"Llevamos muchos años con tres reclamaciones básicas", indica Rey. "La primera, que se nos considere agentes de la autoridad. Por tres razones: tener presunción de veracidad en un parte de hechos, igual que la policía; que nuestros datos personales estén protegidos en un juicio, para que las bandas organizadas no sepan dónde vivimos, y también para que las agresiones sean directamente atentados a la autoridad, en lugar de delito administrativo, como ocurre ahora".

La impunidad con que se agrede hoy a un profesional penitenciario explica en parte el problema. La mayoría de puñetazos y pinchazos se sancionan con 14 días de encierro en la celda o aislamiento. Pese a que las tasas de reposición de funcionarios funcionan (en 2020, entraron cerca de 1.000 y hay una oferta similar para 2021), hay un número importante de jubilaciones, 700 solo en el último año, lo que complica mucho cubrir en los próximos años las 3.500 plazas que faltan para completar las plantillas en los 84 centros penitenciarios.

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