¿Bodegas o competencia desleal? La desescalada desata en Galicia otra guerra de 'furanchos'
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casas que sirven excedentes de vino

¿Bodegas o competencia desleal? La desescalada desata en Galicia otra guerra de 'furanchos'

Protestas de los hosteleros ante la reapertura de los denominados 'loureiros', establecimientos tradicionales de vino y tapas

placeholder Foto: El interior de un bar en Ourense. (EFE)
El interior de un bar en Ourense. (EFE)

La tensión entre bares tradicionales y 'furanchos' es tan antigua como este mismo tipo de establecimientos, tan característicos de Galicia. En teoría son casas rurales particulares en las que se sirve el excedente de la cosecha de vino, pero en ocasiones se convierten en auténticos restaurantes con todo tipo de comidas y bebidas. Con la desescalada, las diferencias entre unos y otros se han multiplicado, ante lo que se considera una modalidad de competencia desleal. Un centenar de hosteleros de la comarca de Vigo se manifestaron la semana pasada en Vigo para reclamar mayor control, una protesta que se ha extendido por el resto de Galicia. Los 'furanchos' se defienden con el argumento de que los que incumplen las normas son minoría.

Algunos estudios sitúan los orígenes de los también denominados 'loureiros' (laureles) —así conocidos porque se identifican al público con una hoja de laurel— hace en torno a 300 años. Fueron semiclandestinos hasta 2008, cuando la Xunta los consideró como un nuevo tipo de establecimiento de restauración con características especiales. Un decreto aprobado cuatro años más tarde reguló su funcionamiento, para alejarlos de la restauración tradicional. Se consideran una fórmula para poner en circulación los excedentes de la cosecha de vino elaborado para consumo propio, respondiendo así a una tradición del rural gallego, especialmente en la provincia de Pontevedra, y se les reconoce su "carácter y esencia como parte de la cultura de Galicia".

Los 'furanchos' pueden ofrecer un máximo de cinco tapas escogidas de un listado de once aprobado por la Xunta


Muchas de las obligaciones relacionadas con los casi 400 'furanchos' que existen en Galicia quedaron en manos de los ayuntamientos, y es a ellos y a la Xunta a quienes reclaman los hosteleros que extremen el control. En la protesta de la semana pasada, que se celebró en Redondela (Pontevedra), los responsables de bares y restaurantes expresaron su "hartazgo" con la permisividad con los 'loureiros' ilegales, cuya actividad aseguran que causa un grave perjuicio económico a sus negocios en un momento de especial dificultad. Aunque su temporada va del 1 de diciembre al 30 de junio, las limitaciones impuestas por el covid​ en Galicia retrasaron la apertura de la mayoría hasta el último fin de semana de mayo, para convertirse ahora en plena recuperación en una seria competencia para la hostelería, uno de los sectores más afectados por la pandemia.

"En muchos 'loureiros' se sirven cenas sin control de aforos ni de higiene", acusó el secretario de la Asociación de Hosteleros Rías Baixas, Armando Nieto, durante la protesta del 6 de junio, en la que muchos de los asistentes portaban pancartas reivindicativas. El presidente de la misma entidad, José Antonio Barbosa, dio por iniciada "una guerra contra los 'furanchos' ilegales". "Nos han causado un daño irrecuperable y no pararemos hasta conseguir que se regulen todos estos establecimientos". Los hosteleros anunciaron que abrirán una batalla judicial para perseguir a los clandestinos.

En realidad, estas bodegas caseras están reguladas, pero los hosteleros creen que la permisividad es mayor con ellas que con sus establecimientos. De acuerdo con el decreto de la Xunta de 2012, están obligados a observar los requisitos sanitarios, renunciar a publicitarse y terminar la temporada cuando se agota el excedente de la cosecha. Como es lógico, deben tener viñas propias registradas y una declaración de uva y mosto que se recogen en cada cosecha. También han de mostrar el número de identificación fiscal, los horarios, fecha de apertura y declaración de la cantidad de vino, que únicamente podrá ser de cosecha propia y no embotellado. Pueden ofrecer un máximo de cinco tapas escogidas de un listado de once aprobado por la Xunta, pero en ningún caso servir otra clase de productos alimenticios. La práctica demuestra, según sus rivales hosteleros, que muchas de estas exigencias no se cumplen, muy especialmente en lo que hace referencia a las bebidas y comidas que se ofrecen.

Foto: El arquitecto británico Norman Foster. (EFE)

"No podemos permitir que hagan cenas como si fuesen restaurantes y compren vino si agotan el suyo para continuar abiertos durante meses, mientras los hosteleros tenemos que cerrar nuestros negocios o mantener a nuestros camareros en ERTE con una situación insostenible para el sector", alerta Armando Nieto.

"Si los ayuntamientos ejercieran el control que tienen que ejercer, este problema se solucionaba", zanja el responsable de un 'furancho'. El presidente de la federación que los representa en la provincia de Pontevedra, Guillermo Martínez, apela a la regulación del decreto de la Xunta y a la necesidad de inscripción y exigencia de una licencia que hay que renovar cada año para demostrar que la competencia desleal no es cosa de 'loureiros', sino de establecimientos clandestinos que se hacen llamar de esa manera. Este año tan especial, además, los 'furanchos' han solicitado que la temporada se prolongue hasta final de julio, ya que su inicio también se ha retrasado y el excedente de vino es mayor que otros años a estas alturas de la primavera.

"Hay gente que coloca laureles en las puertas para disimular, pero no son ni 'furanchos' ni taperías y dan las comidas que quieren"


El covid-19 también ha causado estragos entre los 'loureiros', que en su mayoría han abierto en las últimas dos semanas por la dificultad de cumplir las mismas restricciones de horarios, aforos y distancias de seguridad que bares y restaurantes. Muchos no han podido iniciar su actividad porque, ante la incertidumbre actual, optaron por retrasar la solicitud de licencia.

"La prioridad es que se fiscalice cualquier negocio que no cumpla la ley, somos los más interesados en que se denuncie a quien incumpla", subraya Guillermo Martínez, que resta importancia al furtivismo. "Hay infiltrados en todos los sectores, tanto en la restauración como en los 'furanchos'. Hay gente que coloca laureles en las puertas para disimular, pero no son ni 'furanchos' ni taperías y dan las comidas que quieren", advierten los que tienen su actividad regulada, que reclaman a los ayuntamientos y a la Xunta que cumpla con su obligación de inspeccionar a los que se encuentre en situación irregular.

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