Los barones críticos del PSOE redoblan la presión para dejar viva la vía Cs frente a UP
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EN FUTUROS GOBIERNOS DE COALICIÓN

Los barones críticos del PSOE redoblan la presión para dejar viva la vía Cs frente a UP

El debate de fondo entre los barones y Ferraz recuerda al de las primarias con las que Pedro Sánchez recuperó la secretaría general, enarbolando un mensaje netamente de izquierdas

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Los barones críticos del PSOE redoblan la presión para dejar viva la vía Cs frente a UP

Los Presupuestos de 2021 tienen vocación de legislatura, principalmente por los fondos provenientes de Bruselas. La gobernabilidad de casi todo el mandato que tiene por delante el Gobierno de coalición descansaría, por tanto, sobre los grupos que apoyen las cuentas. La geometría variable se antoja una quimera por los vetos cruzados, más allá de cuestiones puntuales, por lo que los dos bloques a favor y en contra de los presupuestos definirán a corto y medio plazo los dos polos del tablero político. De ahí que más allá del "qué", el contenido de los presupuestos, el debate se está centrando sobre todo en el "quién". También entre los barones del PSOE que han alzado la voz en contra del apoyo del Bildu a las Cuentas, que junto a ERC mantiene un veto cruzado con Ciudadanos. La exclusión ahora de estos últimos dificultaría la posibilidad de intercambiar a morados por naranjas en futuros gobiernos de coalición, ya sea a nivel estatal o autonómico.

El debate de fondo entre los barones y Ferraz recuerda al de las primarias con las que Pedro Sánchez recuperó la secretaría general, enarbolando un mensaje netamente de izquierdas en el que defendía acuerdos con Unidas Podemos, en lugar de mirar a la derecha. "Veo con preocupación que Podemos nos marque la agenda y nos esté arrastrando a una esquina del tablero político que está muy fuera del sitio habitual de las grandes mayorías del PSOE", señalaba este viernes el presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page, en una entrevista en la Cadena SER. Paradójicamente, García-Page presidió el primer gobierno de coalición con Podemos, aunque en las últimas elecciones logró absorber sus votos, quedando los morados fuera del parlamento y pudiendo gobernar con mayoría absoluta.

El presidente manchego se sumaba así al fuego abierto días antes por el extremeño Guillermo Fernández Vara contra el acuerdo de Bildu, al presidente de Aragón, Javier Lambán, quien mostró su preferencia por pactar los presupuestos con Ciudadanos, y la secretaria general andaluza, Susana Díaz. Todos ellos reprocharon el apoyo de los abertzales. En el lado contrario, la líder socialista en Euskadi, Idoia Mendia, y el de Cataluña, Miquel Iceta. Este último defendió que "el hecho de que haya partidos que se sitúan al extremo del arco parlamentario que puedan decidir apoyar los presupuestos tiene mi bienvenida", mientras que Mendia recordó que tanto su formación como el propio PP vasco han pactado "con absoluta normalidad" con Bildu en las instituciones vascas.

Moncloa siempre defendió la búsqueda de una geometría variable y en el Gobierno incluso se intentó profundizar la mayoría iniciada en las prórrogas del estado de alarma intercambiado a Cs por ERC, pero la ansiada transversalidad parece una quimera por los vetos cruzados. La aritmética parlamentaria y el bloqueo de Unidas Podemos a esta opción hizo el resto. Desde el grupo parlamentario socialista defendieron casi desde el primer momento de este debate interno que el programa de gobierno no podría salir adelante de la mano de Cs.

A las divergencias ideológicas con la formación naranja, que se opondría a los proyectos marcados en la hoja de ruta del Ejecutivo, se sumó como razón de peso la fuerza del grupo de Inés Arrimadas. Sus 10 escaños seguirían dejando al Gobierno lejos de la mayoría necesaria para sacar adelante votaciones en el Congreso, incluso sumando al PNV a esta suerte de geometría variable.

Muro defensivo de Unidas Podemos

El afán de Unidas Podemos por sacar a Ciudadanos de la ecuación tiene que ver con lo programático, pero también con levantar un muro para protegerse ante un hipotético intercambio de cromos tras futuras citas electorales. Una de los temores de Pablo Iglesias durante la pasada campaña electoral, sobre todo tras la repetición por el infructuoso acuerdo después de las elecciones fallidas de abril, ya fue que Sánchez sumase con Ciudadanos o incluso que sin llegar a la mayoría con los naranjas buscase incorporar al PP a una gran coalición blanda, gobernando con la abstención de los populares.

No en vano, el líder de Unidas Podemos maniobró dentro y fuera del Ejecutivo para evitar un intercambio del bloque de investidura por el bloque de la alarma, con Cs y el concurso de los nacionalistas vascos. Primero, echando un pulso al ala del Ejecutivo más favorable a Ciudadanos, hasta lograr pactar con Sánchez que los morados estarían en la mesa de negociaciones de los presupuestos con otros grupos y que los apoyos comenzarían a buscarse entre aquellos que facilitaron la investidura con su voto a favor o con su abstención. Segundo, tomando la iniciativa a través de encuentros públicos con ERC y Bildu para darles carta de naturaleza como socios preferentes frente a Cs y escenificar su hoja de ruta. Además de fijar interlocutores para ir aterrizando números sobre los presupuestos.

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