"Es un cierre encubierto"

"No entiendo que nos cierren a la 1:30. ¿Es que el virus solo ataca a partir de esa hora?"

Esta semana ha entrado en vigor la orden de la Comunidad de Madrid de cerrar el ocio nocturno a la 1:30. Para las discotecas ha sido el golpe de gracia. Apenas un 4% han abierto este finde

Foto: Un puñado de clientes apuran los últimos minutos de la noche madrileña en un local nocturno. (Carmen Castellón)
Un puñado de clientes apuran los últimos minutos de la noche madrileña en un local nocturno. (Carmen Castellón)

Este fin de semana, la fiesta nocturna en Madrid tenía hora límite, la 1:30 de la madrugada. A partir del jueves, entró en vigor el último paquete de medidas ordenado por la Comunidad de Madrid para hacer frente a los crecientes rebrotes de coronavirus. Entre ellas, estaba el límite horario para los locales de ocio nocturno. Y si la fiesta ya estaba tocada, para las discotecas la decisión de la Comunidad de Madrid ha sido ya el golpe de gracia. Este fin de semana, una tras otra, las más populares discotecas y salas nocturnas que habían reabierto con el desconfinamiento son una puerta cerrada. La noche de Madrid ha quedado huérfana.

"La mayoría de las discotecas han decidido cerrar. Las grandes todas han cerrado este fin de semana o directamente no abrieron estas últimas semanas", afirma David Rodríguez Leonardo, director de operaciones del Grupo Lalala, que cuenta con varias discotecas, una de ellas en la popular calle Ponzano. "Nuestra facturación fuerte era de 3 a 5 de la mañana, por lo que no tiene sentido abrir si tenemos que dejar de aceptar clientes a la 1 de la madrugada", añade. Según datos de la asociación del ocio nocturno de la Comunidad de Madrid, este fin de semana apenas han abierto un 4% de todas las discotecas y salas de fiesta madrileñas. La semana pasada la cifra era del 25%. El cerrojazo a la 1:30 ha sido una hecatombe para la ya muy tocada noche madrileña, el foco mediático y sanitario por los crecientes rebrotes asociados al ocio nocturno.

Una calle del barrio de Malasaña con poca afluencia de gente este viernes por la noche. (Fotografía: Carmen Castellón)
Una calle del barrio de Malasaña con poca afluencia de gente este viernes por la noche. (Fotografía: Carmen Castellón)

Algunas, especialmente discotecas más pequeñas en el centro o bares de copas, han decidido utilizar este fin de semana como una prueba inicial, un tanteo de supervivencia. "Estamos haciendo una prueba; hemos abierto antes, pero es que nuestra clientela está acostumbrada a empezar a las 12, 12:30. No sé si van a querer venir antes. De momento [el viernes], nada", comentan desde la puerta de la discoteca Delirio, en Chueca. "A los españoles nos gusta la noche, no va a cambiar el horario de salir", apunta por su parte Rodríguez. Incluso entrado ya el verano, para las 11 todavía no hay ambiente en las callejuelas madrileñas, e incluso el popular barrio de Malasaña está semivacío.

"A ver, no somos guiris", dice Raquel, una joven madrileña de 28 años. "Yo mamada a tope ya desde las 10 no me veo". Otro joven, nicaragüense de origen, se ríe ante la posibilidad y lo celebra: "Los horarios de salir en Madrid eran una locura, yo preferiría salir más temprano".

Dos personas son los únicos clientes de este local del centro de Madrid. (Fotografía: Carmen Castellón)
Dos personas son los únicos clientes de este local del centro de Madrid. (Fotografía: Carmen Castellón)

"Yo no lo entiendo. ¿Qué diferencia hay en cerrar antes, es que el virus solo ataca a partir de la 1:30?", se pregunta con sorna el dueño de un bar de copas nocturno en Alonso Martínez. No es el único. Aunque la mayoría de los gerentes de discotecas y bares de copas consultados admiten con resignación que las medidas "hay que entenderlas para evitar una segunda ola", un poco más avanzada la conversación presentan sus dudas sobre su eficacia. "¿Por qué hasta la 1:30 y después no, si es lo mismo, el mismo aforo, las mismas mesas...?".

"Es un cierre encubierto"

"Los clientes que ayer acudieron a las salas de fiestas y discotecas fueron ninguno o casi ninguno. Nosotros abrimos a las 12 de la noche, tenemos que cerrar a la 1:30 de la mañana con media hora de desalojo, o sea a la 1:00. Pudiendo abrir escasamente una hora, nuestro sector es inviable. Y la semana que viene ya no va a abrir ninguno", sostiene Pajares.

"Esto es un cierre encubierto", concluyen desde la discoteca Delirio. Y como tal, defienden desde el sector, la Comunidad de Madrid debería decretar oficialmente el cierre de la actividad, para que los empresarios pudieran acogerse a los ERTE y otras ayudas.

Pero hay algunos que sí entienden la medida de cierre del ocio a la una de la madrugada. "A las cuatro de la mañana, con ya bastantes copas encima, a la gente se le olvidan las medidas de seguridad y pues se acercan unos a otros, se quitan la mascarilla... En cambio, pues si estás de discoteca a la una, te ha dado tiempo a beber menos copas y todavía eres más consciente", razona Damián, un bonaerense de mediana edad afincado en Madrid y "amante de la noche madrileña y de salir hasta las tantas", quien admite que "muchas veces" también se le olvidan a él mismo esas precauciones al calor de la fiesta.

Un grupo de jóvenes baila 'break dance' frente a una terraza en Malasaña. (Fotografía: Carmen Castellón)
Un grupo de jóvenes baila 'break dance' frente a una terraza en Malasaña. (Fotografía: Carmen Castellón)

Con el inicio de la noche, las terrazas sí que mantienen el tirón, prácticamente llenas y recogiendo afluencia hasta el último minuto que en otro contexto a lo mejor se la hubieran llevado los bares de copas. Muchos clientes aguantan hasta que les echan. "Nosotros hemos empezado a beber a las 8, en una terraza, y ahora [las 1:45] ya no encontramos nada abierto...", explica un grupo de jóvenes de entre 18 y 24 años de la Comunidad de Madrid. Pero aun así, quizá porque es el centro, quizá por el creciente miedo al virus, quizá por la llegada de las vacaciones o la ausencia de becarios en cientos de empresas este verano, quizá por la escasez de británicos y otros turistas, el Centro y sus calles se ven mucho más vacías que nunca, exceptuando los meses de confinamiento.

Y las pocas discotecas que han abierto ya no son lo mismo, aunque las medidas específicas difieren entre local y local. Tras varios intentos para que funcione el termómetro de mano, salen los resultados: "36,8, tu amiga 36,7. Podéis pasar". Algunas piden las cuentas de Instagram o algún correo, en principio para ponerse en contacto si se detecta algún brote. Dentro, el baile está prohibido, y los grupos han de estar separados. Donde antes era un espacio diáfano para bailar, algunas discotecas y salas de fiesta han actualizado su mobiliario para colocar más mesitas y sillas altas, para que la gente pueda estar sentada. "A mí me gusta salir a bailar. Estas discotecas [de la nueva normalidad] es como si vas al cine y te ponen otra cosa que no sea una película", afirma una joven madrileña.

Aquí es distinto a Holanda. En Madrid todos llevan mascarillas, pero a la gente le da igual el distanciamiento social. ¡Se pegan mucho!

Un puñado de brotes de la Comunidad de Madrid se han asociado con los lugares de ocio nocturno, pese a la batería de medidas, desde aforo reducido a separación de grupos y termómetros o mascarillas. El último, apenas el pasado 29 de julio, un cumpleaños en un bar de copas de Madrid. Mientras a algunas discotecas se las acusa de haber hecho la vista gorda ante las violaciones del protocolo —hace apenas cinco días la Policía clausuró un 'after' donde bailaban 95 personas sin mascarillas—, otras tantas han tenido que reubicar personal para, casi en exclusiva, estar controlando a los clientes.

"La gente se está comportando más ahora... Pero porque están obligados. Tenemos ahora una persona en exclusiva para controlar que la gente se queda en sus zonas y no se cambian de mesa", explican desde un garito en Malasaña. "Es imposible ligar. ¡Mal momento para estar soltera!", lamenta entre risas una joven.

Sentada con unos amigos en una mesita de un bar de copas de Malasaña, Anya ha llegado este fin de semana a un Madrid como nunca lo había visto, desde Países Bajos, "antes de que se impusieran restricciones". El pasado martes, el Ministerio de Exteriores neerlandés recomendó no viajar a Barcelona y alrededores, que pasaban a ser consideradas zonas "naranja", y urgió a sus ciudadanos a regresar de inmediato a Países Bajos y hacer una cuarentena domiciliara de 14 días ante el "aumento" del número de contagios de coronavirus en la ciudad condal. Madrid, que informa de una media de 240 casos diarios, algo más del doble de los que se detectaban la semana pasada, ha quedado de momento exenta, aunque fuentes sanitarias temen que se esté a punto de perder el control de los brotes y que el contagio sea ya comunitario. "Aquí es distinto a Países Bajos. En Madrid todos llevan mascarillas, pero a la gente le da igual el distanciamiento social. ¡Se pegan mucho!".

Anya (derecha) decidió venir a pasar el fin de semana a Madrid procedente de Países Bajos a pesar de las restricciones. (Fotografía: Carmen Castellón)
Anya (derecha) decidió venir a pasar el fin de semana a Madrid procedente de Países Bajos a pesar de las restricciones. (Fotografía: Carmen Castellón)

Con las discotecas fuera de circulación, todo un ecosistema de la noche se desmorona. Hasta los buhoneros de latas de cervezas, parte de esa simbiosis nocturna. "Nada, no vendo nada", lamenta un vendedor callejero de cerveza, de origen bangladesí y que lleva trabajando acercándose a los jóvenes al susurro de "¿cerveza?, ¿cerveza?" desde hace tres años. "Antes todo lleno, ahora todo vacío". En Alonso Martínez, el camarero de un bar de copas apunta a que su clientela venía generalmente de lo que dejaban las discotecas de la zona, ya fuera en el 'pre-party' o para los que no aguantaban hasta las 6 de la madrugada. "El problema ahora es que tenemos casi el mismo horario que las terrazas de los restaurantes con terraza, que también pueden abrir hasta la 1:00, y ellos empiezan a trabajar muchísimo antes, así que sí que les renta".

La gente salió más justo después de que se levantara el confinamiento, pero de nuevo cada vez menos gente

Incluso los taxistas han notado el cambio de patrones desde la pasada noche del miércoles al jueves, cuando a partir de las 12 de la noche entró en vigor la medida. "De 1:45 a 2:00 ahora es el momento de recoger a más gente, después ya casi nadie, aunque algunos Bingos y Casinos deben tener otro tipo de licencia, porque están abriendo hasta más tarde", relata un taxista madrileño: "Se ha notado la diferencia, pero tampoco mucho, porque veníamos de una situación de desastre. La gente salió más justo después de que se levantara el confinamiento, pero [ahora] de nuevo cada vez menos gente".

¿En brazos del botellón?

La Comunidad de Madrid teme que el cierre de las discotecas a la 1:30 de la madrugada empuje a los jóvenes al botellón. En el último mes, según estadísticas hechas públicas antes de que entrara en vigor la nueva limitación, se han interpuesto más de 4.800 denuncias por consumo de alcohol en la vía pública. La zona donde se han concentrado más denuncias es, precisamente, el Centro, seguidos por los barrios de Usera, Carabanchel, Villaverde y La Latina. "Según los datos, es uno de los puntos donde se pueden estar produciendo contagios", ha afirmado esta semana la delegada de Seguridad y Emergencias del consistorio, Inmaculada Sanz.

"El ocio nocturno profesional no es el culpable de los rebrotes, el culpable será el ocio nocturno no profesional. Lo que va a terminar sucediendo es una cantidad ingente de microbotellones por toda la ciudad de Madrid y la Comunidad. Hemos cerrado un sector y vamos a encontrarnos que los rebrotes se van a reproducir en parques, jardines, calles, plazas mientras le bien tiempo nos acompañe, y luego se llevará a fiestas privadas en casas, en chalets, fincas...", acusa Pajares, en línea con los temores del Ayuntamiento de Madrid.

Un grupo de jóvenes se reúne en la plaza del Dos de Mayo este viernes. (Fotografía: Carmen Castellón)
Un grupo de jóvenes se reúne en la plaza del Dos de Mayo este viernes. (Fotografía: Carmen Castellón)

"El botellón, o simplemente estar tomando cervezas en un parque, es mejor que estar en una discoteca, un lugar cerrado con aire acondicionado", afirma Walter, un joven gallego que junto a un pequeño grupo de amigos se ha apostado en una plaza, cada uno pertrechado de una lata. No tiene especial miedo a los contagios, mientras —afirma— solo se quede en grupos reducidos y no se mezclen.

Pese a todo, lo cierto es que tanto la preocupación por el virus como el inicio de las vacaciones y el éxodo de madrileños fuera de la ciudad han hecho también mella en el botellón. Apenas un puñado de gente se concentra en pequeños grupúsculos en la plaza del 2 de Mayo en torno a sus latas y litronas de cerveza, y en la plaza Pedro Zerolo, ya después de la 1:30, hay algo más de ambientillo, pero nada como otros veranos previos en la villa de Madrid. Un par de agentes de la Policía Municipal ignoran a los pequeños grupos con humildes cervezas semiocultas entre las piernas mientras atienden a la segunda pelea en apenas media hora. Aun así, la noche es calmada y a las calles se las nota drenadas de su vida habitual prepandemia. Al menos en el centro de Madrid, no se ha producido el "Armagedón de botellones" que parecían temer tanto el Ayuntamiento y la Comunidad como los empresarios del sector nocturno.

El problema de estas fiestas en casa es que molestas a los vecinos. ¡Pero qué vamos a hacer si no podemos ir a una discoteca!

Sin embargo, lo que parece que sí que han florecido son las fiestas en casa y los 'chills'. "[Nosotros] hemos hecho mazo de fiestas en casa, algunas con más de 30 personas incluso", comentan unos jóvenes en busca de alguna discoteca antes de cerrar la noche. Desconocían que el reloj de cenicienta había dado las campanadas y todos los garitos, al menos oficialmente, ya no podían dejarles entrar. "Pero el problema de estas fiestas en casa es que molestas a los vecinos. ¡Pero qué vamos a hacer si no podemos ir a una discoteca!", apostilla José, de 24 años y natural de Madrid. "No se nos puede pedir estar todo el verano en casa encerrados sin poder disfrutar", añade un amigo suyo.

"Al final es cuestión de ir preguntando. En Madrid se mueve mucha fiesta, de algo te enteras", afirma esperanzado Raúl, de 27 años, que pasa la noche de fiesta en Chueca, pero que al acercarse al local 'LL', uno de los míticos del barrio y de los únicos de todo el centro que tiene cola en la puerta, a las 12:45 prefiere no entrar. Esa es la dinámica que temen las pocas discotecas que se han animado a abrir y cobran entrada: "A muchos no les renta venir para solo unos minutos".

En la media hora desde que dan la 1:30 a las 2:00, en las esquinas del centro de Madrid y otros barrios de fiesta empiezan a aparecer grupos de gente confusa, pertrechados con sus mascarillas, que miran de un lado a otro y se encogen de hombros. Por esta vez, parece que la noche ha acabado. Madrid se ha quedado huérfana de sus discotecas y 'afters'.

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