UNA GRANJA EN LA PUEBLA DE VALVERDE

Los 'Excalibur' del Covid: Aragón sacrificará con CO2 a los 92.700 visones infectados

El Gobierno de Lambán ejecutará a todos los animales de una explotación de Puebla de Valverde, con un 87% de infecciones. Granjas de visones de Holanda o Dinamarca también están afectadas

Foto: La granja de visones de Secapiel, en la Puebla de Valverde. (V. R.)
La granja de visones de Secapiel, en la Puebla de Valverde. (V. R.)

Un timbre que simula el de una alarma de bomberos rompe el silencio de la España vaciada en plena canícula turolense. Tras la rejilla de la puerta de metal pintada de color verde, apenas se intuye la figura de un viejo Opel Astra con matrícula de Valencia y dos letras consonantes. No hay ningún vehículo más en el entorno. Nadie entra ni sale de la granja de Secapiel. La explotación de naves techadas está rodeada de solitarias coscojas y encinas, al borde de una carretera secundaria, a poco más de un kilómetro del casco urbano de la Puebla de Valverde. Allí habitan menos de 500 vecinos.

“No sé nada. De momento, no está cerrada. Si quiere puede venir mañana, que estarán los responsables”, responde una voz tras el telefonillo sin querer atender más preguntas.

La granja, situada a los pies de las estribaciones de la Sierra de Gúdar, parece inerte. Solo un fuerte olor a estabulación delata su animal actividad en el interior. Dentro todavía viven alrededor de 92.700 ejemplares de visones americanos. La empresa se dedica a su cría y engorde para comercializar la piel en bruto y los subproductos de la explotación (piensos para otros animales, principalmente).

El pasado 22 de mayo, siete de los menos de 30 empleados de la explotación, casi todos inmigrantes de nacionalidad rumana, dieron positivo por coronavirus. Desde entonces, la instalación tiene congelada, por orden del Gobierno de Aragón, toda actividad comercial. La empresa está inmovilizada. Ningún animal puede traspasar los accesos. Tampoco ninguno de los subproductos.

Este jueves, el consejero aragonés de Agricultura, Joaquín Olona, anunció el sacrificio de todos los ejemplares de visón. Tras tres muestreos de PCR no concluyentes, los técnicos de Sanidad Animal realizaron el pasado 3 de julio un cuarto análisis a 90 ejemplares de visón que arrojó como resultado un contagio comunitario masivo por SARS-CoV-2 del 87% de la muestra, 78 positivos. Los animales morirán aplicándoles fuertes dosis de dioxido de carbono (CO2) y después serán trasladados a una planta de tratamiento de residuos. El sistema es distinto al empleado con 'Excalibur', el perro de la enfermera infectada de ébola Teresa Romero, que también fue sacrificado por orden administrativa. El can fue primero sedado hasta su muerte en interior de la vivienda y posteriormente incinerado.

El resultado de los análisis y dos nuevos positivos en humanos han conducido de forma irremediable a la decisión de ejecutar como “medida preventiva” todo rastro de visón por considerar que el pequeño mamífero está ejerciendo un rol de reservorio del coronavirus, como los murciélagos o el pangolín que, se sospecha, pudieron estar en el origen del mortífero brote vírico en la ciudad china de Wuhan.

No es un caso aislado, la organización ecologista WWF, que reclama el cierre de este tipo de explotaciones por considerar que son “una bomba para la salud y para la biodiversidad”, tiene registrados hasta 27 contagios por coronavirus en granjas de visones en Europa, la mayoría en Holanda y Dinamarca.

El Departamento de Agricultura de Aragón se ha amparado en la ley estatal de sanidad animal de 2003 para ejecutar el sacrificio. La empresa cumplía con todos los requerimientos en materia de sanidad y en medidas de biodiversidad. Desde que fue inmovilizada en mayo, ha ejecutado todas las condiciones que le ha marcado el Ejecutivo aragonés. Aun así, el contagio ha sido imparable y el sacrificio masivo se producirá en los próximos días de mano de técnicos y veterinarios de la empresa autonómica Sarga (Sociedad Aragonesa de Gestión Ambiental), encargada de la recogida de cadáveres de animales en montes y explotaciones ganaderas. “No hay comportamiento anómalo en los animales, ni incremento en la mortalidad natural ni signos aparentes de ninguna patología. Pero tenemos la absoluta certeza de que el virus está presente en los animales y se está produciendo esa transmisión comunitaria”, explicó Olona.

El Gobierno de Aragón admite que no tiene pruebas de un salto del virus entre visones y humanos o viceversa. Pero trabaja con la “hipótesis” de que haberlo, lo hubo. Seguramente, primero de una persona huésped a un visón y luego al revés. El contagio detectado entre los animales es lo suficientemente evidente como para no arriesgarse. Y más en una autonomía que está sufriendo sucesivos brotes de la enfermedad, desde Huesca hasta el sur. Zaragoza tampoco se libra y ya son casi medio centenar los ingresados en los hospitales. La mayor parte de los empleados de Secapiel, además, no reside en la Puebla, sino en Teruel, la capital provincial, mucho más poblada.

Uno de los accesos a la granja de visones de Secapiel en la Puebla de Valverde.
Uno de los accesos a la granja de visones de Secapiel en la Puebla de Valverde.

En la Puebla de Valverde, se siguen con aparente indiferencia las noticias de la granja de Secapiel. La distancia de la explotación y el hecho de que casi toda su plantilla resida en la capital turolense aleja la preocupación de los vecinos, si bien admiten el palo que supone para el negocio, uno de cuyos dueños tiene el domicilio en el pueblo. También preocupa el futuro de la explotación, fuente de ingresos para el municipio, porque, como dice la regenta de uno de los restaurantes de la localidad, “del IBI no se libra nadie”. Secapiel aporta unos 10.000 euros anuales a las arcas locales en tributos y su presencia en el término facilita el acceso a ayudas y subvenciones para la repoblación de la zona.

En una de las casas del pueblo, ubicada entre las callejuelas del casco urbano, la de Avelino, copropietario de la explotación, una voz femenina reclama discreción tras la puerta con cierto hartazgo por una situación que ya dura casi dos meses. “Pedimos que nos dejen tranquilos”. Ella no lo dice, pero su pareja ha dado positivo por covid y debe estar aislado.

Pintan bastos para Joaquín y Avelino, administradores de la granja, dos pequeños empresarios de la zona. Su negocio tiene un valor considerable en libros, algo más de cuatro millones de euros. Hace unos ocho años, realizaron importantes inversiones. Pero la explotación, basada en la exportación de pieles, con el mercado ruso como principal cliente, es modesta en ingresos, 1,5 millones anuales. Los beneficios, justos: poco más de 20.000 euros el año pasado.

El covid se cruzó en su negocio y ahora tocará empezar de cero, negociar hasta el último euro de las indemnizaciones por cada uno de los 92.700 visones americanos muertos por orden administrativa. En eso, la ley sí que está de su parte.

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