Pioneros salmantinos con éxito global

La empresa de la España vacía que va a fabricar los test del coronavirus más fiables

La empresa biotecnológica Immunostep, en Salamanca, sigue siendo pequeña 20 años después de su fundación, pero una colaboración con el CSIC la catapulta al éxito debido a la pandemia

Foto: De izquierda a derecha, Alfredo Conde, Ricardo Jara y José Claros, fundadores de Inmunostep. (Imagen cedida)
De izquierda a derecha, Alfredo Conde, Ricardo Jara y José Claros, fundadores de Inmunostep. (Imagen cedida)
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A comienzos de este siglo todavía no se hablaba de emprendedores tanto como ahora. Por eso, cuando en el año 2000 tres compañeros de facultad decidieron montar una empresa de biotecnología nada más acabar la carrera se convirtieron en auténticos 'bichos raros' en Salamanca. Nada hacía presagiar que aquello podía salir bien, ni que casi 20 años después la compañía seguiría adelante con las mismas tres personas al frente, y mucho menos que una pandemia les iba a catapultar al éxito.

Sin embargo, el pasado martes se estaban codeando con la presidenta del CSIC, Rosa Menéndez, en la rueda de prensa de presentación de un test de anticuerpos que ha demostrado poder detectar la inmunidad frente al covid con más de un 98% de fiabilidad. Su desarrollo ha sido posible gracias al trabajo del Centro Nacional de Biotecnología (CNB-CSIC) y las pruebas se han llevado a cabo en los Servicios de Inmunología del Hospital Universitario de La Princesa y del Hospital Universitario de La Paz, pero quien va a poner en el mercado este nuevo producto en España y en el mundo es Immunostep, una modesta pyme que surgió como 'spin-off' de la Universidad de Salamanca y que hasta ahora no ha pasado de 18 empleados.

“El éxito mediático nos ha superado un poco, ha tenido una repercusión internacional y ahora estamos trabajando para transformarlo de verdad en un éxito comercial”, reconoce en declaraciones a Teknautas el CEO, Ricardo Jara. Lo hace tras dar la cara ante los fotógrafos y las cámaras, y sufrir una avalancha de llamadas y correos electrónicos en estos últimos días.

La prueba de diagnóstico de coronavirus más conocida es la PCR, que indica si una persona está contagiada en el momento en el que se realiza; pero los test serológicos también son muy importantes, porque detectan si un individuo tiene anticuerpos y, por lo tanto, si ha sido infectado y su sistema inmunitario ha reaccionado ante el SARS-CoV-2. Aunque existen algunas dudas sobre la inmunidad que puede dejar el covid y no solo depende de los anticuerpos (también influyen las células de memoria), por el momento son la mejor herramienta que tenemos para saber quién ha tenido la enfermedad y la única pista para esperar que tenga cierta protección.

Uno de los trabajadores de Inmunostep. (Imagen cedida)
Uno de los trabajadores de Inmunostep. (Imagen cedida)

El problema es que la fiabilidad de estos test es más baja de lo deseable por problemas de sensibilidad (capacidad para dar como positivo un caso que lo es) o de especificidad (capacidad para acertar los negativos), tal y como denunciaban hace pocos días diversos científicos en la revista ‘British Medical Journal’. “Casi todos los test que hay en el mercado están hechos frente al mismo tipo de antígeno, pero no todos los pacientes desarrollan anticuerpos frente a esa proteína. Por eso te puedes encontrar con pacientes que tienen anticuerpos pero que no los tienen en una gran cantidad y, por lo tanto, salen negativos incluso si el paciente ha tenido síntomas o una PCR positiva”, explica Jara.

Por qué son los más fiables

La novedad es que los investigadores del CSIC consiguieron identificar una nueva proteína del virus que funciona como antígeno, es decir, que produce anticuerpos. Lo curioso es que esta proteína no se sintetiza hasta que el virus infecta a las células humanas, así que nadie se había fijado en ella para este fin, según explicó la investigadora Mar Valés. Combinarla con otros antígenos virales es lo que eleva la fiabilidad del nuevo test hasta un 98%.

“Nuestro antígeno proporciona una sensibilidad y una especificidad muy altas”, señala el CEO de Immunostep. Aunque hay casas comerciales que declaran en sus especificaciones técnicas cualidades muy parecidas, en la práctica clínica los médicos se encuentran con que no es así. “Hay estudios del Instituto de Salud Carlos III que indican que la fiabilidad real estaría entre un 70 y un 80%, así que, si nos centramos en los ensayos clínicos de los dos hospitales madrileños, ya con datos reales, es el test más sensible”, añade.

Dos trabajadoras de Inmunostep. (Imagen cedida)
Dos trabajadoras de Inmunostep. (Imagen cedida)

Ahora toca fabricarlos en el formato conocido como kit Elisa, una técnica habitual en los hospitales para la que se necesita extraer un tubito de sangre del paciente. Una placa contiene los antígenos del virus y, al ponerlos en contacto con la muestra, se comprueba si hay anticuerpos que reaccionen. Si es así, la placa cambia de color y un lector permite calibrar cómo es de intenso. En función de este dato, se sabe si una persona está más o menos inmunizada frente al virus y con respecto a qué proteínas en concreto.

La producción correrá a cargo de Immunostep, que calcula que puede producir suficientes kits como para que se realicen 14.000 test diarios. La pequeña empresa salmantina tendrá que adaptarse rápidamente para cubrir el mercado nacional y afrontar exportaciones. “Necesitamos más espacio, más equipamiento y más personal, pero todos los trabajadores han entendido la situación y se han volcado para modificar horarios y aumentar la capacidad productiva”, explica Alfredo Conde, otro de los socios fundadores.

Ubicada en los sótanos del Centro de Investigación del Cáncer (centro mixto de la Universidad de Salamanca y el CSIC) y en el Parque Científico de la institución académica, la historia de la empresa en realidad está vinculada a otra técnica diagnóstica: la citometría de flujo, que utiliza luz láser para clasificar células, sobre todo en el ámbito de la hematología y otras ramas de la medicina. “Salamanca es una referencia internacional en el campo de la citometría de flujo, muchos estudiantes venían a formarse en esta especialidad aquí y luego se iban con los protocolos y los productos de Immunostep con los que habían aprendido a sus países”, indica Jara.

“El terremoto covid” que lo cambió todo

Sin embargo, el crecimiento de la compañía ha sido lento, muy ligado “a nuestra capacidad de riesgo, porque hemos priorizado que un desarrollo natural del negocio frente a las grandes rondas de inversión, con mayor riesgo”, aseguran. Para los tres emprendedores que llevan dos décadas en el mismo barco “es un proyecto de vida más que un proyecto empresarial”.

No obstante, “el terremoto covid” lo cambió todo, asegura José Claros, el tercer socio fundador. La empresa ya colaboraba con el CNB-CSIC en otros proyectos de investigación y cuando estalló la pandemia “todo el mundo nos preguntamos en qué podíamos ayudar”. Científicos y empresarios vieron claro que el campo de los test era tan prometedor como necesario. Lo bueno es que “técnicas que se utilizan en el laboratorio suelen ser bastante transversales y, aunque trabajes en un campo o en otro, se utilizan las mismas para casi todo, así que solo tuvimos que pasar de humano a virus”.

Imagen cedida.
Imagen cedida.

Al fin y al cabo, no deja de ser el campo del diagnóstico y, tras el hallazgo de la proteína y las pruebas clínicas, la empresa que podía encargarse de fabricar el producto era Immunostep, aunque la licencia no es exclusiva. “Es una oportunidad para nosotros y nuestro plan A es invertir aquí para abastecer, al menos, al mercado nacional, pero ya se han puesto en contacto con nosotros distribuidores extranjeros, sobre todo de América Latina y tenemos planes específicos para varios países”, explican. “Pinta bien y hemos puesto toda la carne en el asador”, destaca Conde. El reto es hacerlo sin perder de vista que su enfoque original era la citometría de flujo. Si nunca se han vuelto locos por pegar un pelotazo, ahora tampoco va a ser el caso.

Claros recuerda que lo único que tenían en la cabeza hace 20 años era la idea de trabajar para sí mismos, aunque no sabían dónde se metían. “El mundo de la investigación siempre tiene unas connotaciones muy idealistas, de intentar salvar a la humanidad. Nosotros también pensábamos en eso, pero de una manera más práctica”, afirma. “Cuando te pones a pensar en tu carrera, lo que quieres es que tu trabajo sirva para algo y al final lo hemos conseguido dentro de la empresa”, asegura.

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