NUEVAS MAYORÍAS O BLOQUE DE INVESTIDURA

La carta de Cs para negociar los PGE divide al sector de Unidas Podemos en el Gobierno

Están en disputa las máximas de "programa, programa, programa", por un lado, y las de "acuerdo, acuerdo, acuerdo", por otro

Foto: Los diputados de Ciudadanos Edmundo Bal y ERC Gabriel Rufián, conversan tras una sesión de control al Gobierno. (EFE)
Los diputados de Ciudadanos Edmundo Bal y ERC Gabriel Rufián, conversan tras una sesión de control al Gobierno. (EFE)

El recurso de las negociaciones con Ciudadanos para sacar adelante los Presupuestos Generales del Estado (PGE), en el marco de la reconstrucción, está generando posiciones encontradas dentro del sector de Unidas Podemos en el Gobierno. Se trata de un comodín ante la eventualidad de que ERC vuelva a desmarcarse del bloque de la investidura y, por tanto, del Ejecutivo. Máxime si las negociaciones, previstas para otoño, coinciden con la campaña de las catalanas. Un contexto que añade todavía más incerteza a la ya de por sí volatilidad de los republicanos, con un alma más procesista que suele imponerse a la hora de batallar electoralmente con los neoconvergentes. Sin embargo, lo que podría parecer solo táctica parlamentaria moldearía la estrategia política de la coalición, porque la flexibilidad para acordar los PGE con Cs y PNV, como la última prórroga del estado de alarma, supondría que fuesen menos expansionistas y los acompañase una reforma fiscal menos ambiciosa de lo prevista.

La cacofonía en Unidas Podemos se ponía de relieve este miércoles con el ministro de Consumo, Alberto Garzón, abriéndose a pactar los Presupuestos con Ciudadanos y se intensificaba solo 24 horas después con el presidente del grupo parlamentario, Jaume Asens, cerrando la puerta a esta posibilidad. Tajante, el también líder de los 'comuns' en el Congreso subrayaba en declaraciones a TV3 que “es bastante incompatible unos Presupuestos con Cs” y limitaba las palabras de Garzón a la simple cortesía parlamentaria. El titular de Consumo, en cambio, había sido claro en declaraciones a la Cadena SER al asegurar que se sentiría "cómodo" pactando las cuentas con los naranjas y sacándolos fuera de la foto de Colón. Sin negar las diferencias, defendió que con Cs habría “más margen de entendimiento de lo que da a entender la situación actual”. Las posiciones manifestadas en los debates dentro del sector morado del Ejecutivo así lo atestiguan también.

La carta de Cs para negociar los PGE divide al sector de Unidas Podemos en el Gobierno

Pero Garzón no ha sido el único ministro de Unidas Podemos que ha reconocido públicamente su posición, discordante con la de los líderes de Podemos. La ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, ya se manifestó favorable a llegar a un acuerdo con el grupo que lidera Inés Arrimadas para sacar adelante unos Presupuestos que denominó de "emergencia". Lo hizo en una entrevista en Onda Cero el pasado 11 de mayo, subrayando que "más allá de las diferencias políticas, sí es posible ponerse de acuerdo en un programa presupuestario de emergencia". A lo que añadió: "Lo digo de verdad, y desde luego trabajaremos para que sea así".

Fuentes moradas en el Ejecutivo reconocen que hay debate interno y quienes animan a explorar esta vía alternativa lo hacen insistiendo en la necesidad de un programa presupuestario que justifican con la coletilla de "emergencia". Por la excepcionalidad de la situación sobrevenida. Están en disputa las máximas de "programa, programa, programa", por un lado, y las de "acuerdo, acuerdo, acuerdo", por otro.

El sector ortodoxo del Gobierno, que representa la vicepresidenta económica, Nadia Calviño, y a la que acompaña en primera línea la titular de Hacienda, María Jesús Montero, es el más convencido en cambiar de socios para pasar de apoyarse en el bloque de investidura a hacerlo en una nueva mayoría de nacionalistas vascos y naranjas. Pablo Iglesias, por su parte, prefiere seguir apoyándose en el bloque de la investidura. Que el apoyo de Ciudadanos sea meramente coyuntural y que, sobre todo, los naranjas no influyan en las decisiones económicas del Gobierno. El acuerdo con Bildu iba en esta línea, de ahí las reacciones contrapuestas de Calviño y de Iglesias.

Para cortar la vía alternativa al bloque de la investidura, Iglesias se resguarda en el pacto programático que firmó con el presidente del Gobierno para alumbrar la coalición. Un programa netamente socialdemócrata que se hace incompatible con Ciudadanos y cuyo cumplimiento ata a Sánchez al bloque de la investidura. "Programa, programa, programa". Tras el primer acuerdo con Ciudadanos para salvar el estado de alarma, fuentes de Unidas Podemos cercanas al Ejecutivo remarcaban para minimizar su alcance que "todo el mundo en el Gobierno tiene claro con quién se pueden hacer las mayorías que cumplen los acuerdos programáticos y dan un sentido de izquierdas al Gobierno". Asimismo, Iglesias busca atraerse aliados, como el ministro de Seguridad Social, José Luis Escrivá, con quien mantuvo una comida el pasado jueves en la que se reafirmaron sobre la necesidad de promover un programa neokeynesiano para combatir la crisis.

El vicepresidente segundo no ha perdido la ocasión, tanto en las sesiones de control como en sus últimas intervenciones en las comisiones de Reconstrucción y de Derechos Sociales, de subrayar sus preferencias. Una cosa son las prórrogas del estado de alarma y otra el proyecto de más largo alcance que se materializaría en los Presupuestos. Para esto último, de cara a imprimir un sello social y de izquierdas en las cuentas, solo contempla reforzar el bloque de la investidura. Sin dejar de agradecer a Cs que realice una oposición responsable, insiste en que no serán los socios del Gobierno por incompatibilidad programática. La interferencia de Cs supondría además que Iglesias redujese su margen de maniobra, que en las últimas semanas se ha demostrado amplio, condicionando el debate en el Consejo de Ministros para ampliar el denominado 'escudo social' y acelerar la aprobación de medidas como el ingreso mínimo vital.

Para los republicanos, el camino con Cs es incompatible con el suyo, echando mano del eje derecha e izquierda. La entrada en la ecuación de Ciudadanos también asfixiaría la campaña de los 'comuns' para las catalanas, y de ahí tanto la rotundidad de Jaume Asens como el recurso constante de los republicanos a agitar el fantasma de Manuel Valls, quien dio sus votos para que Ada Colau mantuviese la alcaldía en alianza con el PSC y dejando fuera a ERC, la primera fuerza en votos. Sánchez tendrá que elegir socios y cada sector toma posiciones. Calviño se amarra a los grandes pactos con protagonismo de la patronal e Iglesias a la letra pequeña del contrato de coalición para legitimar una posición en un debate interno que comienza a disputarse cada vez más en la arena pública.

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