PATOLOGÍAS AGRAVADAS, LISTAS DE ESPERA...

La crisis sanitaria tras el Covid: "Tendremos tantos infartos como hace 20 años"

Cuando el pico del coronavirus pase llegará una segunda oleada de pacientes muy dura. Los que esperan una operación, un diagnóstico o un tratamiento... que podría llegar tarde

Foto: Una sanitaria observa un panel de datos en el Hospital Puerta de Hierro. (EFE)
Una sanitaria observa un panel de datos en el Hospital Puerta de Hierro. (EFE)
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Aunque los contagios diarios por coronavirus en España se mantienen en torno al 3% —lejos del ritmo vertiginoso de finales de marzo— los hospitales insisten en pedir prudencia. No solo porque las UCI siguen atendiendo por encima de sus capacidades a pesar de haber superado el colapso que en algunos casos sufrieron, sino porque los sanitarios empiezan a alertar ya del impacto indirecto que tendrá el Covid-19 en otras patologías y enfermedades, cuyos diagnósticos y tratamientos se han visto desplazados por la pandemia.

Muchos hospitales se convirtieron en centros de atención casi al 100% de coronavirus. Desde hace un mes no hay consultas, apenas ha habido cirugía programada ni otros tratamientos en marcha. Por ejemplo, el seguimiento de pacientes oncológicos o con patologías neurológicas casi siempre se hace por teléfono para evitar que acudan a un foco de contagio. Las operaciones consideradas no urgentes se han ido postergando y los propios pacientes tienen miedo de ir a los hospitales cuando sufren dolores.

Todavía está por ver cómo se afrontarán los "planes de repliegue" anunciados, ahora que la situación en los hospitales ha mejorado manifiestamente, pero la "vuelta a la normalidad" con un tapón de intervenciones pendientes, listas de espera acumuladas y patologías agravadas por culpa del virus preocupan mucho en todos los servicios.

"Es indudable que el tsunami del Covid ha provocado que los hospitales redireccionaran la mayor parte de su actividad asistencial al virus. Las actividades programadas, desde intervenciones quirúrgicas hasta diagnósticos pendientes se han visto reducidos en torno al 70% u 80% dependiendo del hospital", explica el presidente de la Sociedad Española de Cardiología (SEC), Ángel Cequier. Una especialidad que se ha visto muy afectada por el coronavirus.

"El exponente clave son los pacientes con infarto de miocardio. Estamos seguros de que muchas personas aguantan y pasan infartos en sus domicilios. Esperan 10 o 12 horas hasta que el dolor desaparece. También ocurre que personas con infartos importantes acuden muy tarde al hospital, cuando ya el infarto ha impactado fuertemente". En muchas ocasiones ocurre por el miedo que los pacientes tienen de ir al médico en estas circunstancias. Prefieren aguantar síntomas agudos y dolores en casa antes que poner un pie en un hospital.

"Aparecerán signos de insuficiencia cardiaca en un mayor número de pacientes. Seguramente, el doble o el triple en los próximos meses y años"

La SEC maneja una encuesta de 71 servicios de cardiología de las 17 comunidades autónomas y la conclusión parece clara: la epidemia y la declaración del estado de alarma han provocado una reducción enorme de la actividad en la cardiología intervencionista. El estudio compara dos semanas (la primera de marzo, antes del inicio de la pandemia) y la del 16 al 22 de ese mes (cuando ya había estallado). Las pruebas diagnósticas en el segundo periodo cayeron un 57% y se hicieron un 40% menos de angioplastias en casos de infarto agudo de miocardio. "Es imposible que se hayan producido un 40% de infartos menos. La gente no va a los hospitales", zanja el presidente de los cardiólogos españoles.

"Una cosa es que el confinamiento evite esfuerzos físicos o que el estrés profesional desaparezca. Son factores a tener en cuenta. Pero en ningún caso determinan una bajada de este tipo". Lo peor, advierte, son las consecuencias.

"Vamos a ver pacientes que cuando vayan a una visita rutinaria se enterarán de que han pasado un infarto en casa. También veremos a otros con sintomatología aguda. La extensión de un infarto en ocasiones causa la muerte y, en otras, produce una herida que va cicatrizando. Pero si esa cicatriz acaba extendiéndose mucho, el corazón ya trabaja en condiciones muy forzadas". Y a partir de ahí todo empeora: "Aparecerán signos de insuficiencia cardiaca en un mayor número de pacientes en los próximos meses y años de los que venían apareciendo. Probablemente en el doble o en el triple de pacientes. No tengo dudas. Vamos a ver complicaciones del infarto que no habíamos visto o que habíamos olvidado en los años recientes gracias a las redes de atención que hemos desarrollado. Es decir, veremos infartos y secuelas parecidas a los de hace 20 años".

Fotografía de la primera intervención quirúrgica en el Hospital temporal instalado en Ifema. (EFE)
Fotografía de la primera intervención quirúrgica en el Hospital temporal instalado en Ifema. (EFE)

Un 30% menos de ingresos por ictus

En los servicios de neurología también han tenido que adaptarse a un cambio radical. Las consultas externas prácticamente han echado el cierre y los pacientes con enfermedades serias se atienden por teléfono y a través de otros sistemas de telemedicina. La atención es individualizada dependiendo de la enfermedad: desde migrañas a epilepsias o párkinson. Como en el caso de los infartos de miocardio, los neurólogos también han notado un descenso difícil de explicar en los ingresos por ictus.

La Sociedad Española de Neurología ha hecho en las últimas semanas una prospección rápida tras advertencias de distintas comunidades. El estudio abarca a 18 hospitales de 11 regiones y arroja una reducción del 30% de ingresos por infartos cerebrales. "Todavía es una incógnita saber por qué no han sido atendidos. Seguramente porque no han ido al hospital y no han avisado"; explica el doctor David Ezpeleta, neurólogo y miembro de la junta directiva de la SEN.

El temor pasa por atender a una segunda oleada de pacientes: los que están pendientes de revisión, de operarse o no acudieron por miedo... y es tarde

Los neurólogos cuentan también con que muchas personas han pasado ictus leves en casa. "Los casos graves sí que acuden a los hospitales. Pero en otros, como cuando a alguien se le tuerce la boca o deja de hablar de forma transitoria durante 30 minutos, probablemente no han avisado", explica.

Segunda gran oleada de pacientes

Los servicios de neurología también dan por hecho que la vuelta de los pacientes a las consultas desvelará una realidad complicada. "Veremos la cantidad de gente que ha podido fallecer en estas circunstancias, las personas que por miedo al hospital han sufrido ictus en sus domicilios y el desenlace con el que nos encontraremos", afirma el neurólogo.

El temor ahora también pasa por atender a una segunda oleada de pacientes cuando el pico del coronavirus lo permita —los que están pendientes de revisión, los que no acudieron por miedo de ir al hospital y pueden estar graves o las consultas acumuladas—. Ezpeleta insiste en que las consultas deberán abrirse de forma progresiva para poder hacer frente al tapón generado y seguir protegiendo a la población del contagio. "No se puede citar a todo el mundo de golpe. Tendremos que contar con suficiente espacio temporal y físico para que no haya acumulación".

Una situación parecida están pasando los pacientes con diabetes. "Está muy bien seguir las recomendaciones de las autoridades y permanecer en casa el mayor tiempo posible. Pero si tienen problemas o están descompensados tienen que ir al hospital", explica Alfonso López Alba, endocrinólogo y miembro de la junta directiva de la Sociedad Española de Diabetes. "Tengo ingresado a un paciente con 68 años que debutó en esta enfermedad apareciendo en el hospital con 700 de glucosa. Venía muy mal, aguantando. Ahora evoluciona bien. Pero se quedó ingresado".

El doctor López Alba insiste en que la diabetes es "la otra epidemia del siglo XXI" y recuerda que los pacientes diabéticos no tienen más probabilidades de infectarse de Covid si están controlados. Pero si no lo están, las cosas pueden complicarse mucho. "Ante la duda tienen que ir al hospital o llamar para consultar. Muchos pacientes llegan sobrepasados. Aguantan en casa cardiopatías, ictus, dolores. No puede ser".

Retraso en las pruebas oncológicas

El caso de los pacientes oncológicos es diferente al de los que sufren enfermedades cardiológicas o neurológicas, que requieren una intervención urgente y para los que quedarse en casa puede ser más arriesgado que ir a un hospital. El presidente de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM), Álvaro Rodríguez-Lescure así lo explica: "Los pacientes oncológicos que se encuentran en seguimiento son conscientes de la importancia de no perder el contacto con el hospital para el control de su enfermedad y están pendientes de cualquier aviso acerca de sus consultas. Se ha restringido la atención presencial, pero el seguimiento continúa".

Personal sanitario en una UCI de un hospital de Madrid. (EFE)
Personal sanitario en una UCI de un hospital de Madrid. (EFE)

Ahora bien, el presidente de SEOM reconoce que la alteración del normal funcionamiento de los hospitales también ha afectado a pruebas y procedimientos programados para estos pacientes. "Por un lado, se han suspendido programas de cribado poblacional contemplados para el cáncer de colon, mama y cérvix; aunque en este caso se espera que el impacto sea menor, ya que un retraso de unos meses no debería afectar a la supervivencia de los tumores diagnosticados". Por el otro están las cirugías oncológicas suspendidas. "Esto podría suponer un problema si el retraso se vuelve significativo. Esperamos que esta situación sea temporal y no definitiva".

De ahí, la importancia de que los hospitales estén centrados en organizar nuevos circuitos —para el escenario que viene— separando los pacientes con Covid-19 de los que no lo tienen e ir recuperando los procedimientos diagnósticos y terapéuticos retrasados durante el periodo más crudo de la pandemia. En línea con otras sociedades científicas, el doctor Rodríguez-Lescure insiste en la necesidad de establecer escalas de prioridad sobre los pacientes que han sufrido retrasos en su atención y evitar así el colapso de los servicios médicos.

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