ENTREVISTA A EUDALD CARBONELL

"Los neandertales vivieron una secuencia de colapsos como esta y desaparecieron"

Uno de los referentes en evolución humana considera que el coronavirus es el último aviso antes de una catástrofe. "Esto rompe o acelera el camino hacia una guerra mundial", avisa

Foto: Eudald Carbonell, codirector del yacimiento de Atapuerca. (Susana Santaría/Fundación Atapuerca)
Eudald Carbonell, codirector del yacimiento de Atapuerca. (Susana Santaría/Fundación Atapuerca)

Eudald Carbonell (Ribes de Freser, 1953) lanzó un mensaje inquietante a finales de marzo. Y como todos los mensajes inquietantes, lo hizo en forma de comunicado: “El coronavirus Covid-19 es el último aviso y, si no toman decisiones, tendremos el colapso de especie”, afirmó.

Codirector de los yacimientos de la sierra de Atapuerca, Carbonell es uno de los mayores expertos españoles en la evolución del ser humano, desde la prehistoria hasta el momento actual. Su labor como prehistoriador y paleontólogo le valió el Premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técnica en 1997, es miembro de Museo del Hombre de París y ha sido durante años una de las firmas de referencia en su ámbito en revistas de prestigio. Ha publicado además multitud de libros de divulgación, el más reciente “Hazte humano (tengas la edad que tengas)”, un repaso a la historia de la vida.

“Llevo 45 años sin parar pensando en el pasado y ahora me interesa el futuro”, reconoce. Y lo que ve no es precisamente esperanzador. El reciente estallido de la pandemia del Covid-19 ha confirmado sus peores presagios, que ya apuntó hace 20 años en distintos trabajos. “Esta no es solo una crisis sanitaria, es una crisis social y universal, es el colapso del sistema por no haber afrontado cambios estructurales cuando hace unos años tuvimos ya las primeras advertencias”.

PREGUNTA. ¿De verdad nos abocamos al colapso?

RESPUESTA. No debemos confundir colapso con extinción, aunque están relacionados. Si no hay conciencia crítica se producen colapsos, y muchos colapsos repetidos llevan a la extinción de la especie. Un ejemplo reciente de colapso: la crisis económica de 2008. Nunca he sido partidario de que la extinción humana esté cerca, como sí dicen científicos como James Lovelock, pero en los últimos años estamos viviendo procesos de colapso debido a nuestra incapacidad para sincronizar la conciencia como especie con el aumento exponencial de la tecnología. Estamos en un cuello de botella, es un cambio de fase que no sabemos afrontar.

Somos capaces de destruir un meteorito con un misil nuclear pero para un virus no existe un protocolo consensuado

P. Ponga un ejemplo de esa falta de sincronía.

R. La incapacidad de anticiparnos a la pandemia del Covid-19. Me alucina que una especie tan inteligente no tenga un protocolo ante el ataque de una molécula. Somos capaces de destruir un meteorito con un misil nuclear, con las graves consecuencias que eso tendría, pero para algo tan endogámico del planeta como un virus no existe un protocolo universal consensuado. ¿Por qué? Porque no tenemos conciencia crítica de especie. Cada país, cada empresa, compite por desarrollar la tecnología para su propio beneficio. Si de esta revolución tecnológica que estamos viviendo se hubiera dedicado a la cuestión de los virus el 0,001 del PIB mundial, ya tendríamos la vacuna a punto cuando el Covid hubiera llegado. Es una cuestión de a qué destinas los medios. La ciencia debe considerarse un pilar fundamental, que es lo que pasará en el futuro inmediato. Será una infraestructura más importante que los aeropuertos.

Científicas en un laboratorio brasileño que investiga una vacuna contra el Covid-19. (EFE)
Científicas en un laboratorio brasileño que investiga una vacuna contra el Covid-19. (EFE)

P. ¿Y si no?

R. El desastre. El Covid es el último aviso. Esta molécula ha desestabilizado el sistema y las consecuencias no son solo sanitarias, son económicas y provocará muchos más muertos que lo que diga la cifra oficial. El primer paso en positivo sería socializar la vacuna, pero en cambio vemos que somos incapaces de coordinarnos entre países ni de tener una respuesta adecuada. Cuando las cosas se hacen mal, solo pueden ir a peor. Es una ley etnográfica. El coronavirus es el último aviso, tenemos que aprender la lección.

P. Eso es ir más allá de ser agorero.

R. Piense que es la primera vez que la humanidad entera se plantea desafiar a la selección natural. Todos los países, todas las estructuras de poder, amenazadas al mismo tiempo. Es algo único. La conciencia de especie hace que intentemos salvar todas las vidas posibles y lo hacemos gracias a la tecnología. Sin ella, el resultado del Covid-19 sería un diezmo de la población similar al de la gripe de 1918 o a la peste negra del siglo XIV. Ahora lo importante es salvar vidas, sin duda. Pero la tecnología sola no nos salvará si no empezamos a redistribuir la energia en lo realmente importante para nuestra superviviencia, como por ejemplo acabar con los líderes, que es lo peor que hemos conservado de nuestro grupo zoológico. Generalmente ponemos a los peores al frente y estas son las consecuencias.

Es la primera vez que la humanidad entera se plantea desafiar a la selección natural

P. ¿Hay que cargarse a los políticos?

R. Solemos elegir a los peores, tenemos esa incapacidad como especie, no se sabe bien por qué. En estas democracias formales se vota a gente que son los más ineptos. La selección natural consiste en eliminar a los menos adaptados, que no son necesariamente los más débiles. En el pasado, la propia estructura evolutiva expulsaba a los que no se adaptan. Porque si no, desapareces como grupo. Es algo obvio.

R. Entonces mejor no le pregunto qué piensa del papel de los líderes occidentales en esta pandemia.

R. Mala y desarticulada. En lugar de buscar una respuesta interdependiente, los países se dedican a robarse los cargamentos de material sanitario. Si en esta crisis se impone la competitividad, los humanos nos estaremos equivocando. No vamos bien. Las crisis no son ninguna oportunidad, son desastres provocados por nosotros y por nuestra forma de organizarnos. Cuando estalla una crisis es que lo has hecho muy mal antes, si lo haces bien no hay crisis. El Covid-19 surge porque lo hemos hecho muy mal antes rompiendo los equilibrios del planeta en nombre de la globalización. Y si encima improvisas la respuesta pasan estas cosas.

Operarios desinfectan las calles en China. (EFE)
Operarios desinfectan las calles en China. (EFE)

P. Pero disponemos de organismos superiores como la ONU, la OMS o la Unión Europea para prevenir y coordinar respuestas.

R. La mayoría de esas grandes estructuras son absurdas. La ONU y la OMS son monstruos burocratizados sin ninguna utilidad práctica. En una pandemia mundial, la OMS se dedica a aconsejar porque no puede hacer otra cosa. Fíjese la Unión Europea, es un gigante con pies de barro porque no es una estructura social, es una estructura económica hecha por las clases extractivas para quedarse con los impuestos de la gente, cuando debería ser una Europa social que pensara en las personas. No solo en los europeos, sino en la especie. Y esto lo digo por los refugiados. Disponer de super estructuras es positivo, pero no de esta manera. El virus nos ha hecho ver que vamos muy tarde.

P. Ahí están los líderes mundiales, nadie discute su lugar. Eso rompe la teoría de los mejor adaptados. O quizá es que lo son.

R. La evolución es muy compleja y ella sola da soluciones. Los sistemas siempre encuentran una salida, pero las facturas hay que pagarlas y a veces son muy dolorosas. La estructura moderna del mundo viene de la desestructuración de Roma, que dio paso a la Edad Media. El propio capitalismo es una consecuencia del proceso evolutivo. Nadie dijo ‘vamos a hacer el capitalismo’. La única forma política artificial es el socialismo, que no ha funcionado por razones obvias, principalmente la incapacidad de las cúpulas. Hemos de cambiar los sistemas jerárquicos. Esto nos llevará tiempo, pero no necesitamos vivir en jerarquía como los lobos. La gente sabe leer y escribir, sabe pensar, y la capacidad de acceder a la información ha acelerado las condiciones evolutivas. Socializar el fuego costó 500.000 años. Socializar el teléfono móvil, solo 40.

P. ¿Cuándo se iniciaron estos colapsos de la especie?

R. Cuando se socializó el capitalismo. Hizo falta una revolución industrial y dos guerras mundiales para que las mercancías pudieran circular por todo el planeta. Eso nos costó 200 millones de muertos sobre una población de 1.500 millones, un 13% de la población mundial. En esa época es cuando se crean estos organismos supranacionales inservibles que en lugar de obligarnos a obtener consensos en un momento de crisis se dedican a aconsejar. El trauma de las guerras mundiales y la pobreza subsiguiente no nos ha llevado a tener una actitud crítica y responsable con el conjunto de la humanidad. Diría que al contrario, más competitividad y mayor desconfianza. La globalización es un error que pagaremos caro.

La crisis de los misiles fue un aviso similar al de este Covid-19. El mundo pudo irse al garete y tuvimos conciencia de especie

P. ¿En algún momento hemos actuado con conciencia de especie?

R. La crisis de los misiles fue un aviso similar al de este Covid-19. El mundo pudo irse al garete por culpa de una guerra nuclear y ahí tuvimos conciencia de especie para frenar la escalada a tiempo. Por desgracia, los pequeños colapsos, por ejemplo las guerras en Oriente Próximo, la crisis económica de 2008, ahora el coronavirus, nos llevan irremediablemente a una guerra mundial. ¿Cuándo? No lo sabemos. Y en una guerra mundial varios países dispondrán de una energía nuclear que no se ha usado con fines de destrucción aún, pero que por supuesto querrán usar de forma destructiva. Si esto finalmente no ocurre es porque somos humanos, porque de nuevo volvemos a anteponer la conciencia de especie.

Una adolescente se coloca un pañuelo en la cara en el transporte público. (EFE)
Una adolescente se coloca un pañuelo en la cara en el transporte público. (EFE)

P. ¿Entonces el Covid-19 es un colapso más que nos aboca a la guerra?

R. Si seguimos por este camino, no lo dude. El Covid-19 o rompe o acelera el camino hacia una guerra mundial, pero nada se mantendrá igual. Aunque cuando esto pase mucha gente diga ‘ya hemos vuelto a la normalidad’, no será lo mismo debido a las profundas consecuencias económicas y estructurales. Esto nos coge con la resaca de la crisis de 2008, que también forma parte de ese sistema de colapsos. La formación social que gobierna el planeta no sabe solucionar los problemas, y no me gustaría llegar al final de los colapsos secuenciales. Eso ya ocurrió con los neandertales y mire cómo terminaron.

P. Cuente.

R. Los neandertales también vivieron una secuencia de colapsos como la actual. Entre los años 50.000 y 40.000 AC, se produjeron una serie de crisis cíclicas y contínuas. Cada dos o tres mil años, se producían cambios climáticos que les obligaban a readaptarse. Ahora llega el frío y el agua se congela, ahora el calor… Hasta que llegó un punto en que no hubo una respuesta de la especie ante estas secuencias. Los neandertales desaparecieron tras haber ocupado una gran extensión territorial en Eurasia y ser un grupo cohesionado y en crecimiento demográfico articulado en clanes alrededor del 60.000 AC. A la crisis climática se unió la llegada de los homo sapiens, que penetraron por el próximo Oriente y todo se fue desestructurando, los grupos neandertales se fueron aislando, y al aislarse perdieron la conectividad y el sistema perdió cohesión. ¿Por qué cayó Roma? Algunas teorías dicen que empieza a caer cuando se deslocaliza la agricultura y se traslada a las colonias del norte de África, donde los patricios, que eran el factor de cohesión, dejan de estar al pie del cañón.

P. Nuestra generación no parece muy por la labor de reaccionar contra las élites.

R. No lo hemos hecho y debemos reaccionar, porque si no, se acepta el nepotismo y que los genes no aptos de la especie tomen decisiones catastróficas. Tenemos los peores líderes posibles, fíjese quién manda en las principales potencias. Por eso me da pánico una guerra mundial.

P. ¿Esa guerra sería el colapso definitivo?

R. Es posible, pero podemos evitarla. Debemos desacelerar rápidamente la globalización y apostar por la planetización, que es tener conciencia crítica de especie y evitar gastos inútiles y pérdidas de energia exponenciales provocadas, entre otros factores, por el consumismo. Si no, entraremos en una secuencia principal de colapso que puede provocar entre 2.000 y 3.000 millones de muertos, la pérdida del 15% al 20% de la población. Las derivaciones de una crisis producen más muertos que la propia acción. En la primera y segunda guerra mundial se produjeron 50 millones de muertes, pero indirectamente se calculan unos 500 millones debido a patologías producidas por la destrucción. Ahora con el virus nos darán un número de muertos, pero morirán muchos más por problemas de salud pública derivados.

Un depósito de cadáveres en España. (EFE)
Un depósito de cadáveres en España. (EFE)

P. ¿Y cómo se cambian las tornas?

R.- La revolución está en la educación. Es lo de siempre, la sopa de ajo. Una educación por el progreso consciente en lugar de por el desarrollo. Dotar a cada persona de capacidad crítica para influir y organizar los sistemas en los que vivimos. Si no lo hacemos, en un mundo global con 7.000 millones de personas, con sociedades cada vez más abocadas al consumo de todo tipo de productos, esto reventará. No hay fórmulas mágicas para evitarlo. Educación, socialización responsable, conciencia crítica. Por desgracia los poderes económicos y geopolíticos no están por la labor.

P. ¿Arreglarán el desaguisado las nuevas generaciones?

R. Es cierto que los jóvenes son cada vez más individualistas, pero tengo esperanza. La tecnología te puede aislar, pero también te puede interconectar más que nunca. Sin la tecnología estaríamos muertos, no habría respuesta al virus. La clave es hacer un buen uso de ella a nivel de especie. El desarrollo exponencial de la tecnología, por ejemplo Internet, es una oportunidad fantástica. Vamos hacia un nuevo mundo. Habrá cambios y transformaciones, por las buenas o por las malas. No soy un pesimista, pero tampoco quiero ser un ignorante ante lo que nos enfrentamos.

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