EN TODO CASO, TENDREMOS MENOS HIJOS

No habrá ‘baby boom’ tras el coronavirus: la leyenda urbana que nunca muere

Aunque pueda resultar un comentario gracioso, nunca se ha podido demostrar la influencia de los apagones en la fertilidad. Lo más probable es que ocurra lo contrario: que descienda

Foto: Foto: Reuters/Jon Nazca.
Foto: Reuters/Jon Nazca.

A estas alturas, ya habrá escuchado la broma varias veces. Al menos tres semanas de confinamiento, muy pocas oportunidades para el esparcimiento y demasiado tiempo para pensar, un montón de horas muertas y los placeres sensoriales reducidos al máximo. Todo parece propiciar una tormenta perfecta para un pequeño ‘baby boom’ dentro de nueve meses –pongamos, entre finales de este aciago 2020 y comienzos del 2021– que recoja los frutos de la fertilidad durante el aislamiento social.

Seguramente también habrá escuchado la dichosa comparación: si en el apagón masivo de Nueva York de 1965, que dejó a 35 millones de personas sumidas en la oscuridad durante 13 horas, o en el de 1977, los nacimientos se multiplicaron, ¿qué efecto no van a tener semanas de aislamiento social?

El mito del ‘baby boom’ después de una tragedia nació después del apagón de Nueva York de 1965, pero nunca se ha podido demostrar

Suena gracioso y da pie a chistes que nunca sobran en un momento como este, pero la realidad es que ni hubo una explosión de nacimiento después de aquella noche, ni muy probablemente habrá más nacimientos a causa de la cuarentena. Más que nada, porque es un contexto poco propicio tanto para el calentón ocasional, a pesar de lo que puedan sugerir los datos de consumo de contenidos pornográficos, como para plantearse en serio traer un retoño al mundo.

Se trata de una leyenda urbana que se resiste a morir, a pesar de que ha sido rebatida en diversas ocasiones, y que en todo caso se ha extendido a cualquier suceso luctuoso como el 11S. Lo desmontó, por ejemplo,el profesor de la Universidad de Duke S. Philip Morgan cuando intentó analizar si se había producido un aumento de la fertilidad después del célebre apagón de 1965, del de 1977 y, el más reciente por aquel entonces, el apagón masivo en Michigan, Nueva York y Canadá que afectó a más de 50 millones de personas en 2003.

En ninguno de los casos, los datos mostraban que se hubiese producido un aumento de los nacimientos meses después. “Es una leyenda urbana”, concluía el sociólogo especializado en fertilidad. Entre otras razones, porque una noche aburrida puede disparar el número de encuentros sexuales pero no hace automáticamente que millones de parejas dejen de utilizar métodos anticonceptivos. Más bien, al contrario. La pérdida de electricidad habría impedido a muchas personas llegar a casa para cumplir con sus parejas, y muy probablemente, si el apagón es en verano (como el de 1977), estas habrían preferido que corriese el aire.

La bajona no ayuda

Esta leyenda urbana ha sido analizada por el terapeuta sexual David J. Ley, autor de ensayos sobre sexualidad como ‘Esposas insaciables: las mujeres que se extravían y los hombres que las aman’ o de ‘El mito de la adicción sexual’, que recordaba en un reciente artículo que no, que aunque se preste a los comentarios irónicos y algunos de sus compañeros defiendan la teoría erótica, no va a haber un ‘boom’ de nacimientos dentro de nueve meses ni una generación coronavirus.

Para la mayoría de gente, el estrés, la ansiedad, la depresión y la incertidumbre económica reducen la excitación sexual

“Las afirmaciones sobre los ‘baby booms’ después de apagones, catástrofes naturales, etc., no se sostienen”, explica a El Confidencial. “No hay ninguna evidencia para pensar que en estos eventos haya más sexo ni nazcan más niños”. Es, simplemente, una anécdota graciosa que ha pasado de generación en generación. Por lo general, las variaciones percibidas nueve meses después de una tragedia entran en lo estadísticamente esperable y obvian que, por ejemplo, después de la Gran Tormenta de 1983 nacieron menos bebés en 1984 ni que el gran ‘baby boom’ de 1999 en EEUU no fue antecedido por ningún factor previo de esta índole.

En todo caso, resultaría más útil atender a la explicación económica: las familias por lo general suelen tener hijos cuando mayor es su estabilidad económica o la incertidumbre menor, por lo que un hipotético aumento de nacimientos a mediados de los años 60 dice más de la expansión de la economía americana del momento que de cualquier apagón ocasional. En su clásico estudio, el profesor de la Universidad de Essex John Ersmich mostraba cómo el aumento de los sueldos de los hombres favorecía una mayor natalidad a partir de 1974; no así en el caso de las mujeres, ya que tener un hijo aumentaba el coste de oportunidad.

El sexo en tiempos de confinamiento

¿Qué hay de cierto en el otro adagio tan repetido que asegura que el confinamiento dispara el amor, aunque sea por mero roce en pocos metros cuadrados? Muy probablemente poco, más allá de que nos guste vender una imagen que no se corresponde con la realidad, responde Ley. “Para la mayoría de gente, el estrés, la ansiedad, la depresión y la incertidumbre económicas reducen la excitación sexual”, explica.

¿Y no es posible que entre algunas personas un poco más perversas, uno de los temas que más ha estudiado el sexólogo en sus obras, la situación produzca cierta erotización? “Hay una minoría de gente que experimenta un aumento en el deseo y la actividad sexuales como respuesta al estrés y a las perturbaciones emocionales, pero se trata de una minoría selecta”, concede.

Sin embargo, los datos proporcionados por páginas eróticas como Pornhub muestran que el consumo se ha disparado desde el inicio del confinamiento (un 61% en España, por ejemplo, pero también un 57% en Italia y un 39% en Francia), probablemente influido por algunas de sus ofertas especiales: desde el pasado miércoles, la compañía ofrece sus servicios ‘premium’ gratis en todo el planeta. Es, no obstante, una buena muestra de que la pornografía no es sexo, y si bien la primera puede aumentar en algunos hogares, las posibilidades para encontrar lo segundo son mucho más reducidas. No son buenos tiempos para Tinder, dado que la vieja opción "ligar en bares" es inviable.

“Exactamente”, responde el terapeuta sexual. “El sexo con otra persona requiere negociación, colaboración, comunicación, reciprocidad y unión”. Y prosigue su razonamiento: “En tiempos como este, la gente tiene problemas para centrarse en los demás, asediados por el miedo, el dolor y la incertidumbre. La masturbación con el porno nos permite escapar nuestros sentimientos y miedos por un momento, sin tener que estar despiertos y centrados en lo que ocurre en el mundo”.

No te castigues demasiado si sientes que tu libido está baja ahora mismo y que el sexo implica demasiado trabajo emocional

Buenos tiempos, en definitiva, para el disfrute en solitario, pero no tanto para compartir con los demás. Como el propio terapeuta recordaba en su artículo, la mayoría de personas disponen como compañeros sexuales a las parejas que ya tenían, mientras que los solteros han visto sesgada su capacidad de conocer a gente nueva. En otras palabras, la mayor parte de encuentros sociales presentan poco margen para la novedad, que es lo que suele producir un aumento del deseo sexual como mostraba el célebre experimento de la montaña rusa.

¿Algún último consejo para mantenerse sexualmente felices en tiempos de confinamiento? “Haz lo que parezca bien. El sexo produce esperanza, conexión y amor. Pero no te castigues demasiado si sientes que tu libido está baja ahora mismo y que el sexo implica demasiado trabajo emocional. Date tiempo y espacio para lidiar con todos estos retos en el mundo ahora mismo”.

Desde luego, no hay nada que haga descender más la libido –y, sobre todo, las ganas de tener hijos– que la incertidumbre material. En un momento en el que ni siquiera conocemos con seguridad cuánto tiempo más tendremos que mantener el aislamiento social, y en el que se prevé que se han perdido ya millones de puestos de trabajo con el golpe económico que ello supone, parece que más que un ‘baby boom’, habrá una deflación de natalidad en España. Un golpe más a una demografía ya en caída libre desde hace décadas.

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