¿nuevo ‘statu quo’ en la relación?

España oficializa su relación bipolar con los 'dos gobiernos' de Venezuela

El cambio ha provocado indignación en la oposición, que achaca esta pirueta diplomática a la influencia 'bolivariana' de Podemos en la coalición de gobierno

Foto: Arancha González Laya, en el momento de sus polémicas declaraciones sobre Guaidó. (EFE)
Arancha González Laya, en el momento de sus polémicas declaraciones sobre Guaidó. (EFE)

“Vamos a ver. El señor Guaidó es dos cosas a la vez. Es presidente encargado, título que le ha reconocido una parte importante de la comunidad internacional, incluido España [...], pero a la vez es el líder de la oposición”. Visiblemente molesta, la ministra de Exteriores, Arancha González Laya, empleaba esta contorsión semántica para tratar de explicar el nuevo enfoque respecto a Venezuela.

La jefa de la diplomacia cerraba filas con el presidente Pedro Sánchez, quien días antes hizo oficial la devaluación de Guaidó a 'líder opositor' durante una sesión de control en el Congreso. El cambio ha provocado indignación en la oposición, que achaca esta pirueta diplomática a la influencia 'bolivariana' de Podemos en la coalición de gobierno.

Pero, al mismo tiempo, ha sido recibido con cierto alivio en parte del servicio de Exteriores, según cuentan varias fuentes vinculadas con el cuerpo diplomático en diferentes países a El Confidencial. Muchos en el cuerpo diplomático no veían sentido a la bipolaridad administrativa de los últimos meses: un 'dictador' al que no se reconoce pero con el que hay que lidiar, frente a un 'presidente encargado' sin ningún poder ni representatividad legal.

España oficializa su relación bipolar con los 'dos gobiernos' de Venezuela

"Es una situación extraña y a veces ridícula. No creo que haya alguien en el servicio diplomático español en América Latina al que le guste Maduro, pero al final con los que hay que tratar para los asuntos de visados, de negocios y demás es con el chavismo. Esa es la realidad", asegura una fuente conocedora de las operaciones españolas en Venezuela.

Esta indefinición no solo afecta a Latinoamérica. El reconocimiento de Guaidó ha generado muchos dolores de cabeza logísticos en varias sedes diplomáticas españolas por el mundo, donde se seguía reconociendo a los enviados de Caracas —con una “relación cordial” y “comunicación constante”— pese al creciente voltaje retórico contra Maduro.

"Por ejemplo, esta esquizofrenia afloraba cuando había un acto en la embajada con otros embajadores latinoamericanos, a los que no podíamos mezclar con los representantes de Maduro. Normalmente, no se les invitaba, para evitar tensiones. A veces, pedían una explicación", comenta otra fuente desde una sede diplomática fuera de la región. "Este cambio de postura, en realidad, es hacer oficial lo que se estaba haciendo extraoficialmente", asegura.

Embajadas kafkianas

La propia situación de la embajada y el consulado venezolano en Madrid lleva todo este tiempo siendo kafkiana. Y más si consideramos que España es uno de los principales destinos de la diáspora. El embajador venezolano en España, Mario Isea, presentó sus cartas credenciales en enero de 2014 en la Zarzuela y continúa siendo reconocido plenamente en sus funciones por el Gobierno español. Mientras, Antonio Ecarri fue recibido en enero de 2019 por el entonces secretario de Estado de Cooperación y para Iberoamérica, Juan Pablo de la Iglesia, como mero “representante oficial” —que no embajador— de Guaidó en España.

“En Exteriores son muy puntillosos con la legalidad internacional y los procedimientos. Y el caso de Venezuela es muy complejo. España trabaja con los embajadores de Maduro y hacemos negocios en el país, pero reconocemos a otro presidente. Es una posición que no es realista”, asegura otra fuente vinculada con el ministerio que dirige González Laya.

En Exteriores son muy puntillosos con la legalidad internacional y los procedimientos. Y el caso de Venezuela es muy complejo

Ni siquiera las sospechas de las autoridades estadounidenses de que Maduro utiliza la cuenta de la legación diplomática en el Banco de España para evadir las sanciones financieras de Washington; ni los problemas con los propios trabajadores de la embajada, que se quejan de persistentes demoras en los pagos, han generado una reacción decisiva de Moncloa. Algunos trabajadores, explican fuentes de la oposición en Madrid, cobran en metálico, con dinero traído directamente de las cuentas que mantiene el Gobierno de Maduro en Turquía.

En Venezuela, el panorama es igual de estrambótico. Las relaciones ya habían tenido sus tensiones durante el Gobierno de Mariano Rajoy y tocaron su punto bajo en enero de 2018, cuando Maduro declaró al embajador español en Caracas, Jesús Silva, persona ‘non grata’ y lo expulsó del país tras las primeras sanciones de la UE contra altos funcionarios de Maduro. Madrid respondió haciendo lo propio con el embajador venezolano. Pero en abril, las relaciones se restablecieron.

Desde entonces, los vínculos han permanecido relativamente estables incluso después de que el líder opositor Leopoldo López —una de las bestias negras del chavismo— se refugiara en la embajada española en Caracas después del fallido alzamiento de Guaidó el año pasado. Nueve meses después, permanece en las instalaciones como “huésped”.

¿Nuevo ‘statu quo’?

Hace un año, Sánchez fue el primero en reconocer a Guaidó como “presidente encargado de Venezuela”, una decisión secundada por otros países europeos como Alemania, Reino Unido, Francia, Dinamarca, Austria o Suecia. La medida —que buscaba presionar con una salida electoral a la crisis— puso el país en una situación inédita. Nunca antes se había dejado de reconocer a un jefe de Estado afincado en el poder, ni con Sadam Husein o Bashar al Asad.

Pese a ello, el trabajo diplomático se mantuvo. El embajador venezolano en España ha reconocido en varias entrevistas que la relación con las autoridades nacionales es “normal”, con “notas verbales que van y vienen, despachos de trámites”.

¿Estamos viendo un nuevo ‘statu quo’ en la relación? Desde el Gobierno, insisten en que no. Pero las señales apuntan en otra dirección. Primero, Sánchez declinó reunirse con Guaidó en su gira internacional, en la que fue recibido por los principales líderes internacionales, desde el británico Boris Johnson al estadounidense Donald Trump pasando por el francés Emmanuel Macron o el jefe de la diplomacia europea, Josep Borrell. En ese momento, fue apoyado por su vicepresidente, Pablo Iglesias, quien fue el primero en rebajar a Guaidó de presidente encargado a "dirigente político muy importante de la oposición en Venezuela". Después, la opaca gestión de la visita de Delcy Rodríguez, vicepresidenta de Maduro, y su controvertido encuentro con el ministro José Luis Ábalos. O la reaparición del expresidente José Luis Rodríguez Zapatero reuniéndose con Maduro e insistiendo en restablecer una negociación con Caracas.

Sin embargo, en la oposición venezolana no se dan por aludidos. Tanto Guaidó como su círculo cercano aseguran que están tranquilos sobre la posición del Gobierno de Sánchez. “[Juan Guaidó] es el presidente encargado, constitucionalmente, por la Asamblea Nacional y líder de la oposición al régimen usurpador”, aseguró el representante del político venezolano en España, Antonio Ecarri, en Twitter. “No hay ninguna contradicción”, zanjó.

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