UN HOMBRE PARA SALVAR AL SOCIALISMO

Cuando Castells rescató a Sánchez: el atardecer californiano que cambió la historia

En su último libro, el sociólogo explica cómo el presidente voló hasta su casa en Santa Mónica para pedirle consejo. Su respuesta: si se retiraba, el PSOE moriría

Foto: Manuel Castells, durante el debate de investidura. (EFE)
Manuel Castells, durante el debate de investidura. (EFE)
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El próximo ministro de Universidades será el albaceteño Manuel Castells (Hellín, 1942), profesor emérito de la Universidad de Berkeley y una de las eminencias de la sociología global. Uno de los pioneros de la sociedad red y un clásico en las bibliografías de las asignaturas de Ciencias de la Información propuesto por Ada Colau, alcaldesa de Barcelona, a quien apoyó el pasado mes de mayo durante las elecciones municipales.

“El domingo votaré a Ada Colau y su equipo, por razones muy claras”, manifestó. “En primer lugar, porque son personas como nosotros. No son burócratas y especuladores. Vienen de movimientos de la sociedad civil, que dijo 'basta' al proyecto de destrucción de nuestra ciudad por parte de los fondos buitre y las multinacionales del turismo”, dijo en aquella ocasión.

Dos más dos, cuatro. El ascenso de Castells sería un peaje a pagar por el socialismo en el Gobierno de coalición, un guiño a comunes y podemistas, que se criaron entre copias de los tres volúmenes de 'La era de la información'.

¿O no? No tan rápido.

Ante las olas californianas, Castells animó a Sánchez a que no se rindiese, porque en caso contrario sería “el fin del PSOE”

Hagamos un viaje en el tiempo, más de tres años atrás. Puede imaginarse el siguiente párrafo como si se tratase del texto introductorio de 'La guerra de las galaxias', acompañado por la fanfarria de John Williams. ¿El título? Tal vez 'El ascenso de Sánchez'.

Últimos meses de 2016. Pedro Sánchez ha dimitido de su cargo como secretario general del Partido Socialista tras fracasar en su intento de convocar primarias. Susana Díaz, presidenta de Andalucía, se postula como su sucesora al frente del partido. Unos días después de la dimisión, Mariano Rajoy se ha convertido en presidente tras la abstención del PSOE. Entonces, Pedro Sánchez coge un avión…

“Pedro Sánchez quiso alejarse de España por unos días para reencontrarse. Y se fue a California con su familia. California tiene ese exotismo de fin del mundo donde llegan gentes de cualquier parte y para cualquier cosa, territorio límite de la experiencia, del que surgen locuras creativas del más alto alcance, como la revolución tecnológica de Silicon Valley o la fábrica mitológica de Hollywood, de la que proceden muchas de las historias que pueblan nuestras mentes. Y como yo ando allí parte del tiempo, Pedro Sánchez, conocedor de mi experiencia e interés por el socialismo español, tuvo la idea de que charláramos sobre lo que había sucedido y lo que podría suceder”.

Atardecer en Santa Mónica. (iStock)
Atardecer en Santa Mónica. (iStock)

Efectivamente. Como al comienzo de 'El retorno del Jedi', cuando un Luke consternado tras conocer que Darth Vader es su padre busca consejo en Yoda, Sánchez voló a la costa oeste americana para buscar consejo en el maestro Castells, un encuentro que este mismo explica en su último libro, 'Ruptura'.

Confía en la fuerza, Pedro

Es en ese punto en el que el veterano sociólogo poco menos que asegura que cambió la historia del socialismo español y, por extensión, de nuestra democracia, al convencer a Pedro de que persistiese. “Yo, que tengo una debilidad romántica por las causas perdidas, como bien saben mis amigos, le animé a que no se rindiera”, narra Castells. “Porque si lo hacía era el fin del PSOE, que sería fagocitado en las fauces históricas de la gran coalición, devoradora de la socialdemocracia europea”.

Cuando le acompañé al aeropuerto, había determinación en su rostro, esperanza en su mirada

Si el párrafo resulta llamativo, lo es tanto porque rompe el tono general de la narrativa de Castells, donde es poco frecuente tal uso de la primera persona, como por reivindicar sutilmente su papel a la hora de garantizar la supervivencia del socialismo en un momento que el sociólogo percibe como clave. La gran coalición entre los dos grandes partidos españoles había comenzado a tomar forma en la abstención de finales de octubre de 2016 y se perfilaba en el horizonte socialista de la mano de Díaz, mientras el PP “se relamía con las mieles futuras”.

“Hablamos y hablamos, paseando entre el rumor de las olas de la playa de Santa Mónica, donde yo vivía”, prosigue. “Me quedó claro que él tenía la fuerza suficiente para resistir y, sobre todo, se había dado cuenta de que no sería posible la política progresista en la que él creía sin enfrentarse a los poderes fácticos y a quienes en el partido los representaban”. Tan solo había una alternativa, prosigue. Confiar en los militantes, “asqueados por la abstención a Rajoy”.

Pedro Sánchez. (EFE)
Pedro Sánchez. (EFE)

“Así que fue precisando sus pensamientos, aparentemente sintiendo subir la adrenalina de una lucha justa”, concluye Castells. “Cuando le acompañé al aeropuerto, había determinación en su rostro, esperanza en su mirada”. De igual forma que Luke al subirse al X-Wing para viajar a Endor a encontrarse con su destino, Sánchez se montó en el avión (que aún no era el Falcon… milenario) y poco después confirmaba que se presentaría a la reelección en el congreso de mayo.

El resto es historia. Sánchez se hizo con la victoria ante Susana Díaz, en 2018 lideró la moción de censura que acabó con el Gobierno popular de Rajoy y hoy ha conseguido convertirse en el tercer presidente socialista de la historia de la democracia española. Castells formará parte de su Gabinete, tras haber cumplido la misión que encomendó al pupilo que había acudido a él en busca de consejo. Nada menos que salvar al Partido Socialista de sí mismo.

El despertar de la socialdemocracia

Castells elogia las decisiones de Sánchez en el periodo, como denunciar en 'Salvados' los tejemanejes internos del PSOE o la renuncia a su escaño, que le permitieron “aparecer como un político honesto, una rareza digna de encomio”. “Y ahí empezó la saga de Pedro Sánchez, recorriendo agrupaciones socialistas por todo el país, conectando con cuadros políticos indignados con la vergüenza de una gestora cainita al dictado de los de siempre, recibiendo el apoyo significativo de influyentes intelectuales exguerristas como José Félix Tezanos y Manuel Escudero, y recuperando el diálogo con los socialistas catalanes, arrinconados por una dirección andaluza que los consideraba enemigos territoriales”.

Para Castells, Sánchez representa la nueva política si es capaz de adaptar las políticas socialdemócratas a las nuevas condiciones sociales

Si Pedro Sánchez es clave en el último trabajo de Castells es porque, a juicio del sociólogo, define mejor la nueva política (y la nueva democracia) que ningún otro, en la medida en que sea capaz de “adaptar las políticas socialdemócratas a las nuevas condiciones sociales y a la cultura de las nuevas generaciones”. La única posibilidad que le queda al socialismo europeo de superar una crisis que amenaza con acabar con su relevancia política para siempre, convertido en muleta de los populares.

Es revelador que Castells centre su mirada más en el PSOE que en Podemos, al manifestar que las semillas del 15-M ya no solo germinaban en el partido de Pablo Iglesias sino también en el PSOE, a deseo de su secretario general. “El declive de los partidos socialdemócratas es reversible a condición de recuperar las políticas socialdemócratas en los nuevos contextos sociales. Algo que no hicieron la mayoría de los socialistas europeos, y por eso desaparecieron. Y algo que sí intentó Pedro Sánchez tras la experiencia transformadora de su muerte política”.

Seguro que a Castells no se le escapan las implicaciones lejanamente mesiánicas de su descripción de Sánchez como salvador del socialismo. El fénix que emerge de sus cenizas y define “una nueva estrategia socialista, abriendo la posibilidad de una nueva política de izquierda española”. Quizá tampoco se le escape, dado el naufragio de Jeremy Corbyn en las últimas elecciones británicas, que asimilarlo al candidato laborista en una terna junto a Syriza y al primer ministro portugués, António Costa, no fuese lo más afortunado.

Una comparación ¿desafortunada? (Borja Puig/PSOE)
Una comparación ¿desafortunada? (Borja Puig/PSOE)

Tras decenas de páginas pintando un negro panorama ante el auge de los populismos de extrema derecha en EEUU, Italia o el Este de Europa, la nueva esperanza que vio en los ojos de Sánchez, reflejando el morado del atardecer del Pacífico, es esa nueva izquierda transformadora “capaz de responder al deterioro democrático con nuevas propuestas de participación política y autonomía con respecto al poder financiero y mediático”.

El nuevo ministro, por lo tanto, ve en Sánchez casi una figura 'antiestablishment', al haber sido capaz de enfrentarse al aparato del PSOE (y a una larga lista de enemigos, entre los que se cuentan “todos los expresidentes socialistas, los poderes europeos, las élites financieras y la totalidad de los medios de comunicación, empezando por 'El País”), ganarse la confianza de la militancia y tejer puentes con la nueva izquierda de Podemos, canalizando los movimientos de la sociedad civil que habían surgido en el 15-M.

“El problema de escribir sobre un proceso vivo es que el lector ya sabrá cómo ha acabado”. Así es: con Sánchez de presidente y Castells de ministro

La conclusión, contundente: “De ahí que la experiencia española cobre un sentido mucho más amplio que el de transitar hacia una nueva transición democrática: podría ser el prototipo vivo de que otra política y otra democracia son posibles para el siglo XXI”. España, faro del futuro de la izquierda.

Epílogo y profecía

El relato de Castells añadía un 'disclaimer', uno de esos descargos de responsabilidad que suelen aparecer en las publicaciones científicas ante cualquier posible error de cálculo. “El problema de escribir, como estoy haciendo, sobre un proceso vivo es que cuando el lector llegue a este punto ya sepa cómo acabó o continuó, más allá de estas páginas”.

Tenía razón. El que se enfrente hoy a la lectura de 'Ruptura' lo hará sabiendo que Pedro Sánchez es presidente de España y el autor del libro, el flamante ministro de Universidades. El efecto Pigmalión del ensayismo.

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