Le deja libre y duda sobre su inmunidad

Bélgica ya pone trabas para entregar a Puigdemont mientras prepara la vista

El 'expresident' huido tiene posibilidades de renovar éxitos pasados en el terreno internacional y soslayar la nueva reclamación por sedición y malversación

Foto: Puigdemont a su salida de las dependencias de la Fiscalía. (Reuters)
Puigdemont a su salida de las dependencias de la Fiscalía. (Reuters)
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Cuando el equipo de abogados de Carles Puigdemont le recomendó, hace unas semanas, que esperara en Bélgica la reactivación de la orden europea de detención tras la sentencia del 'procés', sabía lo que se hacía. El nuevo procedimiento de extradición acaba de echar a andar y desde Bruselas ya se emiten las primeras y claras señales de que no pondrán puente de plata ni al juez Pablo Llarena ni a la Fiscalía General del Estado en esta nueva intentona. Más bien lo contrario. El 'expresident' huido tiene posibilidades de renovar éxitos pasados en el terreno internacional y soslayar la nueva reclamación por sedición y malversación.

Los dados ya están echados y, en la primera ronda, salió doble seis para Puigdemont. "Toda la noche lloviendo en Bruselas y ahora comienza a salir el sol". Así lo expresaba uno de sus letrados, Gonzalo Boye, en Twitter tras su salida de las dependencias de la Fiscalía belga donde pasó toda la noche del viernes. Y de donde salió libre con mínimas medidas cautelares pese a los avisos del juez instructor del Supremo que veía un incremento de su riesgo de huida después de que la resolución contra Oriol Junqueras y el resto de políticos catalanes juzgados acabara en condenas de entre 9 y 13 años.

Ni fianza ni prohibición expresa de abandonar el territorio. Libre en Waterloo y convocado a una vista que se celebrará dentro de 10 días, el 29 de octubre. Desde ese momento, el juez tendrá 15 días para decidir si se ejecuta o no la euroorden, aunque si algo ha enseñado el proceso hasta ahora es que las fechas son flexibles, y la justicia belga no siempre las cumple a rajatabla. "Me puse ayer por la mañana a disposición de las autoridades belgas, la policía me condujo a comparecer ante el juez, que ha estado tomándome declaración y acaba de dictar mis condiciones de libertad sin fianza con posibilidad de salir de Bélgica con su permiso", señaló Puigdemont.

No solo quedó libre. La Justicia belga apuntó ya que duda, lo suficiente como para elevar una consulta de urgencia, sobre si el hecho de que fuera elegido en las últimas elecciones como eurodiputado le confiere inmunidad y respalda, por ello, un rechazo automático a la pretensión del Supremo español. La lucha por la inmunidad que arrancó el 'expresident' con la Junta Electoral Central (JEC) adquiere ahora otro sentido. Tanto que las autoridades belgas elevaron una consulta en tal sentido en la madrugada.

Pregunten a la Eurocámara

Desde España se fueron conociendo los pasos a retazos. Puigdemont comparecía voluntariamente ante la Fiscalía. Llarena iba a explicar a Bélgica su inmunidad. Puigdemont salía (ni siquiera ojeroso). De vuelta a Waterloo. El juez del Supremo comunicó de forma urgente que no existe tal inmunidad. "No es miembro del Parlamento Europeo, ya que carece de dos requisitos imprescindibles para haber adquirido esa condición: no ha acatado la Constitución Española ante la JEC como exige el artículo 224 de la Ley Orgánica de Régimen Electoral General y no ha tomado posesión del escaño. Pregunten a la Eurocámara", añadió.

Fuentes del entorno del 'expresident' aseguran que esa vista será preliminar, "para fijar el objeto del debate". El tema de la inmunidad parece despejado. La Fiscalía asumió ante la respuesta del magistrado español que es así. En paralelo corre el estudio que ya realiza el Tribunal de Justicia de la Unión Europea sobre el caso de Junqueras, muy similar.

Tanto diplomáticos como técnicos en Bruselas conocen bien cómo funciona el sistema allí: por casualidad. Lo normal es que los tribunales se salten los límites temporales que marca la euroorden porque es lo que ya han hecho en otras ocasiones, y el equipo legal de Puigdemont intentará aprovecharse de esa flexibilidad. En principio el juez tiene que decidir sobre la entrega del expresidente 15 días después de la vista que se celebrará el 29 de octubre, pero a estas alturas muchos dan por hecho ya que tampoco se cumplirá esa fecha límite. Paciencia y preparación para algún revés es la única receta para los días que están por venir.

Se abren ahora días de espera e incertidumbre. Puigdemont promete dilatarla, todo lo que pueda. "A lo mejor no es tan rápido como algunos sostienen", aseguró el pasado martes. "Si se acepta se puede recurrir a la corte de apelación, y después a la de casación", señaló Paul Bekaert, que prometió llevar el proceso hasta el final. La ruleta ya gira. Hagan sus apuestas.

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