LOS PIONEROS EN ENFRENTARSE AL GILISMO (II)

Miedo y asco en Marbella: "Gil les robaba ante sus narices y le reían las gracias"

Hablan los cuatro gatos que se enfrentaron al Gil alcalde coincidiendo con la serie de HBO

Foto: Jesús Gil (Más allá de las risas).
Jesús Gil (Más allá de las risas).

La banda sonora de la muerte del marido de Carmen fue una sinfonía de taladros. La agonía de su esposo y la construcción del edificio se solapan en su cabeza: “Murió cuando acabaron la primera planta”, dice.

Estamos en la casa de Carmen Suárez en Marbella, frente a uno de los excesos urbanísticos más visuales de la era Gil: Torremarina, edificio de doce plantas encajonado entre la playa y la casa baja de Carmen. Levantado en zona verde y quintuplicando la altura permitida. La torre está tan pegada a la casita de Carmen que, cuando la anciana estira el brazo, casi puede tocarla.

Carmen Suárez lleva 20 años pleiteando contra el Ayuntamiento de Marbella por Torremarina. El juez Santiago Torres llegó a paralizar la obra (octubre de 1998), en una decisión tan histórica —era la primera vez que un juez de Marbella paraba una obra del gilismo— como efímera: fue revertida por la jueza decana de Marbella, Pilar Ramírez, que en 2002 fue suspendida cuatro años por el Tribunal Supremo (la jueza tenía cierta confusión entre los intereses económicos de su familia y los de la alcaldía de Gil).

Carmen Suárez, en la terraza de su casa. (C. P.)
Carmen Suárez, en la terraza de su casa. (C. P.)

La distancia entre la terraza de Carmen y el edificio es menor de tres metros. (A. P.)
La distancia entre la terraza de Carmen y el edificio es menor de tres metros. (A. P.)

Torremarina se acabó de construir, pero su periplo judicial parece no tener fin. En 2016, el juzgado contencioso-administrativo sentenció que Marbella debía indemnizar a Carmen con 320.000 euros, pero el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía anuló la sentencia. Carmen vive atrapada en un limbo urbanístico marbellí en el que las viviendas ilegales ni se regularizan, ni se derriban, y a los afectados tampoco se les indemniza.

La construcción de Torremarina llegó a los tribunales bajo el nombre de caso Belmonsa. El sumario tuvo que reconstruirse tras ser robado de los juzgados de Marbella en 2001… junto a otros doce sumarios con irregularidades urbanísticas del gilismo (robo archivado tras el extraño suicidio de un presunto sospechoso —funcionario del consistorio— mientras la policía registraba su casa). Decenas de miles de folios volatizados de los juzgados sin que nadie viera nada. Que se dice pronto.

Aquí todo el mundo quería ser Gunilla von Bismarck y tener tetas de plástico

Julián Muñoz (delfín de Gil cuando sucedieron los hechos), Juan Antonio Roca (cerebro urbanístico del gilismo) y José Luis Sierra (abogado de Gil) fueron condenados en 2008 a penas de cárcel por delito urbanístico en la construcción de Torremarina. Es decir: la justicia ha declarado ilegal Torremarina por activa y por pasiva, pero ahí sigue dando sombra a la casita de Carmen. Las malas lenguas sospechan que un triunfo judicial de Carmen Suárez podría provocar un efecto dominó de consecuencias presupuestarias impredecibles…

La abogada

“Hace un rato han dicho en la tele que este señor Jesús Gil no está muerto”, dice Carmen, haciéndose eco de una leyenda clásica del pueblo: Gil fingió su propia muerte para librarse de la justicia —las penas gordas de cárcel les cayeron a sus sucesores—. Esta disparatada teoría conspirativa tiene algo de cierto: Gil sigue vivo en las más de 30.000 viviendas ilegales que hay todavía en Marbella.

La abogada de Carmen se llama Inmaculada Gálvez y ha pleiteado contra decenas de edificios ilegales. Su irrupción en este reportaje no puede ser más ilustrativa: tras aparcar frente a la casa de Carmen Suárez, tiene un rifirrafe —por su modo de conducir— con unos jóvenes motoristas. Solventada la discusión folclórica, Inmaculada Gálvez nos dice a modo de saludo: “A mí no me torean los macarras marbellíes”.

Y a eso se dedica precisamente Gálvez: a frenar a los macarras urbanísticos de Marbella.

La abogada Inmaculada Gálvez. (A. P.)
La abogada Inmaculada Gálvez. (A. P.)

De vuelta y media tras años de choques virulentos con un sector de las fuerzas vivas de la ciudad, Gálvez nos deja frases para la posteridad:

1) “Muchos edificios han sido declarados ilegales y tienen orden de demolición. ¿Por qué no se derriban? Aquí cuesta tanto que se ejecute una sentencia que más que sentencias parecen papeles para limpiarse el culo”.

2) “Llevan años pidiéndome de forma más o menos amenazante que deje de remover la mierda. Mira… ¡Que se vayan a la mierda!”.

3) “Aquí todo el mundo quería ser Gunilla von Bismarck y tener tetas de plástico”.

El broche de oro lo pone Carmen Suárez con esta anécdota: “El otro día se asomó un inquilino de Torremarina por su terraza y me dijo: ‘Ay, Carmen, ¡cuánto siento lo que le han hecho a usted!’”. Sainete urbanístico marbellí.

Suárez casi toca la pared de la torre estirando el brazo. (A. P.)
Suárez casi toca la pared de la torre estirando el brazo. (A. P.)

El funcionario

Jesús Gil era un gran insultador. El 9 de agosto de 1991, entró en directo en el programa de Antonio Herrero en Antena 3 para rajar contra el secretario del Ayuntamiento de Marbella. “Ignorante, analfabeto”, clamó el regidor en las ondas.

Gil estaba cabreado. Gil acababa de desembarcar en la alcaldía y se había encontrado un único (pero molesto) escollo: Pedro Moreno Brenes, el funcionario más relevante del consistorio, no quería firmar sus primeras medidas porque las consideraba (como mínimo) irregulares. Medidas como la demolición de la vivienda del antiguo alcalde, el socialista Francisco Parra (sí, Gil se estrenó en la alcaldía tirando abajo la casa de su antecesor en el cargo, en un mensaje a la oposición tan poco sutil como efectivo (si lo que se pretendía era crear un clima de terror y adhesión). “Es un pobre hombre, que a todo dice no, no, no, es ilegal, ilegal, ilegal… No puedes estar con un pájaro así… Eres un comunista. Vete al Muro de Berlín, que aquí no tienes nada que hacer”, bramó Gil contra el funcionario en el programa de Herrero.

Pedro Moreno se enfrentó a Gil con solo 26 años. (A. P.)
Pedro Moreno se enfrentó a Gil con solo 26 años. (A. P.)

Pedro Moreno Brenes, que entonces tenía 26 años, nos recibe en su despacho de la Facultad de Derecho de Málaga para recordar los locos días en los que fue el primer (y único) funcionario en enfrentarse al alcalde Gil.

*****

PREGUNTA. ¿Qué recuerda de las primeras horas del gilismo al frente del Ayuntamiento de Marbella?
RESPUESTA. La gente se acuerda de la Operación Malaya, de Roca y de Julián Muñoz, pero eso no fue más que los estertores del gilismo: Gil empezó a hacer barbaridades desde el primer día. Para que os hagáis una idea del ambiente: había una cosa llamada grupos de apoyo. Eran chivatos infiltrados en la vida cotidiana de Marbella. Buscaban gente que hablara mal de Gil para tomar represalias, también en el ámbito de los funcionarios.

Cuando Gil ganó las elecciones, en junio, yo era el oficial mayor y vicesecretario municipal desde hacía un año. Luego se jubiló el secretario y asumí la secretaría. Duré exactamente una semana en el cargo, de lunes a viernes. Pasé los días enclaustrado en mi despacho cual búnker, pensando cuál sería el siguiente expediente disparatado que querrían que firmara. Casi todo era delito.

P. ¿Qué tipo de planes paró?
R. Gil quería adjudicar el servicio de abastecimientos de agua de forma directa y sin procedimiento alguno. Eran miles de millones de pesetas. Puse que aquello era ABSOLUTAMENTE ILEGAL en mayúsculas. Poco antes —cuando aún era vicesecretario—, me llegó que querían demoler la casa del antiguo alcalde… sin procedimiento de ningún tipo. Escribí un informe diciendo que era absolutamente ilegal. No hacía falta ser catedrático para saber que el derribo era un atropello y no había por donde cogerlo.

Querían empezar a montar sociedades, a lo que me opuse, porque pretendían gestionar el Ayuntamiento a través de sociedades mercantiles, es decir, desmantelarlo como administración. Y vaya si lo lograron.

Me pidieron trasladar los originales de varios expedientes patrimoniales, del consistorio al Club Financiero [cuartel general de los negocios de Gil]. Les mandé un oficio diciendo que no se podían trasladar los expedientes a ningún sitio, y menos a la sede de una inmobiliaria. También querían trasladar las juntas de gobierno local al Club Financiero. Tal cual. También me opuse. ¿Pero cómo vas a hacer los plenos municipales en la sede de una empresa? Ahí fue cuando se cabrearon. Se lo tomaron como un desafío. ¡Cómo osaba pararles los pies! Me dijeron: “Don Jesús está muy enfadado contigo”.

P. ¿Le manifestó Gil su malestar personalmente?
R. Yo trataba con el teniente alcalde, Pedro Román; Gil no apareció esa semana por el ayuntamiento, pero me llamó una vez por teléfono.

Pedro Moreno Brenes, en su despacho en la universidad. (A. P.)
Pedro Moreno Brenes, en su despacho en la universidad. (A. P.)

*****

La conversación telefónica entre Gil y Moreno Brenes merece un capítulo aparte. Según el funcionario, Gil “arrancó fuerte” la conversación. Transcripción:

— Me han dicho que eres muy chulito…
— Buenos tardes, alcalde, habla con el secretario del ayuntamiento, ¿qué desea?
— Que te quede una cosa clara: yo quiero que esto funcione como una empresa privada. Mi equipo tiene que estar a mis órdenes.

Decreto de vacaciones forzosas para Moreno Brenes.
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Decreto de vacaciones forzosas para Moreno Brenes.

Brenes le explicó que “el secretario de un ayuntamiento no era de su equipo, sino un funcionario público que vigila que el consistorio cumpla la ley”. Gil contraatacó: “¿Tú qué pretendes? ¿Bloquearme el ayuntamiento? Tú y yo no vamos a congeniar”. Brenes insistió: “Es que no tenemos que congeniar, sino que cada uno cumpla con sus obligaciones”.

La conversación se enrocó hasta que Gil le dijo: “Oye, ¿tú por qué no te coges una baja?”. El funcionario respondió que no podía cogérsela “porque no estaba enfermo”. Entonces empezaron las clásicas amenazas gilistas: o se cogía la baja o le echaba. Brenes, que se iba cabreando progresivamente, le recordó que no podía echarle porque era un funcionario del Estado. Gil se puso a gritar… y apretó el botón roto: “Tú tienes familia, ¿verdad?”, le preguntó. Brenes estalló al tiempo que colgaba el teléfono: “No sé si me escuchó, pero le dije: ‘El Padrino era más elegante que usted’”.

Pedro Román, que estaba en el despacho de Brenes escuchando la conversación, insistió en el tema de su familia. “Lo vuestro es un estilo absolutamente mafioso”, espetó Brenes.

Al día siguiente, Gil dilapidó al funcionario en el programa de Antonio Herrero. “Yo estaba trabajando. Vino un compañero y me dijo: “Don Pedro… están hablando de usted la radio”. La encendí. El alcalde me estaba poniendo tibio”.

No hemos cobrado por culpa de un imbécil comunista que tenemos ahí de secretario, a ese hay que cortarle el cuello

Horas después de increpar a Moreno Brenes en una radio nacional, Gil remató en un medio local: “Está torpedeando hasta la ineptitud, la incompetencia y la maldad. Va a durar poco, claro, a estos comunistas yo les tengo asco, a estos tipos que actúan así, estilo Muro de Berlín, a mí ya me cansan, no se dan cuenta de que Marbella no puede ser el Muro de Berlín o Rumanía… Esta empresa me va a dar 16.000 millones de pesetas, que no los hemos cobrado por culpa de un imbécil comunista que tenemos ahí de secretario, a ese hay que cortarle el cuello”. En efecto, todo indica que Moreno Brenes no era del agrado de Gil…

*****

P. ¿Qué pasó después de que Gil le increpara en los medios?
R. El viernes vinieron con un decreto que decía que yo necesitaba unas vacaciones. Que hacía dictámenes a la contra porque estaba cansado. Estuve seis meses de vacaciones forzosas. Recurrí. Por algún motivo disparatado, en la sala de Málaga desestimaron mi recurso, pero gané en el Supremo… cuando era tarde: ya me había trasladado a otro destino porque no quería estar el resto de mi vida de vacaciones forzosas.

El decreto de vacaciones forzosas decía cosas como: “Vista la conducta profesional observada en las últimas semanas por Don Pedro Moreno Brenes… emitiendo informes legales encaminados directamente a la paralización de toda actividad municipal… a causa de, sin duda, el exceso de trabajo a que está siendo sometido el funcionario, sin vacaciones durante todo el año, sin que llegue a ser cierto, como se ha señalado, que sean motivaciones políticas sectarias tendentes a paralizar la actividad”. Firmado por el alcalde Jesús Gil. Una astuta y sutil manera de cortarle la cabeza...

P. ¿Lo pasó usted mal?
R. Ahora lo cuento con humor… pero sí: lo pasé peor que mal. No dormí esa semana. Me enclaustré en mi despacho. Cada vez que me llegaba un papel, advertía de su ilegalidad. Era un ambiente de impunidad. Estaba solo. A otros funcionarios tampoco les gustaba lo que estaba pasando, pero decidieron que lo más prudente era callar. Digo esa semana, eh, después cada uno habrá intentado oponerse como buenamente pudiera. Pero esa semana: nada de nada. Solo recuerdo a un policía local que vino a decirme que sentía mucho lo que me estaban haciendo. A escondidas. Ese era el ambiente de miedo que había. Solo había dos posturas: terror o complicidad.

Solo había dos posturas con Gil: terror o complicidad

No se trataba de ser héroes, sino de cumplir con nuestra obligación. Lo que pasa es que Gil asustaba. El miedo forma parte de la condición humana, eso lo puedo entender, pero que las instituciones no reaccionaran me cuesta entenderlo más. Eran ilegalidades de libro. Una cosa es ganar las elecciones y otra hacer lo que te dé la gana. El gilismo no tenía entonces límite alguno: vieron que el ayuntamiento era una fuente grande de riqueza, y fueron a por ella. Si al gilismo se le paran los pies de entrada, hubiera durado mucho menos. Nos hubiéramos ahorrado muchas barbaridades.

Cuando Moreno Brenes dice que las autoridades reaccionaron tarde no habla por hablar. En abril de 1994, Gil fue condenado a dos meses de arresto por una estafa antigua. O se le indultaba o no podría presentarse a la reelección. El gobierno le indultó .El ministro de Justicia de entonces, Juan Alberto Belloch, lo justificó así en 2013: "En aquel momento Gil no era Gil, así de sencillo, no sabíamos nadie que tipo de personaje era y por tanto la decisión fue razonable". Resumiendo: dos años y ocho meses después de que Moreno Brenes fuera purgado, el Gobierno aún no se había enterado de lo que pasaba en Marbella (eso o que Gil era tan popular y conflictivo que merecía la pena mirar hacia otro lado).

P. ¿A qué achaca la reacción tardía?
R. La mayor parte de la población de Marbella veía entonces con simpatía ese tipo de situaciones. ¿La prensa? Quitando ‘Diario 16’ y alguno más, las críticas a Gil llegaron tarde. Mi ministerio, por ejemplo, no movió un dedo para ampararme. Solo dieron la cara la abogacía del Estado y el gobernador civil de Málaga: Francisco Rodríguez Caracuel. Os estoy hablando del año 91. La primera sentencia contra Gil es de finales de los noventa. Entre medias: casi todos jiji-jajá con las ocurrencias de Gil.

Vieron que el ayuntamiento era una fuente grande de riqueza y fueron a por ella

Ahora cuesta creerlo, pero el ambiente era de absoluta impunidad —y mientras duró— se robó dinero a espuertas. Gil debería estudiarse en las facultades de derecho porque incumplió todos y cada uno de los artículos del Código Penal. Aquello fue disparatado. En Marbella hubo masoquismo colectivo. ¡Gil les estaba robando antes sus narices y le reían las gracias!

P. Cuando el juez Sierra encarceló brevemente a Gil, una parte de la ciudad salió a la calle a protestar…
R. Con Gunilla al frente… y muchísimos más. Ojo, no solo había ahí engañados: a mucha gente le iba la marcha y otros sacaron partido a la situación: la plantilla municipal no dejó de incrementarse esos años. Y ahí siguen. Oposiciones no sacó ninguno. Era el nepotismo más absoluto.

Brenes, durante la entrevista. (A. P.)
Brenes, durante la entrevista. (A. P.)

P. Al margen del beneficio económico que pudo obtener, ¿por qué actuaba Gil así? ¿No hubiera sido más inteligente hacer el mal de un modo más discreto?
R. Su actitud era producto de llevar varias décadas haciendo lo que le daba la gana sin que nadie le dijera nada —del indulto por los muertos de Los Ángeles de San Rafael al indulto del PSOE de Felipe González tras ser inhabilitado—. No se le podía pasar por la cabeza que alguien no obedeciera sus órdenes por absurdas que fueran. Gil llamaba a los funcionarios municipales a despachar al Club Financiero mientras estaba con las Mamma Chicho grabando su programa para Telecinco. Y les tenía esperando en la piscina. Nadie le decía no a nada. Gil actuaba así porque creía que el Ayuntamiento era suyo. Su empresa. Yo creo que ahí era sincero y no mentía: lo creía de verdad.

P. La popularidad y el costumbrismo permitieron a Gil sobrevivir sin achicharrarse. Gil como tipo gracioso que hablaba como el pueblo. Algunos conocidos periodistas deportivos le siguen viendo así. ¿La prensa blanqueó a Gil?
R. Sí, sobre todo parte de la prensa deportiva. Y siguen. Como mucho te lo presentan como un tipo bruto, pero sobre todo gracioso. Algunos le veían como un empresario audaz que rompía moldes. Gil hacía alguna barbaridad y decían: ¡Son las cosas de don Jesús! Hay personas que se sentían y se sienten muy cómodas con el personaje. Gil debería haber sido un apestado, y sin embargo...

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El ecologista

Javier de Luis, de Ecologistas en Acción. (A. P.)
Javier de Luis, de Ecologistas en Acción. (A. P.)

Ser ecologista y experto en denunciar irregularidades urbanísticas no era la actividad más popular en la Marbella del primer Gil, pero en esas andaba Javier de Luis, que quizá se sentía como un vegano en una parrillada argentina o como un afroamericano en la Alabama de 1923. Digamos que los poderes fácticos de la ciudad le miraban raro. “Los que nos oponíamos a Gil entonces éramos cuatro gilipollas. Pero el problema de fondo igual no era enfrentarse a Gil, sino a toda la sociedad que alimentaba al monstruo”, recuerda.

De Luis tiene 350 demandas urbanísticas a sus espaldas (y a las de su organización de entonces: Ecologistas en Acción). Demandas sistemáticamente archivadas por los jueces de Marbella durante los años noventa… hasta que llegó el juez Santiago Torres desde Barcelona y el búnker judicial marbellí empezó a resquebrajarse (un poco). Si esto fuera un western, el juez Torres sería el forastero que llega a un pueblo corrupto del Oeste y se enfrenta a los poderes fácticos. Respaldado por la Fiscalía Anticorrupción (con Jiménez Villarejo al mando y Carlos Castresana llevando la investigación sobre Gil), Torres fue el primero que se atrevió a detener a Gil (caso Camisetas), fue acosado y amenazado por el gilismo y sufrió varios infartos. Dejó de ser juez y ahora ejerce la abogacía en Madrid. Fuentes judiciales conocedoras de los salvajes choques Torres/Gil alertan sobre el peligro del revisionismo costumbrista y nostálgico del gilismo: "Gil logró reconocimiento social con el fútbol y supo jugar la carta del populismo, pero no era ningún payaso, era listo: sabía tejer relaciones de poder y manejar el urbanismo. Su personaje era histriónico, pero en privado era frío y controlaba sus emociones". Resumiendo: un peligro público.

Gil sacó 19 de los 25 concejales en sus primeras elecciones, un 65% de los votos, nunca antes un alcalde de una población de ese tamaño había sacado tantos votos. En 1995, superó sus resultados: un 66% de los votos. Los escándalos empezaron a emerger, pero en 1999 volvió a sacar mayoría absoluta con el 52%. En 2003, con Gil inhabilitado por el Tribunal Supremo, el ladrillo de Marbella bajo los focos y Julián Muñoz como nuevo candidato, el gilismo sacó otra mayoría absoluta.

Si la Alemania posterior a Hitler se desnazificó, la Marbella posterior a Gil no se desgilificó

Podría decirse que no fueron los electores los que sacaron al gilismo del poder, sino los propios gilistas: inhabilitado el capo máximo, la cohesión interna se resquebrajó y las luchas de poder por los repartos económicos dinamitaron el movimiento por dentro. Una moción de censura desalojó a Julián Muñoz, sustituido por la gilista Marisol Yagüe. Tres años después, Yagüe fue desalojada de la alcaldía, pero no por los votantes, sino por la policía, los fiscales y los jueces de la Operación Malaya.

“No se puede decir que Marbella haya hecho autocrítica de esos años. Si la Alemania posterior a Hitler se desnazificó, la Marbella posterior a Gil no se desgilificó”, asegura De Luis. ¿Ejemplo para argumentar tan tajante afirmación? El exagerado número de empleados heredados del Ayuntamiento de Marbella.

Uno de los métodos de Gil para extender sus tentáculos clientelares fue engordar exageradamente la plantilla municipal, pero no por oposición, sino por dedazo. El círculo de los favores y la obediencia debida.

Cuando Gil llegó a la alcaldía, el consistorio tenía menos de 1.000 empleados. Cifras de 2017: de los 3.500 trabajadores municipales de Marbella, solo 700 habían accedido por oposición... El ayuntamiento llegó a gastarse el 70% de su presupuesto en salarios. Estadística que circuló durante las primeras alcaldías posgilistas: Málaga tenía menos empleados municipales que Marbella pese a cuadruplicar su población. Ha llegado a haber 13 sindicatos dentro del consistorio. Los tímidos intentos de reducir la plantilla municipal han quedado en nada.

Los que nos oponíamos a Gil entonces éramos cuatro gilipollas

Otro dato de la desgilificación imposible: la deuda dejada por Gil no acabará de pagarse hasta el año 2040.

Todas estas cifras han condicionado el gasto en servicios públicos de una ciudad con 6.000 piscinas y dos ambulatorios.

Con todo y con eso: “Igual hay cierta nostalgia subterránea de la era Gil. Nostalgia de los años en los que algunos vivieron como dios”, razona De Luis.

Los amigos del surrealismo urbanístico, desde luego, pueden sentir nostalgia de la época. Atentos a esta anécdota. El Tribunal Superior de Justicia de Andalucía ordena paralizar una obra en Marbella. Los inspectores municipales comprueban que el edificio se sigue construyendo. El capataz les recibe, pregunta qué quieren y llama a la alcaldesa Marisol Yagüe, que a su vez llama al jefe de policía de Marbella para que se presente allí. Al llegar el agente, en lugar de pedirle los papeles de la obra al capataz, les pide las identificaciones a los inspectores municipales. Circulen, aquí no hay nada que ver. “El capataz había pagado su dinero correspondiente al ayuntamiento y no podía ser que vinieran unos funcionarios a tocarle los huevos”, recuerda De Luis.

El cartel de acceso a Marbella, símbolo del gilismo, durante su construcción. (EFE)
El cartel de acceso a Marbella, símbolo del gilismo, durante su construcción. (EFE)

“El abogado de Gil, Sierra, lo dijo una vez a las claras: ‘Mi labor es legalizar todo lo ilegal que hace Gil’. El problema de Jesús Gil es que era un bocazas, no ocultaba nada, se le veía todo”, afirma Javier de Luis.

Su visión coincide con la de otros entrevistados de este doble reportaje: Jesús Gil como emprendedor transparente, vanguardista y macarra del binomio 'boom' inmobiliario/corrupción, que llevó a varios políticos a la cárcel tras el estallido de la burbuja inmobiliaria (2008). Gil como pionero desvergonzado que marcó el camino, pero dejó en poca cosa a todos los que vinieron por detrás. Un rupturista.

La conversación con Javier de Luis tiene lugar en un bucólico parque marbellí. Marco tan incomparable que uno empieza hablando sobre Jesús Gil… y acaba disertando sobre el filósofo y diplomático árabe Ibn al-Jatib, que escribió sobre las maravillas del reino nazarí de Granada en los últimos tiempos (siglo XIV) de Al-Ándalus. Al-Jatib pasó un día por Marbella —entonces Marballa— y observó lo siguiente: los habitantes de la zona no se reunían para orar, solo se juntaban para comer sardinas, al único al que rezaban era al que les daba la sardina más gorda… Vale, entonces no había población cristiana, pero la metáfora es irresistible: algún tipo de microclima debe haber en Marbella que potencia el culto al que promete la sardina más gorda…

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