ENTREVISTA A JOSÉ ANTONIO NIETO

"El fallo de que hubiera urnas el 1-O fue del CNI. Decían que lo tenían controlado y no"

Cuando fue a declarar al juicio del 'procés', por su etapa como secretario de Estado de Seguridad, se produjo un hecho poco habitual: las fuerzas de seguridad le brindaron un aplauso

Foto: El exsecretario de Estado de Seguridad, José Antonio Nieto. (EFE)
El exsecretario de Estado de Seguridad, José Antonio Nieto. (EFE)

José Antonio Nieto pertenece a esa subespecie de dirigentes políticos que transitan por las instituciones con tanta discreción que, cuando se repasa su currículum, siempre acaba sorprendiendo. Por las responsabilidades desempeñadas, que no se corresponden con su modesta imagen pública y los índices de conocimiento. Diríase, en suma, que José Antonio Nieto Ballesteros (Guadalcázar, 1970) es el envés del populismo, lo que fortalece su fama de seriedad y buena gestión. Nacido en la humilde familia de un camionero cordobés, Nieto se inició pronto en la política a través del CDS de Adolfo Suárez. Desde su primer puesto de asesor, fue escalando hasta conseguir una mayoría absoluta en el Ayuntamiento de Córdoba, que tenía el sello del 'califato rojo' que le había dejado Julio Anguita.

Hace unas semanas, cuando fue a declarar al juicio del 'procés', por su etapa como secretario de Estado de Seguridad, se produjo un hecho poco habitual: la totalidad de las fuerzas de seguridad le brindaron un aplauso porque entendieron que Nieto ha sido el primero que, sin tapujos, ha defendido a los policías y guardias civiles del descrédito y los insultos de los independentistas catalanes. Ahora tiene el encargo de hacer de portavoz del Partido Popular en el Parlamento de Andalucía, tras el 'pacto a la andaluza' que unió por primera vez al PP, Ciudadanos y Vox para gobernar.

Nieto. (EFE)
Nieto. (EFE)

PREGUNTA. Siempre se habla de la 'vía andaluza', pero también se podría hablar del 'espejismo andaluz': el PP camufla los peores resultados electorales gracias a esos pactos.

RESPUESTA. Lo sabemos y le hemos dedicado mucho a esa reflexión… En política es fundamental saber gestionar cada momento y la clave de este tiempo es que el PP, que ni por asomo tiene los resultados de hace una década, lidera el centro derecha y es, por tanto, la única alternativa a un gobierno de izquierda. Por lo demás, lo que tenemos que hacer en el PP es recordar quiénes somos y lo que significamos desde que se refundó el partido en el Congreso de Sevilla de 1990. Es curioso que, ahora, lo que nos reprochan unos y otros es que no somos 'puros', que no somos centro o que no somos derecha. ¡Pero si eso es lo más valioso del Partido Popular, no ser exclusivos de la derecha o del centro! Eso es lo que nos convierte en un partido de gobierno. Esa tensión es necesaria para el PP; es consustancial a la propia existencia del partido, poder albergar a gente que se siente de centro y también a quien es de derechas.

El Partido Popular tiene que estar eternamente en ese movimiento hacia la derecha, cuando está en la oposición, y hacia el centro, cuando se gobierna. Lo mismo se podría decir del PSOE; es la historia de este país. La dificultad radica en que se debe conseguir que nadie del PP se sienta excluido por esa oscilación y que la incomodidad que le pueda producir la compense con la certeza de que somos los únicos que podemos llegar al Gobierno. Albert Rivera nunca va a ser presidente del Gobierno de España y, por supuesto, Santiago Abascal jamás va a llegar a la Moncloa porque sus posiciones no son mayoritarias en este país.

P. Es decir, que el error del PP sería dejarse llevar por la irrupción de Vox, y girar a la derecha. ¿No fue eso lo que intentó Pablo Casado?

R. Más que un error, yo creo que ha sido fruto de la coyuntura que se ha encontrado. Ningún presidente se ha enfrentado a una fragmentación tan grande del centro derecha. Lo que hizo Casado fue, en primer lugar, 'sellar' uno de los frentes, para evitar una mayor pérdida de votos hacia Vox, y, con posterioridad, se centró en el otro frente para frenar la pérdida de votos hacia el centro. El Partido Popular ha sufrido en un año y medio todos los reveses que puede sufrir un partido político, todos, y lo normal es que nos hubiera ocurrido como a otros partidos europeos, que los ciudadanos los reemplazan por otros. La crisis económica durísima, que nos hizo tener que gobernar incluso en contra de nuestros propios planteamientos, como fue la subida de impuestos; la concentración de casos de corrupción que culminaron con la sentencia extraña de la Gürtel, que está recurrida; luego, perdemos el Gobierno con la única moción de censura que ha prosperado en España…

P. ¿Temió usted entonces que el PP podía desaparecer?

R. Sí, claro, y de hecho creo que ese fue el gran debate del Congreso Nacional: sabíamos que si nos equivocábamos, el Partido Popular corría el riesgo de desaparecer. Pero acertamos y, además, se ha demostrado que, junto al PSOE, somos el partido que tiene una mayor fortaleza en la base. Pero el momento ha sido muy duro, mucho, y esperemos que se haya superado tras estas elecciones… Me acuerdo que una vez, hace muchos años, hablando con Rubalcaba, me dijo: esta crisis económica es tan dura que no solo se va a llevar por delante a un Gobierno sino a dos, al que nos meta en la crisis y al que nos saque de la crisis. Pues eso fue lo que acabó ocurriendo.

José Antonio Nieto en una imagen de archivo. (EFE)
José Antonio Nieto en una imagen de archivo. (EFE)

P. Pues, verá, yo creo que, aunque es evidente el desgaste del PP por la crisis, lo que más daño le ha hecho es la gestión del conflicto independentista de Cataluña. Fue entonces cuando caló lo de la 'derechita cobarde'…

R. Si el PP no hubiese venido del desgaste enorme que supuso la crisis, probablemente se hubiesen gestionado de otra manera las consecuencias últimas de la corrupción en el partido y, por supuesto, la crisis de Cataluña. Pero todo eso llegó en ese momento, cuando la imagen de Rajoy y del Gobierno estaba desgastada por la crisis, que se veía castigada más aún tras cada declaración en los juicios o con las sentencias de algunos casos de corrupción. En ese contexto, estalla la crisis de Cataluña porque los independentistas estaban esperando ese momento para hacerle daño a España: 'el Gobierno está débil, vamos a rematarlo'… En fin, que no sé si la gestión de Cataluña fue lo más grave para el PP, pero sí fue la gota que colmó el vaso; el momento en el que se hizo más patente la sensación de que al PP lo superaban los acontecimientos.

P. En el juicio del 'procés', cuando fue usted a declarar como testigo, utilizó una expresión que me sorprendió: que todos estaban 'en guardia' desde 2015 por lo que iba a ocurrir en Cataluña. ¿Cómo se explica, entonces, que al Gobierno lo atropellaran los acontecimientos del 1 de octubre de dos años después?

R. Desde 2015 lo que se hizo fue, en primer lugar, darles respuesta a las 134 propuestas de la llamada 'operación diálogo' y, posteriormente, se analizaron muy detalladamente todas las posibles salidas legales y constitucionales. Ese trabajo fue muy bueno, pero se encontraba con el inconveniente de que se requería un consenso amplio. Quizá esa fue la clave, lo que lo determinó todo… Mi posición en aquel momento era otra; yo tenía claro que el objetivo de los independentistas era irreversible y que había que actuar antes, adelantarse. El 155 tendríamos que haberlo aplicado justo después de que el 6 y 7 de septiembre se aprobasen en el Parlamento de Cataluña las 'leyes de desconexión' y la suspensión de la autonomía tendría que haber durado más, hasta que hubiese disminuido la tensión. De haberlo hecho así, el referéndum del 1 de octubre no hubiera tenido lugar y, quizá, hoy estaríamos hablando de otra cosa. Pero buscábamos un mayor consenso, sobre todo el presidente Rajoy, con el PSOE y Ciudadanos, y no se hizo.

P. ¿No será que Rajoy se dejó llevar por eso que decía de que 'a veces la mejor decisión es no tomar ninguna decisión'?

R. El presidente Rajoy, al que la historia le hará justicia, tenía muy claro, desde mucho tiempo atrás, lo que estaba pasando y lo que iba a pasar en Cataluña. Pero tenía una premisa: no quería romper el bloque constitucional. Y resulta que, por un lado, el PSOE nunca ha estado cómodo con el 155 y, por otro, la prioridad de Ciudadanos no era estabilizar Cataluña, sino desestabilizar al PP. De todas formas, como le decía, no escondo que fue un error. Nos quedamos cortos en los dos aspectos que había que controlar en la aplicación del artículo 155: el tiempo, que debió ser antes, como digo, y las materias sobre las que se actuaba, en las que también nos quedamos cortos por lo mismo, por buscar el consenso con el PSOE y Ciudadanos. Era imprescindible haber actuado sobre la Educación y sobre la radio y la televisión pública de Cataluña. ¿Qué hubiese pasado si se llega a aplicar el 155 por un plazo largo, sin un límite de tiempo? Creo que hubiera dado tiempo a que las cosas se normalizaran.

P. Pero los errores también fueron otros. El más flagrante, que se dijera desde el Gobierno que el 1 de octubre no habría ni urnas ni papeletas, y hubo de todo. Uno siempre piensa que un Gobierno tiene servicios de inteligencia que lo saben todo…

R. A ver, el objetivo era deslegitimar la 'performance' del independentismo, que quería presentar el 1 de octubre como un referéndum válido y legal. Y eso lo conseguimos: no hubo junta electoral, porque dimitieron todos, no había censo, no había interventores ni miembros de las mesas electorales, la gente votaba en la calle y hubo quien votó cuatro o cinco veces… Nadie puede decir hoy que aquel referéndum fue válido. ¿Falló la inteligencia? Pues, probablemente, en algunos aspectos falló. Lo que le puedo decir es que la Guardia Civil, fundamentalmente, incautó todo el material electoral de propaganda, todos los listados de censo que se iba a enviar a los colegios, las planchas de publicidad, las papeletas que tenían preparadas… Lo de las urnas se pensaba que estaba controlado y luego resultó que no era así, pero tengo que decir que de eso no se encargaban las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado. Tengo que dar la cara por ellas…

P. ¿Entonces? ¿Quién se encargaba, el Centro Nacional de Inteligencia?

R. El CNI, sí, y creo, además, que lo tuvieron controlado, pero luego… Era complejo… El CNI tenía una investigación abierta sobre las urnas, que era muy amplia, esperaban que diera resultados y finalmente, pues no… En fin, hay que entenderlo porque fallar, fallamos todos.

"El CNI tenía una investigación abierta sobre las urnas, que era muy amplia, esperaban que diera resultados y finalmente, pues no…"

P. El mayor desconcierto que provoca el independentismo es que, de forma constante, pone trampas y, por evidentes que sean, se acaba cayendo en ellas. Situaciones absurdas como las de celebrar Juntas de Seguridad en las que hablaban de cómo impedir el referéndum ilegal con aquellos que lo habían convocado y que estaban sentados en la misma mesa.

R. ¿Sabe lo que pasa? Que la Generalitat estaba incumpliendo la ley, pero nosotros, para impedirlo, no podíamos hacer lo mismo; el Gobierno de España siempre cumplía escrupulosamente con la legalidad. Ese es el argumento fundamental que yo daba para adelantar el 155. Si no se hacía, no teníamos otra salida que adaptarnos al marco legal y respetar las competencias de la Generalitat, aunque la estuviésemos acusando de incumplir la ley. Por ejemplo, sabíamos y teníamos información de que los Mossos d'Escuadra iban a ponerse de perfil el 1 de octubre, pero eso no nos habilitaba para tomar una medida alternativa, porque invadiría sus competencias.

P. Y en esas reuniones, ¿cómo se comportaba Puigdemont? ¿Lo veía usted como un tipo listo, inteligente, o un visionario fuera de sí?

R. Puigdemont es mesiánico, piensa que está cumpliendo una misión, liberar al pueblo catalán. Verá, lo que tengo claro es que ahora que tenemos un tiempo amplio sin elecciones, deberíamos ponernos de acuerdo para que, ante situaciones así, podamos defender mejor al Estado. No podemos permitir que estos señores sigan saltándose a piola la ley sin que pase nada. Por eso, creo que tiene que haber una sentencia ejemplar en el Tribunal Supremo; creo que no se pueden dar indultos que transmitan la sensación de que no pasa nada cuando uno ignora la legalidad.

P. Hablaba antes de los Mossos… ¿Mintió el mayor Trapero en el juicio cuando dijo que siempre había estado del lado del cumplimiento de la ley y que llamó "irresponsable" al Gobierno de la Generalitat?

R. Trapero tenía una ambición, quería ser mayor de los Mossos, que es un cargo que no se otorgaba desde hacía bastante tiempo. Se lo concedieron y Trapero, que no es independentista, en compensación cumplió el 'capricho' del presidente de la Generalitat, aunque sabía que iba en contra del espíritu de todo cuerpo policial, como es incumplir un mandato judicial. Si los Mossos no se hubieran alineado con la Generalitat, el 1 de octubre se habría desconvocado. Lo que hicieron con su despliegue, colocando en cada colegio electoral a dos Mossos, fue colaborar con la imagen de normalidad del referéndum que quería transmitir la Generalitat a todo el mundo. ¿Mintió Trapero? A ver, Trapero engañó al fiscal jefe del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña y luego a la magistrada que dictó el mandato judicial. Les dijo que iba a intentar evitar el 1 de octubre y en ningún momento estuvo en su ánimo hacerlo. Yo, en aquel momento, tenía mucha información que no podía utilizar públicamente. Conocíamos las reuniones de la cúpula de los Mossos con Puigdemont, sabíamos que había una posición mayoritaria en contra del referéndum, y tratamos de presionar con la esperanza de que esa posición acabase imponiéndose.

P. ¿El conflicto de Cataluña ha llegado a su 'punto de inflexión' o estamos aún lejos de eso?

R. No, no, qué va, en Cataluña se vive una especie de 'realidad paralela' y eso todavía se sigue alimentando. Hay muchísima gente de muy buena fe que realmente piensa que la independencia es la única realidad que existe. Y en los colegios, a los niños se les educa para que sean patriotas catalanes. Por eso le digo que, de seguir así, el peor momento del conflicto de Cataluña no ha llegado. Si no se normaliza todo lo que ha ocasionado esta situación, eso será lo que va a pasar. Nosotros no lo hicimos, hicimos muchas cosas pero, al final, nos conformábamos con resolver lo esencial. Nos decíamos, si ya lo hemos resuelto, qué más da cómo lo comuniquemos, y la clave, precisamente, estaba ahí, en comunicarlo adecuadamente. Lo que hicimos en Cataluña fue muy difícil y estuvo bien hecho, pero lo contamos fatal. Y si eso sucede, lo que queda en la conciencia de la gente es que hiciste el ridículo en Cataluña.

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