DETENIDO TRAS 17 AÑOS FUGAdo

El final de Josu Ternera, el terrorista vip: "Entendía de vinos y disfrutaba de la mesa"

Jesús Eguiguren describe en su libro 'ETA, las claves de la paz' la faceta más personal del exjefe político de ETA con base en las conversaciones secretas mantenidas con la banda terrorista

Foto: Josu Ternera, antes de la detención. (EC)
Josu Ternera, antes de la detención. (EC)

Es la media tarde del 21 de junio de 2005. Jesús Eguiguren aguarda en un hotel de Ginebra a orillas del lago Leman a que los representantes del Centro Henri Dunant, el organismo especializado en mediar en la resolución de conflictos situado en esta localidad suiza, posibiliten el primer contacto con los interlocutores de ETA de cara a iniciar las conversaciones avaladas por el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero. “Este es George y este es Miguel”, les presentaron. Pero para cuando se apretaron las manos, tanto el uno como el otro sabían que quien estaba en frente no se llamaba ni George ni Miguel. George era, en realidad, el histórico dirigente etarra Jose Antonio Urruticoechea, ‘Josu Ternera’, y Miguel era el dirigente socialista que presidía el PSE.

El final de Josu Ternera, el terrorista vip: "Entendía de vinos y disfrutaba de la mesa"

Ambos conocían sus verdaderos nombres de la época de parlamentarios en la Cámara vasca, donde habían coincidido de 2000 a 2002, hasta que el exjefe político de ETA, que ocupaba un escaño en representación de Euskal Herritarrok, una de las muchas marcas que ha tenido la izquierda 'abertzale’, huyó después de que la Audiencia Nacional le implicara como instigador del atentado contra la casa cuartel de Zaragoza de 1987 en que fallecieron 11 personas, seis de ellas menores de edad.

No era la primera vez que se veían, pero sí fue la primera que cruzaron palabra. Así lo asegura Eguiguren al describir cómo fue ese encuentro inicial en su libro ‘ETA. Las claves de la paz. Confesiones del negociador’ (Aguilar, 2011), en el que desvela al detalle las conversaciones llevadas a cabo durante varios meses en Ginebra y Oslo (Noruega) con el principal interlocutor de la banda terrorista en este proceso. El libro desnuda de forma minuciosa cada paso, cada reunión, cada avance, cada desacuerdo, cada fracaso, cada cabreo, cada reproche, pero también desglosa a través de los ojos de Eguiguren la figura de Josu Ternera desde la perspectiva más personal. El yo etarra y el yo ciudadano.

Josu Ternera, con la cara tapada, tras su detención este jueves en los Alpes franceses. (Reuters)
Josu Ternera, con la cara tapada, tras su detención este jueves en los Alpes franceses. (Reuters)

De la ausencia de trato en el Parlamento vasco se pasó a “una relación cordial desde el inicio” de las negociaciones, que se prolongaron hasta finales de 2015. Durante este periodo, hubo tiempo para compartir alguna cena que le permitió conocer el lado más personal de quien se distinguía por ser metódico y calculador. Como aquella cena “distendida” del 8 de noviembre con la “delegación de ETA”, en la que también estaba presente el veterano militante de ETA Jon Yurrebaso —fue detenido en marzo de 2007 en un control de la policía francesa—, que ponía el colofón a una jornada fructífera que había puesto los cimientos a la declaración de la tregua permanente de la banda terrorista que llegaría en marzo de 2006. “Esto parece llegar al final. Espero que para el fin de semana esté todo ya cerrado y me pueda encontrar ya en casa”, había dejado escrito en su libreta personal un esperanzado Eguiguren en relación a unas conversaciones que finalizaron cuatro días después.

Se convertían en comunicativos, alegres, bromistas. Sobre todo George [Josu Ternera], que además demostraba entender de vinos y comidas

En la mesa también se encontró con “otra novedad” más allá de la política, la actitud de George —Eguiguren se refiere a Josu Ternera en la mayoría de las ocasiones con el nombre falso de la presentación— y de Robert —el nombre asignado por el Centro Henri Dunant a Yurrebaso— como comensales. “Cambiaban totalmente. Se convertían en comunicativos, alegres, bromistas. Sobre todo George, que además demostraba entender de vinos y de comidas, y se veía que disfrutaba de la mesa. Era un terrorista vip”, describe el que fuera presidente del PSE entre 2002 y 2014.

Esta actitud más distendida de Oslo contrastaba con el Josu Ternera de “carácter austero, metódico y sobrio en palabras” de Ginebra. El mismo que “desde el primer momento negó ser el comandante en jefe de ETA” para presentarse como “interlocutor” de la banda terrorista, lo que, para Eguiguren, daba a entender que “tenía autoridad moral, pero no el mando real en ETA”. “Estaba claro que los 11 años de cárcel pesaban, aunque él mantuvo un contacto privilegiado con ETA a través de sus abogados”, expone.

Josu Ternera (Miravalles, Vizcaya, 1950) reapareció en Ginebra como representante de ETA tres años después de huir de España por la causa del atentado contra la casa cuartel de Zaragoza. En una carta remitida al diario 'abertzale' 'Gara', el dirigente etarra había justificado su fuga por el “constante juicio” que existía sobre su persona tras permanecer 11 años en cárceles francesas y españolas por pertenencia a ETA y que había derivado en “un terrible proceso de criminalización” hacia él. “Los medios de comunicación y políticos fascistas me han insultado y han llevado a cabo una presión incesante para lograr mi encarcelación”, defendía.

La fuga se acabó este pasado jueves, a sus 68 años de edad, con su detención en la zona de los Alpes franceses en una operación conjunta de la Dirección General de Seguridad Interior francesa (DGSI) y la Guardia Civil. Se ha puesto fin, de este modo, a 17 años de huida de quien “personifica como nadie la historia de ETA”. Con 21 años ya figuraba en los archivos policiales como militante destacado de la banda terrorista, participó en el atentado contra el presidente del Gobierno franquista Luis Carrero Blanco, fue jefe del aparato internacional de ETA desde 1978, labor que compaginó a comienzos de la década de los ochonte con la jefatura política… Y en 1986 asumió el “mando supremo” de ETA tras la detención de Txomin Iturbe hasta su detención en Francia en 1989. Pero él, según detalla Eguiguren, siempre negaba que estuviera en lo más alto de la banda terrorista. Eso, decía, son “invenciones” de la policía y los medios de comunicación. Como también lo era supuestamente su enfrentamiento con el entonces jefe militar de ETA, Garikoitz Aspiazu, ‘Txeroki’. “No le conozco”, le espetó a Eguiguren al ser interpelado por esta disputa.

Fuentes policiales creen que Ternera se aprovechó de su historial en ETA para entrar en el Parlamento y "poder vivir bien" tras 11 años entre rejas

Eguiguren habla en su libro de "terrorista vip" por su afición al vino y a la comida, una consideración que, en cierto modo, vienen a respaldar fuentes policiales, que consideran que Josu Ternera se aprovechó de su historial en ETA para entrar en el Parlamento vasco con el fin de "poder vivir bien" tras 11 años entre rejas. "Se sentía, en cierto modo, como alguien superior dentro de ETA", precisan fuentes encargadas de la lucha antiterrorista en aquella época, que consideran que la dirección de la banda terrorista se "vengó" de él "dejándole de lado" tras su fuga en 2002. Si bien acudió a Ginebra como interlocutor de ETA, las mismas fuentes aseguran que no contaba con su confianza. De hecho, la dirección le apartó en las negociaciones al ser sustituto por el duro Javier López Peña, alias 'Thierry'.

De las conversaciones mantenidas, Eguiguren extrae que Josu Ternera tenía una “voluntad sincera” de “buscar un final a la historia de ETA”. De hecho, le define como el “héroe de la retirada” de la banda terrorista, denominación que, según precisa, se utiliza en términos de resolución de conflictos. Por ello, este mismo jueves no ocultaba su "sorpresa" por la detención de quien ha sido “uno de los artífices del final de ETA”. A este respecto, en varias ocasiones, el exdirigente socialista ha afirmado que Josu Ternera le trasladó en persona que en algún momento "se hablaría de la necesidad de pedir perdón a las víctimas” de ETA.

Josu Ternera, junto a su hijo Egoitz, en una imagen de archivo. (EFE)
Josu Ternera, junto a su hijo Egoitz, en una imagen de archivo. (EFE)

Pero Josu Ternera, durante los encuentros en Suiza y Noruega, “nunca hablaba del pasado”. De política “apenas” hablaba, como tampoco de cuestiones de cierta relevancia, a pesar de que era “inevitable” que durante la estancia en Oslo ambos se encontraran de manera “reiterada” durante el día. El compartir tantos momentos invitaba a profundizar en los aspectos más personales, si bien en la mayoría de las ocasiones los temas que surgían eran banales. “Como vascos impasibles y aburridos, solo conversábamos sobre las inclemencias del incipiente invierno nórdico, de lo pronto que anochecía y de si habíamos salido o no a pasear por el monte. George salía normalmente sobre las siete de la mañana a correr por el monte acompañado de una agente noruega y yo me conformaba con paseos más modestos”, explica Eguiguren. También los encierros de los Sanfermines de Pamplona que veían por la televisión entraban dentro de esta lista de ‘temas permitidos’.

Sí hubo, en todo caso, varias conversaciones sobre las cuestiones familiares, en especial la “preocupación” que mostraba el etarra sobre el futuro de sus dos hijos. Esta preocupación es uno de los factores que dan pie a Eguiguren a pensar que la postura a favor de abandonar las armas de quien años antes había asumido la teoría de la socialización del sufrimiento auspiciada por Rufi Etxeberria era “sincera”. “Nunca me pareció que estuviera fingiendo”, asevera el exdirigente socialista.

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Pero ese supuesto perdón a las víctimas al que aludía Josu Ternera no ha llegado ni por parte de ETA ni del propio etarra, que siempre se ha definido como político. No obstante, quienes compartieron espacio en el Parlamento vasco durante los dos años que ocupó un asiento junto al hoy todavía líder ‘abertzale’ Arnaldo Otegi solo recuerdan sus rostros cargados de odio, ya fuera desde su escaño o en los pasillos de la Cámara. “Echaba fuego con la mirada”, recuerda un parlamentario. Su relación con los miembros del Parlamento de Vitoria, del que Eguiguren había sido presidente en el periodo de 1987 a 1990, era inexistente más allá de la bancada ‘abertzale’. Más que compartir espacio, le "sufrimos", dicen. No le hizo falta ninguna intervención en el hemiciclo. Su sola presencia en la Cámara que representa la voluntad popular estuvo acompañada de la polémica, especialmente por su condición de integrante de la comisión de Derechos Humanos en representación de la marca sucesora de Herri Batasuna, lo que era calificado de provocación, insulto o humillación para las víctimas de ETA. Por aquel entonces, se mantenían los tiempos de plomo del terrorismo sin que el exjefe político de la banda terrorista mostrara autocrítica alguna. Todo lo contrario. Hablaban sus gestos, que lo decían todo. Eran más que habituales las sonrisas orgullosas con Otegi desde sus asientos en un hemiciclo donde las barbaries cometidas por ETA seguían estando muy presentes.

Ya fuera del Parlamento de Vitoria, sentado en la mesa de negociación de Ginebra y Oslo que culminó nueve meses después con la declaración del alto el fuego permanente de ETA, calificada a nivel policial como tregua trampa —la banda terrorista la rompió el 30 de diciembre de 2006 con el atentado contra la T-4 de Barajas que provocó dos muertos—, Josu Ternera llegó a ofrecer a Eguiguren no atentar contra políticos como gesto de ‘buena voluntad’, ante su rotundo rechazo. Una estrategia propia de la escena militar de quien se autoproclamaba político.

¿Qué haría si volviera a encontrarse con Josu Ternera?, interpelaron a Eguiguren en el 'Diario Vasco' en 2015, en un reportaje con motivo del décimo aniversario del inicio de las conversaciones en Ginebra. “Le preguntaría qué ha sido de su vida todo este tiempo”, respondió. Por aquel entonces, con ETA ya inactiva, no sabía qué futuro le aguardaba al exjefe político de ETA, que en verano de 2013 había logrado escapar del cerco policial al que estaba sometido en Francia. Hoy, Eguiguren sigue desconociendo las causas que tiene pendientes en España —cuatro—, y por las que la Audiencia Nacional pedirá su extradición. Ahora, el expresidente del PSE ya sabe el paradero de George.

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