SE QUEDA EN VENEZUELA

La confesión de su amigo: la prueba que acorrala al triple asesino de Usera

El sospechoso y un colega montaron una increíble película a través de pruebas falsas para aparentar que, en lugar de en Madrid, el autor del crimen se encontraba en su pueblo de Alemania

Foto: Despacho donde tuvo lugar el triple crimen el 22 de junio de 2016. (EFE)
Despacho donde tuvo lugar el triple crimen el 22 de junio de 2016. (EFE)

Dahud Hanid Ortiz, el exmarine norteamericano sospechoso de asesinar a tres personas en el barrio madrileño de Usera en 2016, fue encubierto durante meses por uno de sus mejores amigos. El colega se llamaba Aditya y tenía una enorme complicidad con el estadounidense nacido en Venezuela y residente -desde 2007- en la localidad alemana de Wurzburg. Ambos planearon el macabro viaje a la capital de España.

En concreto, según confesó el propio Aditya, Dahud le contó que tenía pensado irse a Madrid con una amante y le pidió ayuda para ocultar la aventura a su verdadera pareja. Para encubrir la aventura, los dos decidieron que Aditya se quedaría el teléfono de Dahud y este se llevaría un nuevo terminal. De este modo, el móvil del marido infiel se situaría en todo momento en el pueblo para cualquiera que tratara de rastrear su señal.

No en vano, Dahud llamó desde Madrid con el teléfono que se había llevado a su propio aparato, que estaba en posesión de Aditya en Wurzburg. Tras establecer comunicación, el cómplice llamó desde su terminal a la mujer de Dahud, unió los dos dispositivos y permitió que la pareja hablara como si el farsante estuviera en Alemania. La chica, de hecho, contó posteriormente a los investigadores que había recibido el telefonazo.

En paralelo a esta artimaña, Aditya se quedó una tarjeta de crédito de su colega con el fin de que este la utilizara durante los días que Dahud iba a estar en España, como de hecho ocurrió. Era otra manera de dejar un rastro en el país que demostrara, tras una virtual investigación posterior, que el exmarine había permanecido en territorio germano, dado que las entidades financieras registran y localizan puntualmente todos estos movimientos y se los pasan a la Policía en el caso de que esta los solicite.

En la misma línea, ambos planificaron fingir una visita al gimnasio para que las cámaras de este local registraran que Dahud había accedido al establecimiento a hacer deporte cuando en realidad se encontraba en Madrid. Para montar esta película, Aditya se puso el gorro de su colega, agarró la tarjeta personal que este le había dejado y accedió al gimnasio, como de hecho muestran las cámaras.

Pero no quedaba ahí la retahíla de pruebas falsas que los dos amigos montaron para simular que Dahud se quedaba en Alemania. Para cerrar el círculo, y sin que la pareja se lo pidiera, Aditya le envió su ubicación a través del móvil de su colega que se había quedado. A la chica le extrañó el envío gratuito, pero no le dio inicialmente más importancia y la 'prueba' quedaba ahí registrada.

Sin embargo, Aditya confesó todo cuando la Policía le mostró lo que su amigo en realidad había ido a hacer a Madrid. Las fotos de los tres cadáveres que el asesino dejó en el despacho de abogados de la calle de Marcelo Usera abrieron los ojos del compinche, que admitió todo el teatro que había ayudado a hacer a su colega. En concreto, confesó que Dahud le pidió que mandara la ubicación, que hizo las llamadas juntando los dos teléfonos, que su amigo le pidió entrar en el gimnasio, que su colega tenía una herida en la mano izquierda producida por un contundente objeto de hierro cuando regresó de España y todo tipo de detalles que ponían en evidencia la historia fingida.

El testimonio del colaborador de Dahud permitió a los investigadores construir cómo transcurrió la verdadera historia e incluso conseguir otras pruebas que la demostraban. El Grupo V de Homicidios de la Jefatura Superior de Policía de Madrid -uno de los departamentos más eficaces de España en la resolución de asesinatos- comprobó el posicionamiento del terminal que el sospechoso se había llevado a España e incluso delimitó el recorrido que este había seguido en coche.

Los responsables de las pesquisas determinaron que Dahud viajó por carretera el día anterior a los fatídicos hechos y que el 22 de junio estuvo en las inmediaciones de la casa del abogado dueño del despacho, en primer lugar, y en el inmueble donde se ubicaba el bufete -en el que tuvieron lugar los crímenes-, después. El tapón de una botella de agua que el asesino utilizó para expandir algún tipo de acelarante que propagara el fuego y que se comercializa en la zona alemana donde reside Dahud también señalaron al exsoldado norteamericano.

Según consta en el sumario, el sospechoso se desplazó hasta el despacho minutos después de las 14 horas. Preguntó por el dueño del bufete, pero la empleada Elisa C. le indicó que no se encontraba en ese momento, que regresaría por la tarde. La mujer llamó al propietario, que acababa de salir de unas declaraciones en los juzgados de plaza de Castilla, y le indicó que ya era muy tarde, que no se acercara por allí, que le diría al hombre que regresara a las cinco de la tarde. En ese momento, el visitante se metió en el baño.

A los pocos minutos, salió con un cuchillo y acabó con la vida de Elisa y de la otra empleada que en ese momento había en el bufete, Maritza. Llevó sus cuerpos al despacho del fondo, el que ocupaba habitualmente el propietario del bufete, y esperó agazapado a que este llegara a las cinco, hora que le había anunciado la fallecida Elisa. Sin embargo, el que llegó fue Pepe, un cliente que venía a recoger una documentación. Entró por la puerta, que se podía abrir solo con empujar, y se sentó en el 'hall', que servía a modo de sala de espera. El asesino se dirigió a por él y le asestó varios golpes que acabaron con su vida.

Dahud, sin embargo, no se enteró de que Pepe no era el dueño del bufete hasta que llegó a Alemania, cuando vio en las noticias lo que había pasado en la madrileña calle de Marcelo Usera y descubrió que el verdadero propietario, Víctor Salas, no era uno de los asesinados. El exmarine fue a por él tras descubrir que el abogado estaba teniendo contacto con su pareja, que había terminado con él a pesar de que el norteamericano no quería asumirlo. Un mes antes del triple crimen, de hecho, Dahud arrebató el teléfono a su ex cuando esta se encontraba hablando con Salas.

Le quitó el terminal de golpe, sin que ella supiera siquiera que él estaba siguiéndola por la calle, y amenazó de muerte al interlocutor, otro indicio que la Policía utiliza para construir la serie de elementos probatorios que los investigadores consideran suficientes para condenar al sospechoso, que tras regresar a su pueblo comenzó a preparar las maletas. Dahud huyó a Venezuela el 4 de julio, apenas dos semanas después del triple asesinato, donde se estableció hasta hoy. No en vano se trata de su país natal.

Sin embargo, fue detenido el pasado 13 de octubre por la Policía venezolana, que le metió entre rejas mientras determinaba si extraditaba o no al arrestado. La resolución la emitió hace unos días el Tribunal Supremo de la República Bolivariana, que tras corregir a una instancia judicial inferior determinó que el país no podía cursar la extradición de Dahud porque no había documento alguno que demostrara que el hombre había renunciado a la nacionalidad venezolona. Al ser aún miembro del país, entendía el alto tribunal, debía ser juzgado por los tribunales venezolanos.

No en vano el Supremo bolivariano reclamó en la misma resolución que el Juzgado 41 de Madrid -que instruye la causa en España- le remitiera toda la causa con las pruebas con el fin de que fueran los tribunales de Venezuela los que se encargaran de juzgar al sospechoso, extremo que el instructor del procedimiento, Juan Carlos Peinado, no prevé cursar en un primer momento.

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