MOVILIZACIÓN a siete semanas de las elecciones

El 8-M vuelve a hacer historia y escapa de convertirse en un acto de campaña

La campaña electoral no logra empañar un movimiento transversal, hegemónico e "imparable", aunque el repliegue de PP y Vox se lo sirve en bandeja a la izquierda

Foto: Cabecera de la marcha feminista en Madrid, a su paso por el palacio de Cibeles, este 8 de marzo. (EFE)
Cabecera de la marcha feminista en Madrid, a su paso por el palacio de Cibeles, este 8 de marzo. (EFE)

El movimiento feminista sigue avanzando "imparable", transversal y hegemónico, al margen del polarizado debate partidista de los últimos días, entre las izquierdas y las derechas, azuzado por el contexto de precampaña electoral. Así lo ha vuelto a demostrar este 8-M inundando las calles de todo el país durante la jornada de huelga, demostrando no solo su músculo y el protagonismo cada vez mayor de las generaciones más jóvenes, que vaciaron los institutos, sino su capacidad por mantener su autonomía, diversidad y capacidad para evitar que se capitalice su lucha o se intente dirigir desde determinadas organizaciones políticas.

En Madrid, cientos de miles de personas volvieron a desbordar el centro de la ciudad, los representantes políticos de PSOE, Podemos, Ciudadanos e IU que acudieron a la manifestación fueron desplazados a decenas de metros de la cabecera del cortejo, que se abría con una gran pancarta con el lema "Somos imparables. ¡Feministas siempre!", seguida de un bloque no mixto. El Gobierno acudió casi en pleno, con una delegación encabezada por la vicepresidenta, Carmen Calvo, Isabel Celaá (Educación), Magdalena Valerio (Trabajo), Nadia Calviño (Economía), Reyes Maroto (Industria), Fernando Grande-Marlaska (Interior), Dolores Delgado (Justicia), Luisa Carcedo (Sanidad) y Luis Planas (Agricultura). Junto a ellos Begoña Gómez, esposa del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. Otros tres ministros secundaron las marchas fuera de Madrid.

Por Podemos acudieron la portavoz parlamentaria, Irene Montero, la portavoz adjunta, Ione Belarra, la diputada regional y candidata en Madrid Isabel Serra o las diputadas Gloria Elizo y Sofía Castañón. Por parte de Ciudadanos, que no llegaron por Atocha, donde se iniciaba el recorrido sino por Alfonso XII debido a la gran afluencia de gente, asistieron la líder del partido en Cataluña, Inés Arrimadas, la portavoz en el Ayuntamiento de Madrid, Begoña Villacís, su homólogo en la Asamblea de Madrid, Ignacio Aguado, o las diputadas Melisa Rodríguez o Patricia Reyes. Como ya ocurrió el pasado año, un grupo minoritario de asistentes a la manifestación increpó a los políticos de la formación naranja y les lanzaron gritos asegurándoles que no eran bienvenidas. Abucheos que en Barcelona recibió también el president de la Generalitat, Quim Torra.

El Partido Popular y Vox, por su parte, optaron por el repliegue, los primeros criticando el carácter "supremacista" del feminismo y los segundos haciendo hincapié en el contenido del manifiesto, que consideraron exlcuyente por "anticapitalista" y de "izquierda radical". La decisión de mantenerse al margen, sobre todo en el caso de los populares que el pasado año sí que celebraron el éxito de la huelga feminista, está atravesada por el contexto de campaña electoral. Un gesto que denota más un ánimo de taponar fugas de votantes hacia Vox que de ampliar su base social.

Desde el bloque progresista no se esconde el deseo de que el éxito de esta jornada reivindicativa sirva para movilizar a su electorado

Ciudadanos apostó por una asistencia crítica, insistiendo también en la idea de que el manifiesto consensuado por la comisión del 8-M dejaba fuera a "muchas mujeres". La ola feminista no arrasará a la formación naranja, como podría hacerlo con PP y Vox, pero tampoco la surfeará.

Si la izquierda le regaló la bandera a la derecha, este 8-M la derecha le ha servido en bandeja el feminismo a la izquierda. Su ausencia este 8-M llevaba a algunos dirigentes políticos de izquierdas a deslizar triunfalmente la golosa comparativa con la foto de Colón de hace justo un mes, convocada por PP, Cs y Vox con el lema "Por una España unida. Elecciones ya". "Al trío de Colón se le frena garantizando derechos", arremetía Montero en declaraciones a los medios. Guerras del pasado y aspiraciones de futuro. El grito de "Madrid será la tumba del machismo", repetido a lo largo de toda la jornada, condesensa a la perfección el signifado de esta jornada a las puertas de un 28-A con dos bloques enfrentados.

El 8-M vuelve a hacer historia y escapa de convertirse en un acto de campaña

El medio millar de manifestaciones convocadas durante esta jornada reivindicativa, en la que ha predominado un ambiente festivo y el el aumento de la participación dan buena cuenta de que el movimiento feminista ha incrementado todavía más su carácter hegemónico. En Madrid, el pasado año se reunieron 170.000 manifestantes, por los 350.000 de este, según las cifras oficiales en ambos casos, si bien la Delegación del Gobierno ha cambiado de color político. La asistencia superó todas las expectativas y cuando la cabecera llegó al escenario donde se leyó el manifesto final, en Plaza de España dos horas y media después del inicio, todavía había manifestantes durante todo el recorrido. El centro se colapsó y los tapones se sucedían por las calles adyacentes.

El repetido grito de "Madrid será la tumba del machismo" resume el significado de esta jornada a las puertas de un 28-A polarizado en dos bloques

Las masivas manifestaciones señalan este 8-M como un día histórico y colocan al feminismo en el centro de la agenda política dejando en el aire las repercusiones que este hito puede tener sobre las próximas elecciones generales del 28 de abril. Las mujeres son mayoría en la bolsa de indecisos y las distintas formaciones políticas que han respaldado sus reivindicaciones y mostrado su respaldo en las calles lo han tenido muy en cuenta. La vicepresidenta Carmen Calvo no perdió la oportunidad de lanzar uno de los mensajes con mayor voluntad de cooptación y utilización del 8-M para polarizar con sus rivales políticos: "Las derechas nunca han contado con nosotras y ya no saben dónde colocarnos", afirmó para añadir que "la derecha siempre pensó que el feminismo era de cuatro radicales y ahora han visto que es la gran corriente para hacer política. Por eso están descolocados y no están aquí. El 8-M ha venido para quedarse".

El 8-M vuelve a hacer historia y escapa de convertirse en un acto de campaña

La portavoz socialista en el Congreso, Adriana Lastra, también aprovechó la ocasión para cargar contra PP y Ciudadanos, incluso justificando los abucheos que recibieron, un año más, los representantes de la formación naranja. A estos últimos los acusó, además, de "inventarse un feminismo inexistente para blanquear el haber pactado con la extrema derecha en Andalucía". Los socialistas se han volcado en capitalizar políticamente este 8-M, con la presencia casi en pleno del Gobierno y golpe de efecto de Begoña Gómez encabezando la delegación. Volviendo a la contraposición con la foto de Colón, las pasiones tristes frente a la contagiosa y más transformadora alegría reivindicativa.

Si la izquierda le regaló la bandera a la derecha, este 8-M la derecha le ha regalado el feminismo a la izquierda

Desde Podemos no han escondido en privado su anhelo de que el éxito de este 8-M sirva para movilizar al electorado progresista, que en las elecciones andaluzas dio claros síntomas de desmovilización abriendo el camino al bloque de la derecha. "Hoy hay otra jornada histórica, otro ejemplo democrático al mundo entero, porque el movimiento feminista es el pulmón de nuestra sociedad y es quién está poniendo la vida en el centro", señalaba Irene Montero. "Salimos a la calle para reclamar nuestra ciudadanía de pleno derecho y sobre todo a decir que esto es imparable y que siempre vamos a ser feministas, porque el feminismo es esa brújula democrática para garantizar la justicia social", añadía por su parte Sofía Castañón, secretaria de Feminismos interseccional y LGTBI de Podemos. Serra sí lanzaba un dardo a PP y Vox, aun sin mencionarlos directamente, advirtiendo que "no vamos a parar frente a los que han querido identificar el feminismo como el enemigo".

"Hay muchas maneras de reivindicar la igualdad. Aquí cabe todo el mundo. Reivindicamos un feminismo liberal, moderno, inclusivo, que no cambie palabras sino políticas. No nos tienen que decir cómo reivindicar la igualdad", se defendía Inés Arrimadas, criticando lo que consideraba un feminismo "caduco". En cuestiones de feminismo, el equilibrio es imposible. Incluso para los sindicatos, con las centrales mayoritarias -que volvieron a convocar solamente paros parciales- pareciendo asumir el papel de las minoritarias -que volvieron a ser quienes convocaron la huelga general de 24 horas-.

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