Urkullu confirma que se reunió con Rajoy: "No era muy dado a la aplicación del 155"
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noveno día del juicio del 'procés'

Urkullu confirma que se reunió con Rajoy: "No era muy dado a la aplicación del 155"

El lehendakari dijo que Puigdemont no convocó elecciones el 26 de octubre porque "las personas concentradas en la Plaza Sant Jaume se le estaban rebelando y por "presiones en su grupo"

Foto: El lehendakari, Iñigo Urkullu, a su llegada al Tribunal Supremo. (EFE)
El lehendakari, Iñigo Urkullu, a su llegada al Tribunal Supremo. (EFE)

El lehendakari Iñigo Urkullu aseguró este jueves en el juicio del 'procés' que en 2017 medió entre Rajoy y Puigdemont "para encauzar la situación". El tono agresivo de otras testificales quedó atrás para dar paso a un aluvión de datos, una declaración en la que el político vasco afirmó que el líder del PP "no era muy dado a la aplicación del 155" y que el 'president' no convocó elecciones el 26 de octubre por la presión en la calle y en su propio grupo parlamentario. Pausado, claro y concreto, el 'jeltzale' situó cada encuentro con exactitud en el tiempo, explicando en este sentido que su intención fue la de ir "presentando propuestas a la Generalitat y al Gobierno español" para que no perdieran el "diálogo" y la posibilidad de "acuerdo".

Urkullu dijo que medió entre ambas partes a petición de Puigdemont, quien le trasladó la impresión de "bloqueo absoluto" con el Gobierno el 19 de junio, pero que en ningún caso La Moncloa le lanzó esta misma solicitud. Pese a ello, un mes después, el 19 de julio, el lehendakari se reunió con Rajoy durante dos horas, a lo que más tarde se sumaron conversaciones telefónicas para tratar asuntos como lo ocurrido el 20 de septiembre frente a la Consellería de Economía: "Le dije que las cosas no debían seguir de la manera que se estaban conduciendo e hice la observación de que todo se estaba yendo de las manos. Le dije que había que medir mucho los pasos que había que dar para evitar la fractura social". Rajoy —aseguró el político vaso— le dijo entonces que a partir de ese momento la actuación del Gobierno sería "la mínima posible" y "con la máxima delicadeza".

Respecto a sus encuentros con Puigdemont, el lehendakari declaró que encontró "disposición al diálogo" y destacó la conversación mantenida con el 'president' la mañana del 26 de octubre, cuando la posibilidad de convocar elecciones en Cataluña pareció que iba a salir adelante. "Él me comunicó que las personas concentradas en la Plaza Sant Jaume se le estaban rebelando y que entendía que también tenía una presión en su grupo de Junts Pel Sí, por lo que no podía disolver el Parlament, que era lo que yo le sugería para evitar la aplicación del 155", afirmó Urkullu.

Urkullu dejó entrever su nacionalismo en algunos puntos de la declaración, como cuando denunció que "la presencia de la Guardia Civil provocaba la convulsión de la sociedad catalana", pero en ningún momento aprovechó su comparecencia como altavoz político. Preguntado por las propuestas que sugirió a ambas partes, dijo que "en absoluto" fueron la celebración de un referéndum ilegal o la declaración unilateral de independencia, vía que él nunca consideró porque "siempre" abogó por "la bilateralidad". La posibilidad de una consulta "legal y pactada" al estilo de Quebec o Escocia, por el contrario, sí se puso sobre la mesa.

El lehendakari aseguró que la actitud de Rajoy fue la de "escucha y atención", pero al mismo tiempo "renuente a cualquier paso que se interpretara como una negociación que traspasara los límites de la Constitución". Antes del encuentro del 19 de julio con el presidente, Urkullu se reunió en la sala de autoridades del aeropuerto de El Prat con la entonces vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, a quien informó de su conversación con el expresidente catalán para que trasladara a Rajoy esa posible mediación. También otras personas como el 'exconseller' de Empresa, Santi Vila, se pusieron en contacto con él para trasladarle que el entonces ministro de Justicia, Rafael Catalá, quería que "intercediera" ante Rajoy, según su relato.

El lehendakari evitó emplear la palabra "mediador" y se definió a sí mismo como "intercesor" o "enlace", pero su repaso de llamadas y encuentros con el Gobierno y la Generalitat demostraron que jugó un papel relevante en los meses más duros del 'procés'. Un papel relevante a la par que inútil, pues su propuesta de "diálogo" y "acuerdo" saltó por los aires con la declaración unilateral de independencia.

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