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Melero, el verso suelto de los defensores: de Cs a ser el 'abogado de Convergència'

Nunca ha sido independentista y, lo que es más importante, nunca ha pretendido serlo. De ahí que haya roto la estrategia de los restantes defensores en el juicio del 'procés'

Foto: El letrado Xavier Melero (i), abogado de Joaquim Forn. (EFE)
El letrado Xavier Melero (i), abogado de Joaquim Forn. (EFE)

A Xavier Melero, abogado de Joaquim Forn y de Meritxell Borràs, dos de los exconsejeros catalanes que se sientan en el banquillo de los acusados desde esta semana, le gustaba la historia. Quería ser historiador. Y, de hecho, se licenció antes que en derecho. Ahora está escribiendo un poco de esa historia que quizás algún día se leerá en los libros.

Su personal visión de la judicatura como un campo donde prima la técnica provocó que, en la primera jornada del juicio, se hiciesen patentes las divergentes estrategias entre algunos de los acusados: tras el alegato político de un Oriol Junqueras que se autoproclamó “preso político”, llegó la defensa jurídica del exconsejero Forn, que nada tuvo que ver con la visceralidad del republicano. Y es que, con más de 30 años de profesión a su espalda, Melero ha estado los últimos años vinculado a Convergència Democràtica (CDC) y ha defendido a sus principales dirigentes, pero nunca se quejó de la politización de la Justicia.

De hecho, es uno de los pocos abogados que nunca han esgrimido cuestiones políticas en este juicio, al contrario que los abogados de Carles Puigdemont, Oriol Junqueras y otros. Lo suyo es la jurisprudencia y no los alegatos ideológicos. Nunca ha sido independentista y, lo que es más importante, nunca ha pretendido serlo. De ahí que haya roto la estrategia de los restantes defensores en el proceso del 1-O. Melero ha optado por jugar en el terreno que le corresponde. Lo dejaba claro este mes de enero ante los micrófonos de RAC1: “Yo no sé qué es una causa política ni una defensa política. Si eso existiera, no estaría en condiciones de llevarla a cabo porque no sabría”.

De hecho, cuando Gonzalo Boye, abogado de Puigdemont, lanzó la advertencia de que ningún abogado debía buscar pacto alguno con la Fiscalía, muchos entendieron que se refería a Melero, que jamás se ha cerrado a discutir con nadie. Y como su defensa es técnica, no tuvo nunca inconveniente en dejar abierta la puerta a hablar con los fiscales, contraviniendo las ‘órdenes’ de sus compañeros letrados defensores.

Y si a alguien no le quedaba claro que es un abogado puramente profesional, dejó en los micrófonos otra frase para la historia: “Yo no represento a ningún colectivo, ni a ningún Govern ni a ningún pueblo”. De ahí que la defensa de Joaquim Forn, este jueves, se ciñese a los hechos ocurridos el 1 de octubre y a las actuaciones de los Mossos d’Esquadra que tenía bajo sus órdenes.

Críticas de los ‘indepes’

Melero fue uno de los pocos defensores que no dudaron en argumentar que la fuga de Puigdemont y una parte de sus fieles y, sobre todo, la fuga a Suiza de la líder de ERC, Marta Rovira, iba a repercutir negativamente en la situación de los que se quedaron. Y así fue: desde entonces, están encarcelados y sin posibilidad de libertad condicional. Posicionamientos como ese le han granjeado acerbas críticas desde el bando independentista.

Dicen quienes le conocen que es un apasionado del boxeo y del jazz. De ahí le viene el saber encajar golpes y lanzar ganchos peligrosos. Como defensor, se encargó de casos como el del financiero Javier de la Rosa, el ‘expresident’ Artur Mas (caso del 9-N), los extesoreros de CDC Andreu Viloca y Daniel Osàcar (en el caso 3%), el ex secretario general de CDC, Oriol Pujol Ferrusola, el dirigente de CDC Àngel Colom, que había recibido dinero del corrupto expresidente del Palau de la Música Fèlix Millet, o el director del Instituto Catalán de la Salut (ICS), Josep Prat, que tuvo que dimitir por la trama sanitaria del caso Innova.

El exconsejero de Interior Joaquim Forn. (Reuters)
El exconsejero de Interior Joaquim Forn. (Reuters)

En otras palabras: experiencia no le falta, al haber intervenido en la mayoría de los casos más mediáticos que ha habido en las últimas décadas. Ello le valió el apodo de ‘abogado de Convergència’. Pero no es una cuestión ideológica. Es más: fue Convergència quien le encargó la defensa de Joaquim Forn cuando su abogado, Cristóbal Martell, le dejó.

Melero, que también es profesor de Derecho en la Pompeu Fabra, estudió en el colegio Germans de la Sagrada Família y en los jesuitas de la calle Caspe (colegio en el que estudiaron desde Iñaki Urdangarin hasta De la Rosa pasando por Jordi Portabella, Ignasi Barraquer o Manel Fuentes). Para pagarse los estudios, se metió a funcionario de prisiones, por lo que estuvo trabajando en Lleida 2, en Ponent y haciendo prácticas en la Modelo de Barcelona, una cárcel recientemente cerrada. Tras los estudios, pasó a trabajar en el despacho de Francesc Abellanet, abogado del Grupo Zeta y, posteriormente, magistrado en la Audiencia. Más tarde, trabajó con uno de sus profesores y mentor, Jesús Silva, en el Centro de Estudios Jurídicos de la Generalitat hasta que abrieron despacho compartido con Pau Molins, otro de los abogados de la élite barcelonesa, hermano del histórico convergente Joaquim Molins. De ahí pasó al bufete Cuatrecasas, hasta que se independizó en 2009 y abrió su propio despacho junto a Judit Gené.

Al comienzo de Ciudadanos

A finales de la pasada década, con motivo de un escándalo de pederastia que estalló en Barcelona, conoció al periodista Arcadi Espada, que le sumó a su grupo de amigos tertulianos, entre los que se encontraban el catedrático Francesc de Carreras, el director Albert Boadella, Félix Ovejero o Félix de Azúa. De sus conversaciones, salió la idea de crear Ciudadanos como una plataforma que hiciese de contrapeso al nacionalismo cada vez más intenso que abrazaba el socialista Pasqual Maragall desde la Generalitat.

Estuvo como un ciudadano más en la gran manifestación convocada por Sociedad Civil Catalana en octubre de 2017

En realidad, Melero no llegó a militar en ese partido, pero en la primera gran manifestación convocada por Sociedad Civil Catalana y apoyada por Ciudadanos, PP y PSC, en octubre de 2017, estuvo presente como un ciudadano más.

El abogado tiene muy claro que defiende a un acusado por actuaciones tipificadas en el Código Penal y no a un preso político. En una entrevista publicada en el diario independentista ‘Vilaweb’ en julio del año pasado, ante las reiteradas quejas del entrevistador de que lo suyo es una cuestión política y que promover un referéndum “no es matar, ni hacer servir armas ni traficar con drogas”, su respuesta fue muy clara: “Estaba prohibido y está en el Código Penal. Y ellos consideran que hicieron servir las instituciones del Estado puestas en manos de la comunidad autónoma con una finalidad contraria al Estado. Es su punto de vista. Y no es aberrante”.

El 'exvicepresident' Oriol Junqueras (d), el exconsejero de Asuntos Exteriores Raül Romeva (c) y Forn. (EFE)
El 'exvicepresident' Oriol Junqueras (d), el exconsejero de Asuntos Exteriores Raül Romeva (c) y Forn. (EFE)

Pero lo cortés no quita lo valiente: también señalaba que no entendía la estrategia del instructor y que “la táctica [de la Fiscalía y del Supremo] perjudica a los catalanes que en Cataluña aún somos constitucionalistas y creemos en la Constitución. Somos los damnificados de todo esto”. Ese posicionamiento es fruto de su experiencia, de lo que lleva en las alforjas: para ellos, recordaba que tenían un enemigo de primera categoría, Artur Mas, su defendido en el proceso del 9-N. “Y lo habéis liquidado con una desobediencia y nadie ha dicho ni pío. Ni en Bruselas ni en ningún lado. ¿Por qué? Porque era adecuado. Para mí, injusto. Y lo tengo recurrido. Pero era adecuado”. Otra cosa es que acusen a Forn de rebelión o sedición, figuras criminales que no ve por ningún lado. Y exageradas a todas luces, según la calificación común de todos los defensores.

Lo que Melero va a tratar de demostrar es que, jurídicamente, los delitos no llegaron a sedición ni, mucho menos, a rebelión. Eso sí: usando los argumentos y pruebas técnicas a su alcance, sin mítines políticos. “La defensa política está muy bien. Es la que siempre han hecho los ‘batasunos’ y han pasado años y años en prisión por haberla hecho. ¿Por qué emplear una defensa política si existe la técnica? Si no ha habido ninguna rebelión, ¿es preciso defender los fundamentos de una hipotética rebelión, aunque sea simbólica?”. Para tomar nota.

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