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La despidieron tras un cáncer de útero y una sentencia inédita exige que la readmitan

Una sentencia da la razón a una camarera despedida tras diagnosticarle cáncer, considerando que fue discriminatorio tanto por su discapacidad como por su condición de mujer

Foto: Foto: Carlos Atienza.
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Leydy Yurano, camarera en un hotel de Cantabria, solicitó a sus jefes la baja después de que le diagnosticaran cáncer de útero. Nueve días más tarde, la empresa la despidió, arguyendo “disminución continuada de su actividad laboral”. Ahora, la Sala de lo Social del Tribunal Superior de Justicia de Cantabria (TSJC) ha anulado el despido considerando que era discriminatorio, tanto por su discapacidad como por su condición de mujer padeciendo una enfermedad asociada al género: “No te niego que al recibir la noticia del despido, de la noche a la mañana, sabiendo que tienes cáncer, sientes frustración”, cuenta Leydy.

Hace tres años, Yurano cambió su Colombia natal por Santander con sus dos hijos, ahora de nueve y 12 años. En su primer trabajo, en un restaurante en El Sardinero (la zona más turística y una de las más adineradas de la capital de Cantabria), ya sufrió un primer “abuso de poder” al que se enfrentó en los tribunales: le dieron vacaciones y, cuando estas acabaron, no se pudo incorporar a su puesto de trabajo.

En abril de 2017, comenzó su nuevo trabajo como camarera en un pequeño hotel del mismo barrio. Todo funcionaba bien: a Leydy le gustaba su trabajo, se le daba bien y le daba tiempo para estar con sus hijos. Sin embargo, en 2018 le diagnosticaron un cáncer de útero después de acudir al médico en varias ocasiones ante los recurrentes sangrados que sufría.

Cáncer y nueve días de baja

Yurano solicitó la baja. Pese a que en un principio no le pusieron problemas en el hotel, nueve días más tarde la empresa dijo que no podían mantener su baja por ser un negocio pequeño, con pocos empleados y estar en plena temporada alta. El hotel justifica el despido, según relata la sentencia, por una “disminución continuada de su actividad laboral y el consiguiente incumplimiento de las funciones propias de su puesto”, por lo que se vieron en la “necesidad, no por imperiosa menos lamentable”, de finalizar su contrato.

Foto: Carlos Atienza.
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El despido coincidió con el tratamiento, en que le quitaron el útero y que incluyó sesiones de quimioterapia y radioterapia. “Te sientes como que llegas a un tope, a un final, un tope que lo cambia todo (…) que te pone límites a cosas que siempre habías hecho y no puedes”, relata, añadiendo que “solo piensas en que estás sin trabajo y enferma, y en cómo responder por tus hijos”.

Inevitablemente, su economía se resintió. Sus hijos se vieron privados de actividades extraescolares, campamentos o comedor, porque el dinero de la mutua que recibía “no alcanzaba” para afrontar los gastos de una madre soltera con dos hijos. “Todo se iba en el alquiler y en los servicios”, recuerda.

Despido nulo

En paralelo, Yurano emprendió una batalla legal que ha sentado nueva jurisprudencia al equiparar los efectos de una enfermedad con los de una discapacidad. La nulidad del despido se fundamentaba en que era discriminatorio, tanto por la situación de discapacidad como por su condición de mujer padeciendo una enfermedad asociada al género.

Todo bebe de la aplicación de una directiva europea y las sucesivas interpretaciones que se han ido haciendo de ella, en concreto, de la Directiva 2000/78/CE, para la igualdad de trato en el empleo y la ocupación. La sentencia la ha dictado la Sala de lo Social del Tribunal Superior de Justicia de Cantabria, considerando su despido nulo, condenando a su anterior empresa a readmitirla o a indemnizarla.

Foto: Carlos Atienza.
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La empresa no veía que la enfermedad de la trabajadora pudiera equipararse con una situación de discapacidad (que tiene un tipo de protección legal específico y superior, para evitar discriminaciones). La empresa no pudo aportar argumentos que rebatiesen que se la estaba tratando “desfavorablemente” por su enfermedad.

En un principio, una sentencia del Juzgado de lo Social número 3 de Santander consideró este despido improcedente, pero los representantes legales de la trabajadora —el despacho JM Ruiz Abogados— recurrieron pidiendo que fuera, directamente, un despido nulo y discriminatorio. Desde el despacho se subraya que se trata de una sentencia “pionera en España” que contribuye a "reforzar" los derechos de la mujer. Esta es la primera de un tribunal superior, aunque puede acabar también en el Supremo, según los recursos que se presenten.

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