HAN CRECIDO UN 20% EN SIETE AÑOS

La cara B de la custodia compartida: "Queda muy bonito, pero no siempre es lo mejor"

Desde 2010, este tipo de régimen no ha dejado de crecer, a pesar de que no siempre es la mejor opción para los menores, sobre todo si no hay acuerdo o se instrumentaliza

Foto: Foto: Istock.
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Carmen ha estado cinco años "sufriendo la custodia compartida" con su hijo. Cuando se divorció, en 2011, todavía estaba en vigor una ley en la Comunidad Valenciana que promovía este tipo de convivencia en los matrimonios que se divorciaban. Su hijo tenía entonces 12 años, y pronto empezó a somatizar los cambios semanales de vivienda (y progenitor) con suspensos y problemas de alimentación.

"Mi exmarido solo tuvo que acogerse a la ley para obtenerla, sin ningún tipo de argumento. De hecho, había un incumplimiento en el pago de la manutención pero yo ni lo reclamaba para no meterme en líos. Pidió la custodia solo para no tener que pagar la pensión", se queja. A pesar de que su hijo repitió dos veces de curso, no consiguió la custodia exclusiva hasta hace dos años: "Con 17 años mi hijo habló con su padre y le dijo que no podía seguir con esa vida de semanas alternas en cada casa".

La ley de la Comunidad Valenciana acabó derogándose en 2016 al declararse inconstitucional. Sin embargo, este tipo de custodias (en las que padre y madre se hacen responsables de la crianza a partes iguales), sigue experimentando un incremento imparable en toda España. De suponer tan solo el 10% en 2010, ha pasado a superar el 30% en 2017, según datos del Instituto Nacional de Estadística. Es decir, uno de cada tres.

Influye, en primer lugar, que varias comunidades autónomas con derechos forales han desarrollado sus propias normativas que establecen la compartida como la custodia "preferente". Es el caso de Aragón, Cataluña, Navarra y País Vasco, donde en algunos casos este tipo de sentencias supera con creces el de otras comunidades.

En segundo lugar, que desde 2012 ya no es requisito fundamental un informe favorable del Ministerio Fiscal para poder establecer este tipo de custodia, como recogía la Ley del Divorcio de 2005. Ahora, queda al libre albedrío de los jueces imponer o no este tipo de régimen, aunque como alertan algunos expertos, se esté demostrando que no por parecer la opción más igualitaria, es necesariamente la mejor. Además, en 2013 el Tribunal Supremo sentó jurisprudencia al considerar que la custodia compartida era la opción "normal y deseable", fallo al que desde entonces remiten muchas sentencias. El juez que la dictó fue José Antonio Seijas, el mismo que hace unos días ha ratificado la primera sentencia que limita el uso de la vivienda a uno de los cónyuges divorciados si este empieza a convivir con una nueva pareja.

Sentencias adelantadas a su tiempo

"Para los jueces es precioso dar la custodia compartida y a menudo lo hacen automáticamente. Hay veces que los abogados entramos en los juicios y nos dicen 'por supuesto, custodia compartida, ¿no?', sin leerse ni un papel ni conocer a las partes. Apelan al Supremo y ya está", explica la abogada especializada en violencia machista Consuelo Abril. "Pero no puedes darlo por defecto y ya está, tienes que ver quién tiene más apego al menor, quién se ha responsabilizado más de él… La corresponsabilidad está muy bien, pero tiene que existir desde el momento en que se nace, no cuando te separas. Y ahora hay padres que no se acuerdan de sus hijos hasta que llega el divorcio".

Abogados, trabajadores sociales y psicólogos consultados coinciden en que, si bien la custodia compartida puede ser la opción más deseable, no tiene sentido si esa igualdad no se traduce en la realidad social. "Y la realidad es que las mujeres siguen siendo las que se cogen más jornadas reducidas y más excedencias…", añade Abril. "En las nuevas generaciones es probable que cambie y se parta de una igualdad real, que es la premisa de este tipo de custodias, pero ahora no es así".

A veces entramos en los juicios y nos dicen 'por supuesto, custodia compartida, ¿no?', sin leerse un papel ni conocer las partes

Con una norma adelantada a su tiempo, el resultado que observan es que la custodia compartida cuando solo una de las partes está de acuerdo, en ocasiones se instrumentaliza para otros fines. Sobre todo, a sabiendas de que es la opción preferida por muchos jueces: "Hace poco, un juez de Barcelona me decía que van hombres y les dicen, 'yo quiero una de esas custodias que no hay que pagar'", comparte Altamira Gonzalo, vicepresidenta de la asociación Mujeres Juristas Themis. "Saben que así se quitan o reducen pensiones o el uso de la vivienda, pero el problema es que no son maletas, son niños y niñas que están formando su personalidad".

"Está socialmente impuesto pedirla. '¡Cómo no lo vas a pedir!', le dicen normalmente al padre. Y hay padres que sencillamente no quieren pasar tiempo con los hijos", explica una juez de Madrid que prefiere permanecer en el anonimato.

El dinero es determinante también en este tipo de casos. "La custodia compartida parte de un escenario normalmente artificial y exige, nos guste o no, una situación económica solvente. En los divorcios de clase media-baja o baja, normalmente las parejas venden el piso que han compartido y vuelven cada uno a casa de sus padres. ¿Cómo se regula ahí? Porque lo ideal es que con la compartida los niños vivan en diferentes casas, con un nivel de vida parecido", continúa la juez. "Socialmente ellos quieren la compartida, claro. Pero el empresario de éxito puede permitirse económica y laboralmente hacer unos cambios en su vida para obtenerla, no el obrero que está 12 horas en el tajo", añade Ana Clara Belío, socia de ABA Abogadas y presidenta de la sección Derecho de Familia del ICAM. Y una opinión unánime, la que recuerda que todo divorcio conlleva un empobrecimiento de la unidad familiar.

Para Belío, todas las opciones de custodia deberían partir con las mismas posibilidades en los juzgados: la monoparental, la compartida, la rotativa, o la de un tercer familiar o institución. "No debe priorizarse una porque cada unidad familiar es diferente", defendió hace unos días en la Comisión de Justicia del Senado. "El resultado es que si alguien hoy no quiere la custodia compartida, tiene que justificarlo mucho", explica a este diario. "Y toda la presión recae sobre el menor, como si de él y de su testimonio dependiera el futuro de sus padres, y eso es injusto".

Síndrome de la maleta

La psicóloga Sonia Vaccaro lleva años tratando con menores que necesitan ayuda psicológica para sobrellevar la ruptura de sus padres. En los casos de custodia compartida en los que no hay acuerdo, matiza, pueden darse cuadros psiquiátricos derivados de este tipo de convivencia: "A cualquier persona le hace mal la alternancia de domicilios, pero mucho más a un menor, que está en un momento de su desarrollo donde su hábitat define su construcción". En el "síndrome de la maleta", como se denomina el efecto de cambiar continuamente de domicilio, influye también la cercanía del colegio, la inversión de tiempo en los trayectos, el cambio de barrio e incluso la distancia con los amigos.

Por eso, en países como Francia, Australia o Reino Unido, que contaban con este tipo de custodia como preferente, se llevaron a cabo estudios longitudinales en los que han aflorado problemas como dificultades de concentración, regresiones o estrés. "A raíz de esos estudios se eliminó su carácter obligatorio y ahora solo se permite si hay acuerdo entre las partes", añade Vaccaro.

La rigidez del sistema que se impone es directamente proporcional a los efectos sobre el menor, considera Vaccaro: "Estamos viendo casos de custodias compartidas incluso con bebés lactantes. Con jueces y juezas que creen que la lactancia es solo la leche materna y le han llegado a decir a la madre que se la saque y se la dé a él. Creo que estamos yendo contra el sentido común".

A cualquier persona le hace mal la alternancia de domicilios, pero mucho más a un menor

La única situación en la que es ilegal decretar este tipo de custodia es si existe previamente una denuncia por violencia machista. Sin embargo, desde la asociación Themis recuerdan que el 80% de los casos de maltrato no se denuncian, y que no hay sentencias cuando se trata de violencia psicológica.

Isabel (nombre cambiado) sí había denunciado a su exmarido. Cuando se presentó en el juzgado para pedir el divorcio tenía todavía el cuerpo lleno de moratones, pero su todavía pareja alegó que la agresión había sido mutua. Amparada en esa declaración, la juez estableció un régimen de visitas que en la práctica es como una custodia compartida. "Los martes y jueves la va a buscar y la trae a las ocho de la tarde. Los fines de semana son alternos y las vacaciones a la mitad. Así que las semanas que pasa con él, realmente solo la veo dos tardes", explica.

Cuando se estableció este sistema, su hija tenía todavía 18 meses y hasta ahora, casi cinco años después y con una sentencia por maltrato a su favor, no ha conseguido cambiarla. De hecho, cuando lo intentó, la fiscal la increpó con estas palabras recogidas en el vídeo del juicio: "¿Es que usted no tiene bastante con una sentencia condenatoria en el ámbito penal? [...] Que quiere ir ahora contra el padre porque le ha parecido insuficiente la condena en el ámbito penal que ahora le quiere quitar a la menor".

No parece importar, se lamenta Isabel, que su hija no tenga ni una habitación propia y que en la práctica sea su abuela paterna la que ejerce los cuidados, y hasta con la que comparte la cama cuando le toca con su padre. "Mi hija todos los días se levanta y me pregunta quién la recoge. Si le digo que yo, se le ilumina la cara, y cuando son los abuelos no se queja, pero se queda callada...".

Los zarpazos de la crisis económica también se reflejan en los juzgados. "Es enorme la escasez de recursos en la judicatura. Hay muy pocos equipos especializados, es un maltrato institucional a los ciudadanos", recalcan una trabajadora social y una psicóloga que trabajan en un juzgado especializado en violencia de género. "Debería regularse el tema de los equipos psicosociales, que haya suficientes, porque ahora mismo incluido en Madrid, están tardando entre 8-9 meses y un año en realizar los informes. Imagínate lo que eso supone para una familia en crisis", cuenta Fernando Hernández Espino, vocal de la junta directiva de la Asociación de Abogados de Familia (AEAFA).

Estudiar cada caso concreto… y revisarlos

La mejor manera de que este sistema realmente funcione, apuntan los expertos, es que se adapte a cada caso particular, y no necesariamente con un reparto riguroso del 50% del tiempo. "Es como un traje de sastre, hay que hacerlo a medida. La custodia compartida debería ser siempre un punto de partida. No como hasta ahora, que era el objetivo a alcanzar", señala Hernández Espino. Este abogado cree además que si bien puede haber casos en los que se solicite este tipo de reparto como una manera de conseguir otros beneficios (como el uso de la vivienda o no pagar la pensión), cada vez se dan con menos frecuencia, y puede ocurrir en ambos sentidos.

Algunas asociaciones llevan años reclamando una ley que promueva la custodia compartida automática. (EFE)
Algunas asociaciones llevan años reclamando una ley que promueva la custodia compartida automática. (EFE)

En cuanto a su regulación, hay voces que reclaman una ley estatal que atienda a las distintas casuísticas, y que no sea el Tribunal Supremo quien ejerza de legislador ni dependa de la valoración de cada juez. "Hay que definir lo que es. ¿Es semanal, mensual, rotatoria, basada en cursos académicos? Hay demasiada arbitrariedad precisamente por la falta de criterios", defiende la abogada Ana Clara Belío, en la misma línea que AEAFA. Algunos partidos políticos y asociaciones como Sos Padres o la Asociación Española de Padres Divorciados también reclaman una ley estatal, pero en su caso para que se otorgue automáticamente y no analizando cada caso. Sin embargo, la última vez que se llevó al Congreso, en noviembre de 2017, solo fue respaldada por el Partido Popular y Ciudadanos que lo habían incluido en su pacto de investidura. Se decidió no seguir adelante por la falta de consenso.

Es como un traje de sastre, hay que hacerlo a medida. La custodia compartida debería ser siempre un punto de partida

Otras voces, como la de la asociación Themis o la abogada Abril, consideran que no es necesaria una regulación estatal porque ya queda contemplado en el Código Civil. En su lugar, reclaman mejor preparación entre jueces y equipos psicosociales para evaluar cada caso. Además, proponen que se revisen cada cierto tiempo "a los seis meses o al año", para confirmar si esa opción realmente es la mejor para el menor. "Solo se hace cuando se pide un cambio de custodia", señala Gonzalo.

Pero, sobre todo, ambas partes coinciden en que es fundamental un acuerdo entre las partes a la hora de otorgarla y que las condiciones se rijan por el sentido común, aunque haya que cambiarlas: "Una vez tuve una pareja que había acordado de mutuo acuerdo la custodia compartida, pero con el tiempo vieron que a sus hijos no les iba bien. Así que decidieron que mejor vivieran por regla general en una casa, la de la madre, con un régimen de visitas amplio. Y a veces incluso pasaban más tiempo con su padre", explica la psicóloga Vaccaro. "Al final, un padre que va contra viento y marea y le da igual si sus hijos lloran por irse o se quieren quedar porque tienen un cumpleaños, creo que los está maltratando. La mejor fórmula es la que el niño quiera, con la que esté más cómodo, la que como niño ellos hubiesen querido tener".

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