varias opciones sobre su futuro

Las incompatibilidades dificultan el paso de Santamaría a las grandes del Ibex

La exvicepresidenta estudia si volver a la Abogacía o pasar al Consejo de Estado tras verse relegada por Casado y prever que el caso máster no va a pasar factura al líder del PP

Foto: La exvicepresidenta del Gobierno Soraya Sáenz de Santamaría, en el Congreso. (EFE)
La exvicepresidenta del Gobierno Soraya Sáenz de Santamaría, en el Congreso. (EFE)

La exvicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría anunció espera a reunirse con el presidente del PP, Pablo Casado, para decidir sobre su futuro en el partido. En su entorno no terminan de verla como diputada rasa, con un simple escaño en el pasillo, el significativo lugar que le ha reservado el equipo de Casado tras el juego de las sillas en que vive inmerso el Congreso últimamente. Consideran que Casado se ha hecho fuerte en solo unos meses, que ni el caso máster lo va a tumbar y que su equipo, empezando por el secretario general, Teodoro Garcia Egea, ha laminado a la competencia.

En la guerra hutus contra tutsis del PP, como la definió irónicamente un alto cargo de esta formación, apenas ha habido clemencia (como no la suele haber en política). "Ha visto que no queda nada del sorayismo, que Pablo Casado está fuerte", cuenta un dirigente del PP. El caso máster no ha terminado por lastrar su carrera. "Va a ser como una mancha en la camisa, se irá con el tiempo y un poco de agua".

Su entorno maneja varias opciones sobre su futuro. Una es que busque un puesto de consejera en el Consejo de Estado, como hizo María Teresa Fernández de la Vega cuando dejó la vicepresidencia del Gobierno y que precisamente acaba de dejar uno vacante al pasar a presidenta del órgano consultivo. Pero Santamaría, de 47 años, parece demasiado joven para un destino tan pausado y cuya duración es vitalicia. El Consejo de Estado no es una estación de paso, sino un fin de trayecto.

Otra opción es pasar al sector privado, ofertas no le iban a faltar ni compañeros de la abogacía en consejos de administración que la llamen, pero con las incompatibilidades y las suspicacias de las puertas giratorias sería señalada ante cualquier empresa del Ibex. Santamaría ha tomado parte en cada decisión comprometida, sea directa o supervisando, pero hay letra pequeña. Tampoco ha firmado tantas normas y la Abogacía del Estado ha interpretado en el pasado que las leyes no generan conflicto de intereses a los ministros porque las aprueba el Parlamento. La oficina de conflicto de intereses ya autorizó en 2015 el paso de Jaime Pérez Renovales, abogado del Estado como Santamaría, de subsecretario de Presidencia a secretario del consejo del Santander.

La opción más sencilla sería pedir el reingreso en la Abogacía del Estado, una plaza que tiene por derecho desde que sacó la exigente oposición en 1999 y en la que solo ejerció unos años antes de pasar a la política con Mariano Rajoy. Ahí podría pasar unos años en un destino cómodo a modo de descompresión y luego ver. O pedir una excedencia y tomar la compensación de dos años a que tienen derecho los altos cargos que cesan. Porque fue precisamente Santamaría la que hizo que esa pensión fuese incompatible con un salario. "Creo que se vuelve a casa. Su régimen de incompatibilidades es global", comenta un compañero.

Llegó acompañada de Báñez y Ayllón y el primero en ir a saludarla fue Antonio Hernando

Su primer día en el Congreso demostró la dificultad que tiene para Santamaría ser una diputada rasa. El patio de la Cámara es un teatro. Un teatro lleno de cámaras y periodistas y en el que las entradas y salidas de escena son importantes. Pablo Casado pasó desde las nueve de la mañana en la Cámara y el filo de las dos de la tarde se fue rumbo a una reunión internacional en Austria, cosa que se encargó de difundir. Poco después, sin tiempo a que los espectadores fuesen al baño, a las 02.07, entró al patio del Congreso Santamaría. Iba escoltada por dos de sus fieles, Fátima Báñez y José Luis Ayllón. Irónicamente, el primer diputado que salió a su encuentro y la saludó afectuosamente fue Antonio Hernando, portavoz del PSOE en la gestora y hoy destinado en el pasillo.

Su jornada comenzaba a esa hora a pesar de que a las nueve de la mañana estaba convocada con todo el grupo parlamentario. A los periodistas les explicó que había preguntado si la asistencia era imprescindible porque tenía un asunto privado y que la portavoz, Dolors Monserrat, le contestó que no había problema. "No te preocupes, si va a faltar mucha gente". Santamaría se presentó como una diputada disciplinada que, como tantos, había tenido una ausencia. Sobre su futuro se limitó a decir que estaba pendiente de una conversación con Casado, que minutos antes había afirmado que seguro que cualquier presidente de comisión del PP estaría encantado de cederle el puesto a Santamaría (cargo que incluye plus y coche oficial).

En los pasillos, los populares no hablaban de otra cosa. "En el Gobierno, Soraya ha estado muy sola. Salía los viernes tras el Consejo de Ministros pero no apenas foto suyas inaugurando una carretera, o en Doñana viendo linces. Solo Fátima [Báñez] la cuidó algo, pero el resto de ministros no contaba con ella. Era el sistema de Gobierno de Mariano [Rajoy]. Ella mandaba mucho sobre lo suyo, que era mucho, pero poco sobre los ministros". Un sorayista explica ahora con franqueza de aquellos años. Esos polvos explican cómo, tras perder el Congreso frente a Pablo Casado, Sáenz de Santamaría, pasó de todopoderosa vicepresidenta a una llamativa soledad dentro del partido.

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