los nacimientos vuelven a 1990

¿Por qué no nacen más niños? "Tener hijos siendo joven es impensable en España"

Los últimos datos del INE marcan un récord negativo en los nacimientos. La situación de precariedad tras la crisis deja huella en la demografía española

Foto: La natalidad en España ha marcado un récord negativo. (EFE)
La natalidad en España ha marcado un récord negativo. (EFE)

Hace 15 años, Diana tuvo que decirle adiós a su hermana mayor y acostumbrarse a no verla todos los días a la hora del desayuno. Lleva más tiempo conociéndola en Alemania que en Madrid. Ahora, con 23 años, viaja siempre que puede para visitar a sus dos sobrinos. “Las condiciones de vida que mi hermana tiene allí, al igual que sus hijos, serían inconcebibles en España”, asegura. “La flexibilidad laboral, las facilidades que le dan para cuidar a los niños o el mero hecho de poder salir antes de trabajar para recogerles al salir del cole son cosas normales allí, mientras que en España salir a la hora estipulada en tu contrato suena a chiste”.

No descarta seguir el camino de su hermana, aunque todavía no se lo haya planteado en serio: “Creo que he asumido de manera inconsciente el hecho de que tendré que irme fuera para poder darle a mi familia lo que quiero”.

En España, salir a la hora estipulada en tu contrato suena a chiste

El caso de Diana y su hermana, no es una excepción. España se ha convertido en un entorno árido para tener hijos, como constatan los datos del INE publicados esta misma semana. El año pasado nacieron 391.390 bebés en España. La cifra supone que ha habido un 25% menos de nacimientos que hace diez años. Han nacido 128.385 bebés menos, una cifra que equivale a la de la población de una ciudad como León.

La solución, para muchos, es irse fuera. En el primer semestre de 2017, más de 82.000 personas dejaron España con un billete solo de ida a otro país. Tenían entre 26 y 40 años. ¿Se ha convertido España en un país donde es mejor no tener hijos?

El riesgo de pobreza en España

Uno de cada cinco españoles vive en riesgo de pobreza en España y genera ingresos inferiores a 8.500 euros al año. Precisamente, son los periodos de edad considerados por la biología como “fértiles” los que más amenazados se ven por la pobreza y la exclusión social: un 28% de los españoles de entre 16 y 29 años alcanzaron a duras penas los 700 euros al mes. Teniendo en cuenta que el alquiler más barato en España para un piso de tamaño medio es de 360 euros, según datos de Tecnitasa, las cuentas se quedan cojas.

Es una de las razones por las que muchos se fueron. La mayoría de los que han dejado España son parejas que hicieron la maleta en busca de trabajo. Así lo confirma el informe anual de la organización Expat Insider tras una encuesta a nivel mundial realizada a los españoles asentados en otros países.

Para Jesús Sánchez Barricar, demólogo de la Universidad Carlos III de Madrid, esta emigración se ve más que justificada en la situación socioeconómica del país. “Si alguien acaba el Máster y encuentra fuera mejores condiciones, se asentará allí”, explica. “Si además quiere tener un hijo, lo hará donde haya más equilibrio”. El 80% de los españoles que vive en el extranjero se siente satisfechos con su nivel de vida de su nuevo país.

Tras 2008 y la explosión de una crisis financiera cuyas réplicas aún pueden sentirse, la emigración fue creciendo a pasos agigantados. El temor a los despidos, las drásticas bajadas de sueldo y el aumento de los precios hizo que se alcanzara el punto máximo de emigraciones en 2015 con más de 22.500 personas cruzando las fronteras. Con una estabilidad económica tan débil, cada vez menos parejas se atreven a crear una familia.

El corto plazo

Los países del norte son el destino preferido por los expats. De 2014 a 2016, más de 18.000 personas emigraron a Francia y Alemania. De hecho, estos países se clasifican dentro del top 15 de los mejores lugares para formar una familia según a la calidad de su sanidad, la atención al menor, el coste de la educación y el bienestar familiar. Suiza fue otro destino muy demandado en esta emigración, con un total de 4.187 personas expatriadas en 2016.

Barricar, el profesor de la Carlos III, insiste en que la preferencia por estos países está en el pensamiento a largo plazo de sus políticas mientras en España “se crean medidas para proteger a los mayores de 65 años, se reducen las ayudas y la protección a familia. Sin embargo, en los países del norte se protegen y fomentan ambos sectores de la sociedad”, insiste.

Reino Unido: el destino más demandado

El destino estrella para los jóvenes que decidieron marcharse fue el Reino Unido. En 2017 vivían allí 202.000 españoles, la mayoría trabajaban y planeaban quedarse en el país durante cinco años o más. “Aquí es relativamente fácil acceder a servicios (restaurantes, cocina, platos) y se cobra una media de 1.100 euros mensuales”, explica Albert Calle, creador de Bristoleños.com, una de las páginas web de referencia para españoles en Reino Unido.

Si no puedo tener libertad económica en mi país, entonces tendré a mis hijos en el Reino Unido o donde esté

Uno de ellos es David Pinilla, repartidor autónomo que lleva dos años y medio en Londres. Acaba de terminar psicología y espera encontrar pronto trabajo en su sector. En menos de cinco años le gustaría volver a España ya que cree que, con unas buenas condiciones de empleo, hay una “gran calidad de vida” en todos los ámbitos. El problema es que conseguir esas condiciones se convierte en todo un reto. Si en algún momento se planteara formar una familia, a David le gustaría hacerlo en su país de origen. Sin embargo, sabe que su decisión personal cuenta poco si la economía no se lo permite: “Si no puedo tener libertad económica en mi país, entonces tendré a mis hijos en el Reino Unido o donde esté”.

La media de ingresos en Inglaterra es de 1.609 libras al mes, unos 1.700 euros. Los gastos mensuales por una habitación en casa compartida son de 443 libras, 543 euros. Además, quien busque trabajo a través del programa Job Seeker Allowance recibirá cerca de 300 libras mensuales y el pago del alquiler durante los primeros meses.

Sin capacidad para mantener a un niño

Una caries (60 euros) o unas gafas nuevas (más de 100 euros) son los gastos imprevistos más comunes que requieren los pequeños de la casa. En España, 4 de 10 personas de entre 16 y 29 años admite no poder afrontar gastos de este tipo. Tampoco pueden permitirse irse de vacaciones al menos una semana al año.

Si parejas de esta edad estuvieran planteando la posibilidad de tener hijos se chocarían de bruces con la realidad: el desembolso medio para la manutención de un menor ronda los 15.000 euros anuales. Un total de 22.000 euros durante sus primeros tres años de vida.

Diana, la chica con la que ha contactado este periódico y cuya hermana reside en Alemania, no cuenta con tener hijos en España antes de los 30 años: “¿Qué falla? Todo. Tener hijos siendo joven es impensable en este país”, apunta. “Es completamente utópico porque nuestros padres nos tuvieron a la mayoría cuando eran jóvenes y ahora eso es impensable”.

En tal situación, buscar un bebé tan solo puede hacerse si se recurre a las ayudas económicas de otros miembros de la familia, como los padres. Un panorama que no es mucho más esperanzador: la renta media anual para los mayores de 65 años no superaba los 17.000 euros en 2016.

Más horas de trabajo, menos sueldos

Los españoles trabajan una media de 39 horas semanales. De media, emplean 7 horas de su día en trabajos remunerados principales y secundarios. Para el hogar y la familia, tres horas y, para el cuidado de niños, tan solo dos.

Además, la jornada laboral española difiere demasiado del 'horario europeo', especialmente en el norte. Mientras en otros países como Inglaterra o Alemania la jornada laboral comienza sobre las siete de la mañana, en España entramos entre una y dos horas más tarde. Incluyendo también las pausas largas para comer y la consecuente salida tardía a las ocho o a las nueve de la noche, el horario no resulta muy cómodo para criar a los niños.

“¿Cuándo vas a cuidarles si entras a trabajar a las 9 de la mañana y sales a las 8 todos los días? Ahí entrarían los abuelos, claro, que a día de hoy son los que salvan a muchas familias”, opina Diana.

Bajas cortas y desiguales

Iguales e intransferibles. Esas dos palabras llevan escritas durante varios meses en la agenda política española. Los permisos de maternidad y paternidad siguen sin equilibrio: actualmente, la madre cuenta con seis semanas obligatorias e intransferibles y, el padre, con cuatro. En las diez semanas restantes es donde radica la problemática: al ser transferibles para madres y padres, suelen ser la primeras las que acaban adoptándolas. De hecho, la duración media en una baja compartida es de 71,93 días para las mujeres y 43,15 para los hombres.

España cuenta con una de las bajas de maternidad más cortas de Europa y muy distinta a la de los otros países europeos, según datos de Eurostat.

Barricar asegura que el hecho de que las bajas de maternidad sean transferibles termina afectando en mayor medida a las mujeres. “Como acaban asumiendo, en su mayoría, las semanas de baja, quedan apartadas del mundo laboral durante mucho tiempo”, explica Barricar. “Luego les resulta mucho más complicado volver al trabajo y recuperar ese tiempo”.

Recientemente, el gobierno de Pedro Sánchez ha planteado un nuevo modelo de bajas que iguala las seis semanas obligatorias entre el padre y la madre, añadiendo 10 para cada uno, 100% pagadas e intransferibles.

La caída de nacimientos y el futuro económico

Los factores económicos influyen en la confianza para tener hijos: si el futuro no pinta muy claro, los que busquen hijos lo dejarán en un segundo plano. Pero, ¿podría significar la caída de nacimientos algo más que una consecuencia económica?

Así lo plantea Daniel Hungerman, profesor del Departamento de Economía de la Universidad de Norte Dame, en Is Fertility an Economic Factor?, un estudio centrado en analizar precisamente las similitudes entre la evolución de la renta per cápita y la tasa de natalidad en Estados Unidos.

En España, hasta 2013, la tasa de natalidad cayó prácticamente a la misma velocidad que la renta per cápita. A partir de ahí, no volvió a recuperarse: aunque la renta siguió un ligero ascenso, la confianza de la sociedad continuó cayendo. Es este paralelismo el que abre, según Hungerman, a que las tasas de natalidad puedan utilizarse como un indicador fiable de la situación económica de un país. Aunque matiza que “todavía falta tener una forma más rápida de analizar estos datos, que podrían ser muy útiles para analizar el futuro económico de un país”. De momento, lo único que resume esta drástica caída de nacimientos es la desconfianza que la mayoría de los jóvenes tienen sobre su futuro laboral y familiar.

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