detenido el mayor capo de la droga de españa

Sito Miñanco, el capo español del narcotráfico que no sabía hacer otra cosa

El fútbol, el lujo y la identificación con el pueblo fueron las guías de vida de este narco gallego que siempre volvía a las andadas tras pasar por prisión

Foto: El capo Sito Miñanco durante el juicio celebrado en 2004 (EFE)
El capo Sito Miñanco durante el juicio celebrado en 2004 (EFE)

José Ramón Prado Bugallo (Cambados, Pontevedra, 1955), alias Sito Miñanco, era uno de los líderes de las tramas de contrabando de tabaco en los años 80. En 1983, de hecho, fue condenado por ello. Sin embargo, y al igual que le ocurrió a Pablo Escobar, se dejó seducir por los mayores márgenes de beneficio que arrojaba el tráfico de cocaína. Comenzó a tener relación con el cártel de Cali (Colombia) y a traer droga a Galicia, material que luego se distribuía por toda Europa.

Entonces empezó a disfrutar ostentosamente del lujo. Vivía en una grandiosa mansión frecuentemente visitada por caras prostitutas y con los más vistosos Ferraris y BMW aparcados en sus inmensos garages. Sin embargo, también era populista y pretendía estar cerca de la gente. "Quería ganarse el favor de los vecinos, así que financiaba las fiestas del pueblo", asegura el periodista gallego Nacho Carretero en su libro Fariña. "Muchos narcos gallegos intentaban imitar las figuras de los capos del extranjero, sobretodo a Pablo Escobar; Sito fue el ejemplo más claro de esto", añade el autor, que también cuenta en ese contexto el interés de Miñanco por el fútbol, máximo exponente del populismo, en línea con su homólogo colombiano.

En 1986, Prado Bugallo compró el equipo de su pueblo, el Juventud Cambados, e hizo una importante inversión en fichajes. Muchos futbolistas procedentes el Pontevedra, del Ourense o de otros clubes relevantes de la zona pasaron a engrosar las filas del nuevo conjunto de moda. La temporada 1988-89, tan solo tres años después de la entrada de Miñanco, fue gloriosa para el equipo, que ascendió por primera vez a Segunda B y convirtió al pueblo de 13.000 habitantes en un referente nacional. Era el tercer equipo de Galicia y muchos de sus jugadores cobraban más que los del Deportivo de La Coruña o el Celta de Vigo.

El auge del equipo se produjo en paralelo al ascenso de la popularidad de Sito, pero también su caída. Sus alardes de lujo y poder provocaron que la Policía pusiera sus ojos en él y en su tren de vida. En 1994, la Audiencia Nacional le condenó en el marco de la denominada operación Nécora, dirigida por el entonces titular del Juzgado de Instrucción número 5 de ese tribunal Baltasar Garzón. Miñanco, junto a Laureano Oubiña, fue enviado a la cárcel por el magistrado. Sin embargo, apenas cuatro años después, consiguió la libertad condicional.

Como no sabía hacer otra cosa, regresó pronto al 'negocio', aunque también a la trena. En 2001, la Audiencia Nacional le volvió a condenar por liderar una organización internacional de narcotraficantes. Pasó siete meses más en prisión. Las fuerzas de seguridad ya no le dejarían de vigilar. Cuando abandonó las rejas, por supuesto, volvió a las andadas y fue cazado de nuevo dirigiendo una entrada de cinco toneladas de coca en España sus huesos regresaron al trullo.

Aquella vez la condena fue mayor y se extendería precisamente hasta el presente 2018. Su larga estancia en la trena le permitió comprar a la cúpula de la prisión de Huelva con el fin de poder controlar desde allí a su organización y de gozar de buenas condiciones. Esta trama de corrupción intramuros tampoco pasó desapercibida para las fuerzas de seguridad y Miñanco fue trasladado a la cárcel de Algeciras.

A pesar de estos antecedentes, en 2015, el capo pidió a la Audiencia Nacional un permiso para abandonar la prisión de lunes a viernes durante el día con objeto de ir a trabajar y el juez de Vigilancia Penitenciaria José Luis Castro le dio el visto bueno. Desde entonces, Miñanco solo acudió a dormir al centro de reinserción de la localidad gaditana. El juez permitió ese régimen de libertad para Miñanco pese a la "rápida incidencia" delictiva en la que el narco había incurrido "tras su última excarcelación", como señaló el propio magistrado en un auto. A favor de los argumentos del recurrente, Castro esgrimió "la antigüedad de los hechos delictivos, el avanzado estado de cumplimiento de la condena, la buena conducta penitenciaria, el buen uso de los permisos de salida y su apoyo familiar".

Fue en ese momento de semilibertad, sin embargo, cuando Miñanco empezó a volver a entrar en contacto con sus antiguos socios del narcotráfico con el fin de seguir controlando la organización para volver a dirigir la entrada de droga en Galicia y blanquear el dinero proveniente de este 'negocio'. Así lo entiende ahora la Brigada de Estupefacientes de la Policía Nacional, que llevaba tras su pista desde 2016 y ha detenido esta mañana al narco. El trabajo que dijo haber conseguido para lograr el visto bueno del juez, al parecer, no estaba tanto en el sector de la construcción como en el de los estupefacientes, a lo que había dedicado media vida.

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