la mayoría son huidas voluntarias

Cuando los niños desaparecen por Navidad: la Policía busca a tres menores fugadas

La ayuda psicológica se torna fundamental para las familias de tres chicas de 12, 16 y 17 años que llevan días desaparecidas; los especialistas echan de menos un plan posrregreso

Foto: Adela Rodríguez, menor desaparecida en Niebla.
Adela Rodríguez, menor desaparecida en Niebla.

Las familias de Adela Rodríguez (16 años), Nerea de Jesús (17 años) y Cristin Rojas (12 años) están preocupadas. Sus hijas desaparecieron hace días y no han vuelto ni por Navidad. La Guardia Civil, la Ertzaintza y la Policía Nacional las buscan desde que sus padres denunciaron su ausencia. En el caso de la primera y la tercera, los investigadores creen que se fugaron de casa por voluntad propia, pero ni siquiera eso tranquiliza a unas familias que no han pasado una Nochebuena igual que esta en sus vidas.

Javier Rodríguez, padre de Adela -desaparecida la madrugada del pasado 10 de diciembre de su hogar en Niebla (Huelva)-, confiesa que este año no ha habido regalos de Papá Noel en su casa. A pesar de tener otros tres hijos (de 7, 9 y 14 años), no estaba la cosa para fiestas. "No había ánimo", resume el hombre, quien asegura que el pasado 24 se limitó a cenar en familia "y ya está". "Otros años sí, pero este no había ganas; y aún faltan Reyes por comprar", añade Javier, quien admite que no todos sus hijos saben qué ha pasado con su hermana mayor.

"Saben que se ha ido, pero poco más", asegura el padre de Adela, que según las primeras pesquisas podría haber huido de casa junto a su novio, un chico de 22 años de la localidad vecina de Villalba del Alcor. La Guardia Civil tiene información que apunta a que ambos salieron del país el día siguiente a la desaparición, pasaron la primera noche en Tavira y la segunda y la tercera en Braga (ambas localidades de Portugal).

También parece ser voluntaria la desaparición de Cristin Amelia Rojas, que el pasado 13 de diciembre abandonó su casa situada en el madrileño barrio de San Blas. Fuentes policiales explican que todo apunta a que la pequeña se ha fugado libremente y que no existe riesgo para su integridad. Por el momento, los agentes de la Jefatura Superior de Policía de Madrid buscan a la niña por los lugares que apuntan los testimonios que van recabando.

Adela Rodríguez, la niña desaparecida en Niebla (Huelva).
Adela Rodríguez, la niña desaparecida en Niebla (Huelva).

"En no pocas ocasiones, los menores regresan a casa cuando se les acaba el dinero", aseguran otras fuentes policiales consultadas. Adela, por ejemplo, se llevó entre 1.200 y 1.300 euros de casa de sus padres, una cantidad suficiente para sostener a un par de personas unos días, pero que claramente se tornará escasa a medio plazo y obligará a los fugados a decidir sobre su futuro.

El caso de Nerea de Jesús también apunta a una huida voluntaria, aunque esta vez no de una familia, sino de la residencia de menores en la que la chica vivía. La joven desapareció en Sopelana (Vizcaya) el 2 de diciembre, con lo que ya ha pasado casi un mes desde que no está. La Ertzaintza la busca desde entonces, aunque sin éxito. La alerta que SOS Desaparecidos publicó en las redes sociales hace dos días se limita a señalar que "podría estar en Bilbao".

Mientras las niñas están perdidas, sus familias se encuentran desesperadas, sin saber cómo "gestionar la incertidumbre", como denomina la psicóloga Silvia Álava a este proceso que deben pasar los allegados. Según esta profesional, autora del libro 'Queremos hijos felices', en este contexto los padres deben ser fuertes y crear "un gran espacio de confianza" entre ellos y el resto de hijos, "para que los niños sepan que pueden preguntar lo que necesiten". "Que no vean que se trata como algo secreto, que vean que se puede hablar del asunto", asegura.

"Los niños y los adultos deben poder exteriorizar sus sentimientos y decir abiertamente lo tristes o lo preocupados que están; no hay que dar a los hijos más información de la que necesiten, pero sí dar la sensación de que se puede hablar del asunto y de que si hay que llorar, se llora", explica la psicóloga, directora del Área Infantil del Centro de Psicología Álava Reyes. Tras esto, continúa, en seguida todos deben "seguir con su vida". "Si tienen que ir al cole, van; si tienen examen, lo hacen; si hay partido, pues vamos al partido", prosigue la profesional, que se muestra totalmente en contra de ocultar lo que es imposible esconder.

La mayoría de fugados son niñas

Según Amills, la mayoría de las desapariciones de menores son fugas voluntarias y se dan sobre todo en los días previos a las vacaciones de verano, de Semana Santa, de Navidad o antes de un puente largo. Además, continúa, la mayor parte de huidas las protagonizan niñas. Estos datos, a su juicio, muestran la existencia de un problema más profundo que es necesario abordar y que tiene que ver con la educación y la legislación. "Necesitamos más planes de prevención, pero también de posdesaparición", subraya el responsable de SOS Desaparecidos, Joaquín Amills, quien denuncia que no se brinde ayuda a las familias una vez que se les devuelve al menor.

Tras el regreso, explica Álava, los padres deben crear un "espacio abierto para que sea el propio menor quien cuente las cosas a su ritmo". "Hay que generar un clima de confianza para que el niño o la niña cuenten todo cuanto antes, pero siempre sin forzar, porque entonces se podría volver en su contra", aconseja la psicóloga, quien también considera que es muy importante que los padres "no juzguen" a su hijo o hija cuando este o esta regresa. "Podemos expresarle lo que hemos sentido, pero no juzgarle en el primer momento; más bien hay que tratar de comprender su punto de vista, entender cómo se ha podido sentir, aunque no lo compartamos, intentar empatizar", recomienda.

Ni la Guardia Civil ni la Policía Nacional cuentan actualmente con un departamento de ayuda psicológica a las familias que sufren episodios traumáticos de este tipo. "Quien actúa con ellos normalmente es un psicólogo social, no uno de la Guardia Civil o de la Policía; no ayudamos a la familia en ese sentido porque no es nuestro cometido", explican desde el Instituto Armado. Sin embargo, según Amills, "las grandes víctimas son las familias, que se encuentran sin recursos para afrontar la situación". "Necesitan una terapia y esto no se les está ofreciendo en la práctica", apunta el responsable de SOS Desaparecidos, quien entiende que hace falta "un nuevo protocolo de menores" para Policía y Guardia Civil y que la Fiscalía también ordene seguimientos y terapias a la familia.

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