adiÓs al exbanquero

Amanecer en Puerto del Toro: crónica de las últimas horas de Blesa

No era solo caza, no eran solo negocios. Buena parte de la biografía del exbanquero nace, crece, se reproduce y ahora muere en Villanueva del Rey y sus alrededores

Foto:  Vista de Villanueva del Rey desde la subida a la finca de Puerto del Toro. (A. V.)
Vista de Villanueva del Rey desde la subida a la finca de Puerto del Toro. (A. V.)

Momentos antes, lo que iban a hacer era ir a calibrar los rifles: pegar un par de tiros al horizonte para comprobar que la presión del gatillo era adecuada; práctica aconsejable antes de cazar con armas que llevan tiempo sin usarse. Estaban desayunando. Fue entonces cuando Blesa se levantó y se dirigió al aparcamiento.

En aquel momento se escuchó el disparo y alguien en la mesa dijo "pues sí que ha empezado pronto este".

A las 8:05, una media hora más tarde, una ambulancia de la empresa de transporte sanitario Ambunort recibía la orden del 112 y salía desde Espiel en dirección a la finca Puerto del Toro. Tenía por delante 15 kilómetros de N-432 hasta Villanueva del Rey y otros tantos por una carretera monocarril y un sendero de tierra hasta alcanzar el lugar desde donde se hizo la petición de auxilio. En caso de heridos por arma de fuego, el protocolo recomienda enviar una UVI móvil y no una ambulancia convencional, pero fuentes conocedoras de la situación aseguran que la llamada dejaba claro que nada se podía hacer ya por su vida.

A las 8:36 de la mañana, un usuario actualizaba desde Sevilla la página de Wikipedia de Miguel Blesa de la Parra, certificando su muerte casi al mismo tiempo que los servicios médicos allí presentes. Junto a ellos estaban Rafael Alcaide, gestor del coto de Puerto del Toro, Francisco, guarda mayor de la finca, y Rafael, el otro guarda.

Aunque no estaba presente en aquel momento, Fermín Gallardo, el otro gestor del coto, es la pieza que falta para completar el séquito de Blesa cuando este se adentraba por las calles encaladas, sinuosas y estrechas de Villanueva del Rey. Esa misma tarde, a las puertas del Instituto de Medicina Legal de Córdoba, Gallardo contaba a la prensa que, para su difunto amigo, el pueblo era "su paraíso, donde iba a descansar". Palabras amables que ahora resultan proféticas.

Pregunten a los vecinos dónde podía encontrarse a Blesa en el pueblo y casi todos coincidirán en señalar hacia el Café Español. Alguna vez se ha bromeado en el pueblo sobre si el jienense llegó a pagar con su tarjeta opaca de Caja Madrid, pero no, en los extractos publicados no aparece nada: el lugar más cercano donde puso el PIN de la 'black' fue en el Parador de la Arruzafa, en Córdoba. En cualquier caso, el miércoles fue declarado el día menos adecuado del siglo para bromear con esto.

Café Español, del que Blesa era asiduo cuando visitaba la localidad. (A. V.)
Café Español, del que Blesa era asiduo cuando visitaba la localidad. (A. V.)

Ángel León, dueño y hombre orquesta de este negocio, no tuvo el mejor de los miércoles. Él es una de las personas del pueblo, donde viven en torno a mil, que más trato tenía con Blesa. Decía que llevaba viéndolo por el bar desde hacía muchos años.

Aquella mañana, sobre las 10:30, una vecina que estaba tomando café en la barra recibió una alerta informativa en el móvil y le leyó el titular: "Hallan muerto a Miguel Blesa en una finca de Córdoba". Al levantar la barbilla encontró el rictus del hostelero al final de la mirada.

Tras el servicio de comidas del día siguiente, León, con algo más de color en el ánimo, explica a El Confidencial que su añorado cliente "no solo venía por aquí a cazar. Era un hombre al que le gustaba mucho el campo y la naturaleza". Además de ofrecer carne de caza –en pocos sitios el menú del día permite elegir gamo como primer plato, en albóndigas, y como segundo, en salsa– durante todo el año, León también se afana en incluir en la carta productos locales de temporada, algo con lo que Blesa se deleitaba particularmente. "Le encantaban las setas", dice.

El único rastro documental de Blesa en la finca cordobesa data de 2009, cuando mató un gamo y un venado merecedores de sendas medallas de oro

El único rastro documental de Blesa en la finca cordobesa data de 2009, cuando mató un gamo y un venado merecedores de sendas medallas de oro. Ambas piezas, junto con el nombre y apellidos del cazador, quedaron registrados en el Catálogo Nacional de Trofeos de Caza. Por entonces la finca ya pertenecía a Prasa, la inmobiliaria cordobesa de José Romero. Además del banquero y los hombres fuertes de Prasa o sus familiares, aquel año también frecuentaron el coto de caza nombres como Luis Isasi Fernández de Bobadilla, presidente de Morgan Stanley España, el empresario agrícola Martín Martínez Sagrera, el magistrado Manuel Torres Vela o el inspector de la AEAT Vicente Marín Vacas.

Por mucho que se dejara ver por el pueblo, y al igual que ocurrió en el resto de España, en Villanueva del Rey poca gente fue capaz de ponerle cara al presidente de Caja Madrid antes del 17 de mayo de 2013, día en que el juez Elpidio José Silva decretó su ingreso en prisión y su rostro abrió los informativos. Casi todos los primeros recuerdos de Blesa de los vecinos consultados son posteriores a este mediático momento.

La pregunta no era cuándo vio por primera vez a Blesa, sino cuándo lo reconoció por primera vez.

Blesa en Villanueva del Rey

Ya en mitad de sus procesos judiciales, Blesa apareció por allí una mañana para tomar café, acompañado de sus camaradas. Una señora, apostada a un extremo de la barra, lo reconoció de repente y empezó a mirar a su alrededor estupefacta. Cuando se marchaban, la señora musitó "menos mal, porque había aquí un tufillo...".

"Estaba a cinco o seis metros, se enteró seguro", cuenta Félix Caballero, testigo de esta escena. Fue el primer día que vio por allí al antiguo banquero. Este vecino también solía cazar en el Puerto del Toro, "pero hace más de 30 años, eran otros tiempos", cuando la propiedad, que ha pasado por varias manos en las últimas décadas, ni siquiera pertenecía aún a la familia de origen alemán que se la vendió a Prasa.

"Allí cazan durante casi todo el año, ahora puede haber perfectamente un descaste de ciervas", explica.

El pueblo, de vuelta a la normalidad tras el día más agitado de su historia reciente. (A. V.)
El pueblo, de vuelta a la normalidad tras el día más agitado de su historia reciente. (A. V.)

Para Elena Fernández y Luis Miguel Bernal, el día que habían reservado el Español para celebrar el bautizo de su hija fue también el primero que recuerdan ver a Blesa. Al ver aparecer al expresidente de Caja Madrid, que desconocía que el local estuviera cerrado al público aquel día, el dueño se disculpó y le dio las correspondientes explicaciones. El otro lo comprendió y se dio la vuelta.

Cuando pasaba por Villanueva del Rey, Blesa se alojaba en una de las habitaciones del Puerto del Toro, en el hotel rural Las Monteras, situado a las afueras del pueblo, o en un piso de Córdoba que Gallardo ponía a su disposición. Un empleado de Las Monteras, punto habitual de salida y llegada de monterías, confirma que la presencia del ahora finado en la localidad cordobesa no siempre tenía la caza como objetivo, que simplemente le agradaba el sitio. "Cuando venía también solía pasarse por aquí a tomar cacharros con los amigos", explica. "¿La última vez que lo vi? Debió ser hace un mes más o menos".

Una segunda fuente, que se lo encontró aquel día almorzando en el Café Español, confirma que Blesa estuvo por penúltima vez en el pueblo hace unas semanas.

 El hotel rural Las Monteras, otro de los sitios donde Blesa pernoctaba. (A. V.)
El hotel rural Las Monteras, otro de los sitios donde Blesa pernoctaba. (A. V.)

La mayor parte de los vecinos no había tenido contacto con él más allá de habérselo cruzado en alguna ocasión, por lo que la llegada de prensa, radio y televisión a las calles del pueblo, ávidos de conocer qué hacía Blesa en aquel recóndito paraje de Sierra Morena, produjo algunas interacciones interesantes. Personas que apenas lo habían visto, mucho menos hablado, se encontraron de repente siendo preguntados si Blesa visitaba tanto el pueblo porque tenía allí una amante. "Preguntaron hasta si tomaba algún tipo de medicación", cuenta Ángeles, que trabaja en la farmacia del pueblo y solo alcanzaba a recordar aquella vez en que le vendió a Blesa un protector solar.

En el Café Español, el teléfono no paraba de sonar. Para que León pudiera seguir atendiendo las mesas, su hija se encargaba de cogerlo y decir al interlocutor que el dueño no estaba allí en ese momento.

Un día más tarde, casi todo había vuelto a la normalidad aunque, inevitablemente, el tema seguía monopolizando la conversación. Unos vecinos se resignaban a que el nombre del pueblo fuera a quedar unido a un episodio tan lúgubre. Otros veían el vaso medio lleno: "Ahora que salimos en todos sitios voy a poner el terreno a la venta, a ver si se me revaloriza".

Comienzo del sendero a Puerto del Toro. (A. V.)
Comienzo del sendero a Puerto del Toro. (A. V.)

El camino de tierra que se desvía de la carretera asfaltada para acceder a Puerto del Toro se ha vuelto icónico durante esta semana. Incluso el viernes, cuando toda la atención informativa estaba en el entierro que tenía lugar en Linares, aún era posible encontrar bajo el sol implacable a un equipo de La Sexta esperando para entrar en directo en el informativo de mediodía. La presentadora, con unas mechas del color del pasto que la rodeaba, aguardaba dentro del coche mientras su acompañante gesticulaba con el móvil en la oreja protegiéndose del sol en el resquicio de sombra que ofrecía la unidad móvil.

Desde allí hay unos 1,2 kilómetros de camino hasta la entrada de la finca, que se desparrama majestuosamente hacia una vaguada a la izquierda del sendero. Este tipo de fincas de gran extensión suelen estar, a su vez, compartimentadas en fincas menores de cara al registro. De esta forma, los gestores pueden proponer a la Consejería de Medio Ambiente, dentro del plan integrado para toda la finca, distintos planes técnicos de caza para cada una de las parcelas colindantes. Por ello, las circunstancias cinegéticas que explicaban la presencia de Blesa allí en esta época del año encajan.

¿Ha visto alguna vez esta finca?

En la región hay bastante afición a la caza, pero los cazadores no siempre son el mejor caladero del que sacar información. Especialmente, en momentos como los que sucedieron al levantamiento del cuerpo, donde lo oído en la televisión y la radio se mezclaba en la conversación con experiencias propias o relatos de segunda o tercera mano sobre algunos de los protagonistas. Pero más allá de saber cosas, el valor de estos cazadores reside en su facilidad para reconocer los paisajes que han transitado escopeta al hombro.

Entre los correos electrónicos de Blesa que se filtraron hace cuatro años no solo había conversaciones con Aznar o sobre el asunto de las preferentes, también había mucho sobre caza. En uno de ellos, enviado –sin asunto– el 9 de septiembre de 2007, el entonces presidente de la caja de ahorros madrileña mandó a alguien una foto adjunta en la que posaba sonriente, a sus 59 años, arrodillado entre las 19 puntas de un gran venado. Dentro del correo, solo una frase: "¿Qué te parece el pavo?"

Foto de Blesa contenida en los correos electrónicos filtrados.
Foto de Blesa contenida en los correos electrónicos filtrados.

El paisaje que le rodea en la imagen es exactamente igual al de los alrededores de Puerto del Toro en esta época del año.

¿Puede ser la misma finca, o quizá una de las que están cerca? "Probablemente sea Puerto del Toro", dice al ver la imagen otro cazador, con experiencia de más de veinte años en cotos de la zona. "Eso que aparece ahí", añade señalando los montes arbolados del fondo, "son Las Erillas".

Puerto del Toro linda con Las Erillas, una de las fincas públicas más grandes del sur de España, propiedad de la Junta de Andalucía y a la que los cazadores locales definen como "la joya de la corona" por la abundancia y diversidad de animales de gran tamaño. A vista de pájaro, Las Erillas es una mancha de 10.000 hectáreas, más verde que lo que la rodea y en cuyas orillas, alternadas, brotan otras dos fincas frecuentadas por Blesa desde hace años: Carboneras y Los Posteruelos.

Esta parte de Sierra Morena guarda muchas similitudes con la zona de Jaén en que el banquero nació y se crió. Tanto la comarca de Linares como esta, el Valle del Guadiato, son zonas de tradición minera –carbón en ambas– que hace décadas incluso estaban conectadas por ferrocarril. La conexión va más allá de términos municipales o fronteras provinciales, es paisajística, incluso geológica, su muerte se produce en realidad un centenar de kilómetros al suroeste de la misma cordillera donde transcurrió su infancia.

Con ese disparo el miércoles por la mañana, el nombre de Miguel Blesa cayó sobre este pequeño pueblo de Sierra Morena como un hierro candente sobre la piel de un caballo. Dolorosamente indeleble, o eso creíamos. Al día siguiente, en mitad de la calurosa tarde, una vecina asomó la cabeza por la rendija de la puerta al escuchar los pasos de otra señora que subía por la calle: "¿Has visto la que ha liado el Blas?".

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