funeral de blesa

"Miguel (Blesa) llevaba meses con un ánimo y unas ganas de planes que no era normal”

Familiares y amigos muy cercanos acuden al tanatorio de Córdoba para despedir al exbanquero, que será enterrado en un funeral íntimo en el panteón familiar de Linares

Foto: La viuda de Miguel Blesa, Gema Gámez, abandona el tanatorio de Córdoba. (EFE)
La viuda de Miguel Blesa, Gema Gámez, abandona el tanatorio de Córdoba. (EFE)

"Llevaba dos meses con un ánimo, una actividad y unas ganas de hacer planes que no era normal, la verdad. Claro, ahora lo entiendo todo, ahora sí. Se estaba bebiendo la vida. Hacía tiempo que no estaba con ese ánimo". Un señor que peina canas, visiblemente emocionado y que confiesa ser amigo cercano del difunto, aunque se reserva su identidad, conversaba en voz muy bajita en el jardín lateral de la Sala Séneca del tanatorio cordobés de Las Quemadas. En la entrada, en una pantalla digital, se lee que esa es la sala de la familia de Miguel Blesa de la Parra.

Poco antes de esa conversación, el cuerpo del exbanquero había sido maquillado y trasladado al crematorio donde se convertiría en cenizas. Eran las dos de la tarde. Los familiares y amigos, pocos, entraban y salían, esquivando las cámaras, por el aparcamiento lateral donde tenían sus coches. Cada vez que aparecía un vehículo de alta gama o se aproximaba un grupo de personas más arregladas que la media, se encendían los focos.

"Miguel (Blesa) llevaba meses con un ánimo y unas ganas de planes que no era normal”

Los periodistas estuvieron casi todo el día a las puertas del tanatorio de Las Quemadas en Córdoba capital, compartiendo las sombras de los árboles de la entrada. La empresa que gestiona el recinto los obsequió con agua en alguna ocasión. El acceso al edificio estuvo toda la jornada prohibido por un guardia de seguridad que repitió decenas de veces que cumplía órdenes y hacía su trabajo.

Autopsia sin dudas

Al filo de las 11 y media de la mañana, una fila de cámaras hicieron un pasillo mientras el ataúd subía al coche fúnebre para ser trasladado del Instituto de Medicina Legal, en el cementerio de la Fuensanta, al tanatorio privado donde su familia reservó sala poco después de que trascendiera la noticia de su muerte. Casi simultáneamente, se constató el motivo del fallecimiento. La autopsia no dejó lugar a dudas y confirmó el suicidio que la Guardia Civil, tras la inspección ocular de la cochera de la finca donde apareció el cuerpo, había manejado como hipótesis única. No había posición de lucha ni de defensa, y un solo orificio de entrada de la bala a la izquierda del tórax, cerca del corazón, constataba que Blesa se "autolesionó". Posiblemente posó su rifle en el suelo y se echó sobre él, dejando caer el peso y activando el gatillo para dispararse.

"Miguel (Blesa) llevaba meses con un ánimo y unas ganas de planes que no era normal”

Cualquier cazador experimentado sabe que el arma dentro del coche siempre viaja vacía, sin cargar. Él era un tirador con muchos trienios y muchos trofeos a sus espaldas. Era raro que Blesa llevara el arma cargada y que en un accidente se le disparara al sacarla del maletero. Era prevenido. Como mandan las reglas, jamás quitaba el seguro de su rifle hasta que no empezaba la jornada de caza. No era tampoco el caso. Ni siquiera estaba abierta la veda. Sus más próximos sabían desde el primer momento que era muy difícil que se tratase de un accidente.

La familia, que en un primer momento negaba el suicidio y aseguraba que se había tratado de un disparo fortuito, optó por guardar silencio durante toda la jornada del jueves en Córdoba capital. Su hermano Ramón Blesa, notario en Málaga, fue quien atendió más visitas, abrazos y condolencias. Se le vio en varios momentos deambulando por el tanatorio y pasó gran parte de la jornada colgado de su teléfono móvil, que dejó por descuido en la cafetería y volvió, descompuesto, rápidamente a recuperar. Otro de los hermanos, Manuel Luis, también dejó claro a la prensa que no tenían nada que decir. Un sobrino del exbanquero pidió “respeto al dolor de la familia”.

La "presión"

Solo los rigurosos trajes de chaqueta, pese a la jornada de julio en la capital cordobesa, las corbatas oscuras de ellos y las grandes gafas tras las que se parapetaban sus allegadas daban idea de que eran familiares de Blesa. El único conocido dispuesto a hablar fue Fermín Gallardo, gestor del coto de caza adonde Blesa llegó pasadas las dos de la mañana del miércoles, horas antes de quitarse la vida. “La presión se cargó a Rita Barberá y se ha cargado a Miguel Blesa”, sostuvo. Fue él quien dio detalles de cómo ocurrieron supuestamente los hechos. Pistas que daban a entender que el expresidente de Caja Madrid, condenado a seis años de cárcel por las tarjetas 'black’, había planificado cada paso. No fue normal que llegara a esas horas de la madrugada. Tampoco que no llevara maleta y apenas “una camisa y unos calzoncillos”, porque era “muy ordenado”.

Fuentes de la familia confirmaron que tanto su mujer, Gema, como su hija, Cus, acudieron a despedir a Blesa antes de ser incinerado

Gallardo, que conocía a Blesa desde 1994, llamó a su mujer, Gema Gámez, tras conocerse el suceso, y ella quedó rota con la noticia. En un primer momento colgó el teléfono para después retomar la conversación y dejar claro que no sabía lo que iba a hacer. Fue una de las grandes incógnitas del día. Durante toda la jornada se especuló sobre si la viuda, que en un principio pensaba viajar directamente a Linares (Jaén), estaba en Córdoba. Fuentes de la familia confirmaron a este periódico que tanto Gema Gámez como la hija del exbanquero, Cus Blesa, habían estado en el tanatorio para despedirse. De hecho, aseguran que su viuda, que contrajo matrimonio con el exbanquero en 2013 y que era 27 años más joven, llegó a primera hora, de riguroso luto y escondida bajo unas gafas de sol, y quiso despedirse de su esposo antes de la incineración.

"Allí era respetado"

“La última vez que íbamos a encontrarnos no pudo ser por una gastroenteritis tremenda”, desvelaba su hermano en una conversación privada con un amigo. Ese disparo en Puerto del Toro truncó todos los planes que había querido hacer en las últimas semanas. Blesa escogió esa finca porque estaba en obras otra que solía frecuentar, de las tres que posee su buen amigo Pepe Romero, a quien salvó con una inyección de más de 400 millones de euros del concurso de acreedores. El discreto ‘califa’ cordobés tampoco apareció por el tanatorio. O al menos no quiso que su presencia fuera pública.

"Miguel (Blesa) llevaba meses con un ánimo y unas ganas de planes que no era normal”

Murió en “su paraíso”, en Sierra Morena, el lugar donde solía acudir en los últimos tiempos no solo a cazar sino a pasear y a evadirse de la presión que vivía en Madrid. En la capital de España le era difícil salir sin encajar insultos. Incluso un allegado comentó que había recibido hasta un puñetazo en un bar un día que salió tranquilamente a tomar algo. En Villanueva del Rey, el pueblo que escogió para morir, no solo encontraba paz sino también respeto por parte de unos vecinos que sabían que la caza y la presencia de personas adineradas en la zona forman parte esencial de su modo de vida.

Las cenizas del exbanquero se depositarán este viernes en Linares en la más estricta intimidad por deseo de la familia

Las cenizas de Blesa viajaron pasadas las cinco de la tarde a la localidad de Jaén donde nació. Este viernes fueron llevadas al cementerio 'Virgen de Linarejos' a las 11:30 horas local por familiares, entre ellos su viuda, hija y hermanos, y por amigos -alrededor de medio centenar-, donde ya reposan en el panteón familiar. La familia quería una ceremonia en la más estricta intimidad. A las siete y media, el párroco del municipio jiennense confirmó que habrá una misa donde quien quisiese podría acudir a despedirse.

En esta localidad de Jaén sus padres, Miguel Blesa Moreno y Dolores de la Parra Sánchez, eran dos conocidos terratenientes, ligados al olivar y al aceite. Miguel Blesa era el segundo de cinco hermanos. En su duelo, todo transcurrió de forma muy privada, apenas sus hermanos, sus sobrinos y algunos amigos cercanos. Nada que ver con la época de esplendor de Blesa, antes de su ocaso judicial, cuando el banquero amigo de José María Aznar era un símbolo más del poder en este país.

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