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Hard Rock Café y el presupuesto catalán: cara si sale con Comunes; cruz, si es con la CUP
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Hard Rock Café y el presupuesto catalán: cara si sale con Comunes; cruz, si es con la CUP

Si la CUP se impone como socio de la Generalitat, y eso es lo que parece, los 120 M que había en los Presupuestos de la Generalitat para el proyecto desaparecen para el 2022

Foto: Hard Rock Cafe en Barcelona. (Archivo)
Hard Rock Cafe en Barcelona. (Archivo)
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La mayor inversión privada planeada en Cataluña se la juega estos días en la negociación de los Presupuestos de la Generalitat. Se trata de los 2.000 millones que Hard Rock Café y sus socios quieren invertir en un complejo de hotel casino y zona comercial y de ocio en Vila-Seca y Salou. Si Aragonès cierra su acuerdo de Presupuestos con la CUP, como se desea en el seno de la Generalitat, el proyecto está muerto. O más muerto todavía, según como se mire, ya que lleva agonizando cuatro años. Si las cuentas del 2022 salen adelante con el aval de los Comunes de Ada Colau, la inversión sigue viva. Una moneda al aire. Nunca el mercado inmobiliario y turístico ha sido más irracional que cuando la partida se ha jugado en el salón de los Pasos Perdidos del Parlament.

Que una inversión de ese tamaño dependa de azares del todo ajenos a la misma dice mucho a los futuros inversores que pueda acercarse a Cataluña y tengan que interlocutar con los poderes públicos locales. La calidad de la operación no se dirimirá por flujos de caja o por previsiones de tasa de retorno. Será la ruleta de la fortuna de la política catalana la que diga si un desembolso de 2.000 millones tiene sentido y futuro o es considerad maligno y desaparece. ¿Quién debe querer aplicar criterios de racionales si se pueden sacrificar unas aves y leer en sus entrañas?

Los Comunes no vetan a Hard Rock Café de saque. Aunque no harán nada para promocionarlo. Hace treinta años hubo muchas plataformas de activistas contra Port Aventura y hoy los jóvenes airados de entonces están trabajando en el parque de atracciones. En el sur de Tarragona se quiere la inversión. Desde la Cámara de Comercio de Tarragona hasta el alcalde de Salou, Pere Grau de JxCAT, es verdad que el proyecto nunca entusiasmó al presidente catalán Pere Aragonès, reticente a un modelo de negocio que aspira a vivir de traer jugadores chinos de Asia para que se vengan de compras y de farra a orillas del Mediterráneo.

Foto: El presidente de la Generalitat, Pere Aragonès. (EFE/García)

Si la CUP se impone como socio de la Generalitat, y eso es lo que parece, los 120 millones que había en los Presupuestos de la Generalitat para el proyecto desaparecen. Aragonès lo ha considerado un peaje asumible. Los 120 millones iban a ser para que el Incasol pagase Criteria, el 'holding' de La Caixa, por la venta de los terrenos de la sociedad Mediterránea Beach & Golf donde se va a levantar el complejo con Casino, hoteles y centro de convenciones y una enorme zona comercial.

La amabilidad de los extraños

La fragilidad de todo es tan grande que la mayor inversión privada de Cataluña hace más de un año que vive de lo que el personaje de Blanche Dubois denominaba "confiar en la amabilidad de los extraños" al final de la obra 'Un tranvía llamada deseo'. Es verdad que en este caso, el extraño es un viejo conocido, porque se trata del presidente de Criteria, Isidre Fainé. Como todo estaba en el aire hace meses que la Generalitat y Criteria dejaron de firmar prórrogas y se dedicaron a esperar confiando en la buena voluntad de unos y de otros para sellar el acuerdo. Todo muy zen hasta que llegó la CUP a cortar por lo sano.

Fainé y Hard Rock Café podrían darse por muertos en lo que al proyecto de Salou se refiere, viendo hacia donde sopla el viento en el Parlament. Pero esto es Cataluña y nada es tan claro. Hay que recordar que la CUP solo ha apoyado unas cuentas en toda su historia y a un precio carísimo. Fueron las del año 2017 y la moneda de cambio fue el referéndum del 1-O que llevaron a Cataluña y su economía al fondo de un barranco del que todavía cuesta salir. Las tendencias políticas dicen que se impondrá la CUP, la serie histórica no apostaría por los Comunes, sino por una prórroga presupuestaria, otra más, que tampoco serviría para salvar un proyecto tan complejo como este.

Hard Rock lleva cuatro años a la espera de que la Generalitat se moje y no se moja

Desde que Hard Rock Café sustituyó al polémico Enrique Bañuelos al frente del macroproyecto todo han sido largas por parte de la Generalitat. Hard Rock Café es en este momento un conglomerado inversor que no cotiza en bolsa y que es propiedad de la tribu de los indios Semínolas, de Florida. Tiene tres brazos inversores: hoteles, casinos y cafeterías, que son el negocio matriz originario. En la actualidad factura más de 1.000 millones y opera en todo el mundo con una plantilla de más de 7.400 empleados.

Nativos estoicos

Hard Rock Café ganó el concurso público del Centro Recreativo Turístico (CRT) de Vila-Seca y Salou, en donde también participa la administración catalana, para el proyecto en 2017. Desde entonces han pasado muchas cosas, pero ellos no se han ido. Ellos siguieron pese a la inestabilidad política en Cataluña. En 2018 consiguieron la licencia de juego de la Generalitat. Desde entonces, el grupo ha depositado los avales y tiene un filial en España, Hard Rock BCN IR SAU, que preside su presidente mundial, Jim Allen, una prueba de lo importante que esta este proyecto para la multinacional. Esta sociedad ha depositado avales por valor de 10 millones de euros ante la administración autonómica y en este momento su capital es de 66,5 millones de euros. Ni el 'procés' ni la pandemia, ni los problemas judiciales —en este momento se está rehaciendo el proyecto urbanístico— han podido con su estoicismo de los indios nativos americanos.

Una fuente cercana a la multinacional de Florida se lamenta que durante cuatro años la Generalitat siempre les ha estado prometiendo una cosa y haciendo otra. Otra fuente jurídica advierte que si Hard Rock Café no se han ido ya de Cataluña no es porque tengan esperanzas, es que no descartan presentar una reclamación ante la administración cuando todo naufrague. Al contrario que el resto de protagonistas, ellos no confiaron en la amabilidad de los extraños, sino que cuentan con compromisos jurídicos firmados. Un día de estos caerá sobre la Generalitat una sentencia sobre la ATLL que Aragonès habrá heredado de sus predecesores, en este caso de la presidencia de Artur Mas. Todo apunta a que él también dejará su propia herencia envenenada de millones que deberán pagar otros, que de nuevo seremos los mismos: todos los catalanes.

La mayor inversión privada planeada en Cataluña se la juega estos días en la negociación de los Presupuestos de la Generalitat. Se trata de los 2.000 millones que Hard Rock Café y sus socios quieren invertir en un complejo de hotel casino y zona comercial y de ocio en Vila-Seca y Salou. Si Aragonès cierra su acuerdo de Presupuestos con la CUP, como se desea en el seno de la Generalitat, el proyecto está muerto. O más muerto todavía, según como se mire, ya que lleva agonizando cuatro años. Si las cuentas del 2022 salen adelante con el aval de los Comunes de Ada Colau, la inversión sigue viva. Una moneda al aire. Nunca el mercado inmobiliario y turístico ha sido más irracional que cuando la partida se ha jugado en el salón de los Pasos Perdidos del Parlament.

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