El comisionista millonario de la paz familiar en El Corte Inglés
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EL ANÓNIMO INTERMEDIARIO

El comisionista millonario de la paz familiar en El Corte Inglés

En el pacto para resolver la guerra entre los herederos del grupo de grandes almacenes hay también un ganador anónimo, que se ha llevado un cheque cuantioso

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Foto: EFE.

Esta semana, las hermanas Álvarez Guil han cerrado la operación toma de poder absoluto de El Corte Inglés seis años y medio después de la muerte de su padre, Isidoro Álvarez. Un fallecimiento que dio lugar a una guerra cruenta entre las distintas familias herederas del grupo de grandes almacenes, con maniobras inusuales entre miembros de la alta burguesía madrileña. Una paz familiar en la que ganan todos, incluido algún comisionista oculto, que se ha llevado un gran pellizco.

El nombramiento de Marta Álvarez Guil, presidenta del holding desde hace dos años, como máxima ejecutiva también de la Fundación Ramón Areces, el mayor accionista del grupo, representa colocar el blasón de su estirpe en lo alto del palacio y someter a los disidentes. Este último golpe, con la salida de varios miembros del patronato de la fundación, es el colofón a una estrategia que iniciaron en abril de 2015, cuando fueron nombradas patronas de la Ramón Areces para ejercer el 15% del capital que habían heredado de su padre. Una guerra que tuvo su batalla final el pasado mes de febrero cuando Dimas Gimeno, su primo y anterior presidente en sustitución de Isidoro entre 2014 y 2019, aceptó vender su 5% del capital por el irrisorio precio de 145 millones, a cobrar en tres años.

Aquella capitulación, urgida por las deudas fiscales por el diabólico impuesto de sucesiones, incluía la retirada de todas las demandas y querellas interpuestas en los juzgados con las que Dimas quiso defender su posición y la de su madre, Maria Antonia, hermana de Isidoro, y enfrentadas con sus sobrinas Marta y Cristina por el legado familiar. A finales de marzo, tras resolver los últimos trámites legales, El Corte Inglés pagó 85 millones de euros al expresidente y a su mentora, que a su vez abonaron los 70 millones que debían a Hacienda por recibir el 5% que recibieron del testamento.

A finales de marzo, tras resolver los últimos trámites legales, El Corte Inglés pagó 85 millones de euros al expresidente y a su mentora

En consecuencia, Dimas y su madre percibieron 15 millones netos, cantidad a la que añadieron los cerca de 9 millones en dividendos que el Banco Santander les retenía anualmente como garantía del crédito que les había dado para avalar ante la Agencia Tributaria de que cumplirían con sus obligaciones fiscales llegado el día de pasar por ventanilla. Se podría decir, por tanto, que se embolsaron 24 millones, una cifra respetable para los tiempos que corren, pero de la que han tenido que restar unos 6 millones que se ha llevado un comisionista identificado como José Manuel Rodríguez.

Rodríguez es un señor bien entrado en los sesenta que conoció años atrás a Ramón Areces, el predecesor de Isidoro Álvarez en el reinado de El Corte Inglés, cuando don Ramón auxilió a las hermanas Koplowitz a evitar la quiebra de FCC. Después fue haciendo carrera a la sombra del grupo de grandes almacenes, del que conocía bien los entresijos, hasta que se desataron las rencillas familiares. Allí vio una oportunidad de hacer dinero. Mucho. Hasta el punto de que se presentó en varias ocasiones en la sede del grupo en la calle Hermosilla con presuntas ofertas de fondos de inversión a los que decía representar para comprar o financiar la adquisición de las participaciones de algunas de las sagas herederas, como los Areces Galán (Corporación Ceslar), los García Miranda (Cartera Mancor) y, obviamente, los Gimeno.

El intermediario va a percibir un máximo de 6 millones por ese pacto que, en realidad, resolvieron los abogados de las partes

Su último intento se produjo el septiembre de 2019, cuando ofreció a José Ramón de Hoces, el secretario del consejo de El Corte Inglés y la mano izquierda de Marta Álvarez, comprar el 5% de Dimas y su madre en nombre de un fondo estadounidense. Una operación que financiaba BNP Paribas, cuyo expresidente Ramiro Mato hasta 2017, tenía una gran relación con Florencio Lasaga, el hasta el martes presidente de la Fundación Ramón Areces y el último gran hombre de la vieja guardia. En caso de que la casa quisiera ejercer el derecho de compra preferente de ese paquete, él también ofrecía el dinero de BNP para financiar la transacción.

Rodríguez, también con contactos en la Guardia Civil, en la Policía Nacional, incluido Juan Carlos Fernández Cernuda, el más que jefe de Seguridad de El Corte Inglés, siguió merodeando sobre las conversaciones que acabaron finalmente el pasado mes de marzo con el acuerdo entre el grupo y Dimas por 145 millones, a cobrar en tres años. El intermediario, según han confirmado varias fuentes, va a percibir un máximo de 6 millones por ese pacto que, en realidad, resolvieron los abogados de las partes, Ernesto García Trevijano, en nombre del presidente destituido en 2018, y De Hoces, en representación del holding, cuando la razón se impuso a la bilis.

Un acuerdo con el que todos han ganado. El primero, El Corte Inglés, que ha encontrado una paz vital en un momento histórico, debido a los estragos de una pandemia nunca vista en un modelo de negocio que tiene que ponerse a la moda. Dimas porque, además de conseguir dinero fresco para asegurar la vida de su familia y la financiación de su nuevo proyecto, se ha quitado de encima una chaqueta muy pesada, varias tallas grandes. Además, aún le quedan 60 millones que cobrará entre 2022 y 2023. Y el tal Rodríguez porque ha pescado en río revuelto una comisión insólita.

Esta semana, las hermanas Álvarez Guil han cerrado la operación toma de poder absoluto de El Corte Inglés seis años y medio después de la muerte de su padre, Isidoro Álvarez. Un fallecimiento que dio lugar a una guerra cruenta entre las distintas familias herederas del grupo de grandes almacenes, con maniobras inusuales entre miembros de la alta burguesía madrileña. Una paz familiar en la que ganan todos, incluido algún comisionista oculto, que se ha llevado un gran pellizco.

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