Toledo, Solchaga y Botín, los tres padres del ‘quijote’ Luzón
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Toledo, Solchaga y Botín, los tres padres del ‘quijote’ Luzón

El financiero conquense muere tras siete años enfermo de ELA

placeholder Foto: Muere Francisco Luzón, exbanquero del Santander, tras años enfermo de ELA. (EFE)
Muere Francisco Luzón, exbanquero del Santander, tras años enfermo de ELA. (EFE)

Francisco Luzón ha muerto a los 73 años. La terrible enfermedad que padecía desde 2014 ha terminado con su vida. Retirado de la banca desde hace casi una década, sector donde pocos ejecutivos han tenido una trayectoria tan prolija y destacada desde la Transición, su imagen pública adquirió una nueva dimensión tras el anuncio de su enfermedad hace cinco años y el lanzamiento de una fundación con su nombre para financiar la investigación sobre la esclerosis lateral amiotrófica (ELA).

Sobre la trayectoria de Luzón basta señalar la terna de señores de la banca los que sirvió para entender el peso que tuvo en el sector. Este conquense de El Cañavate (1948) formó parte de la brillante generación de cachorros criada a los pechos del revolucionario Pedro Toledo (Banco Vizcaya), formó parte del nuevo establishment auspiciado por el superministro socialista Carlos Solchaga (Banco Exterior y Argentaria) e hizo las Américas para mayor gloria de Emilio Botín (Banco Santander).

Foto: Trabajó para Banco de Vizcaya, Argentaria o el Banco Santander antes de fundar iniciativas como Universia. (Carmen Castellón)

Aunque no procedía de alta cuna ni pasó por Deusto, tuvo esa determinación tan jesuítica y estudió becado en la Universidad del País Vasco. Esa circunstancia le brindó la oportunidad de formar parte de la prometedora cantera del Banco Vizcaya, donde coincidió con futuros primeros espadas del sector financiero español como Alfredo Sáenz, Angel Corcóstegui o los hermanos Abril, mientras otros destacados alumnos de la Comercial, como Juan María Nin, hacían carrera en el Hispano Americano.

Su carrera como bancario tuvo un antes y un después de 1988, a sus 40 años, cuando fue elegido por Solchaga (también alumno de Deusto, pero de la cantera del Banco de España) para suceder a Miguel Boyer en la presidencia del Banco Exterior de España. Luzón no tenía carné socialista, pero, como su mentor en el Vizcaya, se ajustaba al perfil progresista, sin lazos con la vieja oligarquía financiera, requerido por el socialismo de Felipe González para dar forma a la nueva arquitectura corporativa del país.

Esa cercanía a Moncloa y sus capacidades como bancario le valieron la misión de fusionar y reestructurar seis entidades públicas como Banco Exterior, Caja Postal, Banco de Crédito Industrial, Banco de Crédito Local, Banco de Crédito Agrícola y Banco Hipotecario, que dieron lugar al holding financiero Argentaria, parcialmente privatizado en 1993 con Luzón como presidente. Sin embargo, su trayectoria en la entidad no impidió que la llegada al poder del PP precipitara su salida para dejar sitio a Francisco González.

Foto: Sede ACS. (EFE)

Lejos de suponer un punto y aparte en su carrera, su indudable talento como financiero fue comprado por el más osado de todos los banqueros de esa generación. Emilio Botín le fichó en 1996 como consejero y director general, adjunto a la presidencia. En definitiva, le quería cerca, independientemente de cuál fuera su cometido. Luzón fue el primero en recalar en el banco rojo, al que luego llegarían sus viejos compañeros Corcóstegui (Central-Hispano) y Sáenz (Banesto) para ser consejeros delegados.

En sus casi dos décadas al lado de Botín, el ambicioso conquense ejerció de mano izquierda del banquero más influyente del país. Se rodeó de buenos y fieles para hacer equipo como Marcial Portela o José Juan Ruiz y durante mucho tiempo ejerció de virrey del Banco Santander durante la expansión por Latinoamérica, con Brasil como cuartel general. Sin embargo, esos méritos nunca fueron suficientes para volver con honores a Madrid y llevar los galones de consejero delegado, el colofón ideal.

Otra manera de medir el peso de Luzón en la estructura del Banco Santander y el valor de los servicios prestados a Botín es la cuantía de su finiquito, a modo de jubilación en 2012: nada menos que 63 millones de euros, casi en los mismos registros que Sáenz (88 millones), Corcóstegui (108) o el viejo Amusátegui (43). Para su desgracia, solo un año después de cortarse la coleta como bancario manifestó los primeros síntomas de ELA, aunque pasaría otro hasta el diagnóstico. Desde entonces, vivió para ser un quijote.

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