EN JUEGO, LA PROPIEDAD DEL GRUPO

El 'no dividendo' de El Corte Inglés aprieta a Gimeno y abre un dilema para Botín

Si el grupo de distribución suspende la retribución a los accionistas históricos, algunos tendrán serios problemas para hacer frente a sus deudas, avaladas por Ana Botín

Foto: Fachada de El Corte Inglés del paseo de la Castellana de Madrid. (EFE)
Fachada de El Corte Inglés del paseo de la Castellana de Madrid. (EFE)
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Los dos sectores económicos más golpeados por la pandemia han sido el turismo y el comercio. Y El Corte Inglés, como la gran empresa española dedicada al ‘retail’, ha vivido un momento histórico, justo cuando el grupo del triángulo empezaba a coger músculo tras varios años en tratamiento hospitalario. Después de superar unos años muy duros por la crisis financiera, el envejecimiento del modelo y las peleas interna de la familia, el 'holding' tiene que hacer frente a un terremoto vírico que amenaza con provocar nuevos movimientos de tierras aguas adentro.

Salvo que el Gobierno le conceda una dispensa, El Corte Inglés suspenderá el pago del dividendo por primera vez en su historia. Al haber recibido ayudas públicas en forma de nóminas de los 26.000 trabajadores que estuvieron inmersos en varios expedientes de regulación temporal de empleo (ERTE) y de financiación vía pagarés y un préstamo sindicado de 1.300 millones, la compañía no puede remunerar a sus accionistas como ha hecho tradicionalmente. Una medida que va a poner en apuros a las familias herederas, que tradicionalmente viven del dinero que les llega todos los años del cajón de El Corte Inglés.

La más afectada va a ser sin duda la de Dimas Gimeno, el que fuera presidente tras la muerte de Isidoro Álvarez, en septiembre de 2014. Gimeno, su madre y su tío recibieron como herencia un 7% de El Corte Inglés mediante acciones de Cartera de Valores IASA, de la que controlan el 33% del capital. El resto está en manos de Marta y Cristina Álvarez, las hijas adoptivas de Isidoro, dueñas del 22% del 'holding'. Unas acciones por las que tenían que haber pagado 100 millones de euros en concepto de impuesto de sucesiones.

Pero, como cuando se abrió el testamento ni Dimas ni su madre disponían de liquidez suficiente, acordaron con el fisco de la Comunidad de Madrid aplazar durante 10 años la factura, con además un lustro de carencia, tal y como informó en exclusiva El Confidencial a finales de 2016. Estos cinco años en los que no tienen que pagar ni principal ni intereses vencen en julio de 2021, momento en el que ya tendrán que abonar la primera cuota. Pero sin el dividendo de 2020, la familia del expresidente, que el pasado año estrenó nueva casa en la Moraleja (Madrid), de un valor aproximado de cinco millones, no podrá asumir esa carga fiscal.

¿Y entonces? ¿Qué pasará con ese 7% del capital? La respuesta a día de hoy es lo que decida Ana Botín, porque el aplazamiento de Hacienda se concedió gracias a que se aportó una línea de crédito del Banco Santander. Una financiación que, obviamente, no es gratis. Hasta la fecha, el Santander retiene los dividendos que cobran Dimas y su familia en garantía del cobro futuro del préstamo. Pero a partir del verano próximo, el banco, primer acreedor del 'holding', tiene el derecho a quedarse con las acciones de El Corte Inglés, por lo que la cuenta atrás se ha puesto en marcha.

Ana Botín, primera acreedora del grupo, tiene como garantía de la deuda fiscal de los Gimeno una participación por el 7% del capital

Dimas, de 45 años, intenta rehacer su vida profesional con varias iniciativas. De hecho, en enero, fue el único español que estuvo presente entre los ponentes de la mayor feria de moda que se convoca a nivel mundial en Nueva York. Es escuchado como experto en el negocio de la distribución y los retos a los que se enfrenta esta industria. Pero sabe que el martillo de Hacienda se acerca y que es difícil volar en solitario con ese peso en las alas. No hay reputación que aguante una ejecución bancaria por deudas con el fisco.

La alternativa que tiene es llegar a un acuerdo con sus primas y que les compren su participación del 33% de IASA, la que da derecho al 7% de El Corte Inglés. O que algún fondo oportunista se haga con ese paquete, a precio de derribo, dado que no tienen liquidez y que están a merced de lo que digan Marta y Cristina. El pasado año, hubo un intento de acercamiento entre las dos familias para firmar la paz a cambio de 500 millones, con un préstamo de BNP Paribas, que financiaba la compra de esas acciones para la autocartera del propio grupo. Pero finalmente no se llegó a rubricar por asuntos de piel.

En febrero, un intermediario en nombre de la agencia de investigación Kroll ofreció esa participación a varios inversores. Esta vez por 400 millones. Pero tampoco hubo acuerdo. Con la irrupción del covid-19, es difícil saber cuánto vale El Corte Inglés y ese 7%, pero evidentemente menos de lo que pedía Gimeno, porque el grupo entrará este año en pérdidas y lo lógico es que tampoco haya dividendo en 2021.

Los Areces y los García Miranda, que también han querido vender en los últimos meses, se enfrentan también a dos años sin la paga anual de la casa

Una suspensión que también pega de lleno a los Areces, dueños del 9% del capital a través de Corporación Ceslar, y a los García Miranda, propietarios del 8% desde Cartera Mancor. Tanto unos como otros, con posiciones encontradas entre los hermanos, los cuales también viven esencialmente del dividendo anual, han amagado asimismo con la venta de sus participaciones en los últimos meses. Pero la respuesta de Marta y de Cristina es que “no era el momento de vender porque El Corte Inglés valdrá mucho más en unos años”.

Un mensaje fundamentado en que el grupo había mejorado su beneficio operativo y el resultado neto de forma continuada tras el nombramiento de Víctor del Pozo como nuevo consejero delegado, más centrado en los márgenes que en el volumen, y en poner en marcha nuevas iniciativas de negocios. Una trayectoria bendecida por los bancos, que le han refinanciado la deuda cuatro veces en seis años, cada vez a tipos más bajos, y que ahora se ve truncada por el inesperado covid-19.

Sin el dividendo, las familias se quedan sin los ingresos con los que mantenían su alto tren de vida. Algunas, con deudas elevadas que pueden provocar movimientos muy significativos en la propiedad de El Corte Inglés.

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