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Alfonso Cortina: a la sombra de los Albertos y de la mano de Rato

Fallece a los 76 años afectado por el virus Covid-19 en el Hospital de Toledo

Foto: Alfonso Cortina, durante su etapa en Repsol. (EFE)
Alfonso Cortina, durante su etapa en Repsol. (EFE)
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El coronavirus ha podido también con Alfonso Cortina Alcocer. El empresario falleció este lunes en el Hospital de Toledo a los 76 años, después de más de 10 días ingresado, procedente de su finca en Retuerta del Bullaque (Ciudad Real), adonde se había desplazado para realizar la cuarentena. Como él mismo recordaba durante su ingreso, algún acto social días antes del estado de alarma abrió la puerta al Covid-19.

Conocido popularmente por sus ocho años como presidente de Repsol, coincidiendo con los dos mandatos del Gobierno popular de José María Aznar, este ingeniero y economista madrileño prefirió siempre vivir en segundo plano, sobre todo en comparación con la popularidad que durante los años ochenta y los primeros noventa tuvieron su hermano y su primo, es decir, Alberto Cortina y Alberto Alcocer, o sea, 'los Albertos'.

Hasta la llamada de Rodrigo Rato para ocupar el sillón de la petrolera en 1996, su carrera profesional tuvo lugar en el sector financiero, siempre en cargos de responsabilidad acordes a su pedigrí social: nieto de un alcalde de Madrid (Alberto Alcocer) e hijo de un ministro tardofranquista (Pedro Cortina). Así pasó por Banco Vizcaya, Banco Hispano Hipotecario, la inmobiliaria Bancaya y Sociedad de Tasación.

A mediados de los ochenta, con los Albertos protagonizando sus primeros 'big deals' bajo el paraguas de Construcciones y Contratas (la constructora de las hermanas Alicia y Esther Koplowitz), recaló al frente de la cementera Portland Valderrivas tras la toma de control efectuada por su hermano y su primo. Tres cuartos de lo mismo ocurrió para su llegada a Grucycsa, el brazo inversor del refundado grupo FCC, hasta saltar a Repsol.

A diferencia de otros, consiguió pasar de puntillas por los tiempos de la 'beautiful people' y formar parte de la nueva camada del Ibex con el cambio privatizador de José María Aznar. A diferencia de Manuel Pizarro, César Alierta o Francisco González, mucho más políticos, Alfonso Cortina tuvo un perfil más bajo, aunque siempre alineado con su valedor, Rodrigo Rato, vicepresidente económico y número dos de aquel Gobierno.

Siempre Rodrigo Rato

Bajo su mandato al frente de la petrolera, tuvo lugar una de las operaciones corporativas más representativas de aquellos años de bonanza del capitalismo español, solo a rebufo de la primera de Telefónica de Juan Villalonga. A comienzos de 1999, Repsol formalizó la entrada en la argentina YPF, que más tarde terminaría opando, para constituir la décima petrolera del mundo por facturación.

Por suerte para Cortina, su etapa terminó antes de la crisis, con el cambio socialista de 2004. Su salida además fue dulce, pues La Caixa de Isidre Fainé, accionista de referencia de la petrolera y ejecutor del relevo, le brindó la presidencia de la inmobiliaria Colonial tras abonarle un finiquito de 18 millones, justificado por un expediente inmaculado, pese a contar como mano derecha con el ‘ingeniero fiscal’ Ramón Blanco.

Su nivel de exposición quedó reducido casi a cero a partir de entonces. Ni le gustaba, ni le iba en el cargo ni la necesitaba, a diferencia de otros, aunque eso no implicara estar fuera del circuito del dinero. De hecho, ha compaginado desde entonces su rol en el banco de negocios Rothschild y en el fondo de capital riesgo TPG, a quien guio en nuestro país para invertir en los años de zozobra, como hizo con Servihabitat (La Caixa).

En su última etapa como inversor, Cortina dedicó más tiempo y atención a sus viñedos (Pago de Vallegarcía), hasta conseguir denominación de origen propia para las 200.000 botellas al año que produce, pero no desatendió sus obligaciones sociales. Sobre todo con su amigo Rodrigo Rato, al que hizo asesor internacional de TPG y colocó en la plataforma inmobiliaria que compró a la caja catalana. Favores de ida y vuelta.

Desde que sus días se repartían entre la capital y el campo, donde atesoraba también una importante colección de arte, el apellido familiar estaba ya más presente en el mundo de los negocios de la mano de sus hijos Felipe y Carlos, integrantes de la nueva generación vip de los Aznar y Botín. A los 76 años, tras 40 de matrimonio con Miriam Lapique, Alfonso Cortina no pudo esquivar al coronavirus en su refugio de Cabañeros.

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