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El asalto de ACS a Iberdrola: el origen de la relación de alto voltaje Galán-Florentino

Durante seis años, los presidentes de ACS e Iberdrola mantuvieron una de las batallas empresariales más enconadas de la historia reciente. Como dijo un observador, eran la horma de su zapato

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“¿Qué A-C-S en Fenosa?”. Corría el otoño de 2005 y este juego de palabras recreó a la perfección la sorpresa que supuso el asalto de la constructora presidida por Florentino Pérez al mundo energético. Y eso que entonces pocos sabían que la toma de una participación de la eléctrica era solo la punta del iceberg. El plato fuerte vendría un año después, con la entrada en Iberdrola y el intento de fusionarla con la eléctrica gallega, una aventura que por poco se lleva por delante al grupo de infraestructuras y que marcó para siempre las relaciones entre sus accionistas.

Todo comenzó un 23 de septiembre de hace 14 años. Ese día, ACS sorprendió a propios y extraños con la compra del 22,1% de Unión Fenosa. Su hasta entonces dueño, Banco Santander, había decidido abrir una puja por la que se interesó hasta el mismísimo Amancio Ortega, y en la que Pérez se impuso con un esquema similar al que había aplicado en el pasado con Dragados: tomar el control sin lanzar una opa sobre la totalidad.

Para conseguirlo, la clave estaba en ganarse al vendedor, y lo consiguió pagando una prima del 24% al Santander, que además financió los 2.200 millones de la compra. Este sobreprecio solo lo cobró el banco, y dos meses después, lanzó una oferta a los minoritarios, pero solo sobre el 10% del capital y con una prima de apenas el 10% (segundo quiebro). Con esta jugada, se colocó por encima del nuevo límite de opa (30%) antes del cambio de ley, tomó el control y quedó libre para seguir comprando títulos, como hizo hasta llegar al 45%.

Con estas referencias, era previsible que Ignacio Sánchez Galán nunca se fiara de Florentino Pérez cuando, en 2006, se lanzó a comprar un 10% de la eléctrica vasca, participación que rápidamente llegó al 12,5%, con la idea de fusionarla con la gallega en el horizonte. En su defensa, ACS siempre alegó que había desembarcado con las bendiciones del propio Galán, y probablemente no mintiera, ya que un accionista español de referencia ahuyentaba los fantasmas de un intento de compra extranjero hostil (como terminó ocurriendo con Endesa).

Los presidentes de Iberdrola, Ignacio Sánchez Galán (i), y de ACS, Florentino Pérez (c).
Los presidentes de Iberdrola, Ignacio Sánchez Galán (i), y de ACS, Florentino Pérez (c).

Pero también es más que probable que, entonces, Pérez no dijera toda la verdad: que él realmente estaba entrando para mandar. Y el salmantino no tiene precisamente fama de dócil. Si el presidente de la constructora quería mandar, tendría que pagar su precio y lanzar una opa sobre el 100% de la eléctrica. Pero ACS no tenía dinero para ello, y eso que todavía estaba en época de vacas gordas.

“Florentino se encontró con la horma de su zapato”, “eran dos gallos para el mismo gallinero”, “eso solo podía acabar mal”, “quizá Galán invitó a Florentino, pero seguro que no para que tomara el control, y cuando vio que quería hacerlo, le frenó”. Reflexiones como estas se repitieron entonces y durante los largos años que duró el enfrentamiento entre ACS e Iberdrola. Una relación de alto voltaje con connotaciones políticas y regulatorias de todo tipo.

La 'enmienda Florentino'

Para hacerse una idea del impacto que tuvo la aventura energética de ACS, bastan estas dos pinceladas. La primera, el cambio de la normativa de opas, que para evitar más quiebros como los de Fenosa se equiparó a la norma europea, situando en el 30% (hasta entonces, era el 50%) el límite para lanzar una opa sobre el 100%. La segunda, por el doble cambio que hubo en la política de blindajes y que se bautizó como la 'enmienda Florentino’.

Fue en febrero de 2010, cuando el PSOE, al límite del plazo legal, presentó una enmienda a la Ley de Sociedades Anónimas para eliminar las restricciones estatutarias al ejercicio de los derechos de voto. Por aquel entonces, ACS tenía un 12,6% con aspiraciones de llegar al 20%, pero solo podía votar por el 10%, lo que cercenaba toda su potencia de fuego, máxime cuando Galán también había conseguido vetarle la entrada al consejo alegando que era un competidor, por la presencia en Fenosa.

Pero cuando se redactó la 'enmienda Florentino', el empresario acababa de vender Fenosa a Gas Natural, lo que le abría la puerta a poder entrar en el consejo, por una parte, y a comprar más acciones de Iberdrola, por otra. El 20% a por el que se había lanzado le permitía consolidar la participación, y tomar así algo de aire en sus cuentas, pero era insuficiente para garantizarse el control, lo que le llevó a buscar un aliado en la francesa EDF, que llegó a tener un 3% vía derivados.

En medio de este nuevo y millonario asalto, ACS tuvo que vender algunas de las joyas de la corona ese mismo año 2010, como la filial de puertos, o el 26% de Abertis, dos movimientos que sumaron 3.700 millones de euros.

Junta general de accionistas de Iberdrola.
Junta general de accionistas de Iberdrola.

Lejos de amedrentarse, y con todas estas cartas sobre la mesa, Galán preparó con sumo cuidado la junta general de 2010, reunión en la que Pérez aspiraba a conseguir al fin su objetivo de entrar en el consejo, y que concluyó con el portazo definitivo, ya que Iberdrola volvió a vetarle la entrada, alegando que seguía siendo un competidor por sus inversiones en renovables, y limitando al 3% sus derechos de voto porque así lo decían los estatutos de la eléctrica, modificados ‘ad hoc’.

Tras este nuevo giro, el enfrentamiento entre los dos empresarios (aunque, formalmente, era entre sus empresas) se llevó también ante los tribunales. Un terreno donde, sin embargo, no terminó de dirimirse esta historia. Muy al contrario, fueron la crisis económica y el cambio de signo político en Moncloa los que terminaron inclinando la balanza en favor de una Iberdrola independiente.

El fin de la historia

El desplome de los mercados, con España al borde del rescate, llevó a la eléctrica a perder la mitad de su valor en bolsa, generando así un enorme agujero en ACS, que había construido parte de su participación en Iberdrola a través de derivados.

Los duros momentos que vivió entonces el grupo de infraestructuras y la insistencia de Pérez por Iberdrola siempre se han interpretado como el detonante de que la familia March y los Albertos —Cortina y Alcocer— decidieran salir de la compañía, donde hasta entonces habían sido el primer y segundo accionista, respectivamente, un movimiento de retirada que fueron haciendo poco a poco, pero sin retorno, especialmente la saga mallorquina.

El golpe de gracia para Pérez llegó en 2012, cuando el PP eliminó la ‘enmienda Florentino’ y volvió a poner los blindajes, lo que terminó por evidenciar la derrota del también presidente del Real Madrid. Había perdido todos los apoyos.

Derrotada, ACS poco a poco fue retirándose de la eléctrica y centrándose en hacerse con el control de la alemana Hochtief, precisamente la plataforma que seis años después le permitió volver a tomar el control de Abertis. Pero esa es otra historia.

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